Enciclopedia de la Literatura en México

Jorge Cuesta

Ensayista y poeta. Estudió en la Escuela de Ciencias Químicas en la Ciudad de México. Fundó Examen. Fue la “conciencia crítica” de la generación de los Contemporáneos. Sus obras fueron recopiladas por editorial Ediciones del Equilibrista en 1994. Colaboró en Alcancía, Antena, Contemporáneos, El Universal, Escala, Letras de México, Taller y Ulises.

José Luis Martínez
1995 / 01 ago 2018 11:02

En Jorge Cuesta (1903-1942), los postulados intelectuales y morales de este grupo literario [Contemporáneos] tuvieron su más dramática manifestación. No fue el más notable de aquellos escritores, pero sí en cierta manera su conciencia más extremada. Su tragedia personal, que no puede disociarse de su obra, ha motivado el interés de algunos investigadores que se han esforzado por iluminar las páginas lúcidas y los laberintos mentales que escribió Cuesta. “Agucé la razón / tanto, que oscura / fue para los demás / mi vida, mi pasión / y mi locura”; resumió Villaurrutia al principio de uno de los “Epitafios” que dedicó a su amigo.

En 1921 vino de su natal Córdoba, Veracruz, a la ciudad de México para estudiar química, que cursará hasta el final de la carrera, sin graduarse. Como técnico de esa especialidad trabajó en algunas empresas, y la posibilidad de trasmutaciones “enzimáticas” y el descubrimiento de una panacea fueron sus obsesiones científicas. Sus amigos, refiere también Villaurrutia, le llamaban el Alquimista, y él repetía el verso famoso “El más triste de los alquimistas”.

A las letras dedicó alrededor de quince años de su breve vida, casi siempre asociado a las empresas culturales de su grupo. Publicó poemas y ensayos en las revistas Ulises (1927-1928), Contemporáneos (1928-1931) y Examen (1932), que él mismo dirigió y concluyó en su número 3, acusada de publicar “palabras vulgares”. Firmó, además, como responsable la Antología de la poesía mexicana moderna (1928), expresión del intransigente y arbitrario criterio poético de su generación. En sus últimos años, de 1932 a 1940, escribió en El Universal artículos sobre temas educativos: universidad, educación sexual y educación socialista. Por su cuenta imprimió en 1934 dos folletos: El plan contra Calles, que trata de mostrar que el Plan Sexenal es contrario a la política revolucionaria callista, y Crítica de la reforma al Artículo Tercero, que denuncia el contenido socialista de esta reforma. Con estos escritos, de estrictos razonamientos aunque de escasa eficacia política, Cuesta se proponía desmentir la acusación que recibía su grupo de desdén por las cuestiones públicas.

La obra literaria y periodística de Jorge Cuesta permaneció dispersa hasta la publicación de cuatro tomos de Poemas y ensayos (1964), recopilados por Miguel Capistrán y Luis Mario Schneider, y con prólogo de este último, al que se añadió un tomo v, Poemas, ensayos y testimonios (1981), editado por Schneider, con nuevos textos y una buena antología crítica.

La poesía de Cuesta es un empeño obstinado para destruir todo lirismo, toda complacencia verbal, musical, sentimental o imaginativa, y limitarse a exposiciones casi siempre oscuras de conceptos, abstracciones, vacíos y ausencias, tras de las cuales encuentra la nada. Sólo uno de sus poemas, “Retrato de Gilberto Owen” (Poemas y ensayos y testimonios, t.v, pp. 13-14), de 1926 y que parece de sus primeras obras, gracioso e imaginativo, se escapa de esta aridez dominante sobre todo en sus sonetos (de once, nueve y ocho sílabas), formalmente intachables.

“Canto a un dios mineral”, compuesto en 37 liras de seis versos, es su poema más ambicioso y trabajó en él desde 1938 hasta sus últimos días. Su significación es huidiza y se presta a varias interpretaciones. Puede intentarse ésta: como otros grandes poemas, el “Canto” es también un viaje en busca del conocimiento, un juego dialéctico entre los símbolos del agua y sus transformaciones (nubes, ondas, espuma) y la materia o lo mineral, hasta que en las cavernas del sueño surge “la palabra que arde”, la poesía y su libertad. José Emilio Pacheco ha señalado que el “Canto a un dios mineral” parece en varias estrofas comentario o desprendimiento de Muerte sin fin, que es de 1939. En efecto, aunque puede añadirse que los tratamientos de ambos poemas son muy diversos. Frente a la tensión dramática y el despliegue imaginativo de la obra de Gorostiza, la de Cuesta es un raciocinio intrincado que sólo se consiente escasos vuelos líricos.

En dos de sus ensayos se ocupó Cuesta de Muerte sin fin, con observaciones extrañas y contradictorias. En el primero de ellos (Poemas y ensayos, t.ii, pp. 326-331), dice que en este poema “no hay unidad de género”, que por su estructura formal “es un poema romántico” y de su autor afirma: “No cabe duda: es un verdadero monstruo.” Y en el segundo, “Una poesía mística” (t. iii, pp. 363-367), dice que el poema de Gorostiza tiene una significación mística y elabora un paralelismo con el “Cántico espiritual” de San Juan de la Cruz, aunque en el poema mexicano el desenlace es terrible para el amante divino.

Mas, a pesar de estas y otras páginas discutibles, los ensayos de Jorge Cuesta constituyen su obra literaria más importante. En ellos hay una doctrina estética y literaria congruente y muy personal acerca de la poesía, la pintura, el nacionalismo, el clasicismo, el rigor crítico y la misión de su propia generación literaria. Nietzsche, Baudelaire, Gide y Valéry son claves de su pensamiento. Sus bestias negras, así fueran en algunos casos injustificables, eran explícitas; y sus aficiones entrañables lo eran también. No temía irritar a sus contendientes, y antes parecía complacerse con ello. Sus exposiciones doctrinarias siguen una concatenación singular con difícil sintaxis, pero son persuasivas, así sean en ocasiones demasiado rígidas y sin matices sus conclusiones.

La idea central de “El clasicismo mexicano” (t.ii, pp. 178-194), de 1934, uno de sus ensayos más importantes, es que la originalidad de la poesía mexicana "no debe buscarse en otra cosa que en su inclinación clásica, es decir, en su preferencia por las normas universales sobre las normas particulares”. En la segunda parte de este ensayo, ilustra con ejemplos esta teoría y hace un gran elogio de López Velarde, el poeta que admira sin reservas y al que llama “uno de los poetas más originales de México” y “el más personal que en México ha existido”.

El anterior es su ensayo más ambicioso, aunque no sea del todo convincente; pero el más logrado y redondo, para mi gusto, es el dedicado al “Ulises criollo de José Vasconcelos” (t. iii, pp. 261-265), de 1936. Me parece que es la interpretación más brillante que se haya escrito del irracionalismo y el impulso místico de aquella personalidad extraordinaria.

La nota que escribió Cuesta sobre Octavio Paz (t. iii, pp. 282-284), en 1937, es notable por su clarividencia. Dice Cuesta que poco antes había conocido al entonces joven de veinte años en el que “tuve que advertir la sinceridad apasionada con que sentía inquietudes intelectuales”; y después de la lectura de Raíz del hombre, su primer libro formal, sentencia: “Ahora estoy seguro de que Octavio Paz tiene porvenir.”

Queden al menos mencionados otros ensayos valiosos de Jorge Cuesta: su teoría poética, como arte de elusiones (t. ii, p. 45); su definición del sentido crítico y la conciencia moral y universal de la generación de Contemporáneos (t. ii, pp. 91-95); su crítica del nacionalismo, como empequeñecimiento de la nacionalidad, en lugar de querer para México “no lo mexicano sino lo mejor” (t. ii, pp. 96-101); y la calidad de los apuntes dedicados a temas pictóricos, con agudas observaciones sobre José Clemente Orozco, Diego Rivera y Agustín Lazo (t. ii, pp. 24-25 y t. iii, p. 256). Existe un buen libro sobre Cuesta, de Louis Panabière, Itinerario de una disidencia. Jorge Cuesta (1903-1942) (México, fce, 1983), traducido por Adolfo Castañón.

Pasó su infancia y su adolescencia en su ciudad natal, en donde asistió a la Escuela Unión, el Colegio América y la Escuela Secundaria de Córdoba y se formó intelectualmente en la biblioteca paterna. Luego de sus estudios medios, escogió la carrera de química.

A los 21 años se inscribió en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional, de la que fue alumno brillante. En 1923 dirigió la revista Ciencias Químicas de la misma universidad. Recién egresado (nunca se tituló) fue contratado por el ingenio El Potrero, en el que fabricaba un ron muy popular.

Regresa a México en donde trabaja por cortas temporadas en diferentes oficinas y ministerios; torna a El Potrero en 1929 pero lo abandona al año siguiente.

Desde 1930 hasta 1938 continúa en México sus investigaciones y experimentos solitarios, al margen de su actividad literaria. Es nombrado jefe de laboratorio en la Sociedad Nacional de Azúcar y de Alcoholes, desde 1938 y hasta poco antes de su muerte.

La mayor parte de sus estudios, investigaciones y experimentos químicos estuvieron orientados a la aplicación de fenómenos químicos de la materia al hombre. Desde 1935 estudió un procedimiento para la fabricación de enzimas; se preocupó también por encontrar un remedio para el cáncer y trabajó en la investigación del complejo vitamínico de la marihuana.

Cuando llega a la Ciudad de México en 1921 encuentra un ambiente propicio para desarrollarse cultural y literariamente, en forma paralela a sus estudios químicos. Asiste a las cátedras de filosofía de Antonio Caso y Samuel Ramos; encuentra a Gilberto Owen y a Xavier Villaurrutia, con quienes comparte gustos e intereses; se ubica en el grupo de Contemporáneos en el que encuentra la oportunidad para confrontar lecturas diversas y ejercer su virtuosismo verbal. Junto con los miembros de este grupo se dio a la tarea de enriquecer el panorama cultural mexicano.

Firmó la Antología de la poesía mexicana, trabajo colectivo que levantara tanta ámpula en el ambiente literario y participó en la elaboración de la revista que dio nombre al “archipiélago de soledades”: Contemporáneos. También colaboró en Ulises y El Espectador.

En julio de 1932, con el respaldo de la Secretaría de Educación, decidió editar una revista literaria a la que tituló Examen, que sólo tuvo tres números pues por una narración de Salazar Mallén fueron censurados, ya que el texto incluía vocablos “groseros”. Cuesta y Salazar Mallén fueron además acusados y juzgados.

Escribió ensayos literarios, filosóficos y políticos; tradujo a varios poetas del francés y del inglés, como a Eluard, Mallarmé, Spender y Donne. Entre 1926 y 1940 publicó ensayos, artículos y traducciones en las revistas y periódicos más importantes de su momento, pero nunca publicó propiamente un libro.

Durante sus últimos años de vida su tormenta vital, causada por su aguda sensibilidad, su sed insaciable de conocimientos y su profunda inteligencia hizo crisis. Ha habido diversas interpretaciones a su locura, como la de que fue resultado tardío de una caída sufrida al año y medio de vida; o de que fue causada —como él mismo pensaba—, por una modificación fisiológica provocada a su vez por las enzimas que ingería para sus experimentos. El hecho es que en 1940 fue hospitalizado en el sanatorio Mixcoac y en 1942 se le recluyó en casa de unos amigos en la que se autoagredió acuchillándose los genitales. De urgencia se le llevó a la clínica del doctor Lavista en Tlalpan, en donde se colgó de los barrotes de su cama con sus propias sábanas, a los 38 años.

Estudió en la Facultad de Ciencias Químicas, en la Ciudad de México. Publicó en julio de 1924 un cuento en la revista Antena. Al término de sus estudios, en 1925 regresó a Córdoba a trabajar en el ingenio azucarero El Potrero por un breve tiempo, después del cual regresa a la Ciudad de México. Asistió a reuniones literarias que lo impulsaron a dedicarse de lleno a la literatura. En 1928 publicó la fuertemente controvertida Antología de la poesía mexicana moderna, en cuyo prólogo y notas presentó una visión singular de la trayectoria de nuestra poesía del siglo xx. Viajó a Europa en ese mismo año; allí se reunió en Londres y París con Octavio G. Barreda, Carlos Luquín, Carlos Pellicer, Agustín Lazo y Samuel Ramos. Al volver a México se casó con Guadalupe Marín, con quien regresa a El Potrero. Poeta y ensayista, en 1930 se relacionó plenamente con los Contemporáneos, grupo literario del cual se dirá que Cuesta fue su “conciencia crítica”. En 1932 fundó la revista Examen, que sólo duró tres números. Entre sus colaboradores figuran Mariano Azuela, Luis Cardoza y Aragón, Enrique González Martínez, José Gorostiza, Salvador Novo, Bernardo Ortiz de Montellano, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia, el propio Cuesta y Samuel Ramos. Sin embargo, Examen fue consignada por contradecir los dictámenes culturales del momento. Jorge Cuesta mantuvo su labor poética y ensayística hasta que, en 1942, se suicida.

La mayoría de los críticos coincide en que Jorge Cuesta Porte Petit, poeta y crítico, fue el miembro de Contemporáneos que mejor exhibió el rigor intelectual y el vigor de la inteligencia. En su poesía y en sus ensayos libró una batalla contra lo inesencial; concibió la poesía como “una pura fascinación, un puro diabolismo”, y esta pasión fáustica de conocer lo condujo a equiparar la creación de la poesía con la búsqueda alquímica. Ensayista, poeta y químico, Cuesta hizo de toda afirmación un problema y de toda cosa un objeto intelectual. Sus lecturas más asiduas fueron las obras de Poe, Baudelaire, Valéry, Gide y Nietzsche. Fue un intelectual desprendido de las causas políticas y esto aunado a su seducción fueron las características que lo hicieron un personaje polémico de su tiempo: los años siguientes a la Revolución Mexicana. En su ensayo “¿Existe una crisis en nuestra literatura de vanguardia?” (1932), esboza fielmente el panorama cultural al que se enfrentó el “grupo sin grupo”, explicando el contexto de sus actitudes intelectuales, tendencias y características. Cuesta se erigió como el portavoz de la moral de la responsabilidad en sus famosos escritos sobre arte, literatura y política. Exaltó el ideal clásico, el racionalismo antisentimental, reclamando para el arte un marco estrictamente humano. Define y defiende su teoría sobre la universalidad de México y el clasicismo mexicano, fundándose en el desarraigo de nuestra cultura y la influencia de la cultura francesa. De ecos culterano-conceptistas, su poesía busca la pureza de la inteligencia que encarna en su expresión, de ahí su pasión por la forma y su preferencia por el soneto. La temática predominante es la del hombre consciente del flujo del tiempo, la marcha del futuro hacia el pasado y la muerte. La existencia se reduce a pequeños instantes intransferibles e irrecuperables. Este hacer poético de Jorge Cuesta cristaliza en su “Canto a un dios mineral” (1942), cifrado en los estados y transformaciones de la materia inerte. Es el viaje del ser por la geografía impersonal de lo inanimado. El vocabulario alquímico de este poema simboliza asimismo la decisión de encarnar las ideas en un intento de alcanzar la lucidez mediante la transmutación literaria y poética.

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Jorge Cuesta. Poemas

Lectura a cargo de: Jorge Volpi
Estudio de grabación: Universum. Museo de las Ciencias
Dirección: Eduardo Ruiz Saviñón
Música: Triciclo Circus Band
Operación y postproducción: Cristina Martínez
Año de grabación: 2015
Género: Poesía
Temas: Jorge Cuesta Porte (Córdoba, Veracruz, 1903 – Ciudad de México, 1942). Químico, poeta, ensayista y editor. Estudió en la Ciudad de México en la Facultad de Ciencias Químicas. Aunque nunca se tituló, ejerció como científico en varias instituciones pero su veta literaria lo llevó a formar parte del grupo "Los contemporáneos", junto a Carlos Pellicer, Salvador Novo, José Gorostiza y Xavier Villaurrutia, entre otros. Prologó la Antología de la poesía mexicana moderna, publicada en 1928, y fue colaborador del periódico El Universal y otras revistas como Ulises y Letras de México. La paranoia y los accesos de locura que sufrió a lo largo de los años concluyeron con su vida cuando se encontraba internado en una institución de salud mental. En general, los poemas de Cuesta están compuestos por de 3 ó 4 estrofas con excepción de "Canto a un dios mineral", uno de los textos que presentamos a continuación y el cual es reconocido como una de las piezas más importantes de la literatura mexicana y la consumación de la obra poética de este autor. Este poema quedó inconcluso ya que Cuesta escribió las últimas tres estrofas que se conocen pocas horas antes de su muerte. Presentamos también otros textos que exhiben las profundidades del pensamiento de El alquimista, como se le conocía al poeta, en los cuales se exploran los límites de la razón humana, así como los vacíos y el origen de la materia misma. Estos poemas que se reproducen a continuación, en voz del escritor Jorge Volpi, autor de la novela sobre el propio Cuesta, A pesar del oscuro silencio, y están incluidos en la Antología de la poesía mexicana del siglo XX (1966), cuya selección estuvo a cargo de Carlos Monsiváis. Agradecemos la colaboración musical de Triciclo Circus Band. D.R. © UNAM 2015

Instituciones, distinciones o publicaciones


Examen. Revista de Crítica
Fecha de ingreso: 01 de agosto de 1932
Fecha de egreso: 01 de noviembre de 1932
Director fundador

Antena
Colaborador