Enciclopedia de la Literatura en México

Los días terrenales

mostrar Introducción

Los días terrenales (Editorial Stylo, 1949) es la tercera novela publicada de José Revueltas. Ha tenido otras ediciones, como las de Era en 1973, 1979 y 2014. En 1995 apareció una edición crítica en la Colección Archivos de la Literatura Latinoamericana, del Caribe y Africana del Siglo xx. El texto cuenta las historias de un grupo de comunistas mexicanos, sus tensiones y contradicciones internas. Los principales son Gregorio, que apuesta por un comunismo autocrítico, y Fidel, representante dogmático del Partido Comunista Mexicano (PCM).

Gregorio Saldívar, tras ser enviado a Acayucan (Veracruz), para organizar a unos campesinos sojuzgados, es castigado por la dirigencia del Partido, ya que Epifania, una prostituta del pueblo, se enamora de él y asesina a Macario, agente de los latifundistas de la zona. El delito provoca el enojo de Fidel, su amigo y camarada, quien decide, con el acuerdo de los demás compañeros militantes, encargarle a Gregorio que dirija una marcha de Puebla a la Ciudad de México a manera de castigo. La novela cierra con la imagen de Gregorio torturado y encerrado tras la manifestación.

A la par que se desarrollan estos hechos otros personajes cercanos a ellos aparecen en la narración: el Tuerto Ventura, líder de las comunidades campesinas, Jorge Ramos, un arquitecto pequeñoburgués simpatizante de la causa, su pareja Virginia y la compañera de Fidel, Julia; Ciudad Juárez, Bautista y Rosendo reproducen otras posturas militantes.

En Los días terrenales hay un énfasis importante en la construcción de la subjetividad de los personajes principales. La narrativa de Revueltas permite que el lector tenga acceso al interior de los personajes, a sus pensamientos, recuerdos y sentimientos: así, Los días terrenales concentra una fuerte carga de reflexión política que encuentra sentido al ser leída en el contexto cultural de la época.

mostrar Coordenadas históricas y culturales: hilar el trabajo literario con la práctica política

Durante el gobierno de Miguel Alemán (1946-1952) se desarrollaba en nuestro país un programa nacionalista que buscaba consolidar la legitimidad de las instituciones que se crearon tras la Revolución de 1910. Es en esta época cuando Revueltas empieza su segundo periodo como escritor, comienza con Los días terrenales y comprende En algún valle de lágrimas (1956), Los motivos de Caín (1957), Dormir en tierra (1960), Los errores (1964), El apando (1969) y Material de los sueños (1974). Los días terrenales marcó un hito en la vida literaria del escritor: a partir de las críticas que recibió la obra tras su publicación en 1949, Revueltas se enfrentó durante largo tiempo al dilema de cómo hilar su trabajo literario con la militancia política.

Es posible insertar esta obra en la narrativa con temática posrevolucionaria ya que, desde El luto humanoRevueltas escribe sobre la realidad del momento histórico desde técnicas y estructuras narrativas novedosas en el panorama nacional. Podemos considerar que otros escritores con búsquedas estéticas afines serían Agustín Yáñez (Al filo del agua, 1947), Miguel N. Lira (Mientras la muerte llega, 1958) o Carlos Fuentes (La muerte de Artemio Cruz, 1962).

Carlos Monsiváis señala que la “Generación del 50”, formada por Rosario Castellanos, Emilio Carballido, Sergio Magaña, Jaime Sabines, Miguel Guardia, Ernesto Cardenal, Ernesto Mejía Sánchez, Augusto Monterroso, Jorge Hernández Campos, Ricardo Garibay, Margarita Michelena, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Rubén Bonifaz Nuño, Jaime García Terrés, Jorge Ibargüengoitia y el grupo Hiperión, anhelaban “desprenderse de lo que, luego del ímpetu creador de la década del veinte, amenazaba petrificarse tramposa y fastidiosamente: el nacionalismo cultural, ya no método de cohesión y de estímulo imaginativo, sino gastada fórmula de promoción oficialista”.[1]

Para Enrique González Rojo Arthur hay tres etapas en la vida de Revueltas como escritor: antes, durante y después de su participación en la Liga Leninista Espartaco que él mismo impulsó en septiembre de 1960 al lado de Eduardo Lizalde y Enrique González Rojo Arthur. Nacido en Durango, en 1914, Revueltas ingresó al Partido Comunista en 1930, aunque ya había participado en actividades de propaganda desde muy joven. Revueltas estuvo preso en varios momentos: por sus simpatías políticas, a los 15 años quedó recluido seis meses en un reformatorio, y en otra ocasión fue enviado las Islas Marías de julio a noviembre de 1932, experiencia que le sirvió para escribir Los muros de agua; también permaneció encarcelado en Lecumberri de noviembre de 1968 a mayo de 1971. Su historia como militante estuvo ligada a la efervescencia social de la época y a las rencillas entre grupos y asociaciones comunistas de distintas tendencias (estalinistas y troskistas, por mencionar la más conocida). Por ejemplo, fue expulsado del PCM en 1943 junto con los demás integrantes de la célula José Carlos Mariátegui, conformada por periodistas. Con Vicente Lombardo Toledano y Enrique Ramírez y Ramírez se afilió al Partido Popular en 1948, del cual salió en 1955 para solicitar su reingreso al PCM.

En sus obras teóricas expresa sus críticas a las mistificaciones ideológicas –tanto de los partidos de derecha como los de de izquierda–, lo que González Rojo Arthur llama su “espartaquismo”;[2] los textos fundamentales son México: una democracia bárbara (1958) y Ensayo sobre el proletariado sin cabeza (1962).

Es decir, se apropia de Marx y el marxismo de manera crítica. Uno de los filósofos y estudiosos marxistas más importantes, el húngaro Georg Lukacs señala que

suponiendo –aunque no admitiendo– que la investigación reciente hubiera probado indiscutiblemente la falsedad material de todas las proposiciones sueltas de Marx, todo marxista “ortodoxo” serio podría reconocer sin reservas todos esos nuevos resultados y rechazar sin excepciones todas las tesis sueltas de Marx sin tener en cambio que abandonar ni por un minuto su ortodoxia marxista. Así pues, marxismo ortodoxo no significa reconocimiento acrítico de los resultados de la investigación marxiana, ni “fe” en tal o cual tesis, ni interpretación de una escritura “sagrada”. En cuestiones de marxismo la ortodoxia se refiere exclusivamente al método.[3]

En particular, la literatura de Revueltas muestra una preocupación incesante por la condición humana y por el devenir histórico y político de México. En Los días terrenales hay una franca discusión sobre las variadas formas de entender y practicar el comunismo en México. Evodio Escalante, uno de sus críticos más acuciosos, sostiene que

lo que Revueltas pretende, y esto lo declara en un prólogo memorable, es captar no un reflejo mecánico, directo de la realidad, sino un movimiento interno, aquel aspecto de la realidad que obedece a leyes y a través del cual esta realidad aparece en trance de extinción, en franco camino de desaparecer y convertirse en otra cosa.[4]

Jorge Fuentes Morúa explica que “Revueltas argumentó planteamientos estéticos denominando a su punto de vista realismo crítico dialéctico; este avance fue posible debido a su largo recorrido territorial, es decir, nacional”.[5] Este recorrido no se refiere a un desplazamiento únicamente espacial, también tiene que ver con un desplazamiento literario ya que, como apunta Vicente Francisco Torres, en las obras de Revueltas es posible encontrar apropiaciones del realismo, a partir de la construcción de personajes como los que presentaba Federico Gamboa (la prostituta o el ciego) y el uso de la literatura como arma de lucha social, tal como ya lo había hecho, por ejemplo, Ángel de Campo. Este ejercicio de búsqueda “nos permite ubicar a Revueltas en la tradición mexicana, cuestión que nunca se ha hecho siendo tan evidentes sus vínculos con el realismo de fines del siglo pasado y principios de éste [siglo xx]”.[6]

mostrar Apropiaciones literarias, correspondencias filosóficas: ecos que aportan sentido

La presencia de la Biblia es notable en la producción literaria de José Revueltas. En esta novela las referencias aparecen desde el primer capítulo que hace resonar el Evangelio de Juan: “En el principio había sido el Caos, mas de pronto, aquel lacerante sortilegio se disipó y la vida se hizo. La atroz vida humana”.[7] En el apartado capital de la historia, donde alcanza su cumbre el debate sobre el comunismo construido en las páginas anteriores, la tesis central de Gregorio puede resumirse en unas palabras tomadas del Eclesiastés: “en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor”.[8] Estas referencias otorgan cierta universalidad a las palabras del militante Gregorio.

El último capítulo también está cargado de referencias bíblicas, el epígrafe con que comienza pertenece al Apocalipsis de Juan “... y no conoces que tú eres un cuitado y pobre y ciego y desnudo”; la resonancia de estas palabras está presente en el cierre de Los días terrenales, cuando Gregorio acepta sufrir como hombre, es decir, acepta completamente la ausencia de verdades absolutas. La construcción de esta última narración también se articula siguiendo el prólogo del Evangelio de san Juan: “En el principio fue el Caos, no el desorden, el Caos, simplemente una etapa anterior a la experiencia, en donde nada ni nadie se había comprobado a sí mismo”.[9]

Además de esta característica constante de su narrativa, el eco bíblico, se ha señalado la afinidad de Revueltas con autores como el ruso Fiodor Dostoievski y el francés André Malraux, y en el ámbito filosófico, con Karl Marx y Friedrich Engels, los fundadores del materialismo histórico, así como a su gran antecesor, Georg W. Hegel, a quienes cita constantemente en sus escritos literarios, de estética y sociología.

Ya en un espacio intelectual nacional, Edith Negrín apunta que José Revueltas tuvo cercanía con el grupo filosófico Hiperión, conformado por estudiosos que rodeaban a José Gaos y que reflexionaban en torno a “lo mexicano” en una “especie de atmósfera existencialista cuyas resonancias de alguna forma alcanzaron al joven Revueltas, si bien este autodidacta no formó nunca parte de la academia establecida”.[10] Por testimonios de Leopoldo Zea, por ejemplo, se sabe que Revueltas participó en conferencias de Hiperión.[11]

La investigadora ha detectado seis libros fundamentales para el desarrollo filosófico y temático de la novela: Las revelaciones de la muerte, de León Chestov; los Pensamientos de Blaise Pascal; El beso al leproso, de François Mauriac; un artículo de José Alvarado, titulado “Antonio Machado” publicado en la revista Taller (que tuvo como colaboradores también a Octavio Paz y Efraín Huerta) en mayo de 1939; la Dialéctica de la naturaleza de Engels y El cero y el infinito, de Arthur Koestler. Tras una revisión minuciosa de cómo Revueltas se apropió de las obras mencionadas durante su ejercicio literario, Edith Negrín concluye que “la revisión intertextual permite comprobar que el discurso existencialista es un centro generador en la escritura de Los días terrenales”.[12] Cabría matizar esta aseveración, pero el mismo Revueltas ha dejado documentos, como la carta a Jean Paul Sartre a propósito de su visita a Cuba en 1960, que apuntan a cierta afinidad con el existencialismo.

Evodio Escalante expone las filiaciones ideológicas de esta manera: “Los días terrenales, novela que la izquierda de la época condenó de manera unánime por su parentesco con el existencialismo, es en realidad una denuncia de las prácticas y del clima mental propiciados por el estalinismo al interior del aparato partidario”.[13]

mostrar La contienda intelectual: el comunismo crítico

José Revueltas había sido expulsado del Partido Comunista Mexicano en 1943 (reingresó en 1953 hasta su salida definitiva en 1960). En las décadas de los veinte y treinta “el Partido y sus dirigentes [fueron] declarados enemigos del Estado; se les orilló a vivir en la clandestinidad por lo menos hasta 1934 en que terminó el anticomunismo oficial, con la llegada del general Cárdenas a la Presidencia”.[14]

Revueltas pudo ver que durante y después de la represión oficial al Partido Comunista Mexicano (como “cerebro” de proletariado) le faltó autoconciencia que impidiera disputas estériles y rencillas (algunas de ellas provocadas por cuestiones personales) al interior de la organización. Según la lectura de Álvaro Ruiz Abreu: “Gregorio (Revueltas) [sic] critica la rigidez ideológica, la disciplina paramilitar. Gregorio se convierte entonces en la parte crítica, dialéctica que le faltó al PCM durante ese periodo”.[15]

En Los días terrenales esta crítica ocurre, casi siempre, al interior de los personajes. La acumulación de monólogos forma una gran densidad introspectiva: se manifiestan los deseos, dudas y evocaciones de los personajes que los revelan como seres atribulados. Florence Olivier otorga a esta forma de narrar un sentido que es relevante para determinar qué lugar ocupa esta novela en la historia de nuestras letras:

En el primer plano se encuentra la conciencia de los personajes, gracias al uso casi permanente del relato de focalización interna, del verdadero estilo indirecto libre [...] Los días terrenales pertenece a una concepción novelística más resueltamente “moderna” que El luto humano, y se aleja en efecto [...] del realismo socialista, heredero del realismo del siglo pasado, el cual otorga espacios iguales al discurso del autor-narrador y al relato como tal dentro de la novela.[16]

Esto podemos ejemplificarlo con el siguiente fragmento: “No importaba, sería un triunfo, pensó Gregorio, que el sufrimiento y el dolor hicieran de Fidel nuevamente un hombre verdadero, no esa horrible máquina de creer, esa horrible máquina sin dudas”.[17] Gregorio prefiere la verdad cuestionable a la creencia ciega y estática, porque en ello radica ser un marxista verdadero.

En la novela se muestra una contraposición entre las maneras de entender el comunismo. Gregorio vive en la acción práctica y piensa que lo mejor para el hombre es llegar al conocimiento de la realidad, a pesar de la desesperanza que esto provoque. Fidel, por el contrario, es un dogmático estalinista que ha asimilado un discurso fijo en torno a la causa: es un fanático que, defendiendo prácticas estériles, justifica actividades deshumanizadas. Muestra de ello es su reacción ante la muerte de Bandera, su pequeña hija, y ante el sufrimiento profundamente solitario de Julia, madre de la niña.

Otro ejemplo: “Como un cura. Fidel era como un cura. Un cura rojo auxiliado por la utilería de cien mil frases como aquélla. «Pero, se le ocurrió a Julia con pavor, un cura al que no se puede dañar u odiar porque tal vez sea un hombre sincero, honrado y de un gran corazón; o peor aún, un hombre útil a la causa»”;[18] en este segmento podemos ver cómo desde antes de que el narrador introduzca el pensamiento de Julia entrecomillado, estamos ya dentro de su conciencia, pues las palabras usadas son las que ella misma empleará para referirse a su esposo. Es interesante la caracterización de “hombre sincero” porque resuena aún el “hombre verdadero” de la cita anterior. La diferencia sea quizá, siguiendo las líneas, el dolor por el que se haya pasado para encontrar una verdad. Podría aventurarse que, de cualquier manera, el proceso entre ambos estadios tiene que realizarse en soledad, internamente.

Abundan los monólogos y el discurso indirecto libre en la narración, es decir, los discursos presentes en el relato aparecen intervenidos o modulados por una voz narrativa que es capaz de presentar la conciencia del personaje: sabemos cuáles son sus inquietudes y pensamientos, su forma de ver el mundo. El narrador aparecerá muchas veces como ventana o filtro para acceder a la conciencia de los hombres a lo largo de la narración, y según el juicio de Evodio Escalante, “es también un sujeto alienado que observa y describe la alienación de sus personajes desde su propia alienación originada en una carencia”.[19]

Elba Sánchez Rolón destaca dos pasajes: el primero en el capítulo seis, cuando Bautista pisa excremento mientras cruza un tiradero de basura, lo que desencadena un monólogo reflexivo, que se encuentra “en varios momentos en consonancia con el narrador, quien asume el punto de vista del personaje”.[20] Otro pasaje se da en el capítulo 8, en la visita de Gregorio al hospital tras haber contraído sífilis de manera voluntaria con Epifania. En ambos casos, los resultados de las cavilaciones llevan a Bautista y a Gregorio a pensar en la “terrenalidad” de su condición, y a la necesidad de reconocimiento en la mirada del otro.

mostrar “Yo no he visto ángeles en torno mío”: posturas enunciadas en la novela

Los días terrenales está compuesta por nueve capítulos que recorren los acontecimientos ocurridos en unos cuantos días; sin embargo, al interior de cada apartado existen regresiones temporales que ayudan a tejer historias previas en el discurso cronológico, así como construcciones plásticas, sonoras y filosóficas que argumentan y teorizan sobre algún tema relacionado con el principal. Jorge Ruffinelli explica someramente la correspondencia entre personajes y capítulos:

Los seis primeros capítulos [...] aparecen trazados en derredor de unos pocos pero importantes personajes, que se alternan regularmente: i. Gregorio [...]; ii. Fidel y Julia [...]; iii. Bautista y Rosendo, dos comunistas que representan la actitud crítica y la ingenuidad embelesada; los capítulos iv, v y vi retoman a los personajes en el mismo orden que los anteriores, y los tres finales ofician de desenlace, reuniendo a los personajes y cerrándose en el mismo en quien la novela se ha iniciado: Gregorio.[21]

Como se ve en la cita de Ruffinelli, la acción y las reflexiones en cada capítulo se relacionan con algunos de los personajes, y cada uno de ellos es representante de algún discurso que se inserta en la crítica desarrollada en la novela. Florence Olivier explica que Fidel y Rosendo no son sino las combinatorias variables de un solo y mismo personaje tipo de militante del partido. Los separan algunos años. Bautista, en cambio, no es otro aspecto de Gregorio sino su relevo, es decir el que retoma como en eco, en el debate de la novela, el discurso de Gregorio.[22]

En efecto, Rosendo y Bautista trasladan el debate principal a otras circunstancias temporales y espaciales, con edades diferentes aunque las ideas sean similares. Existen otros personajes en la novela que inciden en las acciones principales y sobre todo para enmarcar la propuesta filosófica de fondo. Para la estructura de Los días terrenales su papel también es relevante:

En este texto, la infamia está presente en los otros, en los que difícilmente tienen voz, como Epifania, como los pacientes del dispensario médico al que asiste Gregorio, como los habitantes del tiradero por el que transitan Bautista y Rosendo [... son] ese otro sector de los vencidos, de estos “bajos fondos”.[23]

Uno de ellos es Ventura, un hombre tuerto y manco que guía a varias comunidades en Veracruz; en el polo contrario, el de los burgueses aparece Jorge Ramos, arquitecto y miembro del Partido Comunista Mexicano que presta su casa para las juntas del partido, y que disfruta de una posición económica más alta que las del resto. Olivier, en su minucioso análisis de la novela, dice que: “Ramos y Ventura [...] se encuentran [...] cada uno en un cabo del abanico social que interesa al partido”.[24]

Los personajes femeninos están menos perfilados que los masculinos. No obstante, Julia, a través de sus sentimientos y razones permite al lector tener una idea más clara de por qué el comunismo que representa Fidel era sectario y reduccionista. Ante la frialdad de reacción de Fidel cuando muere Bandera, Julia se da cuenta de que ha dejado de amarlo. En la lectura de Álvaro Ruiz Abreu, “Amar a su mujer, sentir piedad por su hija muerta, llorar por sus fracasos, ¿son debilidades pequeñoburguesas? Para un comunista, sí”.[25]

Por la forma de hablar de los personajes, en particular por su vocabulario, es posible ubicarlos en su postura ideológica. Fidel usa una jerga partidista que aparece gastada y vacía de sentido:

Era la locución favorita, aunque nunca la usara íntegra ya que para completar su significado habría que agregarle un “de la burguesía”: echarle agua al molino de la burguesía, que empleaba para combatir opiniones opuestas a las suyas o actitudes que a su juicio eran contrarias a las normas que deben observarse.[26]

Por las últimas palabras, el narrador nos da a entender que Fidel llama “burguesía” a todo lo que no entre en sus preferencias personales, desde sus categorías de pensamiento, sin hacer una estimación real de lo que está rechazando. Algo similar ocurre en una reunión donde habla el jefe del Partido:

La tarea de nuestro Partido, en consecuencia, es arrebatarle los campesinos, formar un bloque obrero bajo la dirección del proletariado, y plantear las demandas de la Revolución Obrero Campesina: toda la tierra a los trabajadores del campo, todas las fábricas a los obreros, todo el poder a los Consejos de Obreros, Campesinos y Soldados –una jerga sin lirismos, machacona, desnuda como una cantera–.[27]

De nuevo, según el juicio del narrador, la forma de hablar del líder es carente de pasión, como aprendida de memoria; podría decirse privado de vida, pesado, insistente. Esto remitiría a la enajenación general entre los miembros del Partido Comunista Mexicano de aquella época, que actuaban como piezas de una maquinaria que no alcanzaban a comprender. Sin embargo, la estructura y la técnica narrativa de Los días terrenales permiten varios niveles de lectura sin que se contrapongan: uno, más universal y otro más local que discute la forma de militancia del PCM.

mostrar Su posición esencial: Revueltas y el oficio del escritor

José Revueltas intenta en Los días terrenales desentrañar la identidad humana y critica las estructuras políticas pretendidamente libertarias que se configuraron en la sociedad mexicana durante la primera mitad del siglo xx

De acuerdo con Jorge Ruffinelli, en la novela, José Revueltas da

la expresión más clara y definitoria, al mismo tiempo que total, de sus ideas sobre los tópicos que más le preocupaban y que, hoy por hoy, definen toda su literatura [...] logra establecer un sistema coherente, una visión del mundo muy propia, que se reflejará asimismo en una literatura “propia”, coherente y por esencia polémica.[28]

Por ello es importante hablar sobre la propuesta estética del autor que permitía escribir fuera de los programas autorizados por el Partido Comunista. Las declaraciones estéticas del escritor, tanto en textos teóricos como en su propia praxis literaria pueden leerse como intentos por conjugar de manera coherente su militancia política con su trabajo creativo. Para Revueltas, la novela era “una forma particular del movimiento: el movimiento real percibido, representado e imaginado por medio de los recursos de la literatura”.[29] Frente a esta concepción, es oportuno recordar cuáles eran los principios del realismo socialista, del que Revueltas abominaba:

El estalinismo, como sabemos, proclamó al realismo socialista como única doctrina verdadera en arte. Al erigirse este falso realismo –que copia solamente lo acertado y aleccionado escondiendo los vicios y errores– en único recurso artístico para coadyuvar a la construcción del socialismo, se toma al mundo susceptible de trabajo artístico con franca parcialidad falseando su esencia móvil y aniquilando sus contradictorias tendencias internas: se hace de la realidad un espantajo momificado, antidialéctico.[30]

La propuesta estética de Revueltas responde entonces a la necesidad de la elaboración autónoma de la obra de arte a través de un método dialéctico para apropiarse de la realidad. Según Evodio Escalante, “[l]o que Revueltas quiere –y, que se sepa, nadie en América Latina ha formulado este objetivo con tanta audacia ni claridad– es producir una literatura que sea al mismo tiempo materialista y dialéctica”.[31]

Los días terrenales no buscaría quedarse en el señalamiento de “los errores” de un grupo en particular, sino en una reflexión “sobre las múltiples relaciones del ser humano dentro de las prácticas sociales y sobre su condición en el mundo”.[32]

mostrar Historia de la recepción: la revaloración y la vitalidad de la escritura

La recepción crítica de Los días terrenales es todavía materia de discusión. Cuando José Revueltas publicó esta novela ya había sacado a la luz en 1941 Los muros de agua, había ganado el Concurso Literario Latinoamericano que organizaba la editorial Farrar and Rinehart en 1943 con El luto humano y su primer libro de cuentos, Dios en la tierra (1944), circulaba en México. No obstante, su trayectoria dio un giro importante tras Los días terrenales: los camaradas de Revueltas en el Partido Comunista Mexicano entendieron la novela como un oprobio a la causa y como un ejemplo de arte burgués. En palabras de Evodio Escalante, “la izquierda de la época la condenó de manera unánime”.[33]

De entre las críticas de la época destacan las de Enrique Ramírez y Ramírez y la de Juan Almagre, seudónimo de Antonio Rodríguez. La primera se publicó el 26 de abril de 1950 en El Popular, la segunda el 8 de junio de 1950 en El Nacional. “Ramírez y Ramírez veía en esa novela la confirmación de que los derrotados, perversos, frustrados, los inválidos y los criminales, son el único ‘lado oscuro de la realidad’ que le interesa describir a Revueltas”.[34] Antonio Rodríguez atacó a la novela por razones similares e incluso utilizó el recuerdo de la figura de su hermano Silvestre, el músico, para condenarlo.

El poeta chileno Pablo Neruda, que pasó una temporada en México y fue amigo del escritor, lo condenó de manera similar según consigna Marco Antonio Campos: “Las páginas de su último libro no son suyas. Por las venas de aquel noble José Revueltas que conocí circula una sangre que no conozco. En ella se estanca el veneno de una época pasada, con un misticismo destructor que conduce a la nada y a la muerte”.[35] Años después, en 1967, el Nobel chileno y el escritor mexicano se reconciliaron.

Acierta Evodio Escalante al señalar que el texto había “tocado una zona neurálgica” de un movimiento deformado por la razón de Estado de la URSS y los intereses de los líderes oportunistas. Los duros juicios, que abandonan lo meramente literario para atacar al autor, obligaron a José Revueltas a someterse a una autocrítica pública y a solicitar el retiro de la circulación de la novela a sus editores. Entretanto, Revueltas no se quedó callado: tanto a Rodríguez como a Ramírez y Ramírez les respondió en el periódico El Nacional, retomando las opiniones de Vicente Lombardo Toledano, con quien sostendría duras polémicas posteriores.[36]

En este episodio singular en la historia de la literatura mexicana, Revueltas pidió perdón a sus lectores y a sus críticos, aceptó las faltas cometidas en sus dos obras [a la par de Los días [terrenales] se estrenó en abril de 1950 El cuadrante de la soledad, obra de teatro que versaba sobre el mismo tema que la novela] y no dudó de la buena intención que se abrigaba.[37]

De alguna forma Revueltas prevé en su trabajo las consecuencias del estalinismo, que habrán de conocerse mundialmente en 1956 a través Nikita Kruschev, el sucesor de Stalin, durante el xx Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. El punto clave era la incompatibilidad de la interpretación del leninismo oficial con la libertad de conciencia, algo que a Revueltas le preocupaba de manera íntima. El conflicto con las líneas dictadas desde Moscú era inevitable. Revueltas, por el contrario, proponía una “democracia cognoscitiva” desde un “marxismo humanista”, según apunta Adolfo Sánchez Vázquez.[38]

Así, la consonancia entre la tendencia propia de los materiales elegidos para el relato (la dirección que por sí mismos asumen las individualidades en las narraciones) y la estructura o método (la interacción de los componentes de la novela como trama, acción, circunstancias y situaciones bajo un ordenamiento), puede considerarse un logro estético y a la vez ético desde la propia perspectiva de Revueltas.[39]

Los días terrenales se reeditó en 1967 como parte de la Obra literaria (publicada en dos tomos) de Revueltas.[40] Hubo pocas ediciones además de la primera que vio la luz bajo el sello de Stylo, como la de Era en 1973. Sin embargo, el autor recoge los capítulos tercero y cuarto dentro de su Antología personal, publicada por el Fondo de Cultura Económica en 1975. Revueltas incluso solicitó que toda su obra fuera cobijada bajo el título de "Los días terrenales", con excepción de los cuentos, e incluso recomendó denominar así su ciclo narrativo –esta aseveración se recoge al comienzo de cada uno de los volúmenes de las Obras Completas editadas por Era, en las que la novela ocupa el tercer tomo (1979)–. Coordinada por Evodio Escalante se publicó una edición crítica, por la Colección Archivos de la Literatura Latinoamericana, del Caribe y Africana del Siglo xx. En el centenario de su nacimiento el texto apareció en el primer tomo de las Obras reunidas, de nuevo bajo el sello de la editorial Era.

Otras lecturas han conseguido revalorar la novela en años cercanos. Philippe Cheron, uno de los editores de la Obras Completas junto con Andrea Revueltas, asegura que de Revueltas, Los días terrenales es “su novela cumbre, junto con Los errores”.[41] Como señala Sonia Adriana Peña, todavía quedan aspectos por discutir en el legado literario, filosófico, político, cinematográfico y ensayístico de Revueltas, porque “se trata de un autor esencial” para la literatura mexicana.[42]

mostrar Bibliografía

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Sánchez Vázquez, AdolfoIncursiones literarias, México, D. F., Universidad Nacional Autónoma de México/ Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial/ Facultad de Filosofía y Letras, 2009.

Torres M., Vicente FranciscoVisión de la obra literaria de José Revueltas, México, D. F., Universidad Nacional Autónoma de México (Biblioteca de letras), 1985.

Zea, Leopoldo, “Revueltas, el endemoniado”, en José RevueltasLos días terrenales, 2ª ed., ed. crít., coord. de Evodio Escalante, Madrid/ París/ México, D. F./ Buenos Aires/ São Paulo/ Río de Janeiro/ Lima, Archivos de la Literatura Latinoamericana del Caribe y Africana del Siglo xx (Colección Archivos; 15), 1996.

mostrar Enlaces externos

Arvizu Arrioja, Juan, “José Revueltas un intelectual de la izquierda radical mexicana”, (consultado el 10 de diciembre de 2012).

Juárez, Martín, “Aportes para una lectura crítica de 'Ensayo sobre un proletariado sin cabeza', de José Revueltas”, (consultado 18 de noviembre de 2014).

Ésta es la primera de los dos grandes novelas que Revueltas escribió sobre un tema del siglo XX, la conciencia comunista, del que han sido contadísimos en cualquier idioma los que han podido hablar sin exagerar del lado de la fe o del lado del reniego. En 1949, Revueltas se adelanta y logra crear, a partir de personajes históricos, grandes personajes literarios: no sólo ese apoderado de la revolución que es el secretario general Fidel, sino también los otros militantes, con sus grandezas y miserias. La publicación de esta novela causó una tormenta. La izquierda la condenó y Revueltas la retiró de la circulación; años después, dijo que él habría titulado a todas su obra novelística justamente Los días terrenales.
* Esta contraportada corresponde a la edición de 1973. La Enciclopedia de la literatura en México no se hace responsable de los contenidos y puntos de vista vertidos en ella.


Cuentista, novelista, dramaturgo, periodista, guionista de cine, ensayista, teórico de la política, filósofo autodidacta, José Revueltas representa en América Latina acaso el ejemplo mejor logrado de que los caminos de la disidencia política y de la literatura no necesariamente se contraponen. Marxista comprometido y miembro del Partido Comunista desde los primeros años de su juventud, Revueltas es todo lo contrario del escritor conformista al que le basta saber que la literatura ha de subordinarse ante las tareas que le impone la Gran Política. Aunque no sin contradicciones ni altibajos, su escritura lúcida e implacable, no quiere limitarse a reflejar la praxis política de su tiempo: también intenta separarse de ella para erigir un testimonio de un profundo valor autocrítico. Lo consigue con creces. Las días terrenales, novela que la izquierda de la época condenó de manera unánime por su parentesco con el existencialismo, es en realidad una denuncia de las prácticas y del clima mental propiciados por el estalinismo dentro del aparato partidario.

Evodio Escalante

* Esta contraportada corresponde a la edición de 1991. La Enciclopedia de la literatura en México no se hace responsable de los contenidos y puntos de vista vertidos en ella.


Cuando esta novela se publicó en 1949 fue motivo de apasionadas impugnaciones y polémicas. En ella, el autor ya bien conocido de Dios en la tierra y Los muros de agua planteaba los temas de la lucha de clases con una visión introspectiva que, sin dejar de ser fiel a su militancia marxista, ponía en crisis el dogma del "personaje positivo" al presentar personajes con una vida interior en la que se debatían las contradicciones de la condición humana. Ante la confusión y las malas interpretaciones suscitadas en torno al libro, Revueltas prefirió retirarlo de la circulación y dejó de publicar literatura narrativa durante siete años, en los que se dedicó a reflexionar sobre los problemas ideológicos en la relación entre el arte y la política. Hoy la novela aparece intensamente viva, gracias no sólo a esa visión trágica que Revueltas hace encarnar en sus personajes, sino además, a un estilo en el que las palabras forman una trama de tensiones donde la lucidez surge del choque entre la realidad caótica, adversa, y la voluntad humana comprometida, empellada en adquirir una forma, un valor de signo y de destino. 

* Esta contraportada corresponde a la edición de 2015. La Enciclopedia de la literatura en México no se hace responsable de los contenidos y puntos de vista vertidos en ella.


Ésta es la primera de las dos grandes novelas que Revueltas escribió sobre un tema del siglo XX, la conciencia comunista del que han sido contadísimos en cualquier idioma los que han podido hablar sin exagerar del lado de la fe o del lado de reniego. En 1949, Revueltas se adelanta y logra crear, a partir de personajes históricos, burócratas y militantes, grandes personajes literarios. La publicación de esta novela causó una tormenta. La izquierda la condenó y Revueltas la retiró de la circulación; años después, dijo que él habría titulado a todas su obra novelística justamente Los días terrenales.

* Esta contraportada corresponde a la edición de 2017. La Enciclopedia de la literatura en México no se hace responsable de los contenidos y puntos de vista vertidos en ella.


 

Otras obras de la colección (Colección Archivos):

Obras por número o año

Obras por género literario

Poesía y poética
Edición crítica de Edelmira Ramírez Leyva. México, D. F.: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura / Archivos de la Literatura Latinoamericana, del Caribe y Africana del siglo XX (Colección Archivos).

Los días terrenales
Coordinación de Evodio Escalante. Barcelona, España: ALLCA XX (Archivos).

Al filo del agua
Edición crítica de Arturo Azuela. México, D. F.: Archivos de la Literatura Latinoamericana, del Caribe y Africana del siglo XX (Colección Archivos).

Obra poética
Edición de José Luis Martínez. Madrid/ Barcelona/ Lisboa/ París/ México/ Buenos Aires/ Sao Paulo/ Lima/ Guatemala/ San José/ Santiago de Chile, Chile: ALLCA XX (Archivos).

Ulises criollo
Edición crítica de Claude Fell. México, D. F.: Archivos de la Literatura Latinoamericana, del Caribe y Africana del siglo XX (Colección Archivos).

El atentado . Los relámpagos de agosto
Edición crítica y coordinación de Víctor Díaz Arciniega, Juan Villoro, Madrid, España: Archivos de la Literatura Latinoamericana, del Caribe y Africana del siglo XX (Colección Archivos).

Los de abajo
Edición crítica de Jorge Ruffinelli. Madrid, España: Fondo de Cultura Económica / Archivos de la Literatura Latinoamericana, del Caribe y Africana del siglo XX (Colección Archivos; 5).

La sombra del caudillo
Edición crítica y prólogo Rafael Olea Franco. París, Francia: ALLCA XX (Archivos; 54).