Enciclopedia de la Literatura en México

Martín Luis Guzmán

Ángel Muñoz Fernández 1995 / 29 nov 2017 09:11

Nació en Chihuahua, Chihuahua, en 1887 y murió en la ciudad de México en 1976. Sus obras describen la Revolución mexicana, en la que participó a través del movimiento maderista y acompañando a Pancho Villa. Fundó diversas revistas. Fue secretario de la Universidad y director de la Biblioteca Nacional. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Premio Nacional de Literatura.

Notas: En 1987 la UNAM publicó la versión de La sombra del caudillo que apareció en La Prensa (San Antonio, Texas) y en La Opinión (Los Ángeles, California). Estas publicaciones se adelantan en unos días a la que apareció, también en folletín, de El Universal de la ciudad de México.

 

José Luis Martínez 1995 / 12 ene 2018 09:56

Aunque haya figurado inicialmente dentro de la generación del Ateneo de la Juventud y compartido con algunos de sus miembros empresas culturales, Martín Luis Guzmán (1887-1976) tiene pocas afinidades ideológicas con dicho grupo. Sus experiencias revolucionarias no sólo le ofrecen, como a José Vasconcelos, el tema de una parte significativa de su obra sino que aun definen el carácter de su pensamiento. Prosista dueño de un eficaz estilo, ha cultivado el ensayo,  la novela y la biografía alrededor de una preocupación preponderante, la de la política mexicana. Pero antes que apartarlo esta preocupación del espíritu del Ateneo –si se piensa que lo constituyen únicamente aquellos temas exclusivamente culturales profesados por sus miembros representativos– pudiera pensarse que al practicar aquella gravedad intelectual, mucho más distintiva del grupo que los temas mismos, aplicándola a la reflexión sobre nuestra política, enriquecía el repertorio de intereses de la generación de 1910.

Como ensayista inicia Guzmán la publicación de su obra, con La querella de México (1915), fragmento de un libro futuro, que anticipa algunas de las características de su pensamiento y de su estilo. Acaso provocado por el desencanto nacido de la Revolución –cuyos rigores estaban demasiado próximos–, un pesimismo exacerbado, respecto a la condición moral de los hombres de México, penetra estas páginas juveniles que, con serlo, revelan ya la sagaz visión política que caracterizará a su autor, no menos que las posibilidades de su pluma, precisa y animada. Su siguiente obra pertenece también al campo del ensayo. A orillas del Hudson (1920) agrupa una serie de trabajos de diferentes especies (poemas en prosa, crítica y política), escritos en Nueva York durante una estancia de Guzmán en el país vecino. En estas páginas, especialmente, puede advertirse la huella del Ateneo, no sólo por las dedicatorias a José Vasconcelos y a Alfonso Reyes sino aun por el tono literario y por el ambiente cultural que manifiestan. Pero si hubiera que destacar algunos de los artículos de este volumen, reclamarían la atención del lector –además de algunas agradables fantasías como la dedicada a la máquina de escribir: "Mi amiga la credulidad"– los escritos políticos aquí incluídos. Como lo confirmará su obra posterior, es en esta clase de trabajos donde se mueve con más seguridad y maestría el pensamiento de Guzmán, aunque los caminos –ensayo, biografía, novela– sean diversos.

La segunda etapa, genérica y cronológica, en la obra de Martín Luis Guzmán comprende sus dos obras más famosas, El águila y la serpiente (1928) y La sombra del caudillo (1930) que aunque suele llamárselas novelas, son con más propiedad novelas históricas o crónicas noveladas. La primera, El águila y la serpiente, inicia en México la producción de las llamadas novelas de la Revolución que promueve en cierta manera el descubrimiento de Los de abajo de Mariano Azuela, realizado en la prensa de México por Francisco Monterde hacia 1924.

Más que una novela, El águila y la serpiente es un relato o un grupo de relatos de las experiencias revolucionarias de su autor. Al igual que casi todas las obras de esta naturaleza, tiene mucho de alegato personal para justificar las intervenciones personales en aquel movimiento armado. Dos especies de elementos distínguense en esta obra: las descripciones de caracteres dedicadas a un buen número de personajes de la Revolución que, con ser hábiles y matizadas, abundan en demasía y vienen a ser un contrapeso excesivo para el resto de la obra, y las narraciones de episodios de la Revolución en los que Martín Luis Guzmán pone de manifiesto las virtudes de su estilo. Algunos de estos relatos pueden representar con justicia los mejores momentos de la prosa narrativa de México en su tiempo. Difícilmente podrán encontrarse páginas en las que se atraiga la atención del lector tan poderosamente como aquellas de El águila y la serpiente que se titulan "La fiesta de las balas", "La carrera en las sombras" y "Una noche de Culiacán". Hay en ellas lucidez y destreza antes que pasión; conocimiento sagaz del asunto –la capacidad de brutalidad y valor temerario del mexicano, casi siempre– antes que exploraciones intuitivas. La obra, en conjunto, al lado del interés que despierta y la admiración a que mueve, presenta un cuadro de la Revolución en el que, tras de las tintas ásperas de la violencia, se adivinan apenas los móviles generosos.

Otro tanto ocurre con La sombra del caudillo (1930), visión no menos tenebrosa de un episodio posrevolucionario. En esta obra, sin embargo, hay una composición novelesca más franca. Los lectores mexicanos, o enterados de los acontecimientos políticos de México, descubrirán fácilmente en los hechos narrados sucesos acontecidos en diferentes épocas, tramados y reunidos con habilidad para aderezar un argumento bien elaborado. Aquí, tanto como en El águila y la serpiente, podrán encontrarse páginas memorables –por ejemplo, las que narran el secuestro y martirio del diputado oposicionista o las que describen insuperablemente el procedimiento mexicano de elecciones–, sólo que no aparecen destacadas en un texto heterogéneo sino articuladas en una narración continua. Por ello La sombra del caudillo puede reputarse, como obra literaria, superior a El águila y la serpiente, en cuanto muestra una composición y una edificación más sólidas y no se deja impedir por urgencias de cronista la libertad de composición a base de materiales diversos y tanto históricos como ficticios.

Consideradas dentro del movimiento literario a que pertenecen, estas dos novelas de la Revolución ocupan un lugar destacado tanto en la obra literaria de su autor como en el cuadro del género. Ninguna otra novela o crónica revolucionaria les supera en estilo y en recursos narrativos y pocas pueden ofrecer cuadros de tanta fuerza y maestría como los que figuran en las novelas de Martín Luis Guzmán. No quiere esto decir que ellas sean las novelas ideales de la Revolución. Las limita la perspectiva personal del autor, su carencia de enjuiciamiento moral –al lado del guerrero, político y social a que sujeta siempre sus personajes y situaciones– y la condición de sus temas que no alcanzan a ser ejemplares de un proceso excesivamente complejo y aún sujeto a rectificaciones de juicio.

Como algunas de otras novelas de la Revolución, éstas de Martín Luis Guzmán han merecido una difusión considerable, existiendo traducciones suyas, totales o parciales, al francés, inglés, alemán, checo y holandés. De La sombra del caudillo, Julio Bracho dirigió en 1960 una versión cinematográfica. La película fue prohibida y requisada por el gobierno desde 1961, por considerarla denigrante para el ejército mexicano. En 1990 se autorizó su proyección.

Sin perder de vista los temas y el espíritu liberal que animan su obra anterior, los siguientes libros de Martín Luis Guzmán son dos importantes biografías de un héroe español, la primera, y de un fabuloso personaje mexicano, la segunda.

Mina el mozo, héroe de Navarra (1932) es una vivaz y proporcionada biografía que narra los hechos del guerrillero hasta el momento en que embarca para México donde habrá  de participar con tan fugaz fortuna en la guerra de Independencia. Al finalizar el último capítulo, el autor informa de su propósito de escribir una segunda parte de su biografía que se ocupe de Mina como héroe de México, ya que la colección en que figura su obra no le permite añadir un segundo tomo y ya que no consideró oportuno condensar su trabajo. Pero si ello puede contentar a los lectores españoles, los mexicanos lamentarán la falta de ese relato que les hubiera ofrecido una estampa admirable de las hazañas de aquel español que luchaba contra España por luchar contra las tiranías.

La figura de otro guerrillero aún más famoso, el mexicano Francisco Villa, había interesado siempre a Guzmán, como pueden mostrarlo las páginas de El águila y la serpiente que narran sus encuentros con el jefe de la División del Norte.

Además, el hecho de haber figurado dentro del villismo, le inclinaba también a elaborar una amplia justificación de aquel personaje de quien se contaban tan encontrados hechos y que aun había merecido otros esbozos biográficos (de Rafael F. Muñoz, Teodoro Torres, Ramón Puente y Elías L. Torres, entre otros). Todo lo cual, unido al encuentro de las memorias de Villa –existentes según afirmación de Guzmán–, lo llevó a emprender una obra ambiciosa, sobre todo por las dificultades cuya superación se planteó, las Memorias de Pancho Villa.

Impuesta la ficción literaria y olvidada la posibilidad de que Villa escribiera su autobiografía, estas memorias aparecen suscritas, como corresponde, por Martín Luis Guzmán, quien, sin embargo, formula siempre su relato como salido de los labios o de la pluma del guerrillero. Esto le propone una de las mayores dificultades literarias a que se haya enfrentado un escritor de nuestro tiempo: la de reconstruir un lenguaje y unas formas de pensamiento característicos tanto de los hombres del norte como de la mentalidad especial de Francisco Villa. Lo cual no exige sólo el esfuerzo del novelista por crear un personaje ni el del biógrafo por interpretarlo, sino estos dos esfuerzos agregados a un voluminoso pastiche, cercado por el doble peligro de naufragar en la confusión muy posible del espíritu de su personaje, si se ajusta demasiado a su verdad, o de elaborar un estilo y un pensamiento ajenos a la realidad del asunto, si agrega liberalmente galas a tan bronca humanidad.

Prescindiendo del examen de la exactitud histórica de los hechos narrados en las Memorias de Pancho Villa –asunto ajeno a la historia literaria–, consideraremos solamente las características formales de esta obra. Iniciada su publicación en 1938, con el primer tomo intitulado El hombre y sus armas, Martín Luis Guzmán hizo aparecer, en los dos años siguientes, tres volúmenes más: Campos de batalla (1939), Panoramas políticos (1939) y La causa del pobre (1940), y en 1951 el quinto y último volumen, Adversidades del bien, subtítulos todos de las Memorias que narran la vida del guerrillero desde su nacimiento hasta la derrota en Celaya.

Apenas es posible destacar algún episodio memorable en un texto que, habiendo encontrado su camino y sus recursos, no modifica ya más ni su tono ni su calidad literaria ni su interés. En El hombre y sus armas podría señalarse quizás una mayor viveza y emoción en el relato de las injusticias que violentan la adolescencia de quien se llamara Doroteo Arango y que habría de ser Pancho Villa, por obra de esas injusticias y de un temperamento irrefrenable. Pero cuando se ha iniciado el proceso de las batallas, cárceles, riñas, insidias políticas, venganzas, etcétera, la lectura de las Memorias no reserva más sorpresas.

Martín Luis Guzmán forja para su memorialista guerrillero un estilo que se caracteriza por ciertos arcaísmos y peculiaridades lingüísticas empleados por el pueblo del norte de México, por una redundancia constante, por el empleo de fórmulas paralelísticas en las enumeraciones, por el uso incorrecto, gramaticalmente, de algunas locuciones, por una prosopopeya a menudo excesiva y por las muletillas que apoyan los parlamentos de Pancho Villa; y lo aprovecha luego, no sólo para articular los hechos de armas memorables de su héroe, sino aun para convencer al lector de su épica sencillez, de su notable intuición de la estrategia, de la rectitud de sus acciones y de la pureza socialista de los propósitos que lo llevaron a la lucha armada. Tan complejo aparato revela un arduo trabajo de creación literaria y un propósito plausible de convertir en paladín de la justicia y en sentencioso memorialista al personaje que, en la mente popular, es sólo un guerrillero brillante y afortunado; pero difícilmente interesará al lector tanto como las otras crónicas revolucionarias de Martín Luis Guzmán. La elaboración literaria, la recreación del asunto y el afán justificador exceden, en las Memorias de Pancho Villa, a la fuerza espontánea de la vida a que se aplican. Y si en los mejores relatos de El águila y la serpiente y de La sombra del caudillo las aptitudes narrativas y estilísticas de Martín Luis Guzmán acrecentaban cada uno de sus elementos temáticos, en las Memorias recargan y desfiguran las líneas de una figura, irreconocible ya tras de un peso retórico que ha perdido su eficacia.

Aún dentro del tema de la Revolución, Guzmán escribió otros relatos. En Muertes históricas (1958) narra el "Tránsito sereno de Porfirio Díaz" y el "Ineluctable fin de Venustiano Carranza", en una prosa de acerada concisión y objetividad; y en Febrero de 1913. I (1963) hace una crónica detallada de la revuelta que derrotó al gobierno de Madero y en la que pereció el general Bernardo Reyes. Axkaná González en las elecciones (1960) es un desarrollo incidental del personaje que figura en La sombra del caudillo.

En otros dominios históricos, Guzmán escribió Filadelfia, paraíso de conspiradores y Mares de fortuna (1960), historia de piratas de principios del siglo xix. Islas Marías (1959) es un guión para una película que relata un motín en el penal del Pacífico. Crónicas de mi destierro (1963) recogen sus amenos artículos periodísticos de la época de sus estancias en Madrid y en París; y Academia (1959) su discurso de ingreso en esta corporación y sus intervenciones en el Primer Congreso de Academia de la Lengua Española.

Las Obras completas de Martín Luis Guzmán se editaron por primera vez, por la Compañía General de Ediciones, en México, 1963 (2 vols.), y de nuevo por el Fondo de Cultura Económica, en México, 1984-1985 (2 vols.).

Acerca del autor, véase: Ermilo Abreu Gómez, Un mexicano y su obra. Martín Luis Guzmán, México, Empresas Editoriales, 1968. 

Nació en la ciudad de Chihuahua el 6 de octubre de 1887;  murió en la ciudad de México el 22 de diciembre de 1976. Narrador, ensayista, periodista y diplomático. Entre los años de 1899 y 1903 editó en la ciudad de Veracruz la revista La Juventud. En 1907 ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria y un año más tarde se convirtió  en redactor de El Imparcial. En 1910 se integró como Socio Correspondiente del Ateneo de la Juventud y aceptó un cargo en el consulado de México en Phoenix, Arizona. En 1911 colabora como Secretario de Obras Públicas. Un año después fundó la comisión organizadora de la Universidad Popular Mexicana. Este mismo año impartió clases en la Escuela de Comercio. Entre 1914 y 1919 se exilió en Nueva York y en Madrid. Colaborador en diferentes periódicos con Alfonso Reyes y Enrique Diez-Canedo. Director de la editorial El Gráfico en Nueva York, donde publicó varios de sus artículos. A su regreso a México publicó el periódico El Mundo; se desempeñó como Diputado por el Partido Cooperatista Nacional y participó en el Comité Organizador de las Fiestas del Centenario de la Consumación de la Independencia. En 1923 viajó nuevamente del país rumbo a París y a Madrid, donde formó parte de la dirección de los periódicos El Sol y La Voz. En 1936 regresó a México. Editó la revista literaria Romance y fundó Tiempo. Fue designado como presidente de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos. En 1954 fue nombrado Académico de la Lengua. En 1958 obtuvo el Premio Nacional de Letras.

 

Seudónimos:

  • Fósforo

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Alfonso Reyes José Vasconcelos Pedro Henríquez Ureña

Martín Luis Guzmán

Editorial: Dirección de Literatura UNAM
Lectura a cargo de: Martín Luis Guzmán
Año de grabación: 1960
Género: Narrativa
Temas: Martín Luis Guzmán (Chihuahua, 1887-DF, 1976), periodista, intelectual, diplomático y escritor mexicano, considerado como uno de los más destacados representantes de la novela de la Revolución Mexicana. Miembro notable de la generación del Ateneo de la Juventud, fue fundador y director de varios periódicos. Al estallar la contienda revolucionaria se vinculó al maderismo. Tras el asesinato de Madero se incorpora a las fuerzas constitucionalistas que combatían al régimen de Victoriano Huerta y en 1914 se une a las fuerzas de Francisco Villa, con quien obtiene el grado de general. De 1916 a 1920 radicó en Nueva York y de 1924 a 1936 vivió exiliado en España, donde prosiguió incansablemente con su labor periodística. Es autor de obras fundamentales tanto en lo literario como en lo histórico, como El águila y la serpiente (1928), La sombra del caudillo (1929), Memorias de Pancho Villa (1940) y Muertes históricas, que en 1958 le valió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Literatura y Lingüística. Fue senador de la República y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Con el afán de unirnos a la conmemoración por el centenario del inicio de la Revolución Mexicana, reproducimos dos textos pertenecientes al libro El águila y la serpiente, grabados en voz de Martín Luis Guzmán en 1960, los cuales forman parte de la colección «Voz Viva de México» que publica la Dirección de Literatura de la UNAM. “En el cuartel general”, un texto en el que su protagonista refiere el honor que le produce el primer encuentro con Venustiano Carranza y “La fiesta de las balas”, ejemplar relato que evoca la figura de Rodolfo Fierro, famoso general villista. Agradecemos a la familia de Martín Luis Guzmán su autorización para hacer la comunicación pública de este material, así como a la Dirección de Literatura de la UNAM por facilitarnos el mismo. D.R. © UNAM 2010

La sombra del caudillo

Producción:  Radio Educación
Productor: Alejandro Ortiz Padilla
Guion: Ana Cruz
Música: Vicente Morales
Género: Radionovela
Temas: Literatura. Literatura Mexicana. Novela de la Revolución Mexicana. Caudillismo.
Participantes:
Actuación: Claudio Obregón, Ofelia de la Fuente, Blanca Sánchez, Jorge Pulido, Armando de León, Juan Felipe Preciado, Dunia Saldívar, et al. Dirección artística: Carlos Castaño.
Fecha de producción: 1980
Duración de la serie: 11:33

El águila y la serpiente

Producción:  Radio Educación
Productor: Teodoro Villegas
Guion: Ana Cruz
Música: Marcial Alejandro
Género: Radionovela
Temas: Literatura. Literatura mexicana. Novela de la Revolución Mexicana
Participantes:
Actuación: Gonzalo Vega, José (Pepe) González Márquez, Delia Casanova, Raúl Ruiz, León Singer, Juan Ramón Castillo, Oscar Yoldi, Bárbara Corcega, Rolando Isita
Fecha de producción: 1979
Duración de la serie: 32:50

Instituciones, distinciones o publicaciones


Compañía General de Ediciones
Fecha de ingreso: 1949

Premio Nacional de Ciencias, Letras y Artes
Fecha de ingreso: 1958
Fecha de egreso: 1958
Ganador en el campo de Lingüística y Literatura