Enciclopedia de la Literatura en México

Jorge González Durán

mostrar Introducción

Jorge González Durán, poeta, gestor cultural y diplomático, nació el 7 de julio de 1918 en Guadalajara, Jalisco, y falleció el 16 de agosto de 1986 en la Ciudad de México. Formó con sus amigos de juventud, José Luis Martínez, Alí Chumacero y Leopoldo Zea, una revista literaria universitaria que titularon Tierra Nueva. Con ella inauguraron la generación que lleva el mismo nombre y que se presentó como continuadora de la estética del grupo de los Contemporáneos y de las revistas Taller y Taller Poético, pero con el firme objetivo de funcionar como punto de encuentro de la tradición y la modernidad, de las visiones rigoristas del trabajo literario y de los impulsos innovadores de la juventud.

Su obra escrita se compone de reseñas, ensayos de diversos temas y poemas, con predilección por estos últimos. En ellos, la influencia de la obra de Xavier Villaurrutia y Enrique González Martínez es particularmente evidente en la exploración de temas como la soledad, la muerte, los sueños y su relación con la vida; la brevedad y concisión de la forma y su preferencia por la asonancia recuerdan a Gustavo Adolfo Bécquer.

González Durán publicó en diversas revistas literarias mexicanas de la época, como Letras de México, El Hijo Pródigo, Cuadernos Americanos, Novedades, entre otras, de donde sólo ha sido reunida su obra poética. En las páginas de Tierra Nueva se dio a conocer como poeta; en ésta publicó varios poemas sueltos y el suplemento Seis asonancias y un epílogo (1940), que más tarde se transformaron en su primer libro de poemas, Ante el polvo y la muerte (1945). Éste recibió el Premio Nacional de Literatura en 1944. Después de su muerte, Alí Chumacero reunió su poesía conocida, así como un conjunto de poemas inéditos escritos casi al final de su vida para formar el tomo Desareno, precedido de Ante el polvo y la muerte (1988).

mostrar Fue en la ciudad de Guadalajara...

Jorge González Durán comenzó sus estudios en leyes en la Universidad de Guadalajara, donde, en la década de los treinta, conoció a otras dos personalidades con quienes compartió su primera etapa formativa en el área de la literatura: el jaliciense José Luis Martínez y el nayarita Alí Chumacero. Compartieron maestros, música, conversaciones y, sobre todo, lecturas, guiados por la biblioteca que Chumacero ya había comenzado a formar: novelistas rusos, españoles, los clásicos de José Vasconcelos, Amado Nervo, Enrique González Martínez; juntos entrarían al mundo de la poesía mediante Pedro Salinas, Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, y otros.[1]

Vivieron juntos la escisión de la Universidad de Guadalajara a raíz de la imposición de una educación socialista a efecto de la reforma constitucional promovida por el entonces presidente Lázaro Cárdenas. Los tres jóvenes fueron encarcelados tras unirse a los huelguistas –a su vez apoyados por la Universidad Nacional– que se oponían a la educación socialista y se posicionaron en defensa de la libertad de cátedra y de la autonomía universitaria. Pasados los enfrentamientos violentos, las diferencias persistieron. A José Luis Martínez y a Alí Chumacero los expulsaron de la Universidad y a Jorge González Durán le negaron la matrícula,[2] y para continuar con sus estudios los tres emigraron a la Ciudad de México.

Los primeros años de González Durán en Guadalajara, espacio central de su primera formación académica, no sólo definieron un círculo de amistad que coincidió en distintos momentos de su vida y que perdurará hasta su muerte, también fueron definitorios para forjar una primera conciencia política, social y literaria: tres ejes centrales en las transformaciones de su trayectoria intelectual.

mostrar La revista Tierra Nueva: despertar poético

Jorge González Durán llegó a la Ciudad de México el 1° de mayo de 1938, vivo el debate con respecto a la expropiación petrolera, impulsada también por Cárdenas. Comenzó a trabajar en la Secretaría de Educación Pública, donde se integró al apoyo de la campaña de alfabetización iniciada años antes por José Vasconcelos y posteriormente retomada por Jaime Torres Bodet. De 1938 a 1941 retomó sus estudios en leyes en la Universidad Nacional y luego se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras, donde se reencontró con Martínez y Chumacero. Así, comenzaron a integrarse a la vida literaria de la Ciudad de México; juntos forjaron amistad con las generaciones mayores, muchos a quienes ya habían conocido en Guadalajara sólo a partir de sus escritos. Compartieron comidas y lecturas con Enrique González Martínez y con Xavier Villaurrutia, ambos guías poéticos de González Durán; frecuentaron a Alfonso Reyes cuando regresó definitivamente a México en 1939. Bajo la tutela de sus profesores en la Facultad de Filosofía y Letras: Julio Torri, Manuel Toussaint, Julio Jiménez Rueda, entre otros, se adentraron en la historia de la literatura mexicana; reconstruyeron en clase las figuras representativas de la literatura mexicana y española; se acercaron a Ovidio y a Horacio, a los viejos cancioneros, a los Contemporáneos, a la Generación del 27. José Ortega y Gasset fue particularmente significativo para González Durán, “el mejor guía de su mente, más que por sus proposiciones por el giro y la técnica de su pensamiento”.[3]

Con el apoyo de sus amistades recién forjadas, especialmente de Alfonso Reyes y de Enrique González Martínez y por iniciativa de González Durán, en 1939 los tres jóvenes comenzaron la planeación de una revista literaria a la que nombraron Tierra Nueva.[4] Ésta se convirtió en el espacio hemerográfico donde González Durán comenzó a cultivar la poesía y a exponerla a un ambiente literario precedido por el grupo de los Contemporáneos y las revistas literarias Taller, Taller Poético, Letras de México, entre otras, frente a las cuales los jóvenes se posicionaron como una continuidad en temáticas, intereses, ideas y posturas.

González Durán se encargó de obtener el apoyo y patrocinio de la Universidad Nacional al acercarse al entonces Secretario General, el licenciado Mario de la Cueva, para que financiara la revista. Accedió y los envió con el director de la Imprenta Universitaria, Francisco Monterde, quien, con su equipo de trabajo, los instruyó en todas las labores implícitas en el oficio tipográfico.

Los jóvenes se habían planteado el objetivo de dar a conocer no sólo el trabajo de los estudiantes de letras en su revista, sino también el de los filósofos; González Durán tuvo la iniciativa de buscar a uno que dirigiera junto con ellos Tierra Nueva, así fue que se acercaron a Leopoldo Zea en una clase de José Gaos en la Facultad de Filosofía y Letras.

En los mismos años de la presidencia de Cárdenas también se permitió la entrada a México de los exiliados españoles tras la Guerra Civil española, gracias a lo cual creció el número de agentes del espacio literario de México. Así, los jóvenes conocieron a otros dos maestros que también los apoyaron en su empresa literaria. Por un lado, José Gaos quien reafirmó su ya presente impulso de hacer de la literatura una forma de vida. Por otro lado, comenzaron a frecuentar a Enrique Díez-Canedo, quien los recibía en su casa para compartir con ellos consejos, los libros que había podido traer de España e historias de los exiliados.

Por su parte, González Durán estableció una amistad cercana con Francisco Giner de los Ríos. Éste le dedicó su poema “Pasión primera” publicado en Letras de México en 1941;[5] luego establecieron una relación epistolar pública en las revistas literarias para reseñar sus respectivos libros de poesía.[6]

Las colaboraciones de González Durán en la revista suman 29, lo que lo coloca como el tercer autor con más participación, precedido por los otros directores: José Luis Martínez y Alí Chumacero.[7] En el primer número de la revista, de enero a febrero de 1940, publicó la entrevista que le hizo a Enrique González Martínez en la que dialogaron sobre la presencia o no del decadentismo en la poesía contemporánea. También ejercitó la crítica escribiendo algunas reseñas: una sobre el argumento de la recién publicada novela de Franz Kafka, El proceso; otra, a manera de carta, sobre el primer libro de su amigo Francisco Giner de los Ríos, La rama viva, donde intercala versos del libro con sus propias reflexiones poéticas; y, una más, sobre el libro De fusilamientos de Julio Torri, a propósito del cual expone algunos aspectos generales de su obra.

No obstante, lo que más publicó González Durán en Tierra Nueva fueron poemas sobre temas como el amor, lo nocturno, la muerte, el sueño; además fue el autor del primer suplemento de la revista, al que tituló Seis asonancias y un epílogo. Esta plaquette se divide en dos partes, primero las seis asonancias seguido del epílogo “Tú”, a su vez compuesto de seis poemas más. Las seis asonancias se componen de 14 versos endecasílabos asonantes, estructurados en cinco estrofas (la primera, cuarta y quinta de dos versos, y la segunda y tercera de cuatro); mientras que el epílogo es menos uniforme, los poemas van de 18 hasta 42 versos, predomina el verso libre y ocasionalmente el verso semilibre de endecasílabos y heptasílabos.[8] El tema predominante es el de la soledad y el sentimiento de angustia ante la muerte, transmitidos mediante la personificación, la creación de imágenes lúgubres y la presentación de contrastes “entre el goce de la vida y cierto anhelo hacia la muerte”.[9] La mayor parte de estos poemas, publicados por primera vez en Tierra Nueva, son el germen de lo que unos años más adelante sería el primer libro del jaliciense.

Tierra Nueva apareció durante 15 números, de enero de 1940 a diciembre de 1942. Durante esos años, la publicación obligó a los cuatro jóvenes a trabajar colectivamente: sostenían reuniones periódicas en las que además de discutir sobre los contenidos, lo hacían también sobre el formato. Al participar tan de cerca en el proceso implícito de la realización de una revista universitaria y literaria, Jorge González Durán no sólo se formó intelectual y literariamente a la par de sus amigos de juventud y de sus colegas, sino también se insertó en la dinámica temporal y social de la labor hemerográfica, en el afán de él y de sus integrantes no sólo por perdurar en el tiempo, sino de hacerlo como parte de una estructura cultural mayor. La revista fue la portavoz tanto de su presencia creadora a lo largo de dos años, como de las relaciones que establecieron con el medio literario.

mostrar La década de los cuarenta como núcleo creador

Labor hemerográfica

Con la publicación de Tierra Nueva a inicios de los cuarenta se da inicio a la década de mayor actividad literaria de Jorge González Durán. Además de editar la revista y aun después de que ésta terminara en 1942, publicó algunos otros textos, sobre todo poemas, en diferentes revistas literarias, entre ellas, Letras de México, Cuadernos Americanos, El Hijo Pródigo, Rueca y Ábside. En varias volvió a compartir el espacio hemerográfico con sus amistades de antaño y con las firmas que ya habían participado en Tierra Nueva y en las demás revistas literarias de principios del siglo xx. En Ábside, por ejemplo, lo compartió con Antonio Gómez Robledo; en El Hijo Pródigo con Francisco Giner de los Ríos, Octavio Paz, Alfonso Reyes, Xavier Villaurrutia; en Letras de México con Ermilo Abreu Gómez, Neftalí Beltrán, Jorge Cuesta; en Rueca con Pina Juárez Frausto, su futura esposa, Jaime Torres Bodet, María del Carmen Millán, María Ramona Rey y Julio Prieto.

Primer libro de poemas

Ante el polvo y la muerte fue publicado por la Imprenta Universitaria en 1945. Contiene varias ilustraciones de Julio Prieto, a quien conoció cuando editó Tierra Nueva. Incluye la mayoría de los poemas que ya había publicado en esa revista, tanto en los números individuales como los de la plaquette, Seis asonancias y un epílogo, con ligeras modificaciones en los títulos. Además publicó poemas que ya había incluido en otras revistas literarias así como más de 20 poemas inéditos. Los dividió en siete grupos: “Asonancias”, “Poema de la tierra sola”, “La rosa de la soledad”, “Canciones”, “Sonetos imperfectos”, “El mar” y “La oración del hombre”, cuyos temas predominantes son la soledad, la muerte y, muy al modo de la poesía de Xavier Villaurrutia y de Enrique González Martínez, las relaciones que entablan con la vida.

Las primeras dos partes son casi transcripción del contenido de Seis asonancias y un epílogo; suprimió la palabra “seis” puesto que añadió una asonancia más, mientras que los seis poemas de “Tú” ahora aparecen bajo el título de “Poema de la tierra sola”. El tercer grupo, “La rosa de la soledad”, se compone de 28 poemas que mantienen tanto las variantes de versificación, como las temáticas ya observadas en su obra publicada en Tierra Nueva: la soledad, la muerte, los sueños, el silencio. La mayoría de los poemas publicados anteriormente en dicha revista ahora se encuentran entremezclados en esta parte, por ejemplo, separó los conjuntos que aparecían bajo los títulos “Tres poemas” y “Cuatro poemas”, publicados en el número 3 de mayo a junio de 1940 y en el número 6 de noviembre a diciembre de 1940, respectivamente. En “La rosa de la soledad” predomina la rima asonante −así como en el resto del libro−, el verso libre y diversas combinaciones de heptasílabos, octosílabos y endecasílabos. Las 13 “Canciones” de corte becqueriano –en su brevedad, en la inventiva de la versificación y en el lenguaje sencillo–, introducen un ligero respiro del tono desesperanzador de los apartados anteriores por medio del contacto con el tema amoroso, aunque no menos nostálgico y doloroso. En los ocho “Sonetos imperfectos” y en los cinco de “El mar”, el autor trabaja la forma endecasílaba que generalmente aparece entremezclada entre los versos de arte menor del resto de los grupos de poemas del libro. No obstante, se da ciertas licencias con respecto a la rima asonante que en ocasiones se torna consonante, lo que explica el posible carácter “imperfecto” de los sonetos, incluso en los del grupo “El mar”. En este último, además, el mar trasciende su mera presencia temática, se transforma en metáfora central y en espacio para la reflexión de los pesares de la voz poética.

Por último, el apartado que cierra el libro, “La oración del hombre”, se conforma de un solo poema no rimado, el más largo de toda la obra. Predominan los endecasílabos con intromisiones ocasionales de tetra y heptasílabos. Ya desde los versos iniciales: “Aún no sé si la vida está en la muerte / o la muerte es la duda de la vida”,[10] se anuncia la culminación de los motivos que dan título al libro y que rodean, en mayor o menor medida, cada uno de sus poemas.

Es en “La oración del hombre” donde más claramente se puede identificar la influencia de la obra de Xavier Villaurrutia, cuya reflexión poética también giró alrededor de la muerte. Temas como “la angustia, la soledad, la noche, el silencio [...], el sueño”[11] conducen tanto en la obra de Villaurrutia como en la González Durán hacia el descubrimiento de que “vivir es estar cumpliendo con la ineludible destrucción interior”.[12] Incluso su amigo malagueño, Francisco Giner de los Ríos, identifica esta recurrencia en la carta que le dedica a él y a su libro en septiembre de 1945 en Letras de México: “La misma fiebre, la misma contenida pasión desatada, esa ternura de la muerte que no es horror en nosotros, sino viva agonía, compañía amorosa inasible a las manos”.[13]

En opinión de Antonio Acevedo Escobedo, en su reseña a Ante el polvo y la muerte, este último poema es donde “afloran mejor las características de madurez y gravedad que manifiestamente encarnan la meta preferida de González Durán. Hondo y fluido, resuelve en feliz ecuación la preocupación metafísica que en los poemas precedentes apunta y desaparece, sin concreciones definitivas”.[14]

Gestor cultural

Durante la década de los cuarenta, tras editar Tierra Nueva, publicar su primer libro de poemas y aparecer en algunas antologías, Jorge González Durán se mostró ante sus amigos y colegas como un poeta no sólo interesado en hacer de la literatura una forma de vida, sino también en promover la literatura mexicana y abrir los espacios de la expresión literaria. Esos intereses se verían reflejados en una preocupación que además compartió con sus amigos José Luis Martínez y Alí Chumacero, desde sus años en la Universidad de Guadalajara, la de procurar el resguardo de los materiales bibliográficos y hemerográficos del país cuando de 1944 a 1946 fungió como Director del Departamento de Bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública (sep). Alrededor de los mismos años, también en la sep, fue promotor general en el Departamento de Acción Juvenil y jefe de Literatura del Departamento de Bellas Artes.

Con el apoyo del entonces Secretario de Educación, Jaime Torres Bodet, organizó el Tercer Congreso Nacional de Bibliotecas y Primero de Archivistas convencido de la necesidad de contar con un personal adecuado para el manejo de los materiales bibliohemerográficos, así como de una escuela que formara a profesionales en ello.[15] Ahí se logró aprobar el Proyecto para la Creación de la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archivistas, que se inauguró por injerencia directa de González Durán en 1945. Esto mismo también repercutió en la puesta en funcionamiento de la Biblioteca de México en 1946. Al respecto de su interés por las bibliotecas se pronunció en un discurso con motivo de la reapertura de la Biblioteca “Miguel de Cervantes Saavedra”, el 25 de noviembre de 1946:

[...] el bibliotecario y la biblioteca figuran esencialmente en el imperioso camino que le señalan las graves urgencias contemporáneas al magisterio. También la biblioteca es una escuela y el bibliotecario un maestro, con toda la fuerza humana de sus términos. Entonces: ¿qué decir de las escuelas y bibliotecas que envejecen y en las cuales constatamos, día a día, su inevitable decadencia si no nos esforzamos por su conservación? Tan importante como crear es conservar la vida de lo creado, en todas sus formas y sentidos. Esta Biblioteca, que fuera inaugurada el día 28 de enero de 1924 –hace 22 años–, ahora vuelve a entrar en la vida cultural de nuestro país.[16]

mostrar Una breve trayectoria poética y el renacer de viejas pasiones

A partir de la década de los cincuenta, la trayectoria intelectual de Jorge González Durán ilustra un camino significativamente distinto comparado con las expectativas formuladas por sus amigos, por la crítica y por sus lectores con respecto a su carrera literaria. Aunque la vertiente que tomó no diverge de los intereses de González Durán, evidentes desde sus años de juventud en la Universidad de Guadalajara. Su actitud particular hacia la lucha de intereses en su Universidad, la percepción de su migración a la Ciudad de México como si de un exilio se tratara, sus intereses políticos y jurídicos, sus estudios previos en leyes, todo ello resurgirá para desplazar la literatura a segundo término.

Después de haber formado parte de la sep, desempeñó varios cargos de importancia, sobre todo cercanos al ámbito diplomático y al educativo. De 1948 a 1954 fungió como secretario particular de Jaime Torres Bodet, el entonces Secretario de Relaciones Exteriores, luego fue primer secretario de la Embajada de México en París; de 1953 a 1958 se encargó del Departamento de Asuntos Europeos de la Dirección de Asuntos Políticos del Servicio Diplomático Mexicano; fue asesor en la subsecretaría de la Presidencia de la República y funcionario en otras instituciones gubernamentales. Con respecto al ámbito educativo, actuó como representante en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (unesco); de 1979 a 1982 fungió como Director de la Unidad Coordinadora de Atención a los Padres de Familia; fue gerente general en la administración del canal 13 y, de 1983 hasta su muerte, fue Secretario Técnico de la Junta Directiva del Colegio de Bachilleres y asesor de la Dirección General del mismo Colegio.

La obra escrita de González Durán en este tiempo se fue diversificando en temáticas, sobre todo se tornó hacia lo político. La Revista de la Universidad de México albergó en 1953 los últimos tres poemas que se tienen registrados que publicó en vida. Fueron predominando ensayos en el diario Novedades, donde escribió desde junio de 1965 hasta agosto de 1966 sobre política e historia. “La historia ‘intervenida’”, por ejemplo, lo dedicó a la intervención norteamericana en República Dominicana, o “La esperanza del poder” a la unión de los países latinoamericanos. Dedicó otros ensayos a reflexionar sobre la sociedad mexicana, como en “Tentaciones de Quetzalcóatl” o en “Residuo social”, el primero sobre la igualdad de clases y el segundo sobre la población incapacitada en la Revolución Mexicana; también abarcó la disciplina antropológica y la filosófica, como en “Tiempo humano”, acerca del hombre a través de su desarrollo, o como en “El hombre de la paz”, acerca de Paulo vi y Marx. Aunque durante menor tiempo, González Durán llegó a publicar más en esta revista que en Tierra Nueva.

Aunque para los últimos años de su vida no había duda de su alejamiento del medio literario, Jorge González Durán preparó un texto introductorio sobre los inicios de la revista Tierra Nueva y el contexto en el que surgió, para la publicación, en 1982, de la edición facsimilar de la revista en la colección de Revistas Literarias Mexicanas Modernas a cargo de José Luis Martínez. A cinco meses de la muerte del autor, el 10 de marzo de 1986, leyó ese mismo texto en la Feria del Libro de Palacio de Minería a un lado de José Luis Martínez y Alí Chumacero, para conmemorar las tareas del Fondo de Cultura Económica por la publicación de esos facsimilares.

mostrar Obra póstuma

En aquel texto introductorio a la edición facsimilar de Tierra Nueva, Jorge González Durán expresó que “Los cuatro responsables [...] eran escritores sin obra. De ellos yo persisto: sigo sin obra”.[17] Fueron sus familiares y amigos quienes procuraron desmentir sus palabras. Murió el 16 de agosto de 1986 en la Ciudad de México y, al año siguiente, su esposa, Pina Juárez Frausto,[18] y su hija, Laura González Durán, hicieron una selección de poemas tomados de Ante el polvo y la muerte y la publicaron en la colección de Material de lectura de la Universidad Nacional Autónoma de México con nota introductoria de Bernardo Ruiz. Ésta es la única antología de carácter personal que se ha publicado hasta el momento; asimismo, Bernardo Ruiz, aunque brevemente, será el primero en centrar su reflexión crítica en la característica temática de muchos poemas de González Durán: el amor, que fue uno de los criterios de selección de la antología. Incluso llega a afirmar que “la clave mayor que rige Ante el polvo y la muerte[19] es dicho tema:

el amor: consume la meditación del poeta, sus silencios y palabras a través de los símbolos arrebatados a la intensidad y a la belleza para expresar, a través de la naturaleza y sus objetos, la obra relevante de la creación: el ser amado por el cual se cifra y describe el universo, cuyas intensidades alcanzan su sublimación y éxtasis en el renunciamiento del Yo, en la exaltación del Otro.[20]

Luego, en 1988, en la colección de Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica, se publicó la última obra de Jorge González Durán, Desareno, precedido de Ante el polvo y la muerte, por injerencia directa de sus hijos, Laura y Alejandro González Durán, y de Alí Chumacero.

Según registra Marco Antonio Campos, González Durán tenía intención de algún día publicar un conjunto de poemas que había comenzado a escribir en 1977. Después de su muerte, sus hijos encontraron dichos poemas, ya en forma de libro y con el título de Desareno. Ellos entregaron el material a Alí Chumacero y él se encargó de publicarlo.[21] Esto lo confirmó el mismo Chumacero en una entrevista con Roberto Vallarino:

Yo estoy preparando su obra completa. Él publicó un libro, que se llama Ante el polvo y la muerte [...] y luego se retiró. Entonces yo he reunido ese libro y otro más que escribió al final de su vida y poemas sueltos en revistas. Los tengo ya reunidos. Voy a hacer un prólogo y lo publicará el Fondo de Cultura Económica seguramente a fines de año.[22]

Chumacero se refería a Desareno; la compilación en efecto se publicó ese año de 1988, pero como prólogo más bien colocó el texto “Acerca de la revista Tierra Nueva”, el mismo que antes introdujo la edición facsimilar de la revista y que luego pronunció el jalisciense en la Feria del Libro del Palacio de Minería.

Desareno, precedido de Ante el polvo y la muerte, como el título lo anuncia, se encuentra dividido en dos partes. La primera reproduce el primer libro de poemas de González Durán y la segunda, más breve que la anterior, constituye propiamente Desareno. Éste se encuentra dividido en un “Interludio” y dos partes. El “Interludio” inaugura la segunda parte del libro y contiene los mismos “Tres poemas” que ya se habían publicado en la Revista de la Universidad  en 1953. Las otras dos partes, la primera de 15 poemas y la segunda de 14, reúnen el material inédito encontrado por sus hijos. De manera general, en ellos predominan los versos no rimados y de arte menor; vuelve a trabajar con la asonancia y con el soneto, pero en menor medida que en su obra previa, así como en los temas de los sueños y la soledad, aunque con particular recurrencia del tema amoroso. Hasta la fecha este libro no ha recibido la atención de la crítica.

mostrar El silencio de Jorge González Durán

Así como su obra escrita, la revisión crítica de su poesía también fue breve, y muchos de los artículos hasta el momento localizados se encuentran en fuentes hemerográficas. Sobre todo, se pueden ubicar en el periódico Unomásuno y en su suplemento “Sábado”; y en menor medida, también en las revistas El Hijo Pródigo, Letras de México, Casa del tiempo, El Proceso, entre otras, así como en algunos libros propiamente dichos.[23] De manera general, los textos tienen carácter de reseña o son ensayísticos; se centran en algunos aspectos generales sin detenerse en las particularidades y sin profundizar demasiado en la poética o estética de la poesía de González Durán.

Desde una perspectiva cronológica y temática, es posible dividir la crítica, primero, entre la publicada en la segunda mitad de 1940, que constituye la época de su entrada y paulatina salida del campo literario mexicano; y, segundo, la publicada de 1950 en adelante, cuando ya se había retirado del oficio literario, y continúa hasta después de la muerte del autor. El primer grupo tiene la particularidad de transmitir amplias expectativas con respecto a la poesía de González Durán y de su futuro como poeta, mientras que el segundo coincide en lamentar su alejamiento de la literatura y en hablar del silencio como tópico y metáfora de su poesía.

De carácter más íntimo, está la carta de abril de 1944 de Octavio Paz a Jorge González Durán, donde Paz comentó brevemente los poemas que el jalisciense había publicado el 15 de febrero del mismo año en El Hijo Pródigo y que al año siguiente incluyó en Ante el polvo y la muerte:

Leí [...] tus poemas: me gustó mucho la canción y así se lo escribí a Octavio Barreda. Encuentro en ella más poesía verdadera que en todos esos pretenciosos poemas que desde hace tiempo se vienen publicando en México. Hay en ella perfección fácil, hechizo y transparencia, es decir, naturalidad, única perfección a que puede aspirar un poeta. Lo otro, que también se llama “perfección”, no es sino exactitud, rigor abstracto, virtudes del que construye, no del que crea. Los sonetos me gustaron menos: los encuentro un poco indecisos […] Pero hay en tus sonetos algo que me gusta: no son joyas y pretenden ser flores.[24]

Reseña propiamente dicha fue la de Antonio Acevedo Escobedo a Ante el polvo y la muerte, publicada en El Hijo Pródigo el 15 de agosto de 1945, el mismo año en que salió el libro. Habla de Ante el polvo… como de una reunión de poemas “compuestos a la sombra de [la] juventud prometedora y absorta”[25] de Jorge González Durán; hace una división temática de su contenido, a partir de las similitudes de los subtítulos que conforman el libro.

Hacia la mitad de la década de los cuarenta, González Durán comenzó a ser incluido en antologías de poesía mexicana, tanto en las que buscaban reconstruir un pasado como en las que pretendían retratar el presente. En 1945 aparece en Poetas de México, antología ordenada por estéticas, grupos y tendencias literarias y con el objetivo de dar un panorama sobre la poesía en México a través de sus poetas desde la época de la Revista Azul y la Revista Moderna. El poeta jalisciense aparece en el séptimo y último rubro llamado “Poética joven”, junto a Neftalí Beltrán, Efraín Huerta, Octavio Paz, Alí Chumacero, Rafael Solana, Carmen Toscano, entre otros, pues, según explicaron los antologadores con respecto a su categoría, a ellos se otorgaba el peso del futuro de la poesía mexicana: “Creemos en los poetas jóvenes, porque de entre ellos puede salir el poeta de México o, por lo menos, porque preparan el  advenimiento”.[26] Ermilo Abreu Gómez se hizo cargo de las líneas introductorias de la selección de poemas de González Durán y en ellas expresó que estaba seguro que el jalisciense lograría “un puesto clásico entre nuestra literatura”, pues:

su prosa cálida, sin apresuramientos, maciza, sin terquedad, poética sin retórica,  intencionada sin malicia; mexicana, sin remilgo; original sin excentricidad; logra lo que, a veces, sólo los maestros alcanzan después de años y de experiencias, logra un tono de dignidad en el empleo de las palabras y los pensamientos. En su poesía descubrimos ceñida preparación literaria, y alquitarada pasión.[27]

Luego, en 1946, se incluyen sus poemas en la antología que toma su título de un verso de Lope de Vega: Sonrisa del alba. Antología de poetas de las Revistas Literarias Tierra Nueva, Letras de México, Ábside, América, Tiras de Colores, Firmamento, Papel de Poesía, Umbral y Pliego. Como su subtítulo señala, ésta se centró en representar el momento más actual de la poesía mexicana mediante la obra proveniente del ámbito hemerográfico. Esta antología parte de la idea de que las revistas literarias cumplen una función de “vehículo insustituible para dar a conocer a los poetas, [...] afirmar su prestigio y [...] consolidar la madura personalidad que llegan a alcanzar”.[28] Toma a González Durán como parte del grupo de Tierra Nueva y aparece junto a Alí Chumacero, José Luis Martínez y Manuel Duarte Guillé, otro asiduo colaborador de la revista. Cabe decir que Sonrisa del alba salió al año siguiente de que Jorge González Durán publicara su primer libro de poesía, Ante el polvo y la muerte, por lo que de acuerdo con la visión de la antología él formaba parte del grupo de poetas antologados que habían “ascendido del plano de la obra dispersa a la entrega de libros”.[29]

Aunque el jalisciense terminó por separarse del medio literario ya entrado el año de 1950, su presencia se mantuvo latente al seguir siendo incluido en antologías y ahora también en historias de la literatura mexicana. En 1955 se incluyó en Poetas jóvenes de México, antología motivada por la idea de que no había un cultivo suficiente de la poesía y por ende era necesario preservarla y fomentarla. En su prólogo, el antologador divide la selección de poetas entre quienes poseían una intención claramente social de aquellos que exploran la interioridad del ser humano. Jorge González Durán queda ubicado en este segundo grupo de poetas “a quienes mueve y conmueve un imán subjetivo, interno y vigilante de sus actividades, en relación con los problemas del ser frente a sí mismos al escudarse en halagüeños [...] escarceos de índole generalmente metafísica o anímica; aclaran también cada cual según su luz, las cosas que más afectan su mundo interior”.[30] Para este punto ya se puede identificar el cambio en la perspectiva del futuro de la trayectoria poética del autor; el antologador aventura algunas predicciones de lo que su poesía podría llegar a ser “si decidiera seguírnosla dando sin ninguna otra preocupación”.[31]

Más adelante, en 1963, Salvador Novo lo antologa en su Mil y un sonetos mexicanos, donde el poeta buscó ilustrar la práctica del soneto en México desde el siglo xvi hasta principios del xx, en tanto aquella forma poética es un común denominador “de todas las épocas y de todos los poetas”,[32] pero cuyas diferencias radican en la escuela, tendencia, estilo o estética en la que fueron creados. Bajo una clasificación temática, integra los sonetos de González Durán en el del amor.

Con respecto a las historias de la literatura, la más antigua registrada es la de Frank Dauster de 1956, Breve historia de la poesía mexicana; luego aparece en 1968 en el Panorama de la literatura mexicana actual de Luis Leal y a principios de los setenta en Historia de la literatura mexicana (1971-1974) de Heriberto García Rivas.

Otros estudios críticos importantes publicados después del alejamiento de González Durán del campo literario son el de Raúl Leiva de 1959 publicado en Imagen de la poesía mexicana contemporánea donde el autor analiza, a modo de antología, una selección de poemas de autores que a su parecer representan cada una de las generaciones o propuestas estéticas, desde Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Alfonso Reyes hasta la década de 1920. Clasifica a González Durán como parte del grupo de Tierra Nueva, junto a Chumacero, Manuel Calvillo y José Cárdenas Peña. Leiva reflexiona sobre el contenido de Ante el polvo y la muerte, pero intercalando comentarios críticos específicos así como señalando aciertos poéticos. También está el artículo de 1965, “Tierra Nueva: su Estética y Poética”, de John F. Garganigo donde a propósito de dicha revista y la generación que la formó, le dedica unas breves líneas críticas a cada uno de los suplementos poéticos. Así, sintetiza los tópicos, las recurrencias y los intereses temáticos de Seis asonancias y un epílogo.

José Emilio Pacheco, Francisco Segovia y José María Espinasa son quienes se valen del silencio para reflexionar la poesía de González Durán. Pacheco en uno de sus “Inventarios” en El Proceso lamenta la muerte reciente del poeta y su breve carrera literaria; concluye que su obra “será siempre el libro único de un poeta de 26 años que en 1944 se despedía anticipadamente del mundo”.[33] Francisco Segovia, en “Métrica y parquedad (El fantasma en Jorge González Durán)”, reseña Ante el polvo y la muerte, sistematiza los intereses temáticos y las formas métricas de su preferencia; propone “la parquedad” no sólo como una característica del devenir literario del autor, sino también como un interés retórico que podría constituir parte de su poética, pues es “en el universo de las imágenes […] donde la parquedad de González Durán […] muestra su rostro más oscuro. O, mejor dicho, lo deja entrever como una sombra entre sombras, como una ausencia que las cosas de este mundo hacen sensible o [...] como una ausencia que las palabras hacen presente”.[34] Por último, José María Espinasa en “La hoja en el calendario” habla del abandono de González Durán del medio literario y lo sitúa como parte un grupo de escritores contemporáneos a él que también tuvieron una obra muy breve: “González Durán perteneció a una generación en la que fue frecuente guardar silencio (la mayoría de las veces después de un principio luminoso). Rulfo, Arreola, Chumacero”.[35]

Buena parte de la obra total del Jorge González Durán aún se encuentra dispersa entre las páginas de las publicaciones periódicas, sobre todo la de carácter no literario. A pesar de su corta trayectoria literaria y de su condición marginal en el campo literario de su época  –evidente especialmente a partir de la década de los cincuenta–, llama la atención que se conozca, si no toda, al menos sí la mayoría de su obra poética gracias al interés de sus amigos y colegas en rescatar sus poemas. El ejemplo más representativo de ello es la publicación póstuma de sus poemas inéditos en Desareno, precedida de Ante el polvo y la muerte, que además de haberse concebido como portadora de la poesía completa de su autor, también se anuncia como una invitación, tanto para los lectores como para la crítica, para lograr evadir el silencio del poeta.

mostrar Bibliografía

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mostrar Enlaces externos

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Nació en Guadalajara, Jalisco, el 7 de julio de 1918; murió en la Ciudad de México el 16 de agosto de 1986. Poeta. Estudió Leyes en la unam. Fue codirector de Tierra Nueva; desempeñó varios puestos en la sep: promotor general en el Departamento de Acción Juvenil, director del Departamento de Bibliotecas y jefe de Literatura del Departamento de Bellas Artes; participó en las misiones culturales; creó la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archivistas; instaló y puso en funcionamiento la Biblioteca México. Premio Nacional de Ensayo Literario 1944. 

José Luis Martínez
1995 / 13 ago 2018 09:12

De inteligencia aguda y lúcida, Jorge González Durán (1918-1986) se dejó ir ganando por el escepticismo y los deberes burocráticos y clausuró su poesía y todo ejercicio literario para lo que se había anunciado tan superiormente dotado. Su único libro de versos, Ante el polvo y la muerte (1945) es de su primera juventud y recibió el Premio Nacional de Literatura 1944. Su poesía sigue la más aérea y fugitiva línea sevillana de Gustavo Adolfo Bécquer y Juan Ramón Jiménez expresada en personales símbolos y matices del sentimiento. La riqueza de los elementos líricos de sus poemas queda ingrávida y apenas tocada por las palabras. El invisible y justo hilo retórico que los teje, articula ritmos interiores y asonancias opacas, reflejos espiritualizados y una humedad lírica atemperada que no suelen ser aparentes sino para los más devotos lectores.

En su madurez, entre 1977 y 1982, González Durán volvió a escribir poemas amorosos, que llamó Desareno. Los guardó inéditos y se publicaron en la reedición que se hizo de su libro juvenil en 1988. Allí mismo se recoge el hermoso texto de evocaciones, “Acerca de la revista Tierra Nueva”, que escribió y leyó el mismo año de su muerte.

Estudió Leyes en la Universidad de Guadalajara (udg) y en la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), cursos en la Facultad de Filosofía y Letras (ffyl) de la misma Universidad y con Alfonso Reyes en la Casa de España en México. Con José Luis Martínez, Alí Chumacero y Leopoldo Zea dirigió la revista Tierra Nueva (1940–1943), donde publicó algunos de sus poemas. En ese periodo desempeñó varios cargos en la Secretaría de Educación Pública (sep): promotor general en el Departamento de Acción Juvenil, Jefe de Literatura en el Departamento de Bellas Artes y participante en las misiones culturales realizadas entre 1942 y 1943 en varios estados de la República; director del Departamento de Bibliotecas (1944–1946), fundador de la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archivistas (1945), instaló y puso en servicio la Biblioteca México (1946). De 1948 a 1954 fungió como secretario particular del Secretario de Relaciones Exteriores (sre), Jaime Torres Bodet. Fue primer secretario de la Embajada de México en París, actuó como representante en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (unesco). Tuvo a su cargo del Departamento de Asuntos Europeos de la Dirección de Asuntos Políticos del Servicio Diplomático Mexicano, de 1953 a 1958. Fue asesor en la subsecretaría de la Presidencia de la República y funcionario en otras instituciones gubernamentales. Fungió como gerente general en la administración del canal 13, como asesor del secretario de Educación Pública, Rafael Solana, y como director de la Unidad Coordinadora de Atención a los Padres de Familia (1979–1982). De 1983, hasta su muerte, fue secretario del consejo técnico del Colegio de Bachilleres. Colaboró en Tierra Nueva y en el diario Novedades.

Jorge González Durán, poeta y ensayista, escribió Ante el polvo y la muerte y Desareno, poemarios publicados de manera póstuma. Su poesía está formada por piezas de gradaciones y matices; se ocupa del amor, la mujer como su fuente y misterio, la soledad y la muerte. Sus ensayos tratan del desarrollo cultural de nuestro país, en particular de la revista Tierra Nueva, mientras que sus artículos periodísticos muestran su preocupación por la problemática del imperialismo y los pueblos latinoamericanos.

Instituciones, distinciones o publicaciones


Tierra Nueva. Revista de Letras Universitarias
Fecha de ingreso: 1940
Fecha de egreso: 1942
Colaborador

Tierra Nueva. Revista de Letras Universitarias
Fecha de ingreso: 1940
Fecha de egreso: 1943
Con José Luis Martínez, Alí Chumacero y Leopoldo Zea dirigió la revista

Secretaría de Educación Pública (SEP)
Desempeñó varios cargos

Letras de México. Gaceta literaria y artística
Colaborador

El Hijo Pródigo. Revista Literaria
Colaborador

Cuadernos Americanos. La revista del mundo nuevo
Colaborador

Secretaría de Educación Pública (SEP)
Laboró en varios puestos