Enciclopedia de la Literatura en México

Tramoya. Cuaderno de teatro. Primera época

mostrar Introducción

Tramoya. Cuaderno de teatro es una revista que la Universidad Veracruzana publica en Xalapa, Veracruz, cuya primera época duró de 1975 hasta 1982; y la segunda, de 1984 hasta nuestros días. Es la segunda revista teatral más antigua de América Latina y la tercera en idioma español, superada sólo por Conjunto –editada en Cuba por Casa de las Américas desde 1964– y por la revista española Primer Acto, publicada desde 1957. Fue fundada por el dramaturgo Emilio Carballido, quien tomó la dirección editorial hasta el final de sus días. Tramoya aparece como la primera publicación del país que, logrando una periodicidad estable, muestra textos que reseñan, critican y emergen del quehacer teatral mexicano. En este sentido, puede verse como un esfuerzo paralelo al de la revista veracruzana La Palabra y el Hombre que llevaba dos décadas dando espacio al quehacer teatral entre sus páginas.

La labor principal de la revista consiste en dar a conocer obras de teatro completas, necesidad que Carballido identificó en 1975, pues no existían publicaciones periódicas que privilegiaran la dramaturgia. Con un diseño sobrio y limpio que se ha conservado hasta su último número, Tramoya ha cumplido este propósito establecido desde su primera nota editorial: “remediar la carencia de textos circulantes, textos que siguen siendo, a pesar de todo, el termómetro principal de la salud de un teatro”[1] misión que han cumplido a lo largo de 38 años de publicaciones casi ininterrumpidas. En su primera época, que concluye en 1982, Tramoya publicó 25 números.

Desde su aparición, esta revista ha mostrado trabajos tanto de dramaturgos, como de investigadores teatrales y críticos mexicanos de gran renombre, por ejemplo: Emilio Carballido, Raúl Zermeño, Mariano Osorno, Sergio Galindo, Luisa Josefina Hernández, Alejandro Licona, Olga Harmony; así como de los extranjeros: T.S. Eliot, Eugenio Barba, Peter Brook, Georg Bröchur, entre otros. Asimismo, la revista incluye el trabajo de los jóvenes creadores del teatro mexicano independiente. De este modo, desde su primera época, Tramoya ha reunido una vasta diversidad de obras dramatúrgicas de México, América Latina y el mundo. Este cuaderno comenzó a editarse a través del Instituto de Teatro y Cinematografía de la Universidad Veracruzana con cuatro publicaciones al año, periodicidad que se mantiene hasta nuestros días, y con un tiraje inicial de mil ejemplares por número. A continuación se ofrece un breve panorama sobre la primera época de la revista.

mostrar Inicios de la publicación

De las numerosas revistas que han desfilado por el quehacer editorial mexicano, Tramoya ha sido una de las publicaciones más estables del medio. Se puede dividir la vida de la revista en dos partes: una primera época y la actual (Nueva Época). Dicha partición se considera a partir de dos años (1982-1984) en los que no se produjeron nuevos números. La etapa inicial constó de ocho años de publicaciones ininterrumpidas, desde el número 1 en 1975 hasta el 25 en 1982; la segunda está vigente desde 1984 hasta nuestros días. Actualmente cuenta con más de 160 números, considerando la publicación del número 135, correspondiente al periodo abril-junio del 2018.

Tramoya tuvo, de forma regular, una periodicidad trimestral durante su primera época, con ciertas variaciones al final. Este hecho se puede entender, por año y número respectivamente, de la siguiente manera: 1975 (1), 1976 (2-5), 1977 (6-9), 1978 (10-13), 1979 (14-17), 1980 (18-20), 1981 (21-22) y 1975 (23-25). Como se puede observar, es notorio que hubo algunas flaquezas en su producción al cabo de la etapa en cuestión.

No obstante, desde el primer número, Carballido tenía claro cuan incierto podría ser el trayecto de esta revista. Él comentó lo siguiente: “Aceptemos los imprevistos que aparezcan en su camino (una revista es un camino). Y deseamos que éste resulte transitable, vaya a diversos rumbos, sirva”.[2] La finalidad nunca fue constituir religiosamente un cuaderno de literatura, sino un órgano de difusión y producción teatral. Es decir, algo completamente funcional. Por eso mismo, al respecto del porqué del nombre de la revista, planteó lo siguiente: “algo que sirve, mueve, hace funcionar un teatro. No es aparente, sí servicial [...] al servicio de los artistas y del público”.[3]

mostrar Contexto y antecedentes: las revistas teatrales en México

Como recuerda Luis Mario Moncada, los intentos más sistemáticos por conformar una revista teatral en México datan de las primeras décadas del siglo veinte. Moncada ofrece la nómina de publicaciones que atendían el quehacer teatral de su tiempo y enumera revistas como El teatro (1901), dirigida por Manuel Torres Torija, Falstaff (1902) de Agustín Alfredo Núñez y Pedro N. Ulloa, Pierrot (1908) publicada en Pachuca, Hidalgo, y El Disloque (1908); éstas son las primeras en la lista. Además, de la década de los veinte tenemos la Revista Thalía (1917) y la publicación Arte y Sport (1919).[4]

Sin embargo, según los apuntes de Alejandro Ortiz Bullé, en 1841 apareció la primera publicación especializada de crónica y actualidad teatral: El Apuntador, que detonó algunas otras publicaciones de su tipo como: El Anteojo, El Museo Teatral, El Libreto, El Entreacto, entre otras revistas de pequeño formato que encontraron su hospicio en las publicaciones periódicas. Por ejemplo: El Diario del Hogar, El Imparcial, El Universal y Excélsior,[5] por lo que podemos afirmar que las revistas mexicanas del siglo xx se gestaron en suplementos de periódicos y revistas.

De las revistas teatrales más cercanas temporalmente a Tramoya cabe mencionar siete revistas descontinuadas, que ahora sólo pueden consultarse en hemerotecas y que marcan la cadena de antecedentes a la creación de la que aquí nos ocupa. Ortiz Bullé Goyri hace un listado cronológico de boletines teatrales y revistas que intentaron trascender en su coyuntura como publicaciones de exclusiva temática teatral: El Teatro de las Artes (1940), con el subtítulo Teatro del pueblo y para el pueblo; Boletín Teatral (1953) editado por Roberto Acevedo y Álvaro Arauz; Boletín de Información e Historia (1954) editado por Margarita Mendoza; Teatro: panorama de México (1954) editada por Daniel Cadena; Revista de la Escuela de Arte Teatral (1961) editado por Dagoberto Guillaumin, quien más tarde se adhirió al equipo creativo de Tramoya; La Cabra (1971) editada por la Dirección General de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México; y, finalmente, Ángulos (1973) editada por José Luis Oviedo, quien dedicó sus primeros números a la crítica teatral para, más tarde, convertirse también en una revista “de Teatro y Cinematografía”.[6]

Consciente de todas las publicaciones que antecedieron a Tramoya, en su momento, Emilio Carballido declaró que: “hay miles de revistas de teatro y ninguna trae textos, ninguna trae obras. Sabemos todo acerca de ellas, menos a qué pertenecen, su país, su incógnito. Mi idea fue: ¿por qué no publicar obras?”.[7] Sobre esta premisa y bajo el amparo de la Universidad Veracruzana, Carballido reunió los recursos para gestar una revista cimentada en un sólido grupo de creadores. 

mostrar Las tablas en el papel: el perfil editorial de Tramoya

La consigna establecida por el dramaturgo veracruzano en la conformación del equipo de trabajo se mantiene hasta la actualidad: el consejo editorial no debe incluir sólo dramaturgos, para evitar que impongan sus gustos sobre el cómo debe ser la revista; el consejo debe mantener directores, investigadores y traductores. El primer consejo editorial estuvo conformado por Jean Claude Leportier, Claudio Obregón, Raúl Zermeño, Francisco Rangel, Jorge Ruffinelli y Virginia Manzano. La junta editorial se modificó en el quinto número: los primeros cuatro mencionados en el consejo, son sustituidos por Óscar Villegas, Felipe Reyes Palacios y Antonio López Mancera,  dejando a Ruffinelli y a Manzano a la cabeza del grupo (que se mantendría así hasta el final de la primera época). Este equipo, liderado por Emilio Carballido, creó un cuaderno teatral que se distinguió de las revistas anteriores, al menos por dos características: la periodicidad regular y la publicación de obras teatrales. En perspectiva, Tramoya ofreció desde el primer número, elementos que el lector sólo podía encontrar en el conjunto de todas las revistas, pero no en una sola.

El contenido de la primera época de Tramoya capturó el clima artístico de su tiempo con ensayos sobre teoría teatral, reseñas del teatro en cartelera y publicaciones sobre el oficio de la dramaturgia. Ninguno de estos textos estuvo confinado a una sección fija, puesto que los únicos apartados constantes fueron: “El teatro impreso”, el cual ofrecía, a manera de recomendación, reseñas de algunos libros publicados y “Nuestros colaboradores”, que contenía fichas biográficas de los autores que participaban en el número en cuestión.

Con un tiraje inicial de 1000 ejemplares, (1500 a partir del número 4) la temática general de la revista procuraba relacionar los textos del número con alguna premisa. De esta manera, el título de la nota editorial privilegiaba una idea o tema, como lo fueron “Nuestro pasado viviente” (número 8, 1978) o “El teatro y los niños” (número 10, 1978). También los textos referían a autores concretos, como en los números dedicados a Jean-Paul Sartre (número 19, 1980) o Henrik Ibsen (número 11, 1978).

Imagen 1. Primera de forros de Tramoya (Universidad Veracruzana), núm. 8, julio-septiembre de 1977. Biblioteca Daniel Cosío Villegas, El Colegio de México.

La aparición del primer número de Tramoya coincidió con la creación, en 1975, de la Facultad de Teatro en la Universidad Veracruzana. Desde su nota editorial, el título se ancla a todo lo exclusivo del teatro, “al margen de la pedantería” y “al servicio de los artistas y público”.[8] En retrospectiva, la publicación trimestral acercaba a los lectores al teatro que se estaba escribiendo en su momento, y se preocupaba por darle la oportunidad a muchos dramaturgos jóvenes de publicar sus obras iniciales, tales como: “La atlántida” (número 2, 1976) de Óscar Villegas, “La piña y la manzana” (número 14, 1979) de Óscar Liera, “Doña vida y sus hermanas” (número 18, 1980) de Manuel Herrera, “La fábrica de los Juguetes” (número 11, 1978) de Jesús González Dávila e incluso, obras de autoría colectiva como “¿Cuántos años tiene un día” (número 12, 1978) preparada por integrantes del chileno Teatro ICTUS. Congregó muestras de piezas teatrales de consumados autores, tanto nacionales como internacionales: El rastro (número doble 21 y 22, 1981), de Elena Garro; Los hijos de Bato y Bras (número 17, 1979), de Mario Osorno; Adán, Eva y la otra (número 19, 1980), de Dante del Castillo; La Revolución (número 7, 1977), de Isaac Chacrón; Hécuba (número 5, 1976), de Luisa Josefina Hernández; Como las estrellas y todas las cosas (número doble 21 y 22, 1981), de Sergio Magaña; Fifty-fifty (número 12, 1978), de Jorge Goldenberg, entre otros.

Tramoya también publicó dos obras que tradujo especialmente para dos números en esta época. En el número 2 (1976) se publicó El ángel que perturbó las aguas, pieza escrita por Thornton Wilder, traducida por Felipe Reyes Palacios. En el número 3 (1976), se publicó La gran investigación del inspector Felix Kulpa, del dramaturgo francés Xavier Pommeret, traducida por Rafael López Miarnau.

Desde el primer número hasta el último mantuvo un perfil gráfico uniforme gracias a los diseños de Leticia Tarragó y Henry Hagan, autores de todas las portadas de la primera época, a excepción de la del número 11 (1978), a cargo de Sofía Lepotier. A ninguno se le dio el crédito de su trabajo en el cuerpo de la revista, sino hasta el número 22 (1981), donde también se ofrece el crédito a las tres artistas gráficos que habían ilustrado el interior de la revista con sus viñetas: Marta Palau, Myra Landau y María Lagunes. No obstante en las cuartas de forros se escribía –en el ángulo inferior izquierdo– quiénes eran los autores de las portadas y los responsables del diseño gráfico. Entre sus páginas, Tramoya también hospedó la obra del famoso ilustrador inglés Aubrey Beardsley, y expuso el trabajo de algunos grabadores mexicanos anónimos del siglo xviii. Expedía 4 números al año a cambio de una suscripción de 120 pesos y su circulación podía extenderse hasta el territorio estadounidense mediante una suscripción anual de 15 dólares.

Imagen 2. Cuarta de forros de Tramoya (Universidad Veracruzana), núm. 10, enero-marzo de 1978. Biblioteca Daniel Cosío Villegas, El Colegio de México.

mostrar Ensayos, entrevistas y textos misceláneos

Aunque no había secciones fijas en los cuadernos de teatro, las entrevistas tuvieron una aparición sistemática y con temas eclécticos. La nómina incluye algunos extranjeros, como el director japonés Seki Sano (número 3, 1976), entrevistado por Emilio Carballido; el dramaturgo español Antonio Buero Vallejo (número 8, 1977), entrevistado por Emilio Bejel; el francés Claude Confortes (número 1, 1975), entrevistado por Hilda Fabres; y el polaco Slawomir Mrozek (número 2, 1976), entrevistado por Antonio Argudín. Incluso el índice llegó a presumir haber tenido charlas con instituciones como si se tratara de personalidades, como fue el caso de la entrevista hecha a la “Actor’s Company” (número 4, 1976). Tramoya también mostró entrevistas que extrajo de publicaciones extranjeras, por ejemplo la entrevista a Peter Brook (número 2, 1976) de la revista Theatre No. 3 en una traducción de Antonio Argudín.

Además de las entrevistas y las piezas teatrales, los otros textos giraron en la órbita de su contemporaneidad. Sus páginas atendían los eventos culturales de su entorno, recogían críticas de fondo, promulgaban textos de teoría escénica y dramatúrgica e incluso admitían obituarios. Pero la prioridad, después de la publicación de la dramaturgia emergente fueron, según la frecuencia de aparición, los textos de teoría dramática, las reseñas de eventos y otros fenómenos artísticos. Algunos de estos materiales teóricos fueron los siguientes: “La magia escénica” de Ned A. Bowman (número 3, 1976); “El teatro yugoslavo en México” de Jorge Ortiz Rivera (número 4, 1976); “Los teatros universitarios en Venezuela (su situación actual)” de E. Fernández Salomón, A. López y Pedro Marthán (número 7, 1977); “Modalidades del teatro religioso español” de Felipe Reyes Palacios (número 8, 1977); “Efectos especiales en el teatro”, de Alejandro Licona (número 9, 1977); “De los recursos cómicos en el teatro de sor Juana” de Frank Dauster (número 14, 1979). Tramoya también publicó entre sus páginas algunas ponencias inéditas, tal fue el caso de “En defensa de las culturas nacionales” y “Los teatros universitarios en Venezuela” textos de la Conferencia Internacional del Teatro del Tercer Mundo, efectuada en Caracas, en abril de 1976.

Imagen 3. Primera de forros de Tramoya (Universidad Veracruzana), núm. 14, enero-marzo de 1977. Biblioteca Daniel Cosío Villegas, El Colegio de México.

De igual manera se incluyen algunos ensayos traducidos, en el número 9 (1977) se publicó el texto “Vivekananda y Sarah Bernhardt” de Christopher Isherwood, extraído del libro Exhumations, Penguin Books, 1968, y traducido por Antonio Argudín. En la entrega número 8 (1977) Antoinette Verwey hizo para Tramoya algunas extracciones de la revista neerlandesa Het Werkteater y su suplemento Het Werkteater suplement para realizar un ensayo sobre este movimiento teatral en Ámsterdam, en el que lo compara con las circunstancias en México.

Un par de veces, el tema general se ancló a una revisión del quehacer teatral de alguna nación, tal fue el caso de dos números dedicados al teatro venezolano y al teatro colombiano en los números 7 y 15, respectivamente.

Imagen 3. Primera de forros de Tramoya (Universidad Veracruzana), núm. 7, abril-junio de 1977. Biblioteca Daniel Cosío Villegas, El Colegio de México.

Esta angulación al trabajo teatral de un país en particular que empezaría como inquietud en la primera época editorial, pero se sistematizará significativamente en las épocas posteriores. Como es de notarse, el cuaderno de teatro incluyó una vasta variedad de textos y autores, tanto de piezas dramáticas como artículos y notas acerca de la escritura teatral. Tramoya contó con un sólido equipo de colaboradores que hicieron posible esta profusión de material ensayístico. Los más frecuentes entre sus páginas fueron: Mercedes de la Cruz, María Antonieta Pellicer, Enrique Buenaventura, Santiago García, José López Arellano, Óscar Villegas, Alejandro Licona, Emilio Carballido, Luisa Josefina Hernández, Tomás Espinoza, y Antonio Argudín.

mostrar La revista esperada

En 1980, Tramoya fue reconocida con el premio Ollantay que otorga el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, con sede en Caracas, Venezuela, por su contribución al desarrollo teatral y cultural de Latinoamérica. Para este entonces, el cuaderno había mostrado 99 obras completas a lo largo de sus publicaciones: 80 mexicanas, 16 latinoamericanas y 2 obras traducidas, una del inglés y otra del francés. El acervo de estos valiosos textos, tanto dramatúrgicos como de teoría teatral, ha seguido creciendo desde entonces. Pero la primera época fue una etapa fundacional del estilo y fondo que hasta ahora conservan y que ha sabido hacerse indispensable en el entorno teatral mexicano. Como señala Francisco Beverido Duhalt, muchos de sus números se ha convertido “en una lectura constante y una referencia obligada”[9] dentro del medio teatral mexicano. Su trascendencia le ha ido agregando méritos incuestionables, como la consideración de Sabina Berman, en 70 años de Carballido, al referirse a la revista como “La publicación más importante del continente”.[10] Por su parte, Dagoberto Guillaumin destaca la trascendencia de la revista en estos términos:

Y es aquí donde Tramoya se ha constituido en un venero, un verdadero abrevadero para quienes requieren la consulta frecuente de nuevos textos teatrales, en donde descubrir enfoques y tratamientos novedosos que reflejen la heterogénea idiosincrasia de nuestra sociedad, con personajes y anécdotas que muestren diferentes estratos culturales, tamizados en la aguda percepción de sus autores, que penetren en el intrincado panorama ideológico que constituimos todos, y de cuyo mosaico, plasmado en la escena, ha de emanar un teatro mexicano de proyección universal.[11]

Considerando lo hasta aquí expuesto, se puede afirmar que Tramoya no sólo fue, en su momento, la culminación de una serie de esfuerzos que venían sucediéndose desde mediados del siglo xix, sino que, a partir de su aparición en 1975, se volvió un modelo para las posteriores publicaciones especializadas en teatro por lo que, en muchos sentidos, su primera época está vigente hasta nuestros días.

mostrar Bibliografía

Berman, Sabina, “Emilio Carballido”, en 70 años de Carballido: Homenaje nacional, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/ Instituto Nacional de Bellas Artes, 1995, pp. 11-17.

Beverido Duhalt, Francisco, “En los diecinueve años de Tramoya”, en Tramoya (Universidad Veracruzana), núm. 44, julio-septiembre de 1995,  pp. 152-154.

Carballido, Emilio, “Por qué Tramoya”, en Tramoya (Universidad Veracruzana), núm. 1, octubre-diciembre de 1975, pp. 2-3.

----, “Treinta y dos años de Tramoya”, en Medio siglo de labor editorial universitaria en Veracruz, Veracruz, Universidad Veracruzana, 2007, pp. 181-210.

Guillaumin, Dagoberto, “19º aniversario de la Revista Tramoya”, en Tramoya (Universidad Veracruzana), núm. 42, enero-marzo de 1995,  pp. 172-174.

Moncada, Luis Mario,  "Así pasan... cien años de teatro en México. Las revistas de teatro", en Paso de gato, revista mexicana de teatro, núms. 14-15, enero-marzo de 2004, pp. 55-59.

Ortiz Bullé Goyri, Alejandro. “Revistas teatrales mexicanas del siglo veinte: datos de referencia para su historia”, en Tema y Variaciones de Literatura (Universidad Autónoma Metropolitana), núm. 25, junio de 2005, p. 28.

mostrar Enlaces externos

Aguilar, Edgar, “La otra obra de Carballido. Entrevista con Héctor Herrera”, La Jornada Semanal, núm. 1004, 1 de junio, 2014, (consultado el 11 de diciembre de 2018).

----. “Los pasos de Tramoya. Revista de teatro de la Universidad Veracruzana”, en Replicante. Cultura crítica y periodismo digital, (consultado el 11 de diciembre de 2018).

Álvarez, Celia, “Publica la uv el número 100 de su cuaderno de teatro Tramoya” en “Recomendación del mes”, Corre, lee y dile. El mensajero del lector. Boletín de la Dirección  Editorial de la Universidad Veracruzana, núm. 24, 2009, (consultado el 11 de diciembre de 2018).

Tramoya. Cuaderno de teatro, Universidad Veracruzana. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, (consultado el 11 de diciembre de 2018). En este enlace se pueden consultar los índices de los números posteriores a 1984, así como los requisitos de suscripción.

Universidad Veracruzana. Repositorio digital, (consultado el 11 de diciembre de 2018).


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Este visor fue inspirado por el que desarrolló E-Algorab en la Academia Mexicana de la Lengua.
Berman, Sabina Colaboradora
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