Posmodernismo



Categoría que agrupa a escritores que descollaron en la segunda década del siglo XX, con propuestas impugnadoras de las ideas estéticas del Modernismo.

La aparente paz y estabilidad experimentada durante los años del régimen porfirista habían sentado las bases para el florecimiento del Modernismo. Sin embargo, la llegada del nuevo siglo y de la revuelta armada trajeron confusión y desorden.

Hacia 1915, la literatura ya no se difundía a través de grupos, como se había hecho al final del siglo XIX y principios del XX. En estos años, los escritores que no cejaron en su oficio se dieron a conocer de manera independiente. Los núcleos de poder cultural no funcionaban por entonces.

Aparecieron diversas tendencias en las letras de México. El doctor Enrique González Martínez, Ramón López Velarde, José Juan Tablada y Efrén Rebolledo, aún con diferencias de edad, formación y propuestas estéticas, buscaron romper con el mito del Modernismo. De aquí que se les haya agrupado bajo el término “posmodernistas”.

Estos escritores tuvieron como antecedentes desde las primicias del parnasianismo de 1880 hasta las prosas profanas de Rubén Darío, de 1896. Crecieron junto con la literatura esteticista de sus predecesores y de algunos de sus contemporáneos. La batalla por el lujo y la belleza literaria había sido ganada por el Modernismo. No había que repetirse ni excederse. Salieron del círculo modernista en busca de novedades. Destacaron por su innovación, por proponer parámetros estéticos que trascendían las normas vigentes de esa corriente. A la postura esteticista de los modernistas se opone una actitud ética, una preocupación moral.

En 1915, con la creación de la Dirección General de Bellas Artes, gracias a Alfonso Cravioto, que ejerció presión desde la Subsecretaría de Educación, en medio de la revuelta, se dio impulso nuevamente a los escritores y se sentaron las bases para que volvieran a unirse. Varios de ellos, como Enrique González Martínez y Ramón López Velarde, fueron llamados a colaborar con ideas para la nueva Dirección.

Los posmodernistas mantenían estrecha amistad. José Juan Tablada, Enrique González Martínez, López Velarde y otros escritores, solían tener reuniones en casa del doctor González Martínez. Leían poesía y discutían sobre estética. Hacia 1917, la bohemia se realizaba en casa de Carlos González Peña, en la calle de Colonia. Asistían Efrén Rebolledo, Agustín Loera y Chávez, el doctor Bernardo Gastélum, López Velarde y González Martínez, entre otros.

También tenían relaciones amistosas con escritores modernistas y con algunos integrantes del incipiente grupo de intelectuales que más tarde se aglutinarían bajo el nombre de Contemporáneos.

Enrique González Martínez y López Velarde ocuparon algunos cargos públicos y dictaban clases en la Universidad y en la Preparatoria. Ramón López Velarde asumió en 1917 la oficialía mayor de la Universidad Nacional, invitado por Palavicini. Preparó un folleto en el que solicitaba formalmente al presidente Carranza que se le otorgara la autonomía a la institución. Esto causó gran revuelo en la población estudiantil.

En esta época de confusión, también las publicaciones eran casi nulas. En 1917 sale a la luz una revista coordinada por González Martínez, López Velarde y Efrén Rebolledo: Pegaso. Posteriormente, Enrique González Martínez dirigió la revista México Moderno y contribuyó a cimentar la empresa Editorial Cvltvra y las ediciones México Moderno.

Los autores posmodernistas fueron inspiradores y maestros de los jóvenes poetas e introductores del vanguardismo en México, aunque cada uno representa una actitud poética distinta.

Enrique González Martínez se caracterizó por escribir poesía subjetiva frente al objetivismo que habían puesto de moda los poetas de la generación anterior. Su poesía, sobre todo después de 1910, representa un claro distanciamiento de Modernismo exterior, sensual y frívolo. Cambió el símbolo del cisne, apreciado por los modernistas, por el del búho, que recuerda a Minerva. Permanecer fiel a sí mismo fue para él un valor fundamental.

Enrique González Martínez fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua y presidente del Ateneo de la Juventud (1911). Entre sus principales obras están: Silenter (1909) y Los senderos ocultos (1911), que contiene uno de sus poemas más famosos: “Tuércele el cuello al cisne”. Además, publicó El libro de la fuerza, de la bondad y del sueño (1917) y Las señales furtivas (1925), entre otras. En El hombre del búho (1944) y La apacible locura (1951), González Martínez nos deja su biografía espiritual.

Ramón López Velarde se caracterizó por su ruptura con el aspecto frívolo del Modernismo. Su poesía presenta dos vertientes: subjetiva y objetiva. La primera lleva hacia el interior de su alma; la segunda, hacia lo esencial de su mexicanidad. En lo temático, de aleja del Modernismo. Muestra su distanciamiento del parnasianismo literario. Para el poeta, “la fuente indispensable de toda verdadera creación es la emoción”. Su pensamiento estético se sintetiza en una frase escrita por él mismo: “solo por la corazonada nos aproximamos al acierto”.

Escribió prosa y poesía. Su producción fue escasa, debido a su muerte prematura. Sus poemarios son La sangre devota (1916) y Zozobra (1919). Un libro póstumo de poesía fue: El son del corazón (1932). En El minutero (1923) se recoge, también de manera póstuma, lo principal de sus escritos en prosa.

José Juan Tablada se caracterizó por su inquietud creadora. Su poesía es iconoclasta, irreverente, concisa. Pertenece a la generación de los modernistas y de hecho sus primeras producciones caen dentro de esta categoría. Sin embargo, a su regreso de Japón, se adentra en la búsqueda de la estética naturalista de los japoneses e inaugura el Hai-Kai en México. Incursiona en la poesía ideográfica. Introdujo los ultraísmos y fue apreciado por los integrantes del Estridentismo. Se le considera como el autor que une al Posmodernismo con las vanguardias.

La prosa, aunque menos estudiada que su obra poética, fue un género profuso en la obra de Tablada.

José Juan Tablada escribió novela, ensayo, crítica de arte, poemas en prosa, cuento y dedicó gran parte de su vida al periodismo, en el que destacó por sus crónicas.

De lo más importante de su producción son las sátiras políticas contenidas en Tiros al blanco (1909); la Tragicomedia Madero Chantecler (1910); Los días y las noches de París, crónicas parisienses, compilación de crónicas publicadas entre 1911 y 1913 en Revista de Revistas; Un día (1919) y El jarro de flores (1922).

La pasión erótica es la tónica de la poesía de Efrén Rebolledo. Esta característica aparta al autor de los resabios del Modernismo. Aún acudiendo a tópicos de los Modernos, sus poemas adquieren rasgos personales. En posesión de una estética propia, desenmascaró su poesía de convencionalismos y logró un conjunto de sonetos cuya perfección e intensidad le confieren un sitio de importancia en las letras mexicanas. Al igual que Tablada, escribe algunas rimas japonesas, aunque emplea el Hai-Kai. Escribió prosa y poesía. Sus obras más conocidas son: Rimas japonesas (1915), Caro victrix (1916), Libro del loco amor (1916), Joyelero (1922) y la novela Salamandra (1919).


Estética
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