Enciclopedia de la Literatura en México

Ciro B. Ceballos

Ángel Muñoz Fernández
1995 / 28 nov 2017 10:06

Nació en 1873 y murió en 1938 en Tacubaya, D.F. Abandonó la Escuela de Jurisprudencia para dedicarse al periodismo. Perteneció al grupo de escritores que introdujeron el Modernismo en México. Fue crítico literario y de arte. Director de El Intransigente. Colaboró en El Imparcial, El Universal y la Revista Moderna. 

Notas: Aurora y ocaso son dos volúmenes, uno 1867 a 1906 y el otro 1867 a 1911, ambos con el mismo pie de imprenta.

 

Ciro Benjamín Ceballos, periodista, escritor, diputado constituyente, nació en Tacubaya el 31 de enero de 1873 y murió en la misma ciudad el 13 de agosto de 1938. Hijo de José María Ceballos y Manuela Bernal. Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela de Jurisprudencia, que abandonó para dedicarse al periodismo.

Según él mismo reveló, Amado Nervo lo presentó en la redacción de El Nacional, donde comenzó a colaborar en 1894 con cuentos y críticas literarias. Fue uno de los participantes de la sección “Cuentos mexicanos” de El Nacional, en 1897; textos que para finales de ese año fueron compilados en el libro homónimo con relatos de Ceballos, José Juan Tablada, Rubén M. Campos, José Ferrel, Alberto Leduc, Rafael Delgado, Bernardo Couto Castillo, entre otros.

De su abundante producción ficcional, Ceballos seleccionó diez narraciones para su primer libro Claro-obscuro (1896). Se trata de una obra desigual, con relatos bien logrados junto a textos imperfectos, en los que, sin embargo, ya se pueden advertir las características de su prosa: barroca, de léxico rebuscado, con temas y motivos de tendencia decadentista como el asesinato, la violación, los problemas de la urbe; así como personajes como la femme fatale, el héroe melancólico y algunos más.

Para entonces, Ceballos ya era parte del grupo autonombrado decadentista, que hizo del bar el principal espacio de sociabilidad; ahí departía, entre otros, con Couto Castillo, Balbino Dávalos, Tablada, Jesús E. Valenzuela, Julio Ruelas, quien hizo un retrato a tinta de Ceballos que apareció en el óleo La paleta (1900), del mismo artista.

También hacia 1896, Ceballos colaboraba con El Mundo Ilustrado, semanario de Rafael Reyes Spíndola, donde dio a conocer otra serie de cuentos, algunos de los cuales reunió en Croquis y sepias (1898). Este segundo libro consta de 15 relatos que continúan las temáticas decadentistas, con marcadas características naturalistas, en los que están presentes el discurso médico del positivismo, los personajes de actualidad individuales como una institutriz feminista o un asesino psicópata, y colectivos como obreros y personajes propios de la urbe.

Poco después, Ceballos formó parte del grupo fundador de la Revista Moderna (1898-1903), que dirigió y patrocinó Jesús E. Valenzuela. Ahí se distinguió por su proyecto “Seis apologías”, en el que realizó la semblanza crítica de Balbino Dávalos, Rafael Delgado, Julio Ruelas, Jesús E. Valenzuela y Jesús Urueta (tal vez faltó una o fue publicada en un número-prospecto, hoy desconocido). En estos textos el autor mezcló el retrato literario, la anécdota autobiográfica y la crítica para ensalzar los valores de los artistas a quienes dedicó las piezas. Estas y otras semblanzas –las de Amado Nervo, José Ferrel, Heriberto Frías, Bernardo Couto Castillo y Alberto Leduc– las reunió en su tercer libro, En Turania (1902), que escandalizó por su crítica frontal a la política cultural de Justo Sierra y por su notable distanciamiento con Tablada. El libro apareció mientras Ceballos se encontraba en la Cárcel de Belén, a causa de haber fundado, con Álvaro Pruneda y Carlos Toro, el semanario festivo antiporfirista Diógenes. Fue luego redactor del popular hebdomadario bicolor de caricaturas Tilín-Tilín. Semanario Humorístico, Ilustrado, de Política, Teatros y Literatura (1904-1908), de gran formato y pocas páginas, auspiciado por el grupo del general Bernardo Reyes.

En la Revista Moderna también habían visto la luz algunos cuentos que, junto con otros publicados en El Universal –periódico en el que colaboró como redactor entre 1901 y 1902–, agrupó en un extenso volumen de 35 relatos de diferente calidad: Un adulterio (1903). La portada, ejecutada por Julio Ruelas, ilustra el tema del primero, mismo que da título al libro: el adulterio que comete una bella mujer, engañando a su marido con un gorila. Este volumen fue su despedida del mundo literario.

Distanciado de algunos escritores adictos al Porfiriato y, por ende, de la Revista Moderna, Ceballos se dedicó exclusivamente al periodismo político, de crítica y caricaturas, y al ensayo histórico. Desde En Turania había hecho también la crítica frontal a las empresas de Reyes Spíndola, cuyas publicaciones El Imparcial, El Mundo y El Mundo Ilustrado eran subvencionadas por el Gobierno. En 1905 publicó el folleto político La oreja de Picaluga, sobre José María Iglesias. Colaboró para El Progreso Latino donde criticó la novela de Carlos González Peña (De noche) y alabó los Ensayos de Pedro Henríquez Ureña. En 1907 dio a la luz pública Aurora y ocaso (por los cuistres). Ensayo histórico de política contemporánea, 1867-1906, donde hizo una revisión periodística de dicha etapa política y entabló una diatriba contra el grupo Científico, en particular contra Justo Sierra; la obra fue patrocinada por Rodolfo Reyes. En 1910 publicó dos folletos más, Confraternidad internacional y La fuerza de la democracia, y en 1912, la segunda parte de Aurora y ocaso: Revolución de Tuxtepec.

Fue partidario del general Reyes. Dirigió El Intransigente en la época maderista, y tras el cuartelazo de Victoriano Huerta, acompañó a Venustiano Carranza a la frontera norte. Participó en El Demócrata, y entre octubre y noviembre de 1914 dirigió El Liberal (que sustituyó a El Imparcial al que cambió el nombre y la línea ideológica), en el que publicaba el artículo editorial.

Fue diputado propietario del Congreso Constituyente por el Onceavo Distrito en Querétaro, 1916-1917, y perteneció a la comisión de corrección de estilo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con Marcelino Dávalos y Alfonso Cravioto. Tras promulgarse la Constitución, dirigió el periódico carrancista El Pueblo, desde cuyas páginas se dedicó a argumentar la defensa de la paz constitucional frente a la guerra infructuosa.

Dirigió la Biblioteca Nacional de México de abril de 1917 a noviembre de 1918. Entre 1919 y 1921 tuvo a su cargo el Archivo General de Guerra. Fue miembro de la Comisión de Historia de los Archivos Generales del Estado entre 1922 y 1924, y fue profesor de historia en la Escuela de Procesados Militares. Publicó un par de prólogos: al libro de Canciones, cantares y corridos mexicanos (1925), de Higinio Vázquez Santa Ana, y a la edición del Proceso del ex general Antonio López de Santa Anna (1926), del editor David Carrillo. Colaboró con artículos editoriales en El Demócrata, entre 1925 y 1926; en la revista Crisol de 1929 a 1931, y en El Nacional Revolucionario de 1929 hasta su muerte; ahí publicó varios artículos contra José Vasconcelos y algunas biografías en la columna “Perfiles”. Ceballos desempeñaba por entonces un modesto empleo en el Departamento de Estadística.

En los últimos años de su vida, probablemente a partir de 1934 y hasta 1938, redactó unas memorias de veinte años de su vida. Al fallecer dejó dos pequeños hijos huérfanos; su viuda entregó al Excelsior sus memorias, que aparecieron bajo el título Panorama mexicano 1890-1910, en el que Ceballos retrató las costumbres del gremio literario y periodístico, la vida y los personajes de la Ciudad de México del Porfiriato, sus bares, restaurantes, lugares de diversión, empresas periodísticas que él conoció; narró anécdotas de escritores, políticos, periodistas, artistas, toreros, empresarios, etcétera.

Su obra fue recibida con entusiasmo por sus contemporáneos, quienes reiteradamente señalaron la novedad de su prosa, llena de palabras en desuso y algunos neologismos; alabaron la contundencia de su estilo e hicieron la crítica a la estructura, la verosimilitud de los personajes o las situaciones descritas, pero casi siempre como aspectos a mejorar en nuevos trabajos. El punto más mencionado por la crítica negativa fue, también, su uso del lenguaje. De Claro-obscuro (1896) se publicaron varias de ellas en El Nacional: Amado Nervo, Rubén M. Campos, Manuel Larrañaga Portugal y José Ferrel. Juan Valera opinó, en una de sus “Cartas americanas”, que en el lenguaje y en el estilo habían elementos de censura, “sobre todo gran cantidad de neologismos” innecesarios, si bien le reconoce “verdadera elocuencia y mucho brío y viveza de imaginación para pintar las pasiones y actos humanos”.[1]

Croquis y sepias (1898) tuvo diversas críticas: Rubén M. Campos, en La Patria; Manuel M. Panes, en El Universal; José María Facha, en El Estandarte; Juan Sánchez Azcona, en El Nacional; Efrén Rebolledo, en La Patria de México; Victoriano Salado Álvarez, en De mi cosecha, y a modo de recepción, José Ferrel publicó en Revista Moderna un cuento en respuesta a “El caso de Pedro” que le dedicó Ceballos. La obra cuenta con un estudio y edición crítica, hasta ahora inédita, de Laura Valdovinos.[2] 

En Turania (1902) fue un libro ignorado por la crítica, tal vez por los ataques frontales a Sierra y las descalificaciones a Tablada, Luis G. Urbina y otros. Miguel de Unamuno en su sección “De literatura hispano-americana”, en La Lectura, al recibir un ejemplar le dedicó un artículo donde descalificó frases y vocablos, y reprochó el “bombo mutuo” y la “vanidad literaria” que en él se advertía. En cambio, en sus diarios y memorias, Federico Gamboa y Nemesio García Naranjo, respectivamente, reconocieron que en la Ciudad de México todos hablaban de este libro en el que se hacían juicios severos. Existe una edición crítica preparada por Luz América Viveros Anaya, En Turania. Retratos literarios (1902) (unam, 2010).

Un adulterio (1903) también pasó inadvertido para la crítica; Ceballos se había distanciado de quienes podrían haber escrito la valoración de su libro. No obstante, fue anunciado en La Patria de México con elogios: “estilo original, poderoso e intenso, que da a sus narraciones una vida palpitante, acusando en su autor la osadía de un temperamento fuerte y apto para la lucha”, aunque se advierte que recomiendan la obra “a los que carezcan de principios y mojigaterías” (13 de junio de 1903). Contrario a este silencio, Djed Bórquez (Juan de Dios Bojórquez) afirmó que ese volumen “tuvo enorme circulación en la República, acaso la más abundante que en aquellos años se obtuvo en el país” (El Nacional, 16 de agosto de 1938). La editorial Premiá la reeditó en 1982.

Una selección de su obra ficcional se encuentra en Croquis y sepias, con prólogo de Ana Laura Zavala Díaz (conaculta, 2012), misma investigadora que analiza, en otro volumen, los elementos decadentistas de su obra narrativa, en De asfódelos y otras flores del mal mexicanas. Reflexiones sobre el cuento modernista de tendencia decadente, 1893-1903 (unam, 2012). Otro estudio relevante de temas y de contexto finiseculares es el de José Mariano Leyva, Perversos y pesimistas. Los escritores decadentes mexicanos en el nacimiento de la modernidad (Tusquets, 2013).

Sus memorias fueron editadas por Viveros Anaya: Panorama mexicano, 1890-1910 (unam, 2006). Hasta antes de su rescate tanto del Panorama mexicano como de En Turania, la obra de Ceballos había permanecido poco estudiada, y los acercamientos al autor fueron solamente como uno más del grupo fundador de Revista Moderna y como acre panfletista (véanse los ensayos de Héctor Valdés, en los Índices de la “Revista Moderna”, y de Julio Torri, recogido como prólogo a la edición facsimilar de la Revista Moderna).

Sin embargo, la revisión de la historia de las letras finiseculares (específicamente La construcción del modernismo, unam, 2001 y 2012) ha permitido valorar el papel relevante que Ceballos tuvo en la conformación de la identidad del grupo decadentista con su proyecto de semblanzas, así como con su aportación a la poética de tendencia decadente, lo que ha propiciado que actualmente se reediten sus textos (Un adulterio, en la colección Licenciado Vidriera, unam, 2014 con introducción de Carlos Alberto Gutiérrez; Tres novelas cortas, El Colegio de San Luis, 2013, coordinación editorial y estudio de Christian Sperling) y se estudie su obra en tesis de licenciatura y maestría.

Seudónimos:
  • C.B.C.

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