Enciclopedia de la Literatura en México

La revista Universidad de México apareció en noviembre de 1930 bajo la dirección del dramaturgo Julio Jiménez Rueda como continuación y enlace del Boletín Universitario, creado en 1917 como órgano de comunicación universitaria. Durante esta época participaron Isaac Ochoterena, Francisco González de la Vega, Julio Torri, Hilario Medina y Joaquín Gallo, entre otros. La revista publicó ensayo filosófico, antropológico, literario, sociológico e histórico. Desde el número inicial de noviembre de 1930 figuró una sección en la que se reproducían estudios y crónicas de otras revistas, de preferencia europeas, y algunos meses más tarde se inauguró la sección “De todos los rumbos”, a cargo de Vicente Magdaleno. Desde el primer número apareció también la sección “Diálogo con..” en la cual Heliodoro Valle publicaba entrevistas y conversaciones realizadas a intelectuales y artistas de prestigio. Cada entrega concluía con la sección “Imágenes”, un pliego de papel couché donde se estampaban en blanco y negro dibujos y grabados de artistas reconocidos. Con el tiempo, se introdujeron en la revista dos suplementos que aparecían en cada número: uno musical, con la edición de composiciones musicales originales; el otro, monográfico, dedicado a temas de arquitectura, arte y literatura. En febrero de 1936, reapareció bajo el nombre Universidad Mensual de Cultura Popular, dirigida por el poeta Miguel N. Lira. Durante este periodo el tiraje de la revista fue de 20000 ejemplares que eran repartidos gratuitamente. Esta etapa de la revista culminó en 1938, a raíz de un cambio de autoridades universitarias.

En 1946, la revista recobra el título original con el que había aparecido en 1930. Su director fue Francisco González Castro, el jefe de redacción fue Antonio Acevedo Escobedo y los redactores eran Heliodoro Valle, Elvira Vargas, Salvador Pineda y Salvador Domínguez Assiayn.

La publicación adopta un formato tabloide y se imprime en la Imprenta Universitaria. La encabezaba un editorial y, además de la publicación de material literario, se incluía una sección bibliográfica y un “Panorama cultural” a cargo de Salvador Domínguez Assiayn. Alfonso Pruneda publicaba en cada número un crónica de sucesos universitarios y los institutos y otras dependencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) daban cuenta de sus investigaciones. La antigua sección de Heliodoro Valle se llamó “Diálogos” y en las páginas centrales se acostumbraba insertar trabajos monográficos sobre exploraciones, temas antropológicos y de cultura general. A mediados de 1952 se incorporó a la revista el pintor español Miguel Prieto.

En 1953, Jaime García Terrés es nombrado director de la publicación y da inicio una nueva época (una de las más importantes de la revista). La coordinación de la publicación queda en manos de Henrique González Casanova y Miguel Prieto recibe el cargo de director artístico. En la primera entrega de esta nueva época se dice que la publicación pretende ser el órgano de información más adecuado de las diversas actividades universitarias. Esta revista no estaría restringida a información interna sino que abriría sus espacios para incluir la divulgación cultural por medio de ensayos, artículos, entrevistas que revelarían el trabajo de los intelectuales mexicanos.

Durante esta época de la revista destacan las secciones tituladas “La música”, “El cine”, “Libros” y “Artes plásticas”, en las que participaron los entonces jóvenes escritores de la llamada Generación del Medio Siglo.

Entre los secretarios de redacción que colaboraron con García Terrés durante su periodo como director de la revista (que concluyó en septiembre de 1965) se encuentran: Emmanuel Carballo, Juan Martín, Juan García Ponce, Carlos Valdés, José Emilio Pacheco, Juan Vicente Melo y Alberto Dallal. Durante esta época la publicación se caracterizó por su alto nivel intelectual, por su labor crítica y por la publicación y difusión de materiales de escritores extranjeros antes desconocidos para las letras mexicanas, cuyas traducciones corrieron a cargo de los propios miembros de la redacción de la revista. Vicente Rojo tuvo un importante papel en las páginas de la revista, en el diseño y en las portadas.

Hacia finales de 1965, García Terrés abandona la revista y Luis Villoro es nombrado director por un periodo breve. El jefe de redacción es Juan García Ponce y los redactores son Dallal, Melo y Pacheco. En la declaración de principios correspondiente a la primera entrega de esta nueva época (septiembre de 1965), titulada “Continuidad de una tarea”, se confirma que la labor de la Universidad es proyectar su actividad creadora en el ámbito nacional y que la publicación no intenta competir con revistas especializadas de los institutos o de las facultades. Durante esta nueva época, la revista conservó las secciones “Música”, “Libros”, “Cine”, “Teatro” y “Artes plásticas” inauguradas por García Terrés, algunas de ellas rubricadas también por otros escritores de prestigio.

En Junio de 1966, Villoro abandona la dirección e ingresa Gastón García Cantú; desaparece el cargo de secreatio de redacción y en cada número se publica un cintillo en el que se mencionan los nombres de los que prepararon cada entrega. La revista vuelve a su antigua idea de publicar, además de materiales literarios, otros temas y materias relacionadas con la actividad científica. Se edita una sección dedicada a informar sobre las actividades de la Dirección General de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) (Véase Coordinación de Difusión cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México). Durante esta época la publicación está profusamente ilustrada, en su interior se incluye una sección a color con reproducciónes de artistas reconocidos y Vicente Rojo continúa participando como director artístico.

Siendo director Gastón García Cantú, en el volumen xxii, número 10 de la revista, aparece la primera entrega del suplemento "Hojas de crítica" (1968-1970). En una nota inicial se aclara que el objetivo de estas "Hojas…" es estimular la crítica en el sentido como lo entendía Alfonso Reyes, es decir, como el “Examen, fundado de sensibilidad y conocimiento, que procura enriquecer el disfrute y la estimación de la obra literaria, explicando y poniendo de relieve sus valores o justificando en su caso la censura”. Allí mismo se advierte que ese examen se hará ocasionalmente también a otras artes. El suplemento constó de algunas secciones fijas: “Libros”, “Diálogo” (de entrevistas), “Letras”, “Teatro” y a veces, “Música”, “Cine” y “Artes plásticas”. Asimismo, se incluyó una “Guía de los últimos libros”, dividida en rubros temáticos. El suplemento llegó a su número 21 en agosto de 1970.

Para el número de mayo de 1970, el director es Leopoldo Zea, el editor es J. A. Manrique y Vicente Rojo permanece en su cargo (más tarde colaborará con él Adolfo Falcón). Los número vuelven a ser monográficos y continúa apareciendo “Hojas de crítica” (desaparecerá hacia 1971). En febrero de 1973, el director de la publicación vuelve a ser García Cantú, junto con la editora Armida de la Vara, y Rojo permanece como director artístico. En abril de ese año Benjamín Villanueva ocupa el cargo de director y, apartir del mes de julio, Diego Valadés es nombrado director. Durante esta nueva época el jefe de redacción es Carlos Montemayor (en 1976 será Antonio Millán Orozco); a la editora Armida de la Vara la acompaña Joana Gutiérrez, y a la dirección artística de Rojo se le suma Bernardo Recamier.

La dirección de Valadés concluye en febrero de 1977, fecha en la que se crea un Consejo de redacción, integrado por Luis Miguel Aguilar, José Joaquín Blanco (jefe de redacción), Hugo Gutiérrez Vega y Carlos Monsiváis. En septiembre de ese año el director es Hugo Gutiérrez Vega y el Consejo de redacción está intergrado por Fernando Curiel, Margo Glantz, Hugo Gutiérrez Vega, Eduardo Lizalde y Guillermo Sheridan (jefe de redacción); meses más tarde participarán en el Consejo Sheridan, Armando Pereira, Andrés de Luna, Francisco Hinojosa y Gustavo García, quines seguirán siendo miembros del Consejo durante los primeros años de la dirección de Arturo Azuela, que asume su cargo en octubre de 1978. Entre 1978 y 1979, Cristina Pacheco es jefe editorial y Sheridan jefe de redacción. En 1980 se publica un número especial dedicado al 50 aniversario de la revista.

En 1981, Azuela deja la revista y Julieta Campos es nombrada directora, puesto que ocupa hasta febrero de 1985; durante su dirección, el jefe de redacción es Danubio Torres Fierro y el responsable del diseño es Bernardo Recamier. Para la entrega de febrero-marzo de 1985, el puesto de director lo ocupa Federico Reyes Heroles y el Consejo editorial está integrado por Juan Bañuelos, Héctor Cuadra, Beatriz de la Fuente, Martínez Assad, Martínez Moreno y Carlos Pereyra. Ente 1986 y 1988, la revista fue dirigida primero por Horacio Labastida (quien tuvo como coordinador editorial a Francisco Blanco Figueroa, como diseñador a Recamier y como encargado de la portada a José Pablo Aguinaco), y por Alonso Gómez Robledo después.

A partir de 1988 y hasta fines de 1992, la dirección estuvo a cargo de Fernando Curiel, con quien la publicación obtuvo el Premio Nacional de Periodismo; el editor en humanidades fue León Olivé y el editor en ciencias fue Miguel José Yacamán; la revista volvió a ser monográfica, se dedico un amplio espacio a las reseñas de libros, se conservaron las páginas centrales a color con reproducciones de pintura y se creo un Consejo editorial integrado por José Luis Ceceña, Beatriz de la Fuente, Margo Glantz, Ruy Pérez Tamayo, Sergio Pitol, Arcadio Poveda y Luis Villoro. Durante los dos primeros años de la dirección de Curiel el secretario de redacción fue Vicente Quirarte (quien despúes formaría parte del Consejo editorial) y a apartir de 1990 fue sustituido por Armando Pereira. Desde 1993 a la fecha, el director es Alberto Dallal, el coordinador editorial es Octavio Ortíz Gómez y al Consejo Editorial se le han sumado los nombres de Mario Melgar y León Olivé.

La revista Universidad de México es una de las publicaciones de más abolengo en nuestro país; desde sus inicios ha sido un espacio privilegiado para la difusión de la literatura, las humanidades y las ciencias, foro de debates y sitio abierto a autores nuevos y ya conocidos. En ella han colaborado los principales escritores, intelectuales, científicos, investigadores y artistas plásticos tanto mexicanos como extranjeros. La publicación, que sigue apareciendo mensualmente, estuvo adscrita durante muchos años a la Coordinación de Difusión Cultural de la unam y desde finales de los años ochenta depende de la Coordinación de Humanidades.

Geney Beltrán Félix
11 may 2019 12:38

La Revista a través de las décadas

Luego de varios meses de trabajo del equipo de redacción durante el 2013, la Revista de la Universidad de México ahora cuenta con la digitalización de su acervo histórico. A partir de ese momento, cualquier persona, en cualquier parte del mundo, puede conocer a través de internet las ediciones del órgano de difusión humanística de la máxima casa de estudios de  México, desde noviembre de 1930 hasta 2013. A lo largo de poco más de ocho décadas –con dificultades, cambios e interrupciones–, esta publicación ha acompañado, fomentado y revisado la producción humanística de la Universidad Nacional y del país.

El primer número, con el nombre de Universidad de México. Órgano de la Universidad Nacional Autónoma de México, apareció en noviembre de 1930. Tuvo como director al escritor Julio Jiménez Rueda. Su enfoque fue el de una publicación que –como escribió Rafael Vargas Escalante en su muy documentado estudio “Datos para una historia de la Revista de la Universidad de México entre 1930 y 1970”– “quiere ser la expresión más importante de la extensión cultural universitaria [...] y, sobre todo, lograr que sus lectores conozcan cabalmente lo que la Universidad es, cómo está estructurada [...], cuáles son las posturas e ideas de los universitarios con relación a los grandes problemas nacionales”.[1] De este modo, se publicaron artículos sobre temas relacionados con las actividades de las distintas entidades de la Universidad. En esta primera escala, fue notable la necesidad que tuvo la institución, que estrenaba su autonomía, para dar a conocer a la sociedad la importancia y viabilidad de su trabajo académico, y la vinculación que podría darse, siempre de mutuo beneficio, entre la sociedad y la casa de estudios.

La primera etapa de Universidad de México, que abarcaría hasta agosto de 1933, incluyó también periodos en los que la dirección estuvo a cargo del escritor Andrés Iduarte (1932) y del historiador Pablo Martínez del Río (1932-1933). Entre septiembre de 1933 y enero de 1936, la publicación dejó de aparecer debido a problemas financieros y de gestión. Fueron años difíciles para la política del país, y eso también tuvo repercusión en los asuntos internos de la Universidad. Sin embargo, en febrero de 1936, bajo la dirección del poeta Miguel N. Lira, la revista renació con el nombre de Universidad. Mensual de cultura popular, para cesar su circulación en junio de 1938. En este periodo, destacó la incorporación de escritores españoles y mexicanos, así como de pintores nacionales, en los índices de la publicación.

Luego de un extenso interludio, durante el cual la misma sociedad mexicana pareció dejar atrás momentos de discordia y confrontación, Universidad de México volvió a la circulación en octubre de 1946, con el abogado Francisco González Castro como director. A partir del número de marzo-junio de 1948 y hasta el de abril de 1949 se encontró en aquel puesto el escritor hondureño Rafael Heliodoro Valle. El enfoque se volvió notoriamente literario y humanístico, y destacaron textos de autores como los poetas Efraín Huerta y Luis Cardoza y Aragón, por ejemplo. A continuación, la revista tuvo al abogado Rafael Corrales Ayala como director, quien le dio un sello académico e informativo.

En agosto de 1952, la Revista entró en una nueva etapa a partir de que el pintor Miguel Prieto fue nombrado como responsable junto con Antonio Acevedo Escobedo. Como señala Vargas Escalante, Universidad de México “vuelve a ser una revista cultural variada y de gran interés”, con textos ensayísticos y poéticos de temas diversos, amén de un acercamiento al diseño en que ya se advierte la mano del joven Vicente Rojo.

A finales de 1953, los cambios en la administración de la máxima casa de estudios condujeron a que el poeta Jaime García Terrés asumiera la dirección; se convertiría esta etapa en una de las más emblemáticas de la revista y de la cultura mexicana. En la editorial, del número de septiembre de 1953, se afirmó que la revista pretende ser el órgano de información más adecuado de las diversas actividades universitarias. Estas no se conciben en un sentido estrecho, como la serie de sucesos, medidas y actos administrativos y académicos que ocurran o se practiquen en el claustro, sino de una manera más amplia que, además de lo anterior, comprende los quehaceres de sus maestros e investigadores, en conexión íntima con los de quienes se dedican, aun afuera de la Universidad, a las tareas propias de la cultura superior.

Lo cierto fue que García Terrés superó por mucho ese objetivo. Esta época se destacó por la recurrencia de textos firmados por Carlos Fuentes, Eduardo Lizalde, Octavio Paz, Alfonso Reyes, Luis Cernuda, Alí Chumacero, Tomás Segovia, Juan García Ponce, José Emilio Pacheco, entre muchos otros nombres más. Algunos de ellos estaban en plena juventud literaria, buscando y acercándose a temas y enfoques novedosos; y otros, ya daban muestras de una absoluta madurez creativa. También fluyeron las colaboraciones de autores extranjeros, muchos de ellos de Sudamérica, como Julio Cortázar y Jorge Luis Borges, así como traducciones de textos de figuras notables de la cultura occidental, como Herbert Marcuse, W. H. Auden o Igor Stravinsky. Las páginas conocieron ilustraciones de Vicente Rojo, Pedro Coronel, Juan Soriano, Alberto Gironella, entre otros más.

La publicación tuvo un ánimo inquisitivo, abierto, con una curiosidad intelectual que trascendió las fronteras y que recogió, en ocasiones a través de números monográficos, algunas de las discusiones y realidades importantes del medio siglo. Además, otorgó la oportunidad a numerosos representantes de las promociones literarias y humanísticas más nuevas de participar en el diálogo intelectual; y acompañó la producción cultural en distintos foros de la propia Universidad. Como lo consignó Juan García Ponce:

Era una publicación variada y a la vez concentrada, cualidad muy difícil de lograr; era literaria e inquieta por las ciencias sociales, realmente universitaria: un abanico universal de temas y colaboradores; en esa época pueden apreciarse en toda su magnitud las enormes posibilidades del ensayo interpretativo; hay temas y autores que se dan a conocer en México; la revista refleja el desarrollo de acontecimientos y fenómenos: marxismo, existencialismo, psicoanálisis...[2]

La gestión de García Terrés al frente de la revista terminó en agosto de 1965, ya que en mayo el poeta fue nombrado nombrado titular de la embajada mexicana en Grecia. La revista recibió entonces al filósofo Luis Villoro en la dirección, quien desempeñaría este puesto por diez números, hasta agosto de 1966. Le dio a la publicación, aún manteniendo la diversidad literaria, un enfoque hacia temas del pensamiento y la filosofía.

Gastón García Cantú relevó a Villoro a partir de septiembre de 1966. Durante su dirección, hasta el número de marzo-abril de 1970, le señaló a la revista una impronta afín al debate de temas políticos y con una reducción a un enfoque mexicanista, como resume Vargas Escalante, aunque el nivel de calidad se advierte en los colaboradores seleccionados, como Agustín Yáñez, Juan José Arreola o Jaime Torres Bodet, así como autores más jóvenes: Carlos Monsiváis, Esther Seligson, Carlos Montemayor, Vicente Leñero, entre otros.

Los nuevos tiempos vieron la llegada del filósofo Leopoldo Zea a la dirección de la revista, quien profundizó la deriva política, enfocada en temas de la problemática de latinoamérica; y quien fue sucedido del cargo por el jurista Diego Valadés. Posteriormente, la publicación contó con la dirección de tres escritores: Hugo Gutiérrez Vega, Arturo Azuela y Julieta Campos. Esta última, en su editorial de mayo de 1981, señaló:

“En el nombre lleva [la revista] el sello de su idiosincrasia: ámbito de encuentro entre la cultura que germina en México y la que se hace en todas partes, plural como la institución que la propicia, no ha sido ni será órgano de grupos sino foro abierto a la expresión libre sin otro requisito que la calidad, la autenticidad y la vigilancia intelectual”.[3]

Para enlazar la revista con la labor de uno de sus pilares más notables, este número incluyó un poema de Jaime García Terrés, “Elogio de la locura”, así como “Escribir y decir (Conversación en la Universidad)”, un texto en que Octavio Paz, ya de gran reconocimiento intelectual y director de la revista Vuelta, se dirigió a estudiantes universitarios de la enep Acatlán, durante el ciclo La experiencia literaria, de 1979. Esta etapa dio muestra de un enfoque internacionalista, con una inclinación a discutir temas de la actualidad política, así como de las principales aristas del pensamiento contemporáneo.

La gestión de Julieta Campos, hasta 1985, dio paso, en un contexto agitación social en la Universidad y en el país, a la participación en años subsecuentes de Federico Reyes Heroles, Horacio Labastida, Fernando Curiel y Alberto Dallal en el puesto directivo de la revista. La publicación mantuvo su apertura a una diversidad de temas humanísticos, con particular inclinación por las aportaciones de la comunidad universitaria. Esto continuó en 2004, cuando inició la gestión de Ignacio Solares como director; quien buscó dar espacio a voces de la cultura mexicana de los distintos ámbitos y grupos, apelando a la vocación plural de la máxima casa de estudios. Finalmente, en 2017, llegó al timón de la Revista Guadalupe Nettel, quien desde entonces ha producido números monográficos, en que han publicado autores tanto mexicanos como extranjeros.

Referencias 

Beltrán Felix, Geney, "La Revista a través de las décadas", Revista de la Universidad de México, Nueva época, núm. 121 (México, marzo del 2014). En línea (consultado el 29 de abril del 2019).

Solares, Ignacio, "La Revista de la Universidad", Revista de la Universidad de México, Nueva época, núm. 79 (México, septiembre del 2010). En línea (consultado el 29 de abril del 2019).

Vargas Escalante, Rafael, "Datos Para Una Historia de La Revista de La Universidad de México Entre 1930 y 1970", Scribid. En línea (consultado el 29 de abril del 2019).