Joaquín Arcadio Pagaza


Nació en Valle de Bravo, Estado de México, en 1839 y murió en Xalapa, Veracruz, en 1918. Canónigo de la Catedral de México. Rector del Seminario de México. Obispo de Veracruz. Distinguido humanista y poeta. Una parte importante de su obra quedó inédita y se ha perdido.

Última actualización: 23 de agosto de 2013 a las 22:05

Publica hoy Revista Moderna la máscara del egregio poeta que los arcades de Roma conocen con el nombre de pluma Clearco Meonio. La lírica de este exquisito poeta, amante cultivador de un puro latinismo, vertida en severos moldes clásicos y castigada por un principio de rigidez estético, no es ni puede ser popular, siendo por esencia aristocrática y entrañando una pureza impenetrable para el vulgo.

No se entiende por esto que el clasicismo de Pagaza sea el de aquellos que hacen lenguaje incapaces de hacer poesía y que por ostentar un inoportuno giro cervantesco, resultan anquilosados, y por su vano alarde sacrifican fragancias de idea y profundidades de emoción. Hondamente sentidas, las impresiones del Obispo Pagaza, son transmitidas al lector con artificio eficaz e infalible. Por el sendero virgiliano llega el poeta a maravillosas visiones, y su numen de ricas que parecían estériles, ha habido arrancar musicales y claras fuentes de poesía. La bucólica, los episodios agrícolas, los sitios rurales, no tienen secretos para él. Un idilio pastoril surge con encanto flamante al conjuro del numen; un eterno aire de amor, un ingenua oarystis reaparece con avasalladoras magias. El numen de Pagaza se integra a la naturaleza en la intensas comuniones de un ferviente panteísmo.

Sus paisajes, honda y directamente sentidos, dejan el marco clásico, adquieren color, atmósfera y sol y el cuadro que se nos antojaba velado por cánones y sistemas, palpita y hace horizontes.

Algunas de esas poesías son impresiones de la naturaleza tan enérgicas y sugestivas como en pintura los cuadros memorables de la escuela de Barbizon.

En los cuatro rasgos de esta “máscara” no caben ni el análisis ni el elogio que merece la obra lírica de un poeta tan alto. Dejemos, pues, en la memoria del lector los tercetos de un soneto de Pagaza tan bello como el famoso “A un poeta”, tercetos que destilan miel, gotean balsámica resina, suenan con música de frondas y envuelven el ánimo en una dulce sensación de íntimo amor y grave quietud.

“Oye… se arrastran sobre el techo herboso
los tiernos sauces con extraño brío.
Al mecerlos el viento vagaroso,
que, trayendo oleadas de rocío
por las rendijas entra querelloso;
prende el fogón, amiga, tengo frío.”

José Juan Tablada

Última actualización: 06 de septiembre de 2013 a las 12:01

Ficha de diccionario de

Publica hoy Revista Moderna la máscara del egregio poeta que los árcades de Roma conocen con el nombre de pluma de Clearco Meonio. La lírica de este exquisito poeta, amante cultivador de un puro latinismo, vertida en severos moldes clásicos y castigada por un principio de rigidez estético, no es ni puede ser popular, siendo por esencia aristocrática y entrañando una pureza impenetrable para el vulgo.

No se entiende por esto que el clacisismo de Pagaza sea del de aquellos que hacen lenguaje incapaces de hacer poesía y que por ostentar un importuno giro cervantesco, resultan anquilosados, y por su vano alarde sacrifican fragancias de idea y profundidades de emoción. Hondamente sentidas, las impresiones líricas del Obispo Pagaza, son transmitidas al lector con artificio eficaz e infalible. Por el sendero virgiliano llega el poeta a maravillosas visiones, y su numen de rocas que parecían estériles, ha habido arrancar musicales y claras fuentes de poesía. La bucólica, los episodios agrícolas, los sitios rurales, no tienen secretos para él. Un idilio pastoril surge con encanto flamante al conjuro del numen; un eterno aire de amor, un ingenuo oarystis reaparece con avasalladoras magias. El numen de Pagaza se integra a la naturaleza en las intensas comuniones de un ferviente panteísmo.

Sus paisajes, honda y directamente sentidos, dejan el marco clásico, adquieren color, atmósfera y sol y el cuadro que se nos antojaba velado por cánones y sistemas, palpita y hace horizontes.

Algunas de esas poesías son impresiones de la naturaleza tan enérgicas y sugestivas como en pintura los cuadros memorables de la escuela de Barbizon.

En los cuatro rasgos de esta “máscara” no caben ni el análisis ni el elogio que merece la obra lírica de un poeta tan alto. Dejemos, pues, en la memoria del lector los tercetos de un soneto de Pagaza tan bello como el famoso “A un Poeta”, tercetos que destilan miel, gotean balsámica resina, suenan con música de frondas y envuelven el ánimo en una dulce sensación de íntimo amor y grave quietud.

“Oye… se arrastran sobre el techo herboso
los tiernos sauces con extraño brío.
Al mecerlos el viento vagaroso,
que, trayendo oleadas de rocío
por las rendijas entra querelloso;
prende el fogón, amiga, tengo frío.”

José Juan Tablada

Última actualización: 06 de diciembre de 2013 a las 10:30

Sacerdote y escritor. Ordenado en 1862 en Orizaba, ofició en el Sagrario Metropolitano, fue nombrado rector del seminario en 1891 y consagrado obispo de Veracruz en 1895. Del contacto profundo con la naturaleza, por haber sido párroco de Taxco, Cuernavaca y Tenango del Valle, sacó su inspiración como poeta bucólico. Heredero de la tradición clásica, fue un poeta traductor admirado por los modernistas: Balbino Dávalos, su amigo y más cercano consejero, le dedicó su traducción de un poema de Verlaine (Sagesse II, I), Gutiérrez Nájera y Justo Sierra discutieron sobre el origen de la inspiración de Pagaza, y Tablada le dedicó un texto en las “Máscaras” (1905), sección de la Revista Moderna dedicada a retratar a algún intelectual ilustre de la época. Según Conde Ortega, “el trabajo literario de Pagaza se dividió [...] entre su producción original y su labor de traductor. Virgilio fue su guía y su maestro; a través de sus ojos pudo dirigir los suyos a una contemplación de la naturaleza entrañablemente propia”. Sus textos, publicados en varias revistas de fines del XIX y principios del XX (El Renacimiento, Azul y Revista Moderna, entre otras), fueron reunidos en una Antología poética (Gobierno del Estado de México, 1969). Además de su propia obra poética, Pagaza dedicó gran parte de su vida a la traducción de Virgilio y Horacio. Las Églogas de Virgilio fueron publicadas primero en su libro Murmurios de la selva (México, Francisco Díaz de León, 1887), volumen en el que el autor incluye ensayos poéticos y poemas suyos. Algunos años más tarde apareció Algunas trovas últimas (1893), volumen que incluía versiones “mesuradamente parafrásticas” de veinticinco odas horacianas, un fragmento del libro iv de la Eneida, las versiones del latín de la égloga Nysus de Francisco Javier Alegre, así como del libro i (“Los lagos de México”) de la Rusticatio mexicana de Rafael Landívar. De 1905 es el volumen Horacio. Versión parafrástica de sus odas (Xalapa, El Progreso), mientras que en 1913 (Xalapa, Imprenta Católica) aparecieron las Obras completas de Publio Virgilio Marón, vertidas al castellano por Clearco Meonio, nombre poético de Pagaza en la Arcadia de Roma. Esta obra, cuya tirada no rebasó los veinticinco ejemplares, estuvo precedida algunos años antes por Virgilio. Traducción parafrástica de las Geórgicas, cuatro libros de la Eneida (Io, 2o, 4o y 6o) y dos Églogas (Xalapa, Luis Junco, Sucesor, 1907), edición en la que se menciona: “van añadidas algunas otras paráfrasis ya publicadas y apenas conocidas, con dos poesías originales del traductor”. Las traducciones de Pagaza fueron aclamadas no solo por sus contemporáneos mexicanos, como Dávalos y más tarde el traductor de letras clásicas Méndez Plancarte, quien lo definió como el “alma gemela” de Virgilio, sino también por Menéndez Pelayo, que se declaró “maravillado” por su Horacio. Quizá un rasgo notorio del Pagaza traductor sea la introducción deliberada de la paráfrasis, lo que le permitió dar rienda suelta a su inspiración (los 566 versos originales de las Geórgicas se convierten en 1125 en la traducción), pero también le ocasionó algunas críticas por parte de los especialistas. Para Manuel Toussaint, “se asemejaba tanto a Virgilio que era incapaz de traducirle”, mientras que para Rubén Bonifaz Nuño, gran admirador suyo, no solo por sus cualidades artísticas sino por su humanismo y apego a México, “al verter las odas de Horacio las acercó a su índole mexicana; se apropió de ellas mediante esa suerte de tendencia descolonizadora de nuestro humanismo”. En cambio, las traducciones literales de Virgilio, entre las que destacan las Églogas, constituyen para Roberto Heredia Correa “una de las traducciones más hermosas de estos poemas que tiene la lengua castellana”. Pagaza tradujo todo Virgilio en dos versiones y, como dice Quiñones Melgoza, “murió de pie ante su obra”. El homenaje que le rindieron los latinistas de la UNAM, encabezados por Sergio López Mena en 1992, da cuenta de la importancia que cobró a lo largo de los años como traductor de Virgilio y Horacio.

Bibl.: Rubén Bonifaz Nuño, “El humanismo de Joaquín Arcadio Pagaza” en S. López Mena (ed.), Homenaje a Joaquín Arcadio Pagaza, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1992, 23-39. || José Francisco Conde Ortega, Joaquín Arcadio Pagaza y el siglo XIX mexicano, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 1991. || Balbino Dávalos, “Joaquín Arcadio Pagaza, el hombre y el poeta”, Ábside. Revista de Cultura Mexicana III:3 (1939), 8-24. || Roberto Heredia Correa, “Joaquín Arcadio Pagaza, traductor de Virgilio” en S. López Mena (ed.), Homenaje a Joaquín Arcadio Pagaza, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1992, 141-157. || Sergio López Mena, “Prólogo” en Virgilio, Geórgica Tercera. Trad. de J. A. Pagaza, ed. de S. López Mena, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2001, 7-21. || José Quiñones Melgoza, “Pagaza, traductor de Horacio” en S. López Mena (ed.), Homenaje a Joaquín Arcadio Pagaza, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1992,159-178. || Manuel Toussaint, “Pagaza, traductor de Virgilio”, Ábside. Revista de Cultura Mexicana III:3 (1939), 38-50.

Fernando Cisneros y Danielle Zaslavsky

Última actualización: 17 de junio de 2015 a las 10:33

Seudónimos:

  • Clearco Moenio

Catálogo de seudónimos, anagramas, iniciales y otros alias usados por escritores mexicanos y extranjeros que han publicado en México, de María del Carmen Ruiz Casañeda y Sergio Márquez Acevedo (México: Universidad Nacional Autónoma de México / Instituto de Investigaciones Bibliográficas [Instrumenta Bibliographica; 6], 2000).


 
 
Grabado: Julio Ruelas
Grabado: Julio Ruelas

Joaquín Arcadio Pagaza

1839
Valle de Bravo, Edo. de México
1918
Xalapa, Veracruz


OBRA PUBLICADA


BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA

Institución (es):
Academia Mexicana de la Lengua
Fecha de ingreso: 1900