Jesús Urueta


Nació en Chihuahua, Chihuahua, en 1867 y murió en Buenos Aires, Argentina, en 1920. Destacado orador conocido como "El Príncipe de la palabra". Diputado en el Congreso de la Unión. Bibliotecario de la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Profesor de la Preparatoria, secretario de relaciones exteriores, ministro plenipotenciario en Argentina. Colaboró en El Siglo Diez y Nueve y en la Revista Moderna.

Última actualización: 07 de octubre de 2013 a las 14:43

El Modernismo no tuvo una expresión novelística —a menos que aceptemos por tal el Bachiller de Nervo y algunos de sus encantadores cuentos—, pero sí contó con un prosista superior y “sensual” orador poético enamorado de la Grecia francesa y dotado de un extraordinario don para las metáforas relampagueantes y el ritmo de la frase: Jesús Urueta, uno de los mejores mimos que hayan ocupado nuestra tribuna.

 

Última actualización: 07 de enero de 2014 a las 09:05

El público, el grueso público conoce a Jesús Urueta… cuando transfigurado por la fuerza genial de su talento, airosamente erguido en la tribuna, se impone por la harmonía impecable de su gesto, por la sonora dicción de su palabra, por el esplendor de la suntuosa imagen y el vigor hercúleo de la Idea. Por manera unánime, el simple nombre del artista invoca en todos los ánimos del episodio glorioso de un festival de la inteligencia, una noche de triunfo y de entusiasmo, un auditorio conmovido y subyugado y allá en el proscenio, el perfil gladiatorio, la gentileza de efebo, el aspecto ático del joven tribuno que envuelto en la doble harmonía de su verbo milagroso y de su gesto eurítmico, entre ademanes que parecen encender nimbos, deshojar rosas, arrancar lauros triunfales o alzar urnas votivas, substituyen su corazón y su cerebro al cerebro y al corazón del público unificado en la admiración y el entusiasmo delirante.

Pero si el orador es conocido, aplaudido y aclamado en triunfos y ovaciones que sólo él sabe provocar, el escritor artista está lejos de gozar la fama que merece.

Urueta es un escritor artista de profunda y cabal cultura, de grandes facultades críticas, de claras e infalibles intuiciones en todo cuanto a la belleza se refiere. El alma del delirante definido por Bourget ha encarnado en él. Por ello es un helenista iniciado en los matices más fugaces del “milagro griego”; por ello se identifica con todos los prodigiosos del Risorgimento italiano y de Cimabue al Vinci o Rafael, del Dante a Maquiavelo, ama y comprende a sus genios como un Vasari, un Ruskin o un Hesse. Por ello es Urueta un talento esencialmente moderno, ciudadano intelectual de París, parroquiano y arcade del cuartel latino y de Montmartre.

La obra literaria de Urueta es escasa; un editor de la metrópoli acaba de alcanzar un éxito editando un volumen de cuentos, deliciosos todos, pero que son bocetos y cartones para los alientos y las facultades de este artista capaz de ornar con enormes frescos murales y relieves Rodinianos una basílica de la literatura. Urueta sólo con quererlo, podría engendrar la obra maestra y ecumenizar su genio. Una promesa, un ampo autoral de esa obra magistral fue la Introducción de “Dulcinea” publicada hace años por la Revista Moderna. El divino poema vendrá; sólo que el artista, como las madres de los héroes de la epopeya nipona, había llevado durante largos años en su glorioso vientre al hijo semidios…

Y sin embargo, nadie que conozca a Urueta podrá culparlo de indolencia. El verlainiano Ce qu’il nous faut á nous es una de sus convicciones y en el buen  retiro de su escogida biblioteca evoco su imagen familiar, inclinado sobre el libro que “acaba de llegar”, a la luz de la lámpara, en la actitud ensimismada del “viejo Fausto de las estampas”. Sólo el estudio obstinado y constante puede afirmar una cultura tan profunda y tan armoniosa como la que caracteriza a Urueta y le confiere título de príncipe en la aristocracia intelectual.

Y este gesto literario que acompaña a la carátula dibujada por Ruelas, es una pobre cosa para el excelso artista que es Urueta… Alguna vez la admiración que mi cerebro le tributa, el amor fraternal con que mi alma lo siente, habrán de exteriorizarse más dignamente.

Hoy concluyo evocando la memoria de los Ilustres a quienes Urueta ama y me complazco pensando que de conocerlo esos genios lo amarían. Renán le hubiera llamado hijo mío, y D’ Annunzio y Anatole France reconocerían su espíritu fraternal.

Sin eso Urueta en una amada gloria nuestra, ilustre en la tribuna, en la cátedra, en el libro; Artífice y Poeta Triesmegista…

 

José Juan Tablada

Última actualización: 07 de septiembre de 2013 a las 11:35

Ficha de diccionario de

El público, el grueso público conoce a Jesús Urueta… cuando transfigurado por la fuerza genial de su talento, airosamente erguido en la tribuna, se impone por la harmonía impecable de su gesto, por la sonora dicción de su palabra, por el esplendor de la suntuosa imagen y el vigor hercúleo de la Idea. Por manera unánime, el simple nombre del artista invoca en todos los ánimos el episodio glorioso de un festival de la inteligencia, una noche de triunfo y de entusiasmo, un auditorio conmovido y subyugado y allá en el proscenio, el perfil gladiatorio, la gentileza de efebo, el aspecto ático del joven tribuno que envuelto en la doble harmonía de su verbo milagroso y de su gesto eurítmico, entre ademanes que parecen encender nimbos, deshojar rosas, arrancar lauros triunfales o alzar urnas votivas, substituyen su corazón y su cerebro al cerebro y al corazón del público unificado en la admiración y el entusiasmo delirante.

Pero si el orador es conocido, aplaudido y aclamado en triunfos y ovaciones que sólo él sabe provocar, el escritor artista está lejos de gozar la fama que merece.


Urueta es un escritor artista de profunda y cabal cultura, de grandes facultades críticas, de claras e infalibles intuiciones en todo cuanto a la belleza se refiere. El alma del diletante definido por Bourget ha encarnado en él. Por ello es un helenista iniciado en los matices más fugaces del “milagro griego”; por ello se identifica con todos los prodigiosos del Risorgimento italiano y de Cimabue al Vinci o Rafael, del Dante a Maquiavelo, ama y comprende a sus genios como un Vasari, un Ruskin o un Hesse. Por ello es Urueta un talento esencialmente moderno, ciudadano intelectual de París, parroquiano y arcade del cuartel latino y de Montmartre.

La obra literaria de Urueta es escasa; un editor de la metrópoli acaba de alcanzar un éxito editando un volumen de cuentos, deliciosos todos, pero que son bocetos y cartones para los alientos y las facultades de este artista capaz de ornar con enormes frescos murales y relieves Rodinianos una basílica de la literatura. Urueta sólo con quererlo, podría engendrar la obra maestra y ecumenizar su genio. Una promesa, un ampo auroral de esa obra magistral fue la Introducción de “Dulcinea” publicada hace años por la Revista Moderna. El divino poema vendrá; sólo que el artista, como las madres de los héroes de la epopeya nipona, había llevado durante largos años en su glorioso vientre al hijo semidios…

Y sin embargo, nadie que conozca a Urueta podrá culparlo de indolencia. El verlainiano Ce qu’il nous faut á nous es una de sus convicciones y en el buen  retiro de su escogida biblioteca evoco su imagen familiar, inclinado sobre el libro que “acaba de llegar”, a la luz de la lámpara, en la actitud ensimismada del “viejo Fausto de las estampas”. Sólo el estudio obstinado y constante puede afirmar una cultura tan profunda y tan armoniosa como la que caracteriza a Urueta y le confiere título de príncipe en la aristocracia intelectual.


Y este gesto literario que acompaña a la carátula dibujada por Ruelas, es una pobre cosa para el excelso artista que es Urueta… Alguna vez la admiración que mi cerebro le tributa, el amor fraternal con que mi alma lo siente, habrán de exteriorizarse más dignamente.

Hoy concluyo evocando la memoria de los Ilustres a quienes Urueta ama y me complazco pensando que de conocerlo esos genios lo amarían. Renán le hubiera llamado hijo mío, y D’Annunzio y Anatole France reconocerían su espíritu fraternal.

Sin eso Urueta es una amada gloria nuestra, ilustre en la tribuna, en la cátedra, en el libro; Artífice y Poeta Triesmegista…

 

José Juan Tablada

Última actualización: 05 de diciembre de 2013 a las 15:30



 
 
Grabado: Julio Ruelas
Grabado: Julio Ruelas

Jesús Urueta

1867
Chihuahua, Chihuahua
1920
Buenos Aires, Argentina


OBRA PUBLICADA


BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA

Institución (es):
Pegaso
Fecha de ingreso: 08 de marzo de 1917
Fecha de egreso: 27 de julio de 1917
Redactor