Agustín de Salazar y Torres


Agustín de Salazar y Torres nació en Soria en 1636.Según Juan de Vera Tassis (“Prólogo” a la Cýthara de Apolo, Madrid, Antonio González de Reyes, 1694), Salazar y Torres nació en Soria en 1642. Sin embargo, según los hallazgos de Thomas O’Connor (“Antecedentes inmediatos de la «Aprobación» del padre Guerra: el «Discurso de la vida y escritos de don Agustín de Salazar y Torres» de Vera Tassis”, en El escritor y la escena VII: estudios sobre teatro español y novohispano de los Siglos de Oro: dramaturgia e ideología, ed. Y. Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1999, pp. 159-167), Salazar y Torres nació en Villa de Almazán en 1636. Poco después de los nueve años llegó a México con su tío Marcos de Torres, obispo de Yucatán y después virrey de Nueva España. Aquí estudió humanidades, artes, cánones, leyes, y teología. Muy tempranamente empezaron a imprimirse sus primeras composiciones: en 1653, cuando tenía 17 años de edad, publicó la Descripción en verso castellano de la entrada pública en México del Sr. Duque de Alburquerque, su virrey (México, Hipólito de Ribera, 1653); en 1654, participó en el certamen de la Inmaculada Concepción, convocado por la Real y Pontificia Universidad de México (Certamen poético, México, Viuda de Bernardo Calderón, 1654),Cf. supra, p. 441. en el cual sus composiciones (un romance “de equívocos” y unas redondillas de pie quebrado) obtuvieron el segundo y primer lugares, respectivamente.Dice Juan de Vera Tassis, en el citado prólogo: “En la puericia se dedicó a la professión de humanas letras, descubriendo al despuntar luzes la razón, un gallardo y fecundo ingenio [...], donde ya amanecían doctos, ardientes furores que le inspiraban las festivas Musas, a quien sin violencia se dedicó, ayudado de una feliz memoria y de la lectura de los poetas griegos, latinos, italianos y españoles; pues lo comprueba el ver que en aquel sabio Colegio de la Compañía de Jesús, teniendo aún menos de doze años de edad [con la nueva fecha de nacimiento: 18], después de aver recitado las Soledades y Polifemo de nuestro culto, conceptuoso cordovés, fue comentando los más obscuros lugares, desatando las más intrincadas dudas y respondiendo a los más sutiles argumentos que le proponían los que muchos años se avían exercitado en su inteligencia y lectura” (Cýthara de Apolo..., ed. cit., t. 1, ff. 4r-4v).

Regresó a España en 1660, donde muy pronto se dio a conocer con algunas de sus comedias, en las que imitaba a Calderón y que fueron muy bien recibidas: “era en aquel tiempo ocupación favorita de los ingenios cortesanos el hacer comedias, y nuestro D. Agustín sobresalió con aplauso en este ramo de la poesía, mereciendo la amistad y estimación del príncipe del teatro, D. Pedro Calderón de la Barca”.Beristáin y Souza, Biblioteca hispanoamericana..., ed. cit., s.v. De hecho, Calderón de la Barca es el autor de una de las Aprobaciones de la Cýthara de Apolo... Primera parte, aprobación por demás elogiosa: “He visto las Obras Pósthumas de don Agustín de Salazar [...] aviendo hallado en ellas no sólo quanto imaginava prometido, pero mucho más de lo que esperava imaginado, assí en lo grave de sus heroycos metros, lo dulce de los lýricos, lo apacible de los jocosos y, finalmente, lo ingenioso de sus inventivas”. Estuvo en Alemania con la emperatriz, esposa de Leopoldo, a la que dedicó las obras Real jornada (a la que Beristáin llama Itinerario de la emperatriz) y Epitalamio (las dos, hasta ahora, inéditas). Luego pasó a Italia con el duque de Alburquerque (quien había sido virrey de Nueva España y desde entonces protector de Salazar y Torres). El duque de Alburquerque lo nombró sargento mayor de la provincia de Agrigento y después capitán de armas. Volvió a España enfermo y murió en 1675, a los 39 años.

Escritor muy fecundo, dejó un considerable número de obras dramáticas y líricas, publicadas por su amigo y biógrafo Juan de Vera Tassis en Cýthara de Apolo, varias poesías divinas y humanas que escribió D. Agustín de Salazar y Torres (Madrid, 1677- 1681); Cýthara de Apolo... Primera parte (Madrid, 1694) y Cýthara de Apolo... Segunda parte (Madrid, 1694). Además, según Beristáin, dejó inéditas las siguientes obras: Itinerario de la emperatriz y Epitalamio; dos autos sacramentales; varias comedias; fábulas jocoserias;“Entre las obras inéditas del autor que nos ocupa [Salazar y Torres], llama la atención una intitulada «Fábulas joco-serias», por ser la primera de este género que hemos visto citada, tratándose de autores mexicanos o que figuraron en México” (F. Pimentel, Historia crítica..., ed. cit., p. 153). Las transformaciones megicanas; loa para la comedia de Tetis y Peleo; La destrucción de Troya; un “drama virginal” para la Universidad de México.

Eguiara y Eguren no escatima elogios para Salazar y Torres:

 

Mereció ser contado entre los primeros poetas eruditos de España, como si sobre él hubiesen concurrido todas las Musas y las Gracias, para que descubriese y encontrase con felicísimo numen, cual si en sus propios labios se hallasen, aquellos poemas dulces y elegantísimos, levantados, en medio de tropos y figuras, y si el lector halla tropiezo en ellos, atribúyalo a la juvenil edad del autor y a los tiempos que corrían, que no pedían otra cosa.Biblioteca mexicana (1745), pról. y versión esp. B. Fernández Valenzuela, est. prel., notas, apéndices, índices y coord.. general E. de la Torre Villar, con la colab. de R. Navarro de Anda, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1986, t. 2, p. 572.

 

Más modernamente, Menéndez Pelayo salva a Salazar y Torres de entre los autores picados por el “veneno del gongorismo” (además de sor Juana a la cabeza): “Nutrido con tal leche literaria [el gongorismo], todavía es de admirar que el buen instinto de Salazar y Torres le salvase alguna que otra vez, como en su linda comedia El encanto es la hermosura, que mereció ser atribuida a Tirso, y en sus versos de donaire, especialmente en el poemita Las estaciones del día”.Historia de la poesía hispano-americana, ed. cit., t. 1, pp. 71-72. Cejador refiere su activa participación en las tertulias literarias de la Península: “su nombre se halla en todas las academias y certámenes de su tiempo. Es poeta suelto, festivo; pero desde México trajo el gongorismo bien metido en el cuerpo”.Julio Cejador y Frauca, Historia de la lengua y literatura castellana, Madrid, Gredos, 1935, t. 5, pp. 207-208. Por su parte, Alfonso Reyes resalta su “buen habla” y su musicalidad desde sus composiciones para el certamen de 1654: “Usa con igual soltura el lápiz, la acuarela y el óleo, y va de las risas a la gravedad religiosa [...] Fue a hombrearse con los ingenios de España y podemos imaginarlo, aunque en menor temple, como un segundo Ruiz de Alarcón”.Letras de la Nueva España, ed. cit., p. 78.

 



1 Según Juan de Vera Tassis (“Prólogo” a la Cýthara de Apolo, Madrid, Antonio González de Reyes, 1694), Salazar y Torres nació en Soria en 1642. Sin embargo, según los hallazgos de Thomas O’Connor (“Antecedentes inmediatos de la «Aprobación» del padre Guerra: el «Discurso de la vida y escritos de don Agustín de Salazar y Torres» de Vera Tassis”, en El escritor y la escena VII: estudios sobre teatro español y novohispano de los Siglos de Oro: dramaturgia e ideología, ed. Y. Campbell, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1999, pp. 159-167), Salazar y Torres nació en Villa de Almazán en 1636.

3 Dice Juan de Vera Tassis, en el citado prólogo: “En la puericia se dedicó a la professión de humanas letras, descubriendo al despuntar luzes la razón, un gallardo y fecundo ingenio [...], donde ya amanecían doctos, ardientes furores que le inspiraban las festivas Musas, a quien sin violencia se dedicó, ayudado de una feliz memoria y de la lectura de los poetas griegos, latinos, italianos y españoles; pues lo comprueba el ver que en aquel sabio Colegio de la Compañía de Jesús, teniendo aún menos de doze años de edad [con la nueva fecha de nacimiento: 18], después de aver recitado las Soledades y Polifemo de nuestro culto, conceptuoso cordovés, fue comentando los más obscuros lugares, desatando las más intrincadas dudas y respondiendo a los más sutiles argumentos que le proponían los que muchos años se avían exercitado en su inteligencia y lectura” (Cýthara de Apolo..., ed. cit., t. 1, ff. 4r-4v).

4 José Mariano Beristáin y Souza, Biblioteca hispanoamericana septentrional,  (Biblioteca del Claustro: Serie Fascimilar), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1980, s.v. De hecho, Calderón de la Barca es el autor de una de las Aprobaciones de la Cýthara de Apolo... Primera parte, aprobación por demás elogiosa: “He visto las Obras Pósthumas de don Agustín de Salazar [...] aviendo hallado en ellas no sólo quanto imaginava prometido, pero mucho más de lo que esperava imaginado, assí en lo grave de sus heroycos metros, lo dulce de los lýricos, lo apacible de los jocosos y, finalmente, lo ingenioso de sus inventivas”.

5 "Entre las obras inéditas del autor que nos ocupa [Salazar y Torres], llama la atención una intitulada «Fábulas joco-serias», por ser la primera de este género que hemos visto citada, tratándose de autores mexicanos o que figuraron en México” (Francisco Pimentel, Historia crítica de la poesía y de las ciencias en México, México, Tripografía Económica, 1892, p. 153).

6 Biblioteca mexicana (1745), pról. y versión esp. B. Fernández Valenzuela, est. prel., notas, apéndices, índices y coord.. general E. de la Torre Villar, con la colab. de R. Navarro de Anda, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1986, t. 2, p. 572.

7 Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de la poesía hispano-americana, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1911, t. 1, pp. 71-72.

8 Julio Cejador y Frauca, Historia de la lengua y literatura castellana, Madrid, Gredos, 1935, t. 5, pp. 207-208.

9 Alfonso Reyes, Letras de la Nueva España, Mécico, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 78.

 

Última actualización: 07 de enero de 2014 a las 15:04

Hay relieve en Salazar y Torres. Asombro que comprueba las observaciones de Grijalba sobre la precocidad de los novohispanos, decoraba y comentaba de niño los más difíciles poemas de Luis de Góngora y Argote. Contra el fácil diagnóstico de los que aconsejan a la infancia el Paquín, no se entontenció con los años. Su linda comedia El encanto es la hermosura mereció ser atribuida a Tirso de Molina, y es innegable la calderoniana dignidad de También se ama en el abismo, Tetis y Peleo, Los juegos olímpicos, La mejor flor de Sicilia, Céfalo y Procris, a juzgar por los fragmentos que hemos leído. Marcelino Menéndez y Pelayo no escatima elogios a “sus versos de donaire, especialmente en el poemita "Las estaciones del día”. Su Romance del escudo de María, cosa de certamen, es muestra de buen habla; y todos sus versos, de aquella musicalidad que notaba Adolfo de Castro. Usa con igual soltura el lápiz, la acuarela y el óleo, y va de las risas a la gravedad religiosa. Calderón lo apreció en sus días. Fue a hombrearse con los ingenios de España y podemos imaginarlo, aunque en menor temple, como un segundo Juan Ruiz de Alarcón.

Última actualización: 08 de enero de 2014 a las 08:31



 
 


Agustín de Salazar y Torres

1636
Soria, España
1675
España


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