Enciclopedia de la Literatura en México

José Ferrel y Félix

Ángel Muñoz Fernández 1995 / 27 jul 2017 19:37

Nació en Hermosillo, Sonora, en 1865 y murió en la Ciudad de México en 1954. Abogado. Desde las columnas de la prensa de la Ciudad de México combatió al porfirismo. Colaboró en diversas revistas. Fundó en la Ciudad de México el periódico El Demócrata.

José Ferrel y Félix nació el 16 de septiembre de 1865 en Hermosillo, Sonora, y falleció en la Ciudad de México el 28 de mayo de 1954. Abogado de profesión, también se desempeñó como político, periodista y literato.

Descendiente de Francisco Ferrel y Aurelia Félix de Ferrel, provenientes ambos de familias económicamente acomodadas. Su padre fue comandante militar de Sonora; luchó con las fuerzas republicanas que combatieron a los franceses y murió en batalla apoyando el Plan de la Noria en 1872. A la muerte del padre, José Ferrel y sus tres hermanos tuvieron la oportunidad de estudiar gracias a un fiel amigo del padre, el licenciado Carlos Fernández Galán.

En su juventud y gracias a su espíritu aventurero, el joven Ferrel viajó y vivió en San Francisco, Nueva York, Magdalena y Guaymas, estos dos últimos municipios de Sonora. A los diecisiete años llegó a Mazatlán donde trabajó como periodista durante tres años. Tiempo después planeó un viaje alrededor del mundo, pero no lo realizó. Al inicio de ese viaje experimentó como grumete en el buque de guerra Libertad, pero no fue de su agrado, por lo que se dio de baja y regresó a Mazatlán. Ahí organizó la asociación juvenil Sociedad Aurora, donde se discutían libros, poemas y asuntos políticos.

Posteriormente comenzó a trabajar para El Correo de la Tarde, y con sólo veintiún años de edad, ocupó el segundo puesto directivo en dicho periódico. Después de su paso por éste, la actividad periodística de Ferrel continuó en el diario El Pacífico, el cual también dirigió. En ese diario expresó abiertamente su oposición al régimen vigente del Estado encabezado por Francisco Cañedo, que le valió una estadía por un año en el cuartel de Mazatlán. En esos artículos, Ferrel se mostró como un férreo combatiente del porfirismo. Para el público, Ferrel contribuyó a la creación de una opinión independiente entre sus lectores mexicanos.

Emigró a la Ciudad de México, y en conjunto con Joaquín Clausell, Querido Moheno, Jesús y Ricardo Flores Magón fundó el periódico de oposición El Demócrata en 1893. Fue encarcelado el 27 de marzo de 1895, acusado de difamación, a la sombra de la nueva “ley mordaza”, que consistía en que el gobierno veladamente juzgaría los litigios periodísticos pues decían que el jurado de imprenta no era imparcial. El gobierno aplicó dicha ley durante el período de 1884 a 1911, y en este tiempo se cometieron actos de persecución, encarcelamiento, exilio y hasta asesinatos contra periodistas. Ferrel, de 28 años, quien estaba a cargo del periódico El Demócrata, fue arrestado por algunos artículos publicados en este diario. Después se demostró que Ferrel, en esos momentos, no se encontraba al frente del periódico por cuestiones de salud. La noche de la aprensión del biografiado este mismo diario publicó un artículo donde se declaraba que había sido Heriberto Frías quien había autorizado dichos artículos. El mismo Frías se presentó ante las autoridades correspondientes deslindando de todos los cargos a Ferrel, quien fue liberado, y Frías entró en su lugar el 29 de marzo de 1895 (Y. Rodríguez González, “Heriberto Frías” en La Republica de las Letras, pp. 521-523).

Participó también como redactor en el periódico opositor La Píldora, La Patria, La Bandera de Jalisco, La Voz de Mazatlán y el Eco del Fuerte. En 1911 era director de El Demócrata Mexicano; en 1912 dirigió los periódicos El Intransigente y El Progreso Latino. Su estadía en estos diarios presentó a Ferrel como un periodista recto, honesto, redactor brillante y claridoso.

Fue diputado en las XIX, XX, XXI, XXII y XXIII legislaturas federales. El 8 de agosto de 1909, Ferrel participó como candidato a la gubernatura de Sinaloa. El escritor se entrevistó con Díaz para pedir neutralidad en las elecciones de Sinaloa, a lo que el segundo respondió, según palabras de Ferrel, que se mantendría la neutralidad y que sería el pueblo quien decidiría a su candidato. La popularidad de Ferrel durante la candidatura política fue tan abrumadora que se formaron por lo menos 50 grupos llamados Ferrelistas; en ellos participaron tanto gente del pueblo como la elite educada, que formalmente defendieron la candidatura del periodista hasta el final.

Se celebró la elección, que fue para el estado de Sinaloa un momento de inusitada participación de la sociedad en la política. Como era de esperarse, Ferrel venció por el apoyo absoluto del pueblo; sin embargo se impuso a Diego Redo como Gobernador del estado (O. J. Acosta Romero, “Introducción” a El juicio de la historia, p.12).

Entre las obras que Ferrel publicó se encuentran: Los de la mutua de elogios, serie de artículos críticos (muchos de ellos fueron duramente censurados), que primero se publicaron en el periódico El Correo de la Tarde de Mazatlán y en 1892 fueron recogidos y publicados en forma libro. En estos artículos hace juicios en tono burlón e irónico, dirigidas a diversos escritores: Casimiro E. Alvarado, Miguel Rodríguez Gabuti, Arturo Paz, Ernesto Mora, Trinidad Sánchez Santos, Julián Montiel Duarte, Francisco Javier Gaxiola, Francisco Flores Alatorre, Ramón Valle, José Peón Contreras, Austacio Zepeda, Luis A. Berganzo, Joaquín D. Casasús, Agapito Silva, Juan A. Mateos, Ignacio Montes de Oca, José P. Rivera. Algunos de éstos lo retaron a duelo, por lo cual se trasladó a la Ciudad de México. Si bien no se enfrentó a todos, lo hizo con Arturo Paz, Rafael Reyes Spíndola y Ricardo García Pimentel. En El Demócrata publicó La caída de un ángel (1893) y la novela, de corte satírico, Reproducciones (1895). También participó en la crítica al libro Tomochic, de la autoría de Heriberto Frías. Durante 1897 colaboró en la sección de cuentos de El Nacional donde publicó: “Estas mujeres”, “Un viaje al cielo”, “Un castigo en el mar”, “La primera maniobra”, y “La estatua del condenado”. Estos cuentos fueron después recogidos en un volumen titulado Cuentos Mexicanos en 1898.

Durante su carrera periodística usó diferentes seudónimos como: Ángel Franco, probablemente el más conocido. También se le atribuyen a Ferrel: Irineo Camacho y T. A. Prieto.

Dentro del Archivo Histórico de la Universidad Autónoma de Sinaloa se encuentra un vasto fondo documental sobre José Ferrel. En él se encuentran depositados documentos de correspondencia, discursos, composiciones literarias, etcétera, resultado de la actividad ferrelista.

La obra de José Ferrel ha sido olvidada, sin embargo recientemente algunos críticos han revalorado su creación y han pedido que se rescate del olvido por ser obras características de la época y de las inquietudes de la sociedad contemporánea al autor.    

Seudónimos:
  • Irineo Camacho
  • Ángel Franco
  • T. A. Prieto

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