Enciclopedia de la Literatura en México

Literatura del 68

El movimiento estudiantil iniciado en julio de 1968 dio lugar a una serie de obras literarias que se caracterizan por su alto grado de politización e incluyen en su contenido aspectos como la protesta callejera, la militancia política izquierdista, las manifestaciones que se consideraron subversivas y que desembocaron en la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco y en el exilio o encarcelamiento de estudiantes, maestros e intelectuales.

 

Entre los primeros libros sobre el tema destaca De la Ciudadela a Tlatelolco (1969), de Edmundo Jardón Arzate. Obras fundamentales situadas entre la crónica, la literatura y el periodismo, frutos de investigaciones por parte de sus autores, son Días de guardar (1972), de Carlos Monsiváis, que mantiene una posición política en favor del movimiento, y La noche de Tlatelolco (1971) de Elena Poniatowska, cuyo contenido abunda en testimonios, entrevistas, artículos periodísticos, pero que incluye también un poemas de Rosario Castellanos sobre la masacre: “Memorial de Tlatelolco”, escrito especialmente para el libro.

 

Entre los ensayos sobre el tema destaca México, una democracia utópica. El movimiento estudiantil del 68 (1978), de Sergio Zermeño, y el más reciente, La imaginación y el poder (1998), de Jorge Volpi. En cuanto a la narrativa, hay textos dedicados sólo al tema y otras que lo mencionan como factor importante dentro de la narración.

 

Por sus sucesivas ediciones o calidad literaria, destacan las siguientes obras: Ensayo general (1970), de Gerardo de la Torre; Los días y los años (1970), de Luis González de Alba, miembro del Consejo Nacional de Huelga, arrestado en Tlatelolco y preso político hasta 1971; La plaza (1971), de Luis Spota, sobre el juicio y la ejecución del supuesto culpable de los acontecimientos; El gran solitario de palacio (1971), de René Avilés Fabila, donde se presenta el conflicto entre los estudiantes y el gobierno y al mismo tiempo una sátira política; Con él, conmigo, con nosotros tres (1971), de María Luisa Mendoza, ganadora del Premio Magda Donato; La invitación (1972), de Juan García Ponce, que mezcla los hechos con el tema del conflicto de la identidad; Los largos días (1973), de Joaquín Armando Chacón, donde se plasma la crisis existencial durante aquella época; Tlatelolco 68 (1973), de Juan Miguel de la Mora, crónica novelada que intercala ficción con documentos auténticos; Juegos de invierno (1974), de Rafael Solana; El infierno de todos tan temido (1975) de Luis Carrión; Las rojas son las carreteras (1976), de David Martín del Campo; Compadre Lobo (1977), de Gustavo Sáinz; Los símbolos transparentes (1978), de Gonzalo Martré, que incluye desde el tema del bazucazo a la Preparatoria Uno hasta la masacre del 2 de octubre; Si muero lejos de ti (1979), de Jorge Aguilar Mora, donde una parte de la trama se percibe desde la óptica de los Halcones; Muertes de Aurora (1980), de Gerardo de la Torre; Parejas (1981), de Jaime del Palacio; Héroes convocados (1982), de Paco Ignacio Taibo II; Que la carne es hierba (1982), de Marco Antonio Campos y Pánico o peligro (1984), de María Luisa Puga.

 

Agustín Ramos incursionó en la literatura del 68 con el ciclo compuesto por Al cielo por asalto (1979), La vida no vale nada (1982) y Ahora que me acuerdo, obras donde se reflexiona sobre la militancia juvenil y el ímpetu revolucionario, así como las actitudes de artistas, intelectuales y políticos ante las represiones de Tlatelolco y las ocurridas en la Escuela Nacional de Maestros.

 

Cabe señalar que la novela No habrá final feliz (1981), de Paco Ignacio Taibo II, toca un tema relacionado con la literatura del 68: la matanza del 10 de junio de 1971.

 

Hay también novelas que tocan el movimiento estudiantil y la masacre de Tlatelolco de forma tangencial, como Palinuro de México (1977), de Fernando del Paso; Manifestación de silencios (1979), de Arturo Azuela, y Crónica de la intervención (1982), de Juan García Ponce, en cuyo capítulo XXIX se relata la matanza de los estudiantes por el ejército.

 

Además de novelas, ensayos y crónicas, se han escrito también poemas y obras dramáticas. Entre la poesía del 68 cabe destacar, además del ya mencionado texto de Rosario Castellanos, el poema “Manuscrito de Tlatelolco”, de José Emilio Pacheco, recogido en el libro No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969), y el extenso poema Recuerdos de Coyoacán (1998), de Adolfo Castañón. Otros poetas que han escrito sobre el tema son Juan Bañuelos, José Carlos Becerra y Eduardo Santos. Entre las obras de teatro se encuentran Octubre terminó hace mucho tiempo (1969), de Pilar Retes, donde se contempla el movimiento en forma retrospectiva, y Plaza de las tres culturas (1978), obra en tres actos de Juan Miguel de Mora.

 

Otras obras sobre el movimiento estudiantil, de distinta calidad literaria, son Regina (1987), de Antonio Velasco Piña; 68 (1991), de Paco Ignacio Taibo II; La isla de los pelícanos (1993), de Álvaro Ancona, Proyecto 68 (1993), de Jaime Cruz Galdeano, novela política donde se mezcla la ficción con la realidad histórica, y Crónica 1968 (1993), de Daniel Cazés.

 

Hay también una serie de obras en contra del movimiento. Así, Tlatelolco, historia de una infamia (1969), de Roberto Blanco Moheno, inaugura los ataques anticomunistas. Más conocido fue ¡El móndrigo!, obra publicada en forma anónima y cuyo autor –Jorge Joseph-, descubierto poco después, pretende que el lector justifique la masacre de Tlatelolco. Véase también Novela Política.

 

Algunos críticos señalan que después del 68 la novela mexicana vuelve, en general, a la solemnidad y reinicia su preocupación por aspectos sociales y políticos en manifestaciones literarias como la Novela de la guerrilla. Antes del 68 al escritor mexicano le preocupaba ser internacional y no tanto plantear una problemática específica mexicana.