Enciclopedia de la Literatura en México

María Enriqueta Camarillo y Roa de Pereyra

Ángel Muñoz Fernández
1995 / 27 jul 2017 18:36

Nació en Coatepec, Veracruz, en 1875 y murió en la Ciudad de México en 1968. Poetisa, narradora y novelista. Esposa de Carlos Pereyra. Políglota y humanista. Miembro correspondiente de la Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes. Sus obras fueron publicadas en numerosos periódicos y revistas como Azul, El Mundo Ilustrado, etc.

Nació en el seno de una familia acomodada y de recia estirpe conservadora. Los primeros años de su infancia transcurrieron en su ciudad natal, en donde se inició como creadora; según nos narra en sus memorias, compuso su primera prosa a los seis años. Al mismo tiempo comenzó a dibujar y a tocar el piano.

En el año de 1879 se trasladó con su familia a la capital del país pues su padre, don Alejo Camarillo, fue electo diputado federal para representar a su cantón. Ya en México ingresó en 1887 al Conservatorio Nacional, donde cursó la carrera de pianista. En 1895 recibe el diploma de maestra de piano y se dedica a dar conciertos, audiciones y clases de música. Ese mismo año publica su primer cuento en la Revista Azul; antes —en 1894— había publicado en El Universal una serie de poemas bajo el seudónimo de Iván Moszkowski, éstos tuvieron tal acogida que se atrevió publicar con su nombre de pila a partir de entonces. Aunque publicó en los órganos del modernismo y tuvo relación con sus miembros, prefirió mantenerse al margen de esta tendencia.

En 1894 se trasladó con su familia a Nuevo Laredo, en donde su padre debía cumplir el cargo de administrador del timbre. Desde allí envía sus colaboraciones a la Revista Azul, El Mundo Ilustrado, El Espectador de Monterrey y La Crónica, de Guadalajara. En 1898 se casó con el historiador Carlos Pereyra y se instalaron en la Ciudad de México, en donde María Enriqueta, además de dedicarse a escribir y dibujar, compuso algunas obras musicales. En 1902 apareció su primer libro, Las consecuencias de un sueño. A partir de entonces publicará una serie más de cuento, novela, novela corta, poemas, relatos de viaje y memorias. Sus Rosas de la infancia fueron durante años los libros de lectura obligatorios en las escuelas primarias mexicanas. A principios de febrero de 1910 salió a La Habana, con su esposo, que había ingresado al servicio diplomático, y que fungió como primer secretario de la embajada de México. En 1913 se trasladaron a Europa, pues Carlos Pereyra fue nombrado embajador en Bélgica y Holanda, con residencia en Bruselas. Allí permanecieron hasta que debido a la primera guerra mundial y al desarrollo de la Revolución mexicana, hubieron de cerrar la embajada. Después de una corta y penosa estancia en Lausanna, Suiza, se instalaron en Madrid en 1916. En Madrid, María Enriqueta escribió y publicó la mayor parte de su obra en libros, periódicos y revistas. Ganó varios premios y fue traducida al francés, al portugués y al italiano. En 1942 murió su esposo y María Enriqueta pensó en retornar a la patria, pero sólo lo hizo hasta 1948; se instaló en la Ciudad de México y ahí murió veinte años después, sola y olvidada.

Perteneció a la familia Roa Bárcena, destacado linaje dentro de la sociedad y la cultura porfiriana. Debido a la actividad política de su padre, radicó en la capital del país y en Nuevo León. Obtuvo el título de maestra de piano en el Conservatorio. Publicó algunos poemas para el suplemento de El Universal (1894), bajo el pseudónimo de “Iván Moskowski”, y en la Revista Azul (1895). Regresó a la capital casada con el historiador Carlos Pereyra, en 1898. Durante esos años, y aún después de dejar el país, escribió para distintas publicaciones: El Mundo Ilustrado, El Espectador (Monterrey), La Crónica (Guadalajara), Don Quijote (Ciudad Juárez), Argos, Nosotros, La Falange, entre otros. Organizó tertulias literarias y estuvo cerca de quienes formaron el Ateneo de la Juventud. Por la carrera diplomática de su esposo realizó constantes viajes a La Habana (1910), a Washington (1911), a Bélgica y Holanda en los años siguientes. Tras la caída de Huerta y debido a la guerra mundial se refugió con su esposo en Suiza. En 1918 se autoexiliaron en Madrid. La posibilidad de conocer algunos países y la influencia familiar enriquecieron la formación humanística de la autora y le permitieron aprender y dominar el inglés, el francés y el italiano. De 1911 a 1913 trabajó en los libros de lectura Rosas de la infancia, que por muchos años fueron considerados básicos para la enseñanza de la lengua en la instrucción primaria. Los años que radicó en España permitieron que su obra se diversificara; además de poesía, publicó cuentos infantiles, novela, ensayo, traducciones e incursionó en el periodismo hispano. Al regresar a México, en 1948, colaboró en La Prensa (San Antonio, Texas), La Opinión (Los Ángeles, California), El Informador (Guadalajara), El Heraldo (Chihuahua) y algunas otras publicaciones.

María Enriqueta Camarillo Roa de Pereyra, poeta y narradora, tomó en su obra poética elementos de distintas corrientes literarias: del romanticismo, del modernismo y de la lírica popular española; manejó situaciones de angustia, tristeza, melancolía y dolor; sus versos con carga social y educativa son también un canto al desengaño. Sus novelas cortas, relatos y cuentos infantiles, todos sencillos y didácticos, simbolizan personajes y situaciones gratas y sabias. El volumen Rosas de la infancia reúne cuentos, poemas y fábulas. El secreto, novela de corte psicológico, fue incluida en la colección francesa Les Cahiers Feminins, como representativa de la literatura hispanoamericana. Destacan sus libros de viajes y memorias como Del tapiz de mi vida, recuerdos de la infancia; Sorpresas de la vida, experiencias durante su estancia en Suiza; Brujas, Lisboa, Madrid y Álbum sentimental, recuerdos de viajes en verso.

Rosario Páez
2018 / 16 nov 2018 12:44

María Enriqueta Camarillo y Roa, poeta, novelista, narradora y traductora, además de mujer dedicada a la pintura, el dibujo y la música; nació el 19 de enero de 1872 en la ciudad de Coatepec, en Veracruz; sus padres fueron Alejo Camarillo y Dolores Roa Bárcena; tuvo sólo un hermano, José Leopoldo Camarillo y Roa.[1]

En 1878, a la edad de 6 años, tuvo su primera experiencia como escritora con una pequeña prosa que la autora calificó años después como una herejía, pues aunque hablaba de Dios como sinónimo de bondad, la tituló “El titán de los vicios”; y cuando contaba con apenas 15 años escribió una de sus primeras obras musicales, un Schottisch para piano titulado “Entre rosas”. Vivió en su ciudad natal hasta 1879 cuando su familia y ella se trasladaron a la Ciudad de México, fue entonces que ingresó al Conservatorio Nacional de Música en 1887, graduándose en 1895 como Maestra de Piano.

María Enriqueta Camarillo destacó más en el ámbito literario al que ingresó formalmente el 22 de julio de 1894 bajo el pseudónimo de Iván Moszkowski, cuando en la sección literaria de El Universal, tuvo lugar su primera publicación, con el poema titulado “Hastío”. Luego de la buena recepción que tuvo aquel poema, el 27 de julio en la misma sección, le fue publicado otro al que llamó “Ruinas”; a partir de entonces firmaría como María Enriqueta y comenzaría su recorrido por las revistas literarias de la época. Fue Manuel Gutiérrez Nájera quien la presentó en el ámbito de las letras en la Revista Azul, en la que colaboró entre 1894 y 1896, y donde presentó el cuento El maestro Floriani. Luego de 1897 publicó algunos poemas en El Mundo Ilustrado; El espectador, de Monterrey; La crónica, de Guadalajara; Don Quijote, de Ciudad Juárez; en Argos, Nosotros, México Moderno, La Falange y Antena.

En 1896 su padre fue nombrado Administrador del Timbre en Nuevo Laredo, por lo que la familia tuvo que trasladarse a aquella ciudad fronteriza, ahí la escritora continuó con su vida entre la música y las letras, pues siguió enviando sus poemas al periódico El Universal. Fue en su estadía en el norte de México cuando conoció al historiador y diplomático Carlos Pereyra con quien contrajo nupcias el 7 de mayo de 1898.

Debido a la carrera pública de Carlos Pereyra, y luego del enlace matrimonial, la autora se trasladó con su familia y su esposo a la Ciudad de México, donde siguió entre la creación literaria, el dibujo y la pintura. La alegría de la escritora al ver publicado, en 1902, su primer libro denominado Las consecuencias de un sueño: poema en dos cantos, se vio nublada por el deceso de su padre, ocurrido en 1903, este suceso marcó su vida y se plasmó en su obra poética y autobiográfica. No obstante, recibiría la alegría de ver publicado su segundo libro de poemas, Rumores de mi huerto, en 1908, con prólogo de Victoriano Salado Álvarez, quien elogió de manera vehemente la obra de María Enriqueta.

En febrero de 1910 parte con su esposo a Cuba debido al nombramiento de éste como Encargado de Negocios de México en aquella isla, volviendo en noviembre del mismo año. En enero de 1911 se trasladaron a Washington, aunque volverían a México a los pocos meses. En 1913 la Casa Bouret, de México, le solicitó hiciese una obra de lecturas escolares para niños, labor que aceptó y dio origen a Rosas de la infancia, este libro de texto publicado en cinco tomos fue adoptado para su uso en las escuelas oficiales de México y el último tomo, dedicado al sexto año de primaria, fue dado a conocer hasta 1957.

En 1914 Rosas de la infancia fue publicada en París por la misma casa editorial y en 1930 fue premiada con el “Diploma de Honor” en la Exposición Ibero-Americana de Sevilla, por la calidad de su contenido; cabe mencionar que el dibujo incluido en la portada del libro fue diseñado por la propia María Enriqueta.[2] Fue en el sexenio de Lázaro Cárdenas que estos libros fueron retirados por la Secretaría de Educación Pública por considerar que se hacía uso excesivo de la imaginación provocando “que los niños se alejaran de su realidad, creando en ellos conceptos falsos de su propia infancia y de la sociedad en que vivían”.[3] No obstante, serían rescatados del olvido hacia 1958 cuando se inicia la reedición de esta obra.

En agosto de 1913 María Enriqueta partió a Europa con su esposo, quien fue nombrado ministro de México en Bélgica y Países Bajos, residiendo en Bruselas; sería el 25 de octubre del mismo año cuando la escritora enfrentaría la pérdida de su madre, Dolores Roa, personaje que se sumaría a la ficción de sus cuentos y versos donde sus seres queridos ya muertos recobraban vida; no obstante, en este intento de darles vida, se percibe en sus líneas la tristeza, el dolor y la melancolía que la acompañaría largo tiempo.

Debido a los acontecimientos bélicos de la época el matrimonio partió a Lausana, Suiza, en noviembre de 1914, donde María Enriqueta siguió dedicada a la escritura y el dibujo, otra de las artes por ella practicada. Posteriormente, luego de recorrer Alemania, Italia y Mónaco, en junio de 1916, el matrimonio partió rumbo a España, donde permanecieron por más de 30 años y donde además de trabajar como traductora, continuó con el fomento de la escritura.

Al poco tiempo de instalados en Madrid, en 1918, fue publicada su primera novela, Mirlitón, el compañero de Juan, la que tuvo una buena acogida por la prensa española. Aquí cabe mencionar la sencillez que envolvía el espíritu de María Enriqueta, pues no obstante su trayectoria y prestigio, ella deseaba abrirse camino en el ámbito literario de España como cualquier aspirante a escritor, fue por ello que decidió participar, en 1918 bajo un pseudónimo del que no hay registro, en un concurso de cuento y poesía convocado por la revista literaria madrileña Blanco y Negro con el cuento de ficción “La revelación de las ánforas”, el que fue declarado ganador del concurso. Ésa fue la entrada de la escritora al mundo de las letras españolas. De ahí en adelante iniciaría una serie importante de publicaciones en España: Jirón del mundo, en 1919; Sorpresas de la vida, en 1921; El secreto y Rincones románticos, ambos en 1922; Entre el polvo de un castillo, de cuentos infantiles, en 1924; El secreto de su muerte, en 1925; todos estos caracterizándose por ser de una rica prosa fluida y sentimental.

En su larga estancia en el extranjero, la pluma de María Enriqueta siguió ágil y fue mostrando en sus obras la descripción de otras formas de vida; y con ese deseo de seguir participando en las publicaciones de su patria, colaboró en la revista México Moderno, una publicación independiente, que tuvo vida de 1920 a 1923, con gran influencia del Ateneo de la Juventud, y en la que sólo participaron dos mujeres: Gabriela Mistral y ella. Durante su residencia en Madrid, la autora también generó la mayor parte de sus libros, lo que le sirvió sin duda de desahogo, luego de la muerte de su hermano Leopoldo, en noviembre de 1923, un dolor más que su espíritu creador traduciría en versos y prosa. Así quedaría también plasmada la emotividad y sensibilidad en su obra El secreto, cuando en 1925, fue seleccionada en París para representar la literatura hispanoamericana femenina[4] y se tradujo al francés para formar parte de la serie de libros Les cahiers feminis; posteriormente, se haría la traducción al portugués e italiano, lo que mostraba el reconocimiento a su obra.

Quizá la belleza y feminidad valorada en la obra de María Enriqueta, también tuvo que ver con lo que ella consideró era la sensibilidad y libertad de pensamiento en la escritura. Una de las características a destacar de nuestra autora es que sus originales no los escribió en máquina de escribir, ni con tinta o pluma, sino con lápiz y en hoja blanca, por considerar que “las rayas velan y cortan libertad a sus ideas, como si fuesen rejas de cárcel”[5] y usaba el lápiz y la goma para poder borrar a su antojo dejando sólo lo que consideraba digno. La autora pensaba que sus escritos también debían ser aprobados por la vista y como no podía ver con claridad sus textos si en ellos había tachaduras, es por eso que se veía obligada a cuidar el orden de sus manuscritos, de su limpieza y de la claridad de la caligrafía, de ahí que haya estimado que la goma de borrar era la compañera ideal e inseparable del lápiz. Todas estas cualidades las podemos apreciar en los 17 volúmenes de manuscritos originales que se resguardan en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México,[6] entre los que se encuentran sus cuentos cortos, novelas y poemarios, y en los que se aprecia su bella caligrafía y su excelsa cualidad de dibujante que tenía nuestra escritora, pues gustaba de ilustrar sus propios libros, como puede verse principalmente en su obra Álbum sentimental,[7] aunque su modestia la lleva a decir que sólo su valentía la llevó a experimentar el dibujo, pues no pudo estudiarlo por falta de tiempo. La excepción a la regla, de no escribir con tinta, fue su diario Recuerdos de mi vida y la copia del libro Álbum sentimental que María Enriqueta entregó a la editorial Espasa-Calpe, de Madrid, como muestra de la presentación que deseaba de su libro.

El reconocimiento a la obra de María Enriqueta quedó demostrado también en los numerosos nombramientos nacionales e internacionales que recibió. En México a varias bibliotecas públicas se les impuso el nombre de la escritora, pero quizá el más emotivo fue ser declarada “Hija predilecta de Coatepec"[8] el 3 de octubre de 1923, por su ciudad natal; y se colocó, en el mismo año, una placa en la casa donde nació. Del mismo modo, por su alta calidad literaria recibió los nombramientos de socia honoraria de la Asociación de Universitarias Mexicanas, el 8 de octubre de 1928; socia de mérito del Ateneo Mexicano de Mujeres, en 1936; y socia correspondiente de la Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos, en 1940; y en 1948 el Ateneo Mexicano de Mujeres le otorgó la medalla Sor Juana Inés de la Cruz. En el extranjero recibió el título de “Socia correspondiente de la Real Academia Hispano-Americana de Ciencias y Artes de Cádiz”,[9] el 9 de abril de 1927; en Vianna do Castello, Portugal, el 19 de diciembre de 1930, fue declarada “Socia correspondiente del Instituto Histórico de Miño”; y en julio de 1933, “The International Poetry Society”, en Nueva York, la hizo miembro de la asociación.

El 30 de junio de 1942 muere en Madrid su esposo, el historiador Carlos Pereyra, pero la escritora no vuelve a México sino hasta 1948, para residir definitivamente en la Ciudad de México, donde recibió homenajes, reconocimientos y agasajos tanto en la ciudad como en otros lugares del país. Ya de vuelta a su actividad literaria, María Enriqueta participó en publicaciones como La Prensa, de San Antonio, Texas; La Opinión, de Los Ángeles, California; El Informador, de Guadalajara; y El Heraldo, de Chihuahua. Además, a solicitud de la Secretaría de Educación Pública, se dio a la tarea de escribir el último libro de la serie Rosas de la infancia, que llevaría por nombre Nuevas rosas de la infancia.

María Enriqueta fue una mujer con el halago preciso para las personas que la rodeaban y para las instituciones que la convocaban; no obstante, el detalle más destacado de su generosidad para su país fue la donación de su colección bibliográfica a la Biblioteca Nacional de México. Esta colección está compuesta por 500 libros dedicados a la escritora por otros autores y de los manuscritos originales de algunas de sus obras, con estos libros se inauguró la sección “María Enriqueta” por el entonces Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Luis Garrido. Actualmente, la Colección María Enriqueta Camarillo se resguarda en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México.

Entre sus manuscritos sobresalen los géneros brillantemente cultivados por la escritora: la poesía, el cuento y la novela; apreciándose en ellos elementos del modernismo y romanticismo. En este sentido, y tocante a su perfil de poeta, la propia María Enriqueta declaró que nunca cultivo un género festivo, pues sus versos siempre cantaban al dolor y a la muerte, versos dedicados a la memoria de sus muertos amados y colocándose a sí misma como objeto del dolor, en su Álbum sentimental escribió: “Puedes morir, corazón, / hoy que por fin ya viviste; / amaste ya y ya sufriste: / ¡has cumplido tu misión!”. Y en estas opiniones contradictorias que tienen los sensibles de espíritu, la escritora consideraba que el poeta estaba llamado para cantar a la belleza, la vida, el amor, la espiritualidad, la nobleza y la bondad, algo que se esforzaba por reflejar en sus versos; sin embargo, siempre volvía a la nostalgia que la caracterizó. Lo anterior se aprecia en su poema, “Piedras preciosas”, publicado en Rincones románticos donde al hablar de la belleza de los ojos del ser amado, como expresión de la alegría, bondad y sensibilidad, terminó por volver al sentido nostálgico y dice: “Raros parecen tus ojos, / y en tales tintas se bañan, /… Cuando están entre la sombra, / brillan como la obsidiana; / …si están alegres, despiden/ luces de joyas extrañas/ …Pero yo no amo tus ojos…/ –¿Por qué? –se me preguntará./ –Porque nunca he visto en ellos/ los diamantes de las lágrimas”.

Aun con esta definición que la escritora hace de sí misma como poeta dedicada a la nostalgia y melancolía, hay en sus letras abundantes notas de belleza, vida, color, amor a la naturaleza y al ser humano, destacándose el profundo conocimiento que tenía sobre éste, lo que le valió el comentario destacado de intelectuales como Jaime Torres Bodet, Rafael Heliodoro Valle, Silvino Macedonio González, Alfonso Reyes y Luis González Obregón.

Y aun cuando María Enriqueta es considerada la primera escritora destacada del siglo xix, y hacia las primeras décadas del siglo xx su obra va madurando y se torna amplia y llena de cualidades literarias y estéticas, son pocos los estudios que sobre ésta existen. Pareciera que la propia autora tuvo la premonición de que así sería, por eso en su poema “Mira, amigo mío”, escrito en Ginebra e incluido en su Álbum sentimental, dice que perdona se le olvide como persona, es decir, que se olviden sus ojos que eran considerados muy bellos, de su rostro todo y hasta de su voz y dice: “… No temas / ofender, por eso, / mi memoria… Escucha, / oye como pienso: / olvida mis ojos, / pero lee mis versos. Esto es lo que pidió la escritora: ser leída.

Esta petición de María Enriqueta sólo ha sido atendida por algunos estudiosos que incursionando en los elementos sociales, culturales y psicológicos que la conformaron como intelectual, hoy dan cuenta de la literata y su producción en el género del cuento, la novela y la poesía. A este entusiasmo debemos los estudios de Luis Rubio Siliceo, María Enriqueta; el de Ángel Dotor, María Enriqueta y su obra; de Solomon L. Millard Rosenberg, Un nombre literario: María Enriqueta; la obra en dos volúmenes de Valentín Yakovlev Baldin, María Enriqueta Camarillo y Roa de Pereyra; el texto clásico de Salvador Ponce de León, María Enriqueta y su retorno a México; y, finalmente, los estudios de posgrado de Mary Elizabeth Sáenz Páez, La escritora mexicana María Enriqueta; y de Evangelina Soltero Sánchez, María Enriqueta Camarillo: La obra narrativa de una mexicana en Madrid.

Esta gran y sensible escritora murió en la Ciudad de México el 13 de febrero de 1968, a la edad de 96 años.

Narradora, poeta y traductora. Nació el 19 de enero en Coatepec, Veracruz, 1872. Murió en la Ciudad de México el 13 de febrero en 1968. Estudió piano en el Conservatorio. Ilustró algunos de sus libros y compuso obras musicales. Trabajó en los libros de lectura Rosas de la infancia (1911-1913), textos básicos en la enseñanza primaria, de León Tolstoi, Mark Twain o de Sor Juana Inés. Colaboró en El Mundo IlustradoEl EspectadorLa CrónicaDon QuijoteArgosNosotrosLa FalangeAntena, en el suplemento de El Universal (con el seudónimo Iván Moskowski), Revista AzulEl InformadorEl Heraldo, entre otros. Miembro correspondiente del Academia de Ciencias y Artes de Cádiz. Diploma de Honor de la Exposición Iberoamericana de Sevilla 1930. Su obra ha aparecido en antologías como Short Stories, Antología de cuentistas hispanoamericanos, Antología de cuentos mexicanos. Antología de poesía amorosa universal, La poesía veracruzana o Rincones románticos: antología general, FCE, 2018Su obra ha sido traducida al portugués, francés e italiano.

Seudónimos:
  • María Enriqueta
  • Iván Moszkowski

María Enriqueta Camarillo

Editorial: Enciclopedia de la Literatura en México
Lectura a cargo de: María Eugenia Pulido
Estudio de grabación: Ediciones Pentagrama
Dirección: Andrea Garza
Operación y postproducción: Héctor Ramírez "Tato"
Año de grabación: 2016
Temas: María Enriqueta Camarillo (Coatepec, Veracruz, 1892 – Ciudad de México, 1968) Escritora y compositora. Estudió en el Conservatorio de Música. Publicó poesía y narrativa en periódicos y revistas como El Universal, El Mundo Ilustrado, El Espectador (Monterrey), Crónica (Guadalajara) y en la Revista de Azul de Gutiérrez Nájera. Dentro de su carrera en la música, compuso obras musicales populares, dio conciertos, audiciones y clases de piano. En 1902 se publicó su primero libro Las consecuencias de un sueño. Otros de sus poemarios son Rumores de mi huerto (1908) y Álbum sentimental (1926); y sus novelas Mirlitón (1918), Jirón del mundo (1919) y El secreto (1922) beben del realismo español. Durante sus viajes en el extranjero dio clases de español y piano. Estuvo en La Habana, Washington y Madrid. Hizo traducciones del francés y escribió, además de narrativa y poesía, ensayo. Sus Rosas de la infancia se convirtieron en los libros de lectura obligatorios en las primarias de México.

Instituciones, distinciones o publicaciones


Revista Azul
Fecha de ingreso: 1895
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Argos. Magazine
Colaboradora

La Falange. Revista de Cultura Latina
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Antena
Colaboradora