Enciclopedia de la Literatura en México

Carlos Solórzano

Nació en Guatemala el 1 de mayo de 1922; murió en la Ciudad de México el 30 de marzo de 2011. Ensayista, dramaturgo y narrador. Radica en México desde 1939. Estudió el doctorado en Letras en la ffyl de la unam y en Arte Dramático en La Sorbona de París. Fue director de teatro y profesor de arte dramático en la unam; director del Teatro de la Nación del imss; titular del Seminario para Investigación de las Artes Escénicas, unam; presidente del Centro Mexicano del Instituto Internacional de Teatro de la unesco; corresponsal de Rendez Vous de théatre. Su obra ha sido traducida al ruso, inglés y francés. Se han puesto en escena sus obras: Doña Beatriz la sin ventura (1952), El hechicero (1954), Las manos de Dios (1956), Los fantoches (mimodrama para marionetas, 1958; representó a México en el Festival de Teatro de las Naciones en París 1963, en Nueva York 1980 y en El Festival de Edimburgo 1985) y El zapato (mimodrama ventrílocuo, 1965). Organizó grupos teatrales estudiantiles, con obras de Camus, Ghelderode, Ionesco, Beckett y Kafka. Colaborador de Rendez Vous de Théatre, Siempre! y Revista del Centro Mexicano de Teatro. Profesor emérito de la unam 1985. Premio unam 1989 a la aportación artística de la cultura. Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 1989, Guatemala. Medalla Roque Dalton 1996, otorgada por el Consejo de Cooperación con la Cultura y la Ciencia de El Salvador. Premio Nacional de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón 2009 en reconocimiento a su trayectoria como dramaturgo, crítico teatral y promotor del teatro mexicano y latinoamericano.

Su infancia transcurrió en las fincas familiares y bajo la disciplina de institutrices alemanas. Se trasladó a la Ciudad de México en 1939, cuando tenía 17 años de edad, e ingresó a la Escuela de Arquitectura, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Dos años después se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad. Obtuvo los grados de maestro en letras, en 1944, de arquitecto, en 1945, y de doctor en letras, en 1948. Estudió arte teatral (1949-1951) becado por la Fundación Rockefeller y recibió el doctorado en la Sorbona. De regreso a México fue nombrado director del Teatro Universitario de la unam, cargo que desempeñó durante diez años (1952-1962), al mismo tiempo que inició la organización de los grupos teatrales como el Teatro Nuevo de Latinoamérica (1968) con obras de Camus, Ghelderode, Ionesco, Beckett, Kafka, Pirandello y otros. Fue coordinador del Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la unam; coordinador ejecutivo del Teatro de la Nación, del Instituto Mexicano del Seguro Social (1982); representó a México en el Primer Seminario de Dramaturgia en Puerto Rico, en 1961 y, en 1963, fue como representante del teatro en México, con su obra Los fantoches, al Festival de Teatro de las Naciones en París y al xi Congreso de Literatura Iberoamericana en Austin, Texas; en 1967 fue electo vocal de la Comunidad Latinoamericana de Escritores y viajó a Moscú para dar una conferencia en la Universidad de Lomonosov; asistió en 1968 como invitado de honor a la Celebración Iberoamericana en Hiram College, Cleveland, para la representación en inglés de su drama, Las manos de Dios y, al año siguiente, fue huésped distinguido en la Universidad de Drake para la escenificación en inglés de sus tres obras cortas, Los fantoches, Cruces de vías y El crucificado. Impartió la cátedra de Literatura Dramática Iberoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam y fue designado profesor emérito de la misma, desde 1985; estuvo invitado como profesor visitante y conferencista en las universidades de Texas, Sur de California, Arizona, Washington, Kansas y Pittsburgh. Como crítico de teatro colaboró en numerosos suplementos culturales, revistas y periódicos del país, entre otros: “La Cultura en México”, de Siempre!; “México en la Cultura”, de Novedades; “Diorama de la Cultura”, “El Búho” y “Arena”, de Excelsior, Universidad de México, La Cabra, Thesis,Escénica, Cuadernos Americanos, Revista de Bellas Artes, La Palabra y el Hombre. Estuvo como corresponsal de la revista Rendez vous du Theatre, órgano del Teatro de las Naciones, y colaborador en publicaciones periódicas de Argentina, Cuba, Guatemala, Puerto Rico, Venezuela, Estados Unidos, Alemania, España, Francia y Holanda. Grabó un disco para la serie Voz viva de México. Sus obras teatrales fueron representadas en escenarios norteamericanos, franceses, alemanes y de Europa del Este.

Carlos Solórzano, ensayista, novelista y fundamentalmente dramaturgo, empezó escribiendo teatro en 1951, con Doña Beatriz, la sin ventura, auto histórico que trata sobre las raíces del mestizaje, el cual inicia con la fundación de Guatemala y termina con el diluvio que arrasó a la ciudad en 1541. Su siguiente obra, El hechicero, se desenvuelve en una pequeña ciudad sojuzgada; en ella hay denuncia y acusación, trata los temas de la alquimia y la piedra filosofal para renovar la vida, la ambición por el oro y el poder, el incesto y el impulso fraticida. En Las manos de Dios, teatro más de ideas y conceptos que de personajes, es el drama entre la rebeldía y la sumisión, yuxtapone mitos del mundo antiguo con técnicas del teatro moderno e imágenes de la cultura popular mexicana para dramatizar el conflicto existencial entre la religión y la experiencia cotidiana; la historia se desarrolla en torno a Beatriz, joven que roba las joyas de la iglesia para pagar la libertad de su hermano. El autor lleva escritas más de diez piezas teatrales, las cuales se caracterizan por su variedad y su eclecticismo. Para él, el bien y el mal significan libertad y opresión, respectivamente. Buena es la libertad porque quiere devolver el alma a los que la han perdido. Malo es lo que reprime y sojuzga a los seres humanos. Sus obras se singularizan por el marcado tratamiento simbólico, propio de los autos sacramentales, que es la forma de representación de la mayoría de ellas, El crucificado aborda el mito de la redención: se estructura en torno a la pasión, se dramatiza también el enigma del pecado original, la traición de Judas por dinero, el via crucis y el poder mágico de la palabra: las Escrituras, los Evangelios y las Siete Palabras. El drama de Solórzano, al decir de Wilma Feliciano, sugiere que la conversión religiosa del indígena fue superficial, pues al quedar supeditado entre la fe vieja y la nueva, el pueblo perdió su arraigo en las fuerzas naturales sin asimilar el humanismo cristiano. Solórzano experimenta continuamente formas y técnicas de vanguardia a través de sus farsas grotescas de profunda raíz popular. Su novela, Los falsos demonios, reúne dos preocupaciones centrales: el problema político (lo que un hombre sin libertad civil puede llegar a ser) y el problema psicológico, que se dirige a descubrir los resortes más ocultos y auténticos que generan nuevas actitudes. Ha publicado también varios ensayos sobre teatro, entre los que sobresalen: Teatro latinoamericano, Testimonios teatrales de México y Teatro hispanoamericano contemporáneo.