Enciclopedia de la Literatura en México

Los Presentes

mostrar Introducción

Juan José Arreola dirigió o codirigió varios proyectos editoriales: las revistas Eos (1943) y Pan (1945) en Guadalajara; y en la ciudad de México las dos series de Los Presentes (1950-1953, 1954-1957), Las ediciones del Unicornio (1958-1963) y la revista y las ediciones Mester (1964-1967). De todos ellos, sin duda alguna el más importante es la segunda serie de Los Presentes, en la cual, bajo su dirección, aparecieron setenta y un libros en menos de tres años. La colección reunió a muchos de los integrantes de la llamada Generación del Medio Siglo, con la que la literatura mexicana se consolidó de manera definitiva y dio a conocer no pocos escritores que con el paso del tiempo se convirtieron en figuras fundamentales de las letras mexicanas.

mostrar Primera serie

La primera serie de Los Presentes constó de nueve cuadernos. En el siguiente orden: El retorno de Ernesto Mejía Sánchez, Yo de amores qué sabía de Francisco Tario, Sonetos de Carlos Pellicer, Cuentos de Juan José Arreola, Poética de Rubén Bonifaz Nuño, Homenaje a Sor Juana de Juan Soriano, El hermano menor de Jaime García Terrés, Cuentos: Uno de cada tres El centenario de Augusto Monterroso y El retrato de mi madre de Andrés Henestrosa; así como de un libro: Breve diario de un amor perdido de Francisco Tario. La primera serie de Los Presentes fue una tarea artesanal, llevada a cabo con modestia, decoro y mucho talento joven; con el paso del tiempo, estos cuadernos se han convertido en verdaderas joyas bibliográficas.

mostrar Segunda serie

La segunda serie de Los Presentes constituyó todo un acontecimiento en la vida cultural de México en los años cincuenta. En ese entonces no había una editorial que se encargara de promover el trabajo de los jóvenes escritores. Los Presentes apostó por las voces nuevas, a las que proporcionó un espléndido medio para darse a conocer: libros pulcramente impresos, cosidos y encuadernados, que llegaron a venderse en algunas librerías, como la Madero, las Porrúa y las Zaplana.[1] La presentación de los volúmenes siempre fue la misma y se mantuvo a lo largo de los cien títulos y las dos épocas de la colección: el nombre del autor en la parte superior de la cubierta, abajo el título de la obra, después una viñeta y en la parte baja la leyenda Los Presentes. Con el paso del tiempo, se fueron incorporando más datos. Las solapas en un principio estaban en blanco, después enlistaban los títulos de la colección. Desde el número 51 se daban datos del autor y de la obra; a partir del número 61, cuando Pedro Frank de Andrea se hizo cargo de la colección, se incluyeron en Ediciones de Andrea. La mayor parte de los libros salieron de la impresora Juan Pablos. En las viñetas e ilustraciones, una pléyade de artistas plásticos dejaron su huella en la colección: Ricardo Martínez, José Clemente Orozco, Alberto Gironella, Alberto Beltrán, María Izquierdo y Salvador Garduño, por mencionar algunos.

Normalmente aparecía un nuevo título de Los Presentes cada quince días, aunque hubo semanas en que aparecieron dos libros; el tiraje más frecuente constaba de quinientos ejemplares. Los setenta y un volúmenes editados por Juan José Arreola constituyen una verdadera proeza, pues los producía una casa editora sin más capital que el dinero del maestro Arreola y las aportaciones de los propios autores, que por lo general eran muy escasas. Aunque la empresa contó con el aval de Manuel Porrúa y se pudo comprar una máquina de imprimir marca Heidelberg, que se instaló en la cochera de la casa de Arreola, ubicada en Río Volga 10, a cada rato se tenían que realizar actos de malabarismo tipográfico: se paraba una página y después de imprimirla se tenía que deshacerla para formar otra, amén de que siempre se andaba corto de papel y tinta.

mostrar Los autores

Si bien Los Presentes fue una colección que privilegió a los autores jóvenes, también dio cabida a varios santones de nuestras letras, como Alfonso Reyes y Artemio de Valle Arizpe. Siguiendo el modelo de la colección Letras Mexicanas, del Fondo de Cultura Económica, que junto a Jaime Torres Bodet publicó al debutante Juan José Arreola, en los primeros números de Los Presentes autores con una sólida trayectoria como Max Aub acompañaron a escritores primerizos como Archibaldo Burns. Conforme la colección siguió su marcha, los nombres de autores jóvenes no dejaron de aumentar.

Al menos 15 de los títulos de Los Presentes fueron primeros libros, obras con las que noveles autores se daban a conocer. La colección empezó con sendas óperas primas: Lilus Kikus de Elena Poniatowska y Los días enmascarados de Carlos Fuentes. Los números 6, 9 y 10 también fueron primeros libros: Fin de Archibaldo Burns, Relatos mexicanos de Ángel Bassols Batalla y Ausencias de Carlos Valdés. A estos cinco debutantes habría que añadir a Emmanuel Carballo, quien publicaba su segundo libro, los relatos de Gran estorbo la esperanza, número 8, y a Tomás Segovia con su tercero, Primavera muda, número 4. Ninguno de estos nuevos escritores había cumplido los 30 años cuando recibió el espaldarazo Juan José Arreola. Esta irrupción de jóvenes promesas constituyó un hecho inusitado, sin precedentes en la industria editorial mexicana, pues lo normal era que una casa editora diera a conocer a uno o dos autores nuevos cada año.

Imagen 1. Primera de forros de Elena Poniatowska, Lilus Kikus, México, Los Presentes, 1954.

Otros escritores que publicaron su primer libro en Los Presentes son: José de la Colina, Cuentos para vencer a la muerte, número 19; Mercedes Durand, Espacios, número 24; Jorge López Páez, Los mástiles, número 34; Carmen Rosenzweig, El reloj, número 44; Raquel Banda Farfán, Valle verde, número 56. Fuera de serie también hubo varias óperas primas: La evasión de Manuel Mejía Valera, Palabra de Mauricio de la Selva, y Mala hora de Eduardo Lizalde. Estos debutantes, como los antes mencionados, eran jóvenes con menos de tres décadas de vida.

Si bien la mayoría de los escritores a quienes publicó Juan José Arreola eran mexicanos, entre los autores de Los Presentes hay una importante presencia de centroamericanos, latinoamericanos y españoles. Puertorriqueños eran José Luis González, Pedro Juan Soto y César Andreu Iglesias; centroamericanos, Alfredo Cardona Peña, Mauricio de la Selva y Raúl Leiva; peruanos Mario Puga, Manuel Mejía Valera, José Durand, C. E. Zavaleta y Joel Marroquín; venezolanos, Pedro Duno y Augusto Lunel. Un argentino completa el elenco latinoamericano: Julio Cortázar, el cronopio mayor. Los españoles formaron el contingente de extranjeros más numeroso: Tomás Segovia, Max Aub, José de la Colina, Roberto López Albo, Pío Caro Baroja, Ramón Xirau, José Pascual Buxó, César Rodríguez Chicharro y Simón Otaola.

mostrar Narrativa

En Los Presentes, Juan José Arreola editó prosa, poesía, ensayo, drama y novela. Más de la mitad de la colección se compone de libros de narrativa. Hay cinco novelas, tres de extranjeros. Puerto Cholo, del peruano Mario Puga, número 26, un número extraordinario con 257 páginas que costaba 15 pesos, en lugar de los seis u ocho pesos de los números normales, que apenas rebasaban las 100 páginas. Fuera de serie se reeditó Paisa, del gran escritor puertorriqueño José Luis González, una intensa novela que había sido publicada por primera vez en 1950, y Los derrotados, del también boricua César Andreu Iglesias. Los derrotados, que narra un atentado terrorista perpetrado por un grupo de nacionalistas portorriqueños, es el libro más voluminoso de toda la colección, con 310 páginas. Las dos novelas escritas por mexicanos fueron una ópera prima ya mencionada, Valle verde, de Raquel Banda Farfán, y En algún valle de lágrimas, el quinto libro de narrativa del maestro José Revueltas, número 41.

Las novelas cortas publicadas en Los Presentes forman un bloque muy interesante. En la colección hay once novelitas, entre las que destacan las siguientes: Primavera muda, de Tomás Segovia, número 3, una espléndida narración en la que se advierten esbozos del erotismo que muy pocos años después irrumpiría en la narrativa mexicana. El personaje de José Alvarado, número 16, sucede en un pueblo fantasma y guarda muchas semejanzas con Pedro Páramo; curiosamente ambas obras aparecieron el mismo año, 1955. Artemio de Valle Arizpe cuenta en Engañar con la verdad, número 18, la historia de don Jaime de Villoslada, quien no se presenta a su boda por estar enfrascado en la lectura. El dramaturgo Emilio Carballido incursionó por primera vez en la narrativa con La veleta oxidada, número 50.

Más de una tercera parte de Los Presentes está formada por colecciones de cuentos o relatos. Ante la imposibilidad de referirse a esos 27 libros, se hace mención de los más significativos. Los días enmascarados, número 2, de un Carlos Fuentes debutante, que plasmaba en “Chac-Mol” su primer texto magistral. José Luis González da muestra de sus excelencias como cuentista con En este lado, número 12. Olivera Unda, un escritor desconocido, pero digno de atención, muestra su contundencia narrativa en El pueblo, número 13. José Mancisidor brinda una espléndida colección de historias ambientadas en Estados Unidos y Europa justo después de la Segunda Guerra Mundial en Me lo dijo María Kaimlová, número 35. Un narrador ameno y sin desperdicio es Eugenio Trueba, quien ofrece 14 cuentos en Antesala, número 40. Final del juego de Julio Cortázar, número 51, significó una valiosísima inclusión en Los Presentes. Cortázar ya había publicado cuatro libros y se perfilaba como un gran escritor. Arreola le publicó la primera versión de Final del juego, que consta de nueve cuentos, mismos que permanecieron en la versión definitiva, compuesta por dieciocho.

Imagen 2. Primera de forros de Carlos Fuentes, Los días enmascarados, México, Los Presentes, 1954.

mostrar Poesía y teatro

La lista de los poemarios publicados en Los Presentes incluye una veintena de títulos. Curiosamente, siete de los libros fuera de serie son de poesía. Destacan las Décimas de Santa Rosalía, una obra del siglo xviii escrita por el jesuita Juan José de Arreola. Otros títulos significativos son: L’espill soterrat, en catalán, del filósofo Ramón Xirau, quien prefiere su lengua materna para escribir poesía. Danza para Cuauhtémoc, de Raúl Leiva, pretende entreverar a la poesía con la música y la danza. Dentro de la colección destacan: Eternidad es barro, segundo libro del madrileño César Rodríguez Chicharro, número 11; Contrapunto de la fe, número 25, también un segundo libro, en este caso de A. (Marco Antonio) Montes de Oca; La dicha lenta, de Vicente Echeverría del Prado, número 45, quien publicó más de mil sonetos y en este volumen ofrece veinticinco. Margarita Paz Paredes demuestra pleno dominio de su quehacer poético en Casa en la niebla, número 57.

Juan José Arreola fue gente de teatro y su participación en calidad de autor en Los Presentes es como dramaturgo, con La hora de todos (juguete cómico en un acto), número 4. La obra se desarrolla en las oficinas de un multimillonario, ubicadas en el Empire State Building, y culmina cuando un aeroplano se estrella contra el rascacielos. En la colección hay tres piezas teatrales más. Dos son dramas históricos: Adiós, mamá Carlota de Dagoberto de Cervantes, número 36, y El nocturno de Rosario, de Wilberto Cantón, número 53. El primero se refiere a los momentos finales del efímero imperio de Maximiliano, cuando el austriaco se ha quedado sin el apoyo de las potencias europeas que lo entronizaron; el segundo, al suicidio del poeta Manuel Acuña. Tijeras y listones, número 55, primera obra teatral de Luis Córdova, es una divertida farsa que muestra la corrupción que se apodera de todo poder monolítico. Fuera de serie apareció Caperucita encarnada, del peruano Joel Marroquín, artista plástico y humanista, autor de varias viñetas de la colección. Marroquín adapta el cuento infantil al teatro y plasma una alegoría escrita en verso con un estilo alegre y juvenil.

mostrar Ensayo

El ensayo es un género pobremente representado en Los Presentes. Se debe a que los libros con ensayos son volúmenes cosidos, armados con base en colaboraciones en periódicos o revistas, cuyas reducidas dimensiones impiden un adecuado análisis de las ideas, amén de que en algunas ocasiones los artículos reunidos muy poco o nada tienen en común. Sin embargo, hay dos honrosas excepciones: América en la conciencia de Europa de Leopoldo Zea, número 39, y De poeta y loco…, de José Luis Martínez, número 42. El libro del filósofo Zea se compone de cuatro ensayos, todos y cada uno de ellos ejemplares, en los que se refiere a Europa y a los Estados Unidos de América como el Occidente y a América Latina como América, ambas entidades muy diferentes, ya que ésta obedece a la idea cristiana del siglo xiii y el mundo occidental responde a las ideas del siglo xvi. En De poeta y loco…, José Luis Martínez aborda el estudio de los poetas humildes, los poetas del pueblo, que hacen poesía ingenua, a veces burda y en algunos casos vulgar. Entre ellos se puede nombrar a José Vasconcelos, “El negrito poeta”, hijo de negros traídos del Congo a México; Antonio Plaza, famoso en la primera mitad del siglo xix, y el emeritense Maximiliano Salazar Centella, mejor conocido como “El poeta del crucero”.

mostrar La sucesión

En el número 55 de Los Presentes aparecieron los siguientes créditos en la parte superior de la primera solapa: Director Literario: Juan José Arreola; Director: Emilio Obregón, cuya dirección fue efímera. Corrían los primeros meses de 1957 y el maestro Arreola había decidido traspasar la editorial. En esos días le llegó un manuscrito de un joven escritor colombiano, llamado Gabriel García Márquez, que por desgracia extravió. De haberlo publicado, en Los Presentes hubieran publicado no sólo tres exponentes del Boom latinoamericano, sino un Premio Nobel de Literatura, el galardón que se le negó a don Alfonso Reyes. La labor de Juan José Arreola en Los Presentes finalizó con el número 60, El lugar ese…, de Simón Otaola, que se acabó de imprimir el 24 de mayo de 1957.

Ediciones de Andrea se hizo cargo de la publicación de Los Presentes a partir del número 61. En los nuevos volúmenes se daba a Juan José Arreola el crédito de Director Fundador, en tanto que Pedro Frank de Andrea dirigía la colección, que continuó apareciendo hasta 1964 y llegó al número 100. Sin embargo, ya no fue igual. Aunque se contaba con el apoyo de una casa editorial establecida, la aparición de los nuevos títulos se fue espaciando cada vez más y no puede afirmarse que en esta nueva época se haya lanzado a un escritor significativo, de importancia para nuestras letras. Hay empresas que son eminentemente personales, que dependen de la voluntad, el talento y el liderazgo de un hombre, de una personalidad rectora, aunque todo un grupo de seres humanos intervengan para hacerlas realidad. Tal es el caso de Los Presentes y el maestro Juan José Arreola.

mostrar Bibliografía

Arreola, OrsoEl último juglar. Memorias de Juan José Arreola, México, D. F., Diana, 1998.

Mata, ÓscarJuan José Arreola maestro editor, México, D. F., Ediciones Sin NombreConsejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2003.

A finales de los años cuarenta, un grupo de jóvenes escritores, "Los presentes", decidió editar una colección dedicada a difundir y promover la literatura reciente. El grupo estuvo integrado por Juan José Arreola, Ernesto Mejía Sánchez, Henrique González Casanova y Jorge Hernández Campos. La colección se caracterizó por su alta calidad, así como por los accesibles precios de venta.

El primer libro publicado fue El retorno (1950), de Mejía Sánchez. Hasta 1954 se editaron diez obras en total. Las ediciones tuvieron que suspenderse, por falta de medios económicos. Sin embargo, ese mismo año, Arreola decidió encargarse de la colección por cuenta propia y en los seis meses siguientes ya había publicado 25 libros. El primero de ellos fue una novela corta de Elena Poniatowska, Lilus Kikus.

En una entrevista aparecida en la revista Hoy (23 de julio de 1955), Arreola comenta que no tuvo intenciones de comenzar una nueva colección, pero al publicar Lilus Kikus, se dio cuenta de que era todavía posible realizar libros a bajo costo en México. Así, decidió reanudar "Los presentes". Arreola tenía entre sus propósitos dar a conocer las obras de los jóvenes poetas, ensayistas, novelistas y cuentistas mexicanos.

La Impresora Juan Pablos fue la encargada por un tiempo de imprimir los libros. Posteriormente, Arreola adquirió las máquinas necesarias para imprimirlos él solo. La colección llegó a 50 títulos. Finalmente, tuvo que suspenderse en 1956 por cuestiones económicas. Dos años después Arreola funda la colección "Cuadernos del Unicornio" (1958-1959), en la que continuará con los objetivos de "Los Presentes" y divulgará las primeras obras de escritores como Eduardo Lizalde, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, José Alvarado y Fernando del Paso, entre otros.


MIEMBROS INTEGRANTES
Este visor fue inspirado por el que desarrolló E-Algorab en la Academia Mexicana de la Lengua.
Arreola, Juan José Fundador y director
Mejía Sánchez, Ernesto Fue editor de la primera serie