Enciclopedia de la Literatura en México

Luis Cardoza y Aragón

Ensayista, narrador y poeta. Radicó en Estados Unidos y en Francia donde se relacionó con los surrealistas. Se estableció en México de 1932 a 1944 y se integró activamente a la vida cultural de este país. Regresó a Guatemala, donde dirigió Revista de Guatemala. Fue ministro en Noruega, Suecia y la urss. Más tarde salió de Guatemala por motivos políticos y se estableció en México nuevamente. Trabajó en Radio Universidad; fue investigador de Instituto de Investigaciones Estéticas de la unam; fundó y presidió el Movimiento Guatemalteco por la Paz y la Casa de la Cultura de Guatemala. Publicó numerosos ensayos sobre artes plásticas y semblanzas de pintores mexicanos. Colaboró en Cuadernos Americanos, Diorama de la Cultura, El Día, El Gallo Ilustrado, El Nacional, Excélsior, La Cultura en México, México en la Cultura, Novedades, Plural, Revista Mexicana de Cultura, Revista Universidad de México, Sábado y Unomásuno. Recibió la Orden del Águila Azteca en 1979. Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío 1986, Nicaragua. Premio Nacional de Ensayo Literario José Revueltas 1987. Premio Pablo Neruda 1990, URSS. Premio Mazatlán de Literatura 1992. Premio Especial Testimonio Roque Dalton 1992, El Salvador. Doctor honoris causa 1992 por la Universidad de San Carlos de Guatemala.

José Luis Martínez 1995 / 12 ene 2018 08:05

El guatemalteco Luis Cardoza y Aragón (1904-1992) vivió en México largos años y formó parte de nuestra vida cultural. Sus primeros libros fueron de poesía y prosas vanguardistas: Luna Park (París, 1924), Maelstrom (París, 1926, con prólogo de Ramón Gómez de la Serna), Torre de Babel (La Habana, 1930), reunidos, con otros posteriores, en Poesías completas y algunas prosas (1977, con prólogos de José Emilio Pacheco y Fernando Charry Lara). En sus años de París fue amigo de Alfonso Reyes, al que dedicó una inteligente semblanza en 1955. En México, colaboró en la revista Contemporáneos y Xavier Villaurrutia y Jorge Cuesta lo celebraron. Sus “Ensayos mexicanos de espina y flor”, Apolo y Coatlicue (1944), reúnen hermosas páginas sobre Los hombres que dispersó la danza, de Andrés Henestrosa, Bernal Díaz del Castillo, José D. Frías, Jorge Cuesta (“Lo que no espera la esperanza”), apuntes sobre arte mexicano, recuerdos de Federico García Lorca, y dos sorprendentes ensayos, “Elogio de la embriaguez” y “Oceanografía de la provincia”, que es un entusiasta y burlón elogio de Guadalajara. En México (1962) dio a conocer los escritos de este tema de Antonin Artaud.

Después de pequeños estudios de los pintores Carlos Mérida (Madrid, 1927-México, 1934) y Rufino Tamayo (1934), publica en 1940 La nube y el reloj, su primer panorama de la pintura mexicana contemporánea, y uno de los primeros libros importantes sobre el tema, con estudios acerca de Agustín Lazo, Carlos Mérida, Rufino Tamayo, Julio Castellanos, David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y José Clemente Orozco. Esta galería pictórica fue enriqueciéndose en sus libros siguientes: Pintura mexicana contemporánea (1953), México: pintura activa (1961), México: pintura de hoy (1964) y Pintura contemporánea de México (1974). Su entusiasmo mayor lo reservó a Orozco (1959, 1974), al que dedicó sus páginas más vibrantes:

Quien no conoce bien su obra en Guadalajara –escribió– no conoce a Orozco. A partir de Guadalajara se crece su osadía, su suelto estilo de grandes síntesis para expresar la violencia o la ternura. Su ejemplo más notable es la cúpula del Hospicio Cabañas, el mural más hermoso de América; puede compararse a lo mejor de cualquier obra semejante en el mundo. Un prodigio. Sin retirar los andamios ni una sola vez, pintó las imágenes fijas en su mente, confiando en la frescura de la improvisación, valiéndose sólo de pequeños apuntes, como verdadero visionario. Hay cabezas de cerca de dos metros y medio, con enormes pinceladas que resumen su pasión en pasmoso grito de color.[1]

Y este ensayo de Cardoza y Aragón sobre Orozco concluye así:

He recordado su potencia, sus pantanos insoportables, su fecundidad y su caudal. José Clemente Orozco alza la cabeza poblada de águilas por encima del nivel de la historia: trazó un autorretrato de México, que es como una estrofa de mar: sincero y vehemente, rotundo y categórico.[2]

Como un resumen de sus juicios sobre la pintura mexicana, afirmó: “El muralismo mexicano es la única aportación original moderna al mundo por el arte de América Latina.” (“Preliminar” a Diego Rivera. Los frescos en la Secretaría de Educación Pública, 1980, página 23.)

La índole de la crítica de arte de Cardoza y Aragón la ha descrito bien José Emilio Pacheco:

Su crítica no es sólo inseparable de su poesía, es verdaderamente parte de ella. Tiene su justificación última en sí misma pero no se relaciona en absoluto con las vaguedades “poéticas” e intolerablemente mal escritas [...] La prosa de Cardoza y Aragón es precisa y concreta; jamás se evade por el camino lírico de la responsabilidad que entraña dar un juicio [...] No formula una interpretación “literaria” sino un entendimiento poético (sin comillas) del hecho plástico, su traducción a otro código.[3]

Son muchas las páginas notables de Cardoza y Aragón sobre pintores, en defensa de la libertad y la diversidad y en contra de los dogmatismos. De ellas prefiero su ensayo sobre el “Polyforum” (1972), de David Alfaro Siqueiros. Admiro su ferocidad, su implacable objetividad, su capacidad para apoyar en razones y juicios la diatriba. Y me complace que, después de señalar las páginas de exaltación de Orozco, pueda citar esta otra cara del crítico. He aquí un par de pasajes:

El Polyforum es una esculto-pintura vehemente, estruendosa y retórica. Un gran grito cinematográfico, en pantalla oval. Es un resumen, un inventario, un recuento de sus conocimientos, de sus experiencias, con utilización de logros juveniles y de su madurez [...] Es una mezcla desafortunada de elementos conocidos de otros, dentro de tal orden. Me pregunto si no hubiese logrado algo mejor pintando, quiero decir, sin esculto-pintura.[4]

Vi el Polyforum no sólo como espectáculo sino como creación plástica despojada de sus “apoyos”. Guarda la unidad lírica y baritonal de un barroco propio, de un disparadero regido por la sintaxis de un tumulto. No recuerdo quien recomendaba cultivar lo que nos critican. En ello está la personalidad. David Alfaro Siqueiros lo ha hecho radicalmente. Su desmesura –su dinámica y frenética ampulosidad– aparece ahora más consubstancial y característica.[5]

Luis Cardoza y Aragón dedicó un hermoso libro de evocaciones, historia y dolor a su tierra original: Guatemala, las líneas de su mano (1955); fundó y dirigió la Revista de Guatemala (Guatemala, 1945-1951) con muchas colaboraciones mexicanas, y escribió libros políticos, como Retorno al futuro (Moscú, 1946-México, 1948), El río. Novelas de caballería (1986), se llaman sus caudalosas memorias.

Su infancia transcurrió en su ciudad natal, etapa de la que extraería los recuerdos fundamentales para su obra poética y gran parte de su prosa. Estuvo en los Estados Unidos, en 1920, y en París, de 1921 a 1929. En Francia estudió dos años de medicina, pero la abandonó para dedicarse a su vocación literaria y a su pasión por las artes plásticas. A los diecinueve años publicó en París su primer libro de poemas, Luna Park, y en 1926, sus primeros cuentos compilados en Maelstrom. En sus años de formación en la capital francesa le tocó vivir el surgimiento de las grandes corrientes pictóricas del siglo XX; en esa etapa conoció y se hizo amigo de los principales representantes del surrealismo: Breton, Éluard, Artaud. Al mismo tiempo, en ese periodo descubrió los grandes textos de la cultura maya, el Popol Vuh y el Chilam Balam, obras que le permitieron acercarse y entender el arte latinoamericano desde la etapa prehispánica hasta nuestros días. En México se dio a conocer en 1929 con un fragmento de su libro de poemas, Torre de Babel, publicado en la revista Contemporáneos. Precisamente, por los años que se estableció en México, en un primer momento, de 1932 a 1944, se relacionó con los representantes que agrupaba esa publicación: Pellicer, Owen y Novo; trabajó con Xavier Villaurrutia en el “Catálogo de la pintura europea para la Escuela de Artes Plásticas”. Desde los años treinta participó vital y activamente en la vida cultural de México; fue uno de los intelectuales defensores de la política cardenista. Dedicó una parte central de su vida a esas actividades; regresó a Guatemala en 1944 para colaborar en los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz hasta 1954, año en que este último fue derrocado por Castillo Armas. Fue embajador de Guatemala en Noruega, Suecia, la Unión Sovietica, Colombia y Chile; al mismo tiempo se convirtió en un punto de referencia indispensable para el desarrollo de la vida intelectual guatemalteca; fundó y dirigió Revista de Guatemala (1945-1951), una de las publicaciones más importantes que se hayan hecho en ese país; fundó y presidió también el Movimiento Guatemalteco por la Paz, así como la Casa de la Cultura de Guatemala. Desde 1953 radicó definitivamente en México. Al año siguiente, al producirse el golpe de Estado contra Arbenz, secundó uno de los movimientos de protesta organizado por los más destacados intelectuales mexicanos de ese entonces, entre otros, Frida Kahlo y Carlos Pellicer. Sus actividades periodísticas se diversificaron en artículos literarios, editoriales políticos, notas culturales, entrevistas, traducciones, corrección de estilo, crítica artística y literaria. Colaboró en las principales publicaciones periódicas culturales de México como “México en la Cultura”, “Revista Mexicana de Cultura”, “La Cultura en México”, “Diorama de la Cultura”, “El Gallo Ilustrado”, “Sábado”, “La Jornada Semanal”, “Lectura”, El Hijo Pródigo, Contemporáneos, Letras de México, El Libro y el Pueblo, Examen, Taller, Cuadernos AmericanosUniversidad de MéxicoPluralNexos, Gaceta del Fondo de Cultura Económica, Tierra AdentroEl NacionalNovedadesExcelsiorEl DíaUnomásuno y en Revista de Guatemala, El Imparcial y Presencia, entre otras publicaciones de su país, además de muchas otras extranjeras. Fue investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, desde 1977. En 1980 inauguró la cátedra José Clemente Orozco, en la UNAM. En Radio Universidad colaboró semanalmente con el programa “Crítica de las artes plásticas”. Recibió el Premio Quetzal de Jade Maya, de la Asociación de Periodistas de Guatemala, en 1978; la “Orden del Águila Azteca” del gobierno mexicano, en 1979, por su dedicación y entrega al fructífero trabajo literario y humanístico realizado en México; la Orden de la Independencia cultural Rubén Darío, del gobierno de Nicaragua, en 1986; el Premio de Ensayo José Revueltas, del Instituto Nacional de Bellas Artes, en 1987; el Premio Jorge Cuesta, del Estado de Veracruz, en 1988; el Premio Pablo Neruda, de la agencia de prensa soviética Novosti, en 1990, y el Premio Mazatlán, en 1992. En ese último año fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de San Carlos, en Guatemala.

Luis Cardoza y Aragón, ensayista y poeta, también cultivó la prosa poética, el cuento, la crítica literaria y la crítica de artes plásticas. Perteneció a la etapa americanista de la literatura hispanoamericana y, como heredero de la tradición greco-latina, emprendió la búsqueda de su propio rostro y la encontró en las raíces prehispánicas. Su primer libro de poesía, Luna Park, y el primero de cuentos, Maelstrom, advirtieron la frescura de la experimentación y los logros de la vanguardia hispanoamericana. Gran parte de sus textos poéticos, poemas en prosa, prosa poética, así como muchos de sus ensayos, se hayan permeados por sus evocaciones de infancia, sueños y recuerdos en Dibujos de ciego; Guatemala, las líneas de su mano; Pequeña sinfonía del Nuevo Mundo; El río. Novelas de caballería; Lázaro, y en otras obras; en ellas el tema de la niñez es vista de manera inusitada, como algo fugaz e irrecuperable. Cardoza fue el primero en romper con el hielo académico de la tradición de Antigua, al recrearla en un poema surrealista: “Ciudad natal”, escrito en Londres, en 1931. En “Soledad de la fisiología” desentraña los sentimientos más hondos de la psique: la certidumbre de la soledad humana, la certeza del desamparo del hombre en medio de catástrofes cósmicas y sociales; situaciones tratadas constantemente en sus escritos. En Pequeña sinfonía confluyen todos los elementos que habrían de configurar su estilo y su manera tan personal de hacer crítica de pintura; la obra está llena de visiones plásticas del mundo, de recuerdos de infancia, sensaciones de adolescencia, de estímulos recibidos en la juventud. Como crítico de arte sus textos revelaron un profundo conocimiento y una intuición iluminadora, de ahí que pueda considerársele como el descubridor de los valores esenciales de nuestra pintura, a la cual dedicó varios de sus libros: La nube y el reloj, Pintura mexicana contemporánea, México: pintura activa, México: pintura de hoy, Pinturas murales en la Universidad de Guadalajara, La pintura y la Revolución Mexicana; además de ocuparse extensamente de la obra de pintores mexicanos como Carlos Mérida, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, José Guadalupe Posada, Ricardo Martínez, Diego Rivera: los murales de la Secretaría de Educación Pública, Ojo/voz. En Signos, Picasso, Bretón, Artaud, establece paralelos y diferencias novedosas entre Siqueiros, Rivera y Orozco, revisados a la luz de la vinculación entre arte e ideología. “El muralismo mexicano -aseguró- es la única aportación original moderna, dada al mundo por el arte de América”. Su militancia política y sus compromisos sociales y culturales con su país de origen quedaron de manifiesto en El pueblo de Guatemala, La revolución guatemalteca; Guatemala, las líneas de su mano; Guatemala con una piedra adentro; Miguel Ángel Asturias (casi novela), Para deletrear el nombre de los colores y otras, así como en las traducciones y prológos a Rabinal Achí. El varón de rabinal-ballet-drama de los indios quichés de Guatemala y en sus estudios al Chilam Balam y al Popol Vuh.

Instituciones, distinciones o publicaciones


Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas
Fecha de ingreso: 1987
Fecha de egreso: 1987
Premio especial a Luis Cardoza y Aragón

El Nacional
Fecha de ingreso: 1937
Director

Premio Mazatlán de Literatura
Fecha de ingreso: 1992
Fecha de egreso: 1992
Ganador con la obra "Miguel Ángel Asturias, casi una novela"

El Gallo Ilustrado. Literatura. Ciencias. Artes Plásticas. Teatro. Cine.
Colaborador

La Jornada Semanal
Colaborador

El Hijo Pródigo. Revista Literaria
Colaborador

Contemporáneos. Revista Mexicana de Cultura
Colaborador

Letras de México. Gaceta literaria y artística
Colaborador

Examen. Revista de Crítica
Colaborador

Taller
Colaborador

Cuadernos Americanos. La revista del mundo nuevo
Colaborador

Universidad de México
Colaborador

Plural. Crítica y literatura
Colaborador

Nexos
Colaborador

La gaceta del Fondo de Cultura Económica
Colaborador

Instituto de Investigaciones Estéticas IIE (UNAM)
Fecha de ingreso: 1977
Investigador

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