Enciclopedia de la Literatura en México

Salvador Novo

mostrar Introducción

Salvador Novo López (Ciudad de México, 1904-1974) fue hijo del español emigrado Salvador López y de la zacatecana Amelia López, quien formaba parte de una numerosa familia de perfil matriarcal instalada en la Ciudad de México. Entre sus obras más importantes se encuentran: Nueva grandeza mexicana, Nuevo amor, La estatua de salEn defensa de lo usado, Return ticketLos diálogos y la serie de crónicas periodísticas reunidas en la actualidad bajo la denominación general de La vida en México en el periodo presidencial de… que abarca desde el sexenio de Lázaro Cárdenas hasta la primera mitad del sexenio de Luis Echeverría. Se desempeñó como poeta, dramaturgo, ensayista, crítico cultural, cronista, traductor, autobiógrafo, director teatral, publicista y funcionario público del área cultural. Es autor de una vastísima obra que no puede considerarse críticamente con el mismo rasero debido a su variedad genérica y por lo tanto temática, a la diferencia cualitativa y cuantitativa de la misma, y a la constante intermitencia extratextual que su figura pública-privada señaladamente su abierta condición homosexual– ocasiona en el ámbito cultural y en particular en los estudios literarios, todo lo cual ha dificultado su estudio y valoración.[1] Se le identifica inmediatamente con el grupo Contemporáneos, al cual, a su vez, se le ha definido como el conglomerado autoral que moderniza el ejercicio literario y artístico de México en el siglo xx, en contraposición con la corriente cultural, estética, artística e ideológica mayoritaria: el nacionalismo.[2] Igualmente, se le contrasta en los hechos históricos y en los análisis textuales a los estridentistas, a los novelistas de la Revolución mexicana (en sus tres generaciones), a los actores sociales, gubernamentales y periodísticos de la época y a otras expresiones artísticas e ideológicas que alimentaron un escenario múltiple, estimulante y creativo cuando los armamentos aún se encontraban aceitados debido al fragor de la Revolución que oficialmente termina en 1921. Contrariamente, Contemporáneos aboga por una estética universal, identificada con las vanguardias artísticas europeas en diferentes modalidades (la novela lírica, la poesía experimental, la focalización en la psique, la introspección, la exploración sensorial a través de recursos retóricos utilizados con originalidad marcadamente el uso de la imagen entre otras) y la apropiación de autores europeos y norteamericanos que se destacaban por su innovación, transgresión y novedad temática, tales como O’Neill, Cocteau, Gide, Wilde, Huysmans, Roger-Marx, Vidrac y las poesías contemporáneas francesa y norteamericana, por ejemplo.[3]

Su libro de ensayos En defensa de lo usado, su poemario Nuevo amor, su autobiografía La estatua de sal, su obra teatral Cuauhtémoc, su crónica Nueva grandeza mexicana y su tarea periodística organizada por “periodos presidenciales” resultan imprescindibles para la literatura mexicana. Nótese la variedad genérica y temática de los textos recién mencionados; al examinarlos es evidente la impronta de Novo en la literatura mexicana que se empieza a producir en la década de 1960. Por ejemplo, la crónica en México no tendría el vigor y la riqueza que exhibe si Novo no hubiese sido el primero en detenerse a examinar la vida cotidiana, la cocina, el pasado histórico, la Ciudad de México como tema. Al mismo tiempo, Novo representa el fenómeno del intelectual-escritor mexicano que el poder político autoritario necesitó para justificarse y recibió reconocimientos, puestos y prebendas por ello. Debido a esta coyuntura, pudo concretar su brillante inteligencia y creatividad desbordante en todo tipo de empresas culturales promovidas por el Estado revolucionario como editor, maestro, antologador, encargado de talleres editoriales, delegado en diferentes eventos culturales internacionales, burócrata cultural y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, a la cual ingresó en 1952 con un discurso (posteriormente convertido en un delicioso y pequeño libro) titulado Las aves en la poesía castellana. Fue nombrado Cronista de la Ciudad de México en 1965 y recibió el Premio Nacional de Literatura en 1967. En el plano ideológico su figura ha sido muy criticada por su abierta alianza con el poder autoritario y su directa aversión a los movimientos estudiantiles del año de 1968;[4] no obstante, su obra creativa reviste una innegable calidad literaria y es imprescindible para entender los fenómenos tanto estrictamente literarios como los culturales del siglo xx en México.[5]

mostrar Los primeros años

Salvador Novo López nace en 1904 y muere en 1974 en la Ciudad de México, sin embargo, sus padres se trasladan a Torreón, Coahuila, cuando el autor contaba con seis años de edad. La muerte de su tío materno, a manos de las fuerzas villistas durante la toma de Torreón, provoca el regreso del niño y de la madre a la familia extensa materna en el barrio de clase media y media alta bautizado como Colonia Guerrero. Su padre se queda en el norte probando suerte como comerciante, pero la misma lo evade de forma continua y muere prematuramente. Así, el niño y joven Salvador se convierte en el benjamín de la familia materna y su madre hace las veces de hermana mayor, mientras que la abuela y los tíos son todos tutores del niño mimado, querido y considerado desamparado por la lejanía paterna primero y por la orfandad precoz, después. En su texto autobiográfico La estatua de sal, Novo se refiere a su padre con gran cariño, añoranza y un acendrado sentido de pérdida e incógnita de qué sería de él si padre e hijo hubiesen permanecido juntos. Este sentimiento, hay que remarcar, se trasmina a sus obras creativas más sinceras, sobre todo a su poesía de juventud. Novo vive su primera mayor contradicción (entre la tradicionalidad y el conservadurismo familiares y los cambios educativos que forjarán el hombre nuevo revolucionario, responsable de llevar a cabo las consignas socio-políticas de la Revolución triunfante) en todos los órdenes de la existencia. Al ingresar a la Escuela Nacional Preparatoria, la cual experimenta grandes cambios debido a las reformas emprendidas por el “protestante” Moisés Sáenz, el viejo estilo de enseñanza (de conocimiento acumulativo, jerárquico en su transferencia) poco a poco es condenado a su desaparición y sustituido por una educación más integral que combina las humanidades, las ciencias exactas y el deporte en la formación del nuevo hombre posrevolucionario.[6] Al mismo tiempo, se hace pupilo del humanista Pedro Henríquez Ureña, avecindado en México por ese entonces e integrante destacado del Ateneo de la juventud, y de él recibe la consigna del rigor lingüístico, filológico y erudito volcado en el examen de textos ajenos o en la creación de los textos propios. Por su “descarada” heterodoxia sexual es expulsado del círculo de iniciados del dominicano,[7] termina la preparatoria de manera regular e ingresa a la Escuela de Jurisprudencia, de donde nunca egresa. Este periplo lo ha puesto en contacto con sus compañeros del futuro grupo de Contemporáneos y con una serie de funcionarios públicos que le abren la posibilidad de llevar a cabo todo tipo de actividades intelectuales ya mencionadas. Aquí su futuro está signado; no lo abandonará nunca, aunque lo aderece con coqueteos laborales para la empresa privada y con su propia iniciativa del Teatro y Refectorio “La Capilla”, primer experimento privado en México de autofinanciación de proyectos culturales.[8]

mostrar Consideración literaria panorámica

Salvador Novo rescata lo mejor de la tradición literaria mexicana con una mirada fresca, lúdica, entrañable y bien documentada del pasado mexicano. A pesar de su diáfano repudio al nacionalismo cultural, en su trabajo narrativo se dedica a “salvar” el pasado mexicano, sobre todo de la Ciudad de México, a través de textos de una muy accesible y amena lectura. En este sentido, es el primer escritor que se fija en todo detalle de actualidad, pero igualmente del pasado prehispánico, virreinal, decimonónico y del pasado inmediato. La gastronomía, el paisaje urbano cambiante, los fenómenos sociales como la radio, las enfermedades, las formas de entretenimiento de los mexicanos, su comida y costumbres tienen en Novo su primer gran difusor y exégeta. De esta forma, introduce un híbrido textual, prácticamente inexistente en México, que combina el dato erudito y preciso con la amenidad, espontaneidad y usos retóricos que mantienen la atención y deleitan al lector, es decir, refina las herramientas textuales de manera innovadora. No obstante, los espacios recreados textualmente se resienten por la ausencia de seres humanos; el desdén por el elemento vivo es notorio. Se trata de una prosa específicamente noviana: bella, muy bien descrita, pero deshabitada.

La crítica ha percibido tanto su virtuosismo como su carácter primigenio en los textos novianos. Sus alcances en el plano textual se pueden enumerar de la siguiente manera. En primer lugar, destaca su uso depurado, profundo y constante de la ironía. Este recurso tiene pocos exponentes no sólo en México, sino también en el ámbito hispánico. Claramente lo adopta de su frecuentación de los autores anglosajones y marcadamente de Wilde; le sirve de punto de observación aguda y de autoinmolación. En muchas ocasiones se ha señalado que también es un recurso que habilita al desposeído social con un arma de defensa, en este caso nuevamente por su heterodoxia sexual.[9] Como comprobación del uso irónico, comentaremos un pasaje sobre un recorrido que realiza junto con sus amigos a la exposición conmemorativa del Centenario de la consumación de la Independencia y que en La estatua de Sal describe los gestos y acciones que les inspiraron el estilo nacionalista en la museografía a cargo de Roberto Montenegro: “Sobre este estilo me consagré con entusiasmo, tijeras, aguja, martillo, a decorar nuestro ‘estudio’. Un idolillo nalgón, a quien llamábamos San Polencho, colgaba a la cabecera del couch o ‘piedra de los sacrificios’ a presidir las escenas. Y un nacionalismo extremado me indujo a emplear una jícara pequeña como el depósito más a tono de la vaselina necesaria para los ritos”.[10] En este caso, la ironía permite la apropiación de lenguajes, saberes y actitudes ajenos que ahora sirven para atacar certeramente a los detentadores originarios de los mismos. Así, el pasaje resulta paradigmático, ya que en él se minimiza el referido nacionalismo cultural y aquí se le destruye totalmente en su valor simbólico de las raíces nada menos que de la nueva sociedad revolucionaria al resignificarse y refuncionalizarse en el ambiente y las prácticas sexuales abiertamente gays del estudio instalado por el autor y por Xavier Villaurrutia en la calle de Donceles. Nótese, además, por ejemplo, el uso equivalente y a la vez diferenciado del anglicismo couch y la famosa piedra de los sacrificios mexica, sin pasar por el sustantivo castellano “lecho” o “cama” que agudiza la ironía de un nacionalismo con señales de amenaza de norteamericanización y, simultáneamente, como evidencia de la naturaleza específica de los “sacrificios” corporales que ahí tenían lugar.[11]

En segundo lugar, encontramos el ímpetu provocador, la capacidad de descripción y el afán crítico utilizados en conjunto o separadamente, pero de forma insospechada, sorprendente, ya que el lector no es avisado de ciertos rumbos que toma el texto y cuando menos lo espera es cuestionado o puesto en crisis. Así, en el primer párrafo de Coyoacán. Monografía histórica, Novo escribe: “En cierto doloroso sentido, puede decirse que la historia de Coyoacán empieza cuando acaba la de Tenochtitlán. O sea que Coyoacán comienza a ser noticia de primera plana desde que Cortés la elige por residencia y cuartel general mientras (en inauguración precursora de una perdurable rutina) hace furiosamente destruir a México para el cuerdo objeto de hacerla furiosamente reconstruir”.[12] El libro, ameno como todos los que escribió, es un encargo y, sin embargo, asesta una primera bofetada textual a las mismas autoridades que lo auspician al indicar que el patrimonio inmueble privilegiado de la capital de México es destruido con el único afán de volver a construirlo, una especie de Sísifo arquitectónico que le parece aberrante y que localiza en un origen temporal preciso proyectado al momento de la enunciación, cuestión que sigue siendo un asunto de importancia central en la Ciudad de México. Nótese que todo esto está cifrado parentéticamente, es decir, se clasifica como texto secundario, cuando en realidad es la verdadera intención autoral dicha desde un inicio. Igualmente, la mezcla de referentes le proporciona al texto un dinamismo inusitado, al datar la fecha de toma de importancia de Coyoacán como “noticia de primera plana”, mezclando así dos órdenes de ideas y de tiempos, lo antiguo con lo nuevo. De esta manera, Novo provocaba, aturdía, fascinaba y describía en un solo giro textual.

En tercer y último lugar, podemos mencionar la capacidad de suplantación y utilización del plagio creativo como una técnica que ahora llamaríamos posmoderna, pero que nadie como él se atrevía a utilizar durante el siglo xx. En sus años mozos, escribe bajo el seudónimo de Radiador en la revista El Chafirete, publicación dirigida al nicho de la nueva profesión de choferes motorizados, ahí se localiza una parodia, apropiación y suplantación sorjuanesca de sorprendente efectividad, “Madregal, sonetos lubricantes de Sor Juana Inés del Cabuz”:

Este que ves camión descolorido
que arrastra en “Las artes” sus furores,
y que vigilan hoy tres inspectores,
es un hijo de Ford arrepentido.

Este en quien los asientos se han podrido,
con la parte de atrás de los señores,
que no pudo enfrentarse a los rigores
de la vejez, del tiempo y el olvido.

Es un pobre camión desvencijado
que en un poste de luz hizo parada.
Es un resguardo inútil para el Hado.

Es una vieja diligencia errada,
es un afán caduco, y bien mirado,
Es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

¿Vino viejo en ubres nuevas? Probable, pero no únicamente. Puesto que la suplantación, la imitación, el plagio y la reconversión de valores estéticos e ideológicos del tópico renacentista de tempus fugit son sorprendentes. Aquí no es sólo la combinación de términos, giros verbales y expresiones propios de la cultura erudita renacentista y áurea como: “Hado”, “afán caduco”, “polvo”, entre otros, sino su combinación jocosa con términos de la cultura popular y abiertamente corporal: “podrirse”, “parte de atrás de los señores”, “en un poste de luz hizo parada”, “pobre camión desvencijado”. Quien ha desenmascarado y entendido el sentido del plagio en Novo, no cabe duda, es Sheridan y lecturas contemporáneas señalan el travestismo verbal que articula el autor al pasar por una especie de Sor Juana de la primera parte del siglo xx mexicano.[13] A grandes rasgos son éstos los tres ejes que se puede nombrar como los más recurridos y depurados a través y a lo largo de la extensa bibliografía noviana que si bien no mantiene una calidad uniforme (fenómeno provocado muchas veces por la premura en su elaboración), no deja de tener su impronta personal y conserva un peculiar interés temático y una excepcional capacidad de relectura.

mostrar Apogeo, abandono y utilización mercenaria de la poesía

La poesía de Novo tiene dos tiempos muy diferenciados. En su juventud pasa de un desmedido anhelo de vida y comunión a una visión trágica de la existencia, sobre todo en sus aspectos amorosos. De factura intachable, Nuevo amor es el poemario que la crítica señala como el mejor logrado.[14] Después, atareado en otros menesteres cultivará una poesía festiva, como la contenida en los sonetos de Año Nuevo con los que agasajaba decembrinamente a sus amistades y, al mismo tiempo, una poesía satírica, irónica, mordaz, procaz y hasta grotesca donde critica, se critica, se burla de sí y de los demás[15].

Los críticos coinciden al señalar que el mejor poeta que puede ser Novo se encuentra en las páginas de Nuevo amor. No hay duda del destinatario homoerótico de estas composiciones líricas; no utiliza el enmascaramiento como recurso para transmitir mensajes cifrados. Si nos atenemos al título, habla de un sentimiento novedoso, de reciente cuño: la pasión homosexual llevada desde la corporalidad hasta la sentimentalidad, sin cortapisas, estratagemas o acertijos. Por el contrario, los mismos críticos recién nombrados se sorprenden de su franqueza, del abandono de la retórica –que bien sabía utilizar el autor– favoreciendo un uso prosaico y directo del lenguaje, un sistema de imágenes sorprendentes por insólitas, una capacidad para ser objeto y sujeto de la enunciación a través de la ironía, las más de las veces despiadada. Temáticamente, de manera concomitante, se destacan sensaciones relacionadas con el fenómeno amoroso que son difíciles de textualizar, sobre todo en un momento enunciativo tan adverso como el que hemos delineado anteriormente: la impotencia, el abandono proyectado y actuante, la soledad, el cuerpo deseado y deseante, el cuerpo ausente y presente en el recuerdo, entre los más destacables. Así se puede leer los siguientes versos: “Qué remoto era el aire infinito que llenó nuestros pechos. / Te arranqué de la tierra por las raíces ebrias de tus manos/ te he bebido todo, ¡oh fruto perfecto y delicioso!/ Ya siempre cuando el sol palpe mi carne/ he de sentir el rudo contacto de la tuya/ nacida en la frescura de una alba inesperada,/ […]”.[16] La fruición de las acciones (“arranqué”, “bebido todo”) combinada con el escrutinio carnal (“el sol palpe”), la experiencia homoerótica consumada, analizada, sopesada y valorada analépticamente dan por resultado este poemario que se califica de seminal para la poesía homoerótica mexicana y, sin temor a equivocarnos, es un catálogo completo del amor consumado, consumido y añorado desde cualquier orientación sexual.

La trascendencia de este poemario se anuncia ya en su hermano cronológicamente mayor, xx poemas de 1925. En él, Novo ensaya una lírica arriesgada que combina elementos propios de la tradición poética con términos, conceptos y posiciones provenientes de la primera modernidad mexicana. Las imágenes que nacen de esta mezcla son sorprendentes por inéditas. En el poema titulado “El mar” se añora un océano genérico, vacío, antiguo, lleno de misterios y que personificado debería hacer uso de los elementos modernos para restituirse a sí mismo su vieja majestad. De tal manera que en la penúltima estrofa el yo lírico ordena: “¡Oh mar, ya que no puedes/ hacer un sindicato de océanos/ ni usar una huelga general, / arma los batallones de tus peces espadas, / vierte veneno en el salmón/ y que tus peces sierra/ incomuniquen los cables/ y regálale a Nueva York/ un tiburón de Troya/ lleno de tus incógnitas venganzas!”.[17] Como puede apreciarse, predomina un discurso de recuperación de valores asociados a la visión romántica y simbólica del mar como un ente que debe vedar sus incógnitas al ser humano. De tal manera que continúe siendo motivo de fascinación y misterio. Al mismo tiempo, este acto de restauración del viejo orden marino debe desechar las tácticas propias de los movimientos sociales (la huelga, el sindicato) y convocar las antiguas artes guerreras (los batallones, el alimento envenenado, la estratagema que venció a Troya) para reinstalar su antiguo poderío que descansaba en el misterio. El mismo puede restaurarse anulando los beneficios tecnológicos (desarticular los cables marinos, responsables de las comunicaciones, que acercaban las costas anteriormente lejanas). Estos tres grupos de significado denotan las propias contradicciones del poeta: añorante de un pasado idealizado, aborrecedor de los movimientos sociales e igualmente suspicaz ante los adelantos tecnológicos. El lector se enfrenta así a una lírica audaz y sorprendente, pues echa mano de estas simbologías antagónicas y las hace convivir en una misma composición. Se trata, a final de cuentas, de una poesía experimental, con claras influencias de las vanguardias artísticas del primer tercio del siglo xx.

mostrar Diferentes expresiones teatrales

Desde su tiempo en Contemporáneos, en Teatro de Ulises y Teatro Orientación, Salvador Novo se desempeñó en todas las facetas del quehacer teatral; incluso tuvo algunas pequeñas intervenciones actorales durante la existencia de los grupos recién mencionados. En esta expresión artística, Novo junto con los demás Contemporáneos y con la asistencia de la mecenas Antonieta Rivas Mercado y un grupo de pintores reconvertidos en escenógrafos como Roberto Montenegro y Manuel Rodríguez Lozano, se enfrentan ideológicamente a las otras tendencias teatrales de la época: el teatro de masas, auspiciado principalmente por Mauricio Magdaleno y Juan Bustillo Oro, y a otras iniciativas que rechazan el psicologismo dramático “burgués” favoreciendo la representación de la lucha de clases como medio de concientización colectiva, aunque será el estilo de Contemporáneos el que se afiance con el paso del tiempo.[18]

Por su parte, Novo continuó relacionado con los escenarios en distintos momentos y en diversos grados, desempeñando diferentes actividades concernientes a la promoción y al auge del espectáculo teatral en México. Paralelamente, fue un importante traductor de textos dramáticos del inglés y del francés, con un olfato para detectar textos de gran importancia que resisten hoy en día relecturas y reposiciones teatrales.[19] Adaptó piezas narrativas de considerable extensión teniendo como público objetivo a los más pequeños, como en el caso de El Quijote o Astucia que bajo su propia dirección montó para los novedosos ciclos de teatro escolar: entretenimiento de estudiantes de primaria y semillero de futuros espectadores. Fue fundador de la actual Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT), dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes, donde también se probó como su director y fue jefe del Departamento de Teatro del mencionado instituto. De igual manera, dio el espaldarazo escénico al menos a dos dramaturgos excepcionales que con los años se convertirían en pilares de la dramaturgia mexicana, pues dirigió nada menos que en el Palacio de Bellas Artes la primera obra de Emilio Carballido Rosalba y los Llaveros e hizo lo mismo casi inmediatamente con Los signos del zodiaco, de Sergio Magaña. Su elección fue del todo atinada, puesto que estos dramaturgos se consolidarán con el desarrollo de su producción y, a su vez, afianzarán una tradición dramática y teatral que en la actualidad está totalmente apuntalada en todas sus facetas y que no existiría sin la intervención de Novo. En este contexto, se hace necesario señalar la relación cercana con el dramaturgo Rodolfo Usigli, la cual se convertirá en confrontación abierta después. Usigli impartía la cátedra de composición dramática en la Universidad Nacional Autónoma de México donde la generación de jóvenes dramaturgos de los años cincuenta abreva: Luisa Josefina Hernández, Emilio Carballido y Sergio Magaña serían prontamente los nuevos dramaturgos de los cuales se deriva el desarrollo teatral mexicano de la segunda mitad del siglo xx. En las clases de Usigli aprendieron los recovecos de una dramaturgia aristotélica y de temática nacionalista, pero el patrocinio estatal hizo que desconocieran a su antiguo maestro y se aliaran con Novo, pues éste era quien tenía el manejo estatal del teatro. La diatriba contra Usigli comenzó tiempo atrás con el éxito que tiene su pieza El gesticulador, estrenada el 17 de mayo de 1947 en el Palacio de Bellas Artes. En ella se hace una primera crítica al abandono de los principios revolucionarios a cambio de una serie de prebendas y canonjías, proceso encarnado en el personaje principal, un maestro universitario agobiado por la premura económica y sus convicciones políticas y éticas. El mensaje molestó a las altas esferas del poder, nominadamente al presidente en turno, Miguel Alemán, quien le encargó a Novo la tarea de defenestrar a Usigli. Novo atrajo a los antiguos discípulos del dramaturgo, dirigió una campaña mediática de desprestigio y prácticamente acorraló a su viejo amigo. Finalmente, parece ser que Alemán consideró que el silencio y la desaparición de Usigli de los escenarios era la mejor táctica y premió a Novo con la fundación y dirección de la ya mencionada Escuela Nacional de Arte Teatral. Paradójicamente, el teatro de Novo se acerca a la propuesta nacionalista de Usigli, pero de manera no confrontativa, recurriendo a episodios históricos ya superados (lo prehispánico, por ejemplo) y eludiendo la crítica del tiempo presente.

Por último, se hace necesario reconocer que el modo de producción teatral alternativo en México nace con su proyecto de Teatro y Refectorio La Capilla. Comprando una pequeña sección ruinosa, remanente de una exhacienda en el barrio de Coyoacán, el autor resignifica el espacio para acondicionar un restaurante y un pequeño teatro donde prácticamente monta lo que le place y el restaurante financia, hasta cierto punto, sirviendo a la vez de escaparate para conseguir adeptos, mecenas y relaciones. En este sentido, es imperativo señalar que en el Teatro de la Capilla Novo monta, por primera vez en México, esa pieza paradigmática y antiteatral que renueva la escena internacional: Esperando a Godot, de Beckett.

Desafortunadamente, su propia producción dramática no corre por los mismos cauces venturosos y es necesario un nuevo estudio de la misma, puesto que únicamente existe una investigación de largo aliento dedicada al tema y la misma adolece por su desactualización teórica y conceptual.[20] Se necesita reestudiar, con vista a dar nueva vida escénica, piezas como La guerra de las gordas, Cuauhtémoc, Los diálogos, entre otras obras que todavía no están agotadas. Mención aparte merece El tercer Fausto, obra originalmente escrita en francés y publicada en París en 1937. En ella se aborda de manera trágica, pero abierta la pasión homosexual no correspondida y condenada al fracaso o al desencuentro debido a una estratagema dramática. De factura limpia, sencillo montaje y denotadora de una visión en parte superada sobre la sexualidad, la obra se plantea como un parteaguas, como en otro orden textual lo hace Nuevo amor, del teatro de temática gay en México.[21]

mostrar La crónica, el ensayo, el comentario de coyuntura y la Ciudad de México como tema

En las postrimerías de su vida Novo se lamenta profundamente por el desperdicio de su creatividad al haber favorecido el trabajo prosístico de coyuntura. El estatus privilegiado que la literatura ficcional ha tenido como expresión del genio particular hace que, hasta la actualidad, los textos de corte referencial sean vistos no como literatura o, en el mejor de los casos, como una literatura menor. En este grupo encontramos a la crónica, la ensayística y el periodismo de opinión de Novo. No obstante, cuantitativamente hablando estamos ante la mayor parte de la obra del autor, pues escribió prosa de efecto inmediato a través de sus columnas periodísticas desde el cardenismo hasta el tercer año del sexenio de Luis Echeverría, tarea que sólo la muerte interrumpe. De manera similar, cultivó el ensayo y la crónica literaria que tiene en la Ciudad de México su tema central.[22]

Los mecanismos y recursos textuales que hemos señalado anteriormente se expresan de igual manera en estos textos, pero algunos son verdaderos ejemplos del arte de describir, de cronicar, de comentar; mientras que otros resguardan, al menos, un interés para el ojo del curioso recolector de datos, para el historiador o para el científico social.[23] Incluso en más de una ocasión es visible que la pluma apuntaba desde el momento de la escritura a la factura, el estipendio o la posible canonjía que le podía traer. Es el caso, creemos, de su singular Nueva grandeza mexicana que le granjea el Premio Ciudad de México en 1946: sin demeritar en absoluto la importancia y calidad de esta crónica, el lector no deja de sentir que todo está dirigido hacia la obtención del galardón.

No obstante, la combinación de elementos antiguos y eruditos con otros novedosos y actuales rinden uno de sus frutos más depurados en este texto. El mismo es precedido por dos epígrafes que (sabiamente elegidos) marcan el desarrollo de la obra: el de Francisco Cervantes de Salazar proporciona la estrategia textual dialogada que permite un sistema de formulación y resolución de interrogantes, renovando así la tradición latina de exposición temática, utilizada por este autor en sus Diálogos donde trata la caracterización de la capital virreinal. Simultáneamente, el epígrafe proveniente de la Grandeza mexicana de Bernardo de Balbuena brinda un verdadero índice temático, puesto que cada uno de los siete versos citados se convierte en el título de cada uno de los siete apartados de la crónica noviana. De nueva cuenta, la utilización de la erudición y lo vetusto en función de lo moderno y funcional rinde felices resultados. La huella de lo antiguo como basamento de lo moderno, su indisoluble convivencia, se traduce textualmente en la utilización de estos textos novohispanos para destacar la rápida modernización de la ciudad capital, metonimia del país centralista en los hechos, que se empieza a regodear en un retrato complaciente, autosatisfecho y proyectado a un futuro económica y tecnológicamente venturoso.[24]

Las estrategias textuales de Novo siempre buscan la anuencia, complacencia o complicidad de su lector; utiliza, por ejemplo, un sistema de equivalencias temporales e históricas y analogías que no hacen más que producir apegos en quien lee. Al respecto, podemos citar el caso de Breve historia y antología sobre la fiebre amarilla, texto de encargo, pues la edición de 1964 está precedida por la reproducción de un oficio en el que el secretario en turno de la Secretaría de Salubridad y Asistencia agradece la tarea hecha por el autor-antologador (pieza en sí valiosa como muestra de la retórica paterno-autoritaria del régimen político mexicano del siglo xx). Sin embargo, la sección propiamente de Novo ya procura desde su segmentación titular atrapar la atención con encabezados tan elocuentes como ingeniosos, tales como “Fiebre conquistadora”, para hablar acerca de la enfermedad durante el inicio de la Colonia, y “Vómito colonial”, cuando se comenta el manejo sanitario una vez instalado el gobierno virreinal. En cualquier altura del texto, entonces, encontramos este ingenio chispeante, este sistema de equivalencias y analogías que la aguda observación y precisión descriptiva hacen de Novo un prosista afamado en su momento y recurrido –en la actualidad– como paradigma de la tarea de cronicar.[25] Obsérvese al respecto la siguiente analogía: “Como una moderna alambrada de púas; como una prueba de fuego a que pusiera resistencia, la fiebre amarilla parecía oponerse al descubrimiento y a la conquista de América”.[26] Para más tarde afirmar: “Cuentecillas de vidrio por oro pálido, los conquistadores nos dieron la viruela a trueque de la fiebre amarilla”.[27] Parece que ambas analogizaciones son logradas para comunicar efectivamente las dificultades de controlar o erradicar una enfermedad endémica, pero a la vez señalar que ante fenómenos de salud el hombre está en franca indefensión en ese entonces y siempre; y a la vez se manifiesta un recurrido revanchismo histórico propio de un elemental nacionalismo, al señalar que el trueque mórbido, como todos los trueques coloniales, dejó a los mexicanos en franca desventaja. ¿Qué escritor puede ostentar estos blasones?[28] Tanto los libros individuales de crónica como los libros de ensayo no tienen desperdicio y la tarea de Novo como articulista depara gratísimas sorpresas a quien se adentre en los diferentes tomos que afortunadamente han sido todos reeditados.

mostrar El autobiógrafo conveniente para la actualidad

En junio de 1998, la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) editó La estatua de sal por primera vez; este texto se conocía parcialmente en publicaciones periódicas de restringida circulación y en una antología de textos hispanoamericanos traducidos al inglés.[29] La recepción del texto se dividió entre la bienvenida y el desprecio, pues mientras que unos críticos (MonsiváisGonzález RodríguezMarquet, Bertrán, Capistrán) mostraban su beneplácito por la importancia del texto dentro de la bibliografía del autor, además de considerarlo un documento de interés primordial para las políticas sexuales en México, otros como Paco Ignacio Taibo i lo desdeñaban al apuntar que Novo nunca llegó a ser el escritor de altura que “algunos” aseguran que fue y que el carácter de borrador del texto demerita su valía.[30]

Lo cierto es que esta autobiografía hizo evidentes varias cuestiones tanto literarias como sociales.[31] En primer lugar, desmiente la afirmación de la escasa existencia de textos autobiográficos mexicanos, más aún de autores que ejercieron la heterodoxia sexual. En segundo lugar, se tiene acceso, a través de La estatua de sal, al recuento pormenorizado, subjetivado, irónico, divertido, secretamente vengativo –en el momento de la enunciación– de las pasiones tras bambalinas del ambiente literario, artístico y sexual de las primeras décadas del siglo xx. En tercer lugar, este texto evidenció la falta de pericia y desconocimiento críticos para entender un género híbrido como la autobiografía, pues muchos detractores del mismo no lo leen como ostentador de dos discursos que, tradicionalmente, han estado supuestamente separados: el discurso poético (el artificio literario) y el discurso de verdad (los contenidos documentales). Poco a poco, este texto, junto con un grupo de otras autobiografías (que empiezan a ser rescatadas y estudiadas), están conformando el canon de un género que se creía prácticamente inexistente o, por lo menos, poco importante para la literatura mexicana: el de la autobiografía.

Ahora bien, ¿qué puede encontrar el lector de La estatua de sal? Recurramos, entonces, a una enumeración que no se pretende ni exhaustiva ni jerarquizada: el uso reiterado y virtuoso de la ironía como arma de ataque de doble filo, es decir, le sirve al escritor para llevar a cabo una especie de revanchismo analéptico, pero igualmente devela a un Novo resentido y vapuleado que raramente podría sospecharse en alguien tan “compuesto” en el reconocimiento público que gozó en vida. Al mismo tiempo, anecdóticamente el texto es todo un panorama de una vida gay muy organizada donde resabios humanos de un privilegiado Porfiriato se mezclan (en el amplio significado del verbo) con la nueva clase política, intelectual y obrera de una ciudad que comienza a moverse estimulada por novedosos derroteros. Igualmente, el lector tiene acceso a una individualidad experimentadora de todas las contradicciones que la opción de vida homosexual abiertamente desafiante y afeminada puede producir. En este sentido, el retrato de Novo es el de un ser misógino, clasista y detentador de una homofobia introyectada mayúscula.[32]

Por último, el carácter supuestamente “inacabado” de la obra es una falacia; cualquier autobiografía es un texto inacabado, pues se interrumpe cuando su autor abandona la pluma y sigue viviendo, lapso que ya no se captura en el texto, pero que hace evidente que en un sentido extenso cualquier vida siempre es un proyecto inacabado, incompleto y perfectible. Es un texto digno de su autor y fundador de una tradición genérica, temática y analítica que empezamos a disfrutar afortunadamente.

mostrar Bibliografía

Acero, Rosa María. Novo ante Novo: un novísimo personaje homosexual. Tesis doctoral. Universidad de California-Santa Bárbara, 1998.

Barrera, Reyna. Salvador Novo. Navaja de la inteligencia. México: Plaza y Valdés, 1999.

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Nació en la Ciudad de México el 30 de julio de 1904; murió el 13 de enero de 1974. Poeta, dramaturgo y ensayista. Estudió en la UNAM. Fue cofundador de La Falange y Ulises; fundador del Teatro Ulises y del Teatro de la Capilla; profesor de literatura en la Escuela Nacional Preparatoria y de historia en el Conservatorio Nacional de Música; jefe de los departamentos de Publicidad de la SRE; de Publicaciones de la Secretaría de Economía Nacional; Editorial de la SEP y de Teatro del INBA. Formó parte del grupo literario de Los Contemporáneos. Premio Ciudad de México 1946. Premio Nacional de Literatura 1967.


Alejandro Ortiz Bulle-Goyri 2007 / 05 jun 2017 10:10

Nació y murió en la Ciudad de México. Fue una de las figuras fundamentales de la cultura mexicana del siglo XX. Fue poeta, crítico, dramaturgo, director teatral y funcionario. Junto con Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen, José Gorostiza, Jorge Cuesta, Carlos Pellicer, y otros, integra el grupo literario de los Contemporáneos, quienes difunden su propia obra literaria en la revista Ulises. Bajo este mismo nombre en 1928, Novo y varios miembros del grupo fundan El Teatro de Ulises, en un intento por renovar la escena y la dramaturgia mexicana de la época. Impartió cátedra de Historia del Teatro en el Conservatorio Nacional y fundó en 1947 la Escuela de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes. De 1947 a 1952 fue jefe del Departamento de Teatro del propio Instituto. En 1953 fundó su propio teatro, La Capilla. En 1952 fue nombrado miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. En 1965 fue nombrado cronista de la Ciudad de México. En 1963 recibió las Palmas Académicas del gobierno de Francia, y en 1967, el Premio Nacional de Literatura. También contribuyó al desarrollo de las técnicas de escenificación con su libro 10 lecciones de actuación teatral (1951). Obra dramática: Le troisiéme Faust (Tragédie breve[¿?], París, 1937), Don Quijote (adaptación para teatro infantil de la obra de Miguel de Cervantes, estrenada en 1947), Astucia (adaptación para teatro infantil de la novela del mismo nombre de Luis G. Inclán, estreno en 1947), La culta dama (comedia en tres actos, estrenada en 1951), El joven II (1951), A ocho columnas (comedia en tres actos, estrenada en 1956), Diálogos (El joven II, Adán y Eva, El tercer Fausto, La Güera y la Estrella, Sor Juana y Pita, Malinche y Carlota, Diego y Bety, Cuauhtémoc y Eulalia, El sofá y Dialogo de Ilustres en la Rotonda) (1961); Yocasta o casi (comedia en tres actos, estrenada 1961), Ha vuelto Ulises (pieza en un acto, 1962), Cuauhtémoc (pieza en un acto, estrenada en 1962). In pipiltzintzin o La guerra de las Gordas (comedia en dos actos, estrenada en 1963), In ticicitezcal o El espejo encantado (ópera en dos actos, 1966).


José Luis Martínez 1995 / 05 jun 2017 10:11

Escritor de los más dotados del grupo de Contemporáneos, Salvador Novo (1904-1974) siguió una carrera y una evolución muy personales. En México Moderno (1920-1922) aparecen sus primeras notas de lecturas, ya enterado de cuanto se escribía de importancia en el mundo; en 1922 la revista Prisma, que publicaba en París Rafael Lozano, incluye un poema caligráfico de Novo; en 1925 interviene en la preparación de las hermosas Lecturas clásicas para niños —que contienen leyendas adaptadas por Gabriela Mistral, Palma Guillén, Salvador Novo y José Gorostiza, el primer volumen; y por Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, Francisco Monterde y Bernardo Ortiz de Montellano, el segundo; ambos ilustrados por Roberto Montenegro y Gabriel Fernández Ledesma—, y por los mismos años, realiza antologías de cuentos mexicanos e hispanoamericanos (1923), de la poesía norteamericana y francesa modernas (1924) y de Lecturas hispanoamericanas (1925); en El Universal Ilustrado, de 1924 a 1928, escribe numerosos artículos, fantasías y noticias de libros —aún no coleccionados—, con un desparpajo y chispa inusitados en el periodismo de aquellos años; en fin, en 1927 y 1928 dirige, con Xavier Villaurrutia, la revista Ulises que iniciaba en México la aventura de la modernidad literaria, empresa que consumaría la revista Contemporáneos.

Luego de algunos viajes, a Hawai (Return ticket, 1928), al interior de la república (Jalisco-Michoacán, 1933, y Éste y otros viajes, 1951) y al norte y al sur del Continente (Continente vacío. Viaje a Sudamérica, Madrid, 1935), relatados con soltura muy personal, se dedica con gran éxito al periodismo en el que, con su agilidad y talento, crea estilos y recursos permanentes. Más tarde, la dirección de las labores teatrales del Instituto Nacional de Bellas Artes le da un nuevo contacto con el teatro y sus problemas —en los que se había iniciado en los años del teatro experimental que hizo su generación—, tareas que reaniman su gusto por ese arte y lo deciden a dedicarse a él plenamente, como autor, director y empresario. Su obra dramática es extensa y en ella predomina el ingenio y el humor: Don Quijote. Farsa (1948), El coronel Astucia (1948), La culta dama (1951), A ocho columnas (1956), Diálogos (1956), Yocasta o casi (1961), In Ticitézcatl o El espejo encantado, Cuauhtémoc, El sofá, Diálogo de ilustres en la Rotonda (Xalapa, 1966), La guerra de las gordas (1963) y Ha vuelto Ulises (1962). Escribió también Diez lecciones de técnica de actuación teatral (1951), para sus alumnos. En sus últimos años, a partir de 1965 en que fue designado cronista de la ciudad de México, Novo se dedicó a escribir acerca de aspectos de su historia: Breve historia de Coyoacán (1962), Historia gastronómica de la ciudad de México (1967), Imagen de una ciudad (1967), La ciudad de México del 9 de junio al 15 de julio de 1867 (1967), México (Barcelona, 1968), Guía de la ciudad de México (con la colaboración de Gutierre Tibón, 1970), Historia y leyenda de Coyoacán (1971), Apuntes para una historia de la publicidad en la ciudad de México (1968), Un año hace ciento. La vida de México en 1873 (1973), Los paseos de la ciudad de México (1974), Breve historia del comercio en la ciudad de México (1974), La historia de la aviación en México (1974) e, inconclusa, La vida en la ciudad de México en 1824 (1987).

La circunstancia, el humorismo y la desolación, como lo apuntó Novo, son los temas constantes de su poesía inicial. Con los dos primeros, que aparecen en XX poemas (1925) y en Espejo (1933), un nuevo aire del tiempo, con ecos de la nueva poesía estadounidense, llega a nuestras letras. La infancia, la adolescencia y la nueva ciudad aparecen con sus rasgos cotidianos y visuales, con agudeza y malicia. La desolación y la ternura frustrada quedan en Nuevo amor (1933, 1948), con algunos de los más hondos, sentidos y perdurables poemas. Otra vertiente ácida, filosa de los versos de Novo es la de su Sátira (1955); y luego su poesía va enrareciéndose. Merecen recordarse, entre sus últimos poemas, “Florido laude” (1944), “Decimos ‘Nuestra tierra’” (1949), “Mea culpa” (1969), y los sonetos que, a partir de 1955 y hasta 1974, año de su muerte, enviaba en Año Nuevo a sus amigos.

Ensayos o artículos-ensayos escribirá Novo constantemente, ya los de intención literaria de su primer libro Ensayos (1925) y los que forman el volumen En defensa de lo usado (1938), ya las placenteras notas de viaje o ya los relatos descriptivos como El joven  (1928) y Nueva grandeza mexicana (1946-1967). La prosa de Novo es una de las más originales y eficaces de nuestras letras modernas. Nunca intentó exponer ideas sino referir hechos y ambientes y evocar personajes, vivientes con un solo rasgo. Su estilo va dejando fluir sus temas en largas frases sinuosas, con un lenguaje preciso e innovador. Como prosista prescindió de la decoración retórica para conquistar, en cambio, uno de los estilos de mayor economía verbal, de universal eficacia y de contagiosa originalidad.

A partir de 1937, Novo publicó un registro semanal de su vida cuya frivolidad y displicente soltura no impedían el humor y la aguda observación que hacen memorables muchas de sus páginas. Pero, sin duda, su interés mayor es el documental, el registro cotidiano de cómo fueron ocurriendo hechos mayores y mínimos, públicos y privados en la vida de México. De esta excepcional crónica se han publicado —recopilados por José Emilio Pacheco—, bajo el título de La vida de México (1964, 1965 y 1967), tres nutridos volúmenes que comprenden los años de 1937 a 1952, correspondientes a los periodos presidenciales de Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán. Quedan sin coleccionar —como muchos otros escritos periodísticos de Novo— los de los dos sexenios siguientes.

Poesía (1961), reúne la escrita hasta esta fecha —con excepción de sus versos satíricos— y Toda la prosa (1964), sus libros de ensayos y viajes, a los que se añaden su discurso académico, Las aves en la poesía castellana (1953), y Letras vencidas (Xalapa, 1962), que juntan conferencias y estudios principalmente sobre temas teatrales. Posteriormente, se publicó una recopilación miscelánea, Las locas, el sexo y los burdeles (1979), con prólogo de Luis Guillermo Piazza.


Elena Madrigal | Humberto Guerra
2013 / 13 sep 2017 14:08

Escritor, cronista, ensayista, periodista, guionista de cine, profesor y gestor cultural. Por encargo de la editorial Cvltvra -bajo la dirección erudita de Julio Torri- tradujo y publicó en 1922, a los dieciocho años, Almaida de Estremont, Manzana de Anís y otros cuentos de Francis Jammes. El mismo año se publicaron en la revista México Moderno sus traducciones de un pasaje de Art de Clive Bell, “La influencia de la ciencia en la literatura inmortal” de Aldous Huxley y “Los dos romanticismos”, un comentario a Fleurs de France. Poésies lyriques depuis le Romantisme. Para La Falange tradujo “Silencio” de Edgar Lee Masters y “N. Y.” de Ezra Pound (México, 1923). Este impulso temprano, favorecido por las políticas culturales posrevolucionarias, enmarcó su selección, traducción y anotación de La poesía norteamericana moderna y Poetas franceses modernos, opúsculos con los que la editorial El Universal Ilustrado (México) conmemoró en 1924 la independencia de los Estados Unidos y de Francia, respectivamente. Poco después inició una fructífera trayectoria como traductor teatral con dos obras de Eugene O’Neill: Ligados y Diferente. La primera fue estrenada en el teatro de Ulises (y publicada en Continental, México, 1928), y la segunda en la temporada inaugural del Palacio de Bellas Artes en 1934. La traducción dramática se convierte así en puntal de su participación como dramaturgo, director, actor y promotor de las artes escénicas, intereses que le acompañaron el resto de su vida. En el segundo lustro de los años treinta Novo abrió un paréntesis en su labor de traductor literario para ocuparse de otros tipos de obras, como El dólar plata de William P. Shea y de Pensamientos fundamentales en la economía de Gustav Cassel (México, Fondo de Cultura Económica, 1935 y 1937, respectivamente). Cerrado este ciclo Novo regresó a la traducción de textos que le significaran reconocimiento cultural y beneficios económicos. Además de sostener el teatro de La Capilla, de su propiedad, sus traducciones nutrieron los foros más importantes de la Ciudad de México e incidieron en las obras de autoría propia y corte vanguardista que revitalizaron el teatro mexicano de su momento. Algunas de las versiones fueron publicadas, aunque la mayoría se conservan como guiones, que permanecen inéditos. Entre las traducciones del francés se encuentran Orfeo en los infiernos de Héctor Crémieuxy Ludovic Halévy (1954), Lázaro de André Obey, Helena o La alegría de vivir de André Roussin (1953), Teatro de cámara de André Tardieu (1957) y Leocadia de Jean Anouilh (1960). Del inglés vertió El abanico [de Lady Windermere] de Oscar Wilde (1958), Camino a Roma de Robert L. Sherwood (1959), Brigadoon de Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, Otelo de William Shakespeare (1960), Santa Juana de George Bernard Shaw (1961), Espectros de Henrik Ibsen (sobre la versión de Eva Le Gallienne, 1962) y Feliz como Larry de Donagh MacDonagh (México, Universidad Nacional Autónoma de México, ¿1964?). Del italiano, Los mirasoles y Daniel entre los leones (1949) y Paseo con el diablo (1954) de Guido Cantini, El presidente hereda de Cesare Giulio Viola (estrenada en 1953 y publicada en Teatro, México, 1954) y Proceso a los inocentes de Cario Terrón (1955). Se tiene noticia de otras obras que no llegaron a representarse: Los pájaros de la luna de Marcel Aymé, Un hombre contra el tiempo de Robert Bolt, El rey y yo de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein, J. B. de Archibald MacLeish y Ross de Terence Rattigan. Para el cine, Novo desarrolló los diálogos de Hermoso ideal a partir de su adaptación de la novela Beau ideal de P. C. Wren (1947). Pocas dudas caben de que su distanciamiento de los moldes poéticos tradicionales de la poesía mexicana y su incursión en el verso libre, el prosaísmo o las manifestaciones poéticas vanguardistas tienen profunda relación con su cercanía, a través de la traducción, con la poesía canónica y las manifestaciones poéticas contemporáneas en inglés y francés. Por lo que respecta al teatro, se conoce -a propósito de Feliz como Larry- una de las reflexiones de Novo sobre su arte de traducir. El comentario seguramente apareció en el programa de mano de las funciones, del que la reseñista Mara Reyes transcribe la advertencia de Novo, traductor y director: “si el carácter regional irlandés de la pieza se amengua o diluye en su nueva lengua, esta transmutación, en cambio, pone en relieve la validez extranacional, universal, del logrado propósito del joven autor: cautivar la atención del público y, en medio de su goce de la farsa, asestarle el disfrute de grandes trozos de la más dulce poesía” (1964). Queda por estudiarse tanto la naturaleza de sus múltiples traducciones dramáticas y su “retraducción escénica” (pues en muchas ocasiones fungía como director), así como la influencia que estas dos actividades tienen en su propia dramaturgia, la cual ha sido poco y mal valorada, pero que marcó hitos temáticos y escénicos que propiciaron la profesionalización incuestionable del teatro mexicano a partir de la década de 1950, etapa en la que deja de ser un mero divertimiento y se integra de lleno a la producción cultural. El respeto al espectador y su goce, el lenguaje cuidado hasta lo poético, la atención en la acción dramática y un incuestionable genio literario son también las cualidades que signan a Salvador Novo, traductor y creador, como paradigma de las vanguardias teatrales en México.

Bibl.: David N. Arce, Nómina bibliográfica de Salvador Novo, México, Biblioteca Nacional, 1963. || Mara Reyes, [reseñas teatrales] en Diorama de la Cultura, suplemento de Excelsior; en Reseña histórica del teatro en México, Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Teatral Rodolfo Usigli, www.citru.bellasartes.gob.mx/investigacionesenlinea.




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Xavier Villaurrutia Rodolfo Usigli José Gorostiza Carlos Pellicer Jorge Cuesta Bernardo Ortiz de Montellano Gilberto Owen Elías Nandino Octavio G. Barreda Manuel Roberto Montenegro Celestino Gorostiza Jaime Torres Bodet Antonieta Rivas Mercado Manuel Maples Arce Armando List Arzubide Germán List Arzubide Salvador Gallardo Dávalos Germán Cueto Arqueles Vela

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  • Salvador Novo. Regalos, ocasiones de contento.

    Editorial: Dirección de Publicaciones de la UNAM
    Lectura a cargo de: Juan Stack
    Estudio de grabación: Universum. Museo de las Ciencias
    Dirección: Margarita Heredia
    Música: Gustavo Rivero Weber
    Operación y postproducción: Esteban Estrada / Cristina Martínez / Flor Falconi
    Año de grabación: 2009
    Género: Ensayo
    Temas: El poeta, ensayista y cronista Salvador Novo (1904-1974) funda junto con Xavier Villaurrutia las revistas Ulises y Contemporáneos. De esta última recibe el nombre una gran generación de escritores mexicanos entre los que se cuentan, además de los ya mencionados Novo y Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, Gilberto Owen, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Jorge Cuesta y Bernardo Ortiz de Montellano, entre otros. Premio Nacional de Literatura en 1967, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1952 y cronista de la Ciudad de México desde 1965 hasta su muerte, Novo dedica a esta ciudad un extenso ensayo, puesta al día –glosa-- del texto originario de Bernardo de Balbuena Grandeza mexicana (también aquí, en Descarga Cultura.UNAM). Presentamos un fragmento de la Nueva grandeza mexicana, “Regalos, ocasiones de contento”. Este texto está publicado en Ocasiones de contento, de la colección Pequeños grandes ensayos de la Dirección de Publicaciones de la UNAM. Agradecemos a los herederos de Salvador Novo el permiso para hacer la comunicación publica de esta grabación. D.R. © UNAM 2009

Instituciones, distinciones o publicaciones


Asociación de Escritores de México, A. C. (AEMAC)

Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura INBA
Fecha de ingreso: 1947
Director del Departamento de Teatro

Premio Nacional de Ciencias, Letras y Artes
Fecha de ingreso: 1967
Fecha de egreso: 1967
Ganador en el campo de Lingüística y Literatura

Ulises. Revista de curiosidad y crítica
Fecha de ingreso: 01 de mayo de 1927
Fecha de egreso: 29 de febrero de 1928
Editor