Literatura homosexual



La literatura homosexual introduce en las letras mexicanas la búsqueda de una nueva identidad amorosa. De acuerdo con algunos críticos, es una literatura audaz, que reclama espacios a la sociedad para establecer relaciones amorosas alternativas. Es una crítica valerosa y radical del rechazo social, que refleja una toma de posición irreversible. El desarrollo de la literatura homosexual en México ha sido lento. Sin embargo, se ha considerado como un acontecimiento literario y sociológico de gran importancia.

Algunos críticos han llamado literatura homosexual a aquella escrita por hombres y mujeres homosexuales y heterosexuales que tratan el tema de manera explícita.

La literatura de tema homosexual existe desde hace décadas. Ya a principios del siglo XX se dieron algunos indicios velados en este sentido. Es por todos conocido el carácter homosexual que prevaleció entre el grupo Contemporáneos* y sus escritos sobre el tema. Ejemplos de ellos son los Poemas de adolescencia, de Salvador Novo y un poema titulado “Xavier Villaurrutia”, que constituye la manifestación de una angustia ante el amor no consolidado o secreto.

El tercer Fausto, también de Salvador Novo, contiene elementos suficientemente explícitos referidos al tema: el personaje Armando confiesa: “Amo –apasionadamente, secretamente- a mi amigo Alberto”. Esta obra forma parte de Los diálogos, libro que contiene tres piezas teatrales. El “Tercer Fausto” fue publicado por vez primera en 1936, en francés. No se publicaría en español sino hasta 1956. Esta obra teatral es considerada por algunos críticos como la primera que trata el tema de la homosexualidad.

La segunda obra en este sentido pertenece también a un miembro del grupo: Invitación a la muerte (1943), de Xavier Villaurrutia, estrenada en 1947. Aquí el tema es tratado de manera sutil.

Es importante mencionar como antecedentes otras dos manifestaciones. Sergio Magaña exhibe en Los signos del zodíaco (1951), un personaje homosexual. Luis G. Basurto crea de manera explícita a un homosexual suicida, en Cada quien su vida, estrenada en 1955.

Pero la irrupción definitiva de esta manifestación literaria aparece en la década de los sesenta. Según registra Luis Mario Schneider, la primera novela de tema homosexual en México la escribió Miguel Barbachano Ponce a finales de 1962. Esta novela se tituló El diario de José Toledo y apareció como edición del autor en 1964. Narra la vida de un joven de veinte años que no puede aspirar a consolidar su pasión amorosa con otro joven, Wenceslao.

En 1969, el escritor michoacano José Ceballos Maldonado publicó Después de todo, Ceballos Maldonado descubre los mecanismos del cinismo como única posibilidad de autoafirmación para salvarse de los prejuicios de una sociedad que exige la marginación homosexual. La aparición de esta novela, a decir de Schneider, pasó inadvertida. Sin embargo, veinte años después, la crítica considera la necesidad de revalorarla, quizá, como la novela que inauguró esta tendencia. José Ceballos Maldonado incursionó nuevamente en el tema con un libro de cuentos llamado Del amor y otras intoxicaciones (1974).

Algunos escritores se interesan por el tema y lo tratan, también en los años sesenta, de manera secundaria pero directa. Es el caso de José Revueltas, quien escribe sobre la homosexualidad tanto masculina como femenina. En Los muros de agua (1941) y en Los errores (1964) menciona directamente la problemática en este sentido. También abordan el tema Juan Vicente Melo, Inés Arredondo, Juan García Ponce y Sergio Pitol, entre otros.

Ceballos Maldonado y Miguel Barbachano Ponce abrieron esta zona hasta entonces prohibida. En cuanto al ensayo, José Joaquín Blanco reflexionó sobre el tema en “Ojos que da pánico soñar”, publicado a finales de los años setenta e incluido en Función de medianoche. Ensayos de literatura cotidiana (Comp. 1978-1980).

Será Luis Zapata, con su prolífica producción, quien dará forma cabal a esta narrativa. Su primera novela: Hasta en las mejores familias (1975), que, según él mismo lo apunta, resulta fallida, contiene ya la simiente de lo que será el fruto de su escritura. Esta novela relata la investigación policiaca de los integrantes de la familia a la que pertenece el protagonista. Se trata de averiguar sus vicios y gustos privados. Al final, el personaje descubre la homosexualidad de su padre y este hallazgo lo libera un poco de su incesante preocupación alrededor de su propia circunstancia.

No es sino hasta 1979 cuando aparece El vampiro de la colonia Roma, que Luis Zapata se da a conocer en los medios literarios. Con esta novela obtuvo el Premio Juan Grijalbo*.

De El vampiro de la colonia Roma, dice Schneider: “más que vampiro el protagonista es un chichifo […] cuyo último interés es una afirmación del poder sobre el cuerpo. En definitiva es un pícaro moderno […]”. A decir del crítico, el mérito de la novela no está en las aventuras, ni en la jocosidad de ciertas situaciones, sino en el descubrimiento del ambiente citadino en un submundo mucho más terrorífico que el de la ciudad durante el día.

Luis Zapata ha escrito numerosas novelas de tema homosexual, entre otras están: Melodrama (1983), De amor es mi negra pena (1983), En jirones (1985), El amor que hasta ayer nos quemaba (1989).

José Joaquín Blanco ha incursionado también en esta temática, Su novela Las púberes canéforas (1983) se centra en la historia de una obsesión amorosa homosexual en un contexto urbano de hostilidad.

En las últimas décadas, varios autores se han abocado al tema homosexual. Alberto Dallal publicó Las ínsulas extrañas (1970), Mocambo (1976) y Todo el hilo (1986); Rodríguez Cetina escribió El desconocido (1977) y Flashback (1982); Luis González de Alba presentó El vino de los bravos (1981), Agapi mu (amor mío) (1993) y Jacobo el suplantador (1988); Jorge Arturo Ojeda publicó la novela Octavio (1982); Carlos Eduardo Turón dio a conocer Sobre esta piedra (1981), y José Rafael Calva produjo el libro de cuentos Parte del horizonte (1982) y la novela Utopía gay (1982), donde presenta lo absurdo de la visión de los machistas sobre la homosexualidad. Con esta novela obtuvo el segundo lugar en el segundo certamen “50 años del Nacional”.

Además, se han publicado: Gay. Un amor sin barreras, de Isaías Carballo; la novela A tu intocable persona (1955), de Gonzalo Valdés Medellín; El atardecer de los viejos faunos, de Bosco Alvarado, novela que trata el tema de la homosexualidad llamada Xerödnny: Donde el gran sueño se enraíza, de Arturo César Rojas bajo, con el seudónimo de Kalar Sailendra.

También la literatura homosexual femenina aparece en años recientes. A esta literatura se le ha llamado, entre algunas mujeres dedicadas a la crítica “queer”, literatura lésbica. Héléne Cixous dice que la literatura lésbica no se articula sólo mediante las relaciones sexuales; es también el concepto de “feminidad” para establecer las relaciones afectivas. La literatura lésbica es escrita por lesbianas y por no lesbianas y puede tratar todo tipo de temas.

Rosamaría Roffiel identifica la emergencia de la literatura lésbica a mediados de la década de los ochenta. De hecho, su obra poética Corramos libres ahora (1986) abre el camino a esta literatura. En 1988 se publica Lunas, de Sabina Berman y en 1984 Silvia Tomasa Rivera publica Poemas al Desconocido, Poemas a la Desconocida, libros en los que se esboza el tema del lesbianismo.

La primera novela que expresa abiertamente una relación amorosa entre mujeres es Amora (1989), de Rosamaría Roffiel, a ésta le sigue Dos mujeres (1990), de Sara Levi Calderón y, más recientemente, Con Fugitivo Paso (1997), de Victoria Enríquez.

No sólo se ha incursionado en la narrativa homosexual. También se ha explorado la poesía en esta línea. Luis González de Alba publicó Malas Compañías (1984). También han escrito poesía con tema homosexual, entre muchos otros, Porfirio Barba Jacob (Miguel Ángel Osorio), Arturo Ramírez Juárez, Rosamaría Roffiel, Reyna Barrera, Nancy Cárdenas y Juan Carlos Bautista.

En los últimos diez años –en novelas, relatos y poemas- se ha tratado profusamente el tema del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).


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