Enciclopedia de la Literatura en México

Joaquín Díez-Canedo

Joaquín Díez-Canedo [Manteca] fue considerado por sus contemporáneos como “el editor por excelencia de la literatura mexicana”.[1] Su editorial, Joaquín Mortiz, fue la primera casa independiente mexicana dedicada casi por entero y durante más de 20 años a publicar obras literarias. Cuando la fundó en 1962 contaba con una larga y variada trayectoria como editor, por lo que esa serie de proyectos editoriales en los que participó antes moldearon el perfil de su propia casa.[2]

Imagen 1. Joaquín Díez-Canedo en la oficina de Guaymas 33. Foto de Héctor García. Imagen tomada de Rte.: Joaquín Mortiz, diseño y cuidado editorial de Joaquín Díez-Canedo Flores, Guadalajara, México, Universidad de Guadalajara, 1994, p. 99.

Díez-Canedo creció en España en un ambiente cultural muy activo, marcado por la influencia y los numerosos amigos de su padre, el poeta, crítico, ensayista y traductor Enrique Díez-Canedo y Reixa. Mientras estudiaba la carrera de Letras Españolas en la Universidad Central de Madrid, publicó, junto con Francisco Giner de los Ríos, Agustín Caballero, Antonio Jiménez-Landi, Nieves de Madariaga, Carmen de Zulueta y otros amigos de la facultad, una revista literaria llamada Floresta de Prosa y Verso. Tuvo apenas seis números de pocas páginas, aparecidos entre enero y junio de 1936. En ellos, los jóvenes editores incluyeron textos de cuatro escritores reconocidos: Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Azorín y Vicente Aleixandre, además de sus propias creaciones. Fue justamente en Floresta de Prosa y Verso donde Joaquín Díez-Canedo dio a conocer dos poemas de su autoría, manifestando así un temprano interés por la escritura creativa que no desarrolló más tarde.[3] En la factura de esta sencilla publicación tuvo un papel relevante Juan Ramón Jiménez:

contábamos con la ayuda del propio Juan Ramón, que nos recogía en su coche y nos llevaba a la imprenta. Ahí nos aconsejaba sobre los papeles y sobre la edición en general de la revista [...] En realidad, por su diseño y formato la revista parecía hecha por él.[4]

Esa influencia y la de otros españoles exiliados en México, como José Bergamín y Miguel Prieto, siguió presente en los proyectos editoriales posteriores de Díez-Canedo.[5]

En los últimos números de Floresta de Prosa y Verso participó a distancia, pues entre mayo de 1936 y principios de 1937 vivió en Argentina debido al trabajo diplomático de su padre. Ahí, junto con otro grupo de jóvenes, creó la revista Bitácora. Lamentablemente, esta publicación de apenas cinco números no se ha podido rescatar y no se sabe casi nada sobre ella.[6]

Díez-Canedo regresó a su país a principios de 1938 para participar en la Guerra Civil española alineado al bando republicano. Después de finalizar la guerra, todavía tardó más de un año antes de embarcarse rumbo a México, país en el que desde octubre de 1938 se había exiliado su padre, con parte de su familia, gracias a la invitación del gobierno de Lázaro Cárdenas para integrarse a la Casa de España en México, convertida dos años después en El Colegio de México. Como el propio Joaquín Díez-Canedo lo contó en varias ocasiones, durante esa estancia final en España tuvo que procurar no ser identificado. Así, en la correspondencia que intercambió con su familia usó los apellidos de soltera de su madre, Manteca Ortiz, para encubrir el apellido paterno, asociado con la República. Del pseudónimo “Joaquín M. Ortiz” nació el nombre de la editorial que fundaría más de dos décadas después.

A punto de cumplir los 23 años de edad, Joaquín Díez-Canedo llegó a México a finales de agosto de 1940. Pronto se nacionalizó mexicano y en febrero de 1941 se inscribió a la licenciatura de Maestro en Lengua y Literatura Española, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, carrera que terminó dos años después.[7] Desde esa época temprana conoció a quienes serían sus entrañables amigos de por vida: Alí Chumacero, José Luis Martínez, Jaime García Terrés y Ricardo Martínez [de Hoyos], entre otros.

En enero de 1942 entró a trabajar al Fondo de Cultura Económica, editorial dirigida entonces por Daniel Cosío Villegas, amigo de su padre.[8] Cosío Villegas no sólo facilitó la entrada de Joaquín Díez-Canedo al ámbito editorial, sino que, además, tiempo después se convirtió en un autor de peso de Joaquín Mortiz. Por su parte, dado que en un principio el Fondo compartió las instalaciones del edificio de Río Pánuco 63 con El Colegio de México, Joaquín Díez-Canedo también convivió en ese tiempo con su director, Alfonso Reyes, quien fue todavía más cercano a su familia.[9] Estos vínculos afectivos y profesionales heredados de su padre facilitaron su pronta integración al campo cultural del país.[10]

Imagen 2. Alfonso Reyes y el matrimonio Díez-Canedo Manteca con sus hijos María Luisa, María Teresa y Joaquín. Madrid, 1922. Imagen tomada de Rte.: Joaquín Mortiz, diseño y cuidado editorial de Joaquín Díez-Canedo Flores, Guadalajara, México, Universidad de Guadalajara, 1994, p. 50.

El primer puesto que ocupó en el Fondo fue el de atendedor (el que lee el texto al corrector), pero pronto fue cumpliendo otras tareas como la traducción; vertió, por ejemplo, las conferencias que Pedro Henríquez Ureña dio en inglés en la cátedra Charles Eliot Norton de la Universidad de Harvard y que aparecieron en 1949 dentro de la colección Biblioteca Americana bajo el título de Las corrientes literarias en la América Hispánica. Pocos años después se ocupó del departamento técnico y en la década de los cincuenta fue gerente de producción. En esta casa editorial conoció todas las tareas que implicaba la edición y pudo establecer y fortalecer una amplia gama de relaciones con editores, autores, traductores, diseñadores, correctores, impresores, fabricantes de papel, etcétera, ya fueran españoles también exiliados, ya mexicanos o bien extranjeros; muchas de estas relaciones fueron fundamentales para su futura editorial.

Uno de los grandes hitos de Joaquín Díez-Canedo en el Fondo marcó un antes y un después en la literatura de México: impulsó la creación de la primera colección exclusivamente literaria del Fondo, Letras Mexicanas, de la cual aparecieron los primeros títulos en 1952: 

contribuí a enriquecer el Fondo al sugerir e impulsar la serie de Letras Mexicanas. Siempre he dicho que en la realización de ese trabajo estuvimos juntos Alí Chumacero y yo, pero nunca antes dije que fui yo quien llevó al Fondo a Alí, precisamente para ese fin.[11]

Imagen 3. Joaquín Díez-Canedo y Alí Chumacero en el Fondo de Cultura Económica. Imagen tomada de Rte.: Joaquín Mortiz, diseño y cuidado editorial de Joaquín Díez-Canedo Flores, Guadalajara, México, Universidad de Guadalajara, 1994, p. 58.

Su papel en la creación, diseño y producción de la colección Letras Mexicanas fue de suma importancia, sin embargo, no se debe perder de vista el apoyo que siempre recibió por parte de Arnaldo Orfila Reynal ⎯director del Fondo desde 1948⎯, ni tampoco que el éxito de esa colección estuvo respaldado por los 17 años de existencia previa del Fondo.

Conformada por volúmenes uniformes y numerados, de 17 x 11 cm, cubiertos por guardapolvos blancos ilustrados con viñetas de diversos artistas, la “serie menor” de la colección Letras Mexicanas llegó hasta el número 73 en su primera década, periodo que coincide con los últimos nueve años de trabajo de Joaquín Díez-Canedo en el Fondo. También, desde 1955, comenzaron a aparecer las “ediciones especiales” de la colección (de mayor formato, sin numeración y con diseño de portada sin viñeta, sólo tipográfico); se inauguraron con el gran proyecto de las obras completas de Alfonso Reyes. En la época de Díez-Canedo en el Fondo se publicaron 14 de los 26 volúmenes que conformaron las obras completas de Reyes, las cuales se terminaron de elaborar hasta 1993. También llegaron a incluirse obras de otros cuantos autores, como por ejemplo, Mariano Azuela y Salvador Novo. A partir de 1962 bajó notoriamente la publicación de títulos de esta colección a lo que posiblemente influyó que tanto Díez-Canedo como Orfila dejaron de trabajar en la editorial (en 1962 y 1965 respectivamente).[12]

Además de enriquecer el catálogo, Díez-Canedo incidió positivamente en el diseño de los libros del Fondo, en la medida que fungió como uno de los mediadores de la llegada a México del diseñador A.A.M. Stols:

Hacia 1951 la unesco me invitó a participar en algunas de sus actividades. Viajé a Europa y permanecí allá cosa de seis meses [...] Allá visité imprentas, editoriales; conocí editores y diseñadores [...] Pocos años después, hacia la segunda mitad de los cincuentas [sic], vino de Holanda a través de la unesco y por intermediación mía, el señor A.A.M. Stols, quien nos dio en el Fondo unos cursos de actualización editorial y nos ayudó a establecer y fijar las normas que ya teníamos; con él venía un joven diseñador también holandés, quien permaneció con nosotros como dos años y se hizo cargo del diseño de libros y portadas.[13]

Independientemente de su trabajo en el Fondo, durante la década de los cuarenta, Díez-Canedo trabajó como profesor de secundaria[14] y colaboró con otras editoriales. Seleccionó y ordenó los poemas de su padre publicados en el segundo volumen de la serie Jardinillos (México, Darro y Genil, 1944), en una edición cuidada por Manuel Jiménez Cossío y Francisco Giner de los Ríos, con portada de José Moreno Villa. También compiló, por encargo de Juan José Domenchina, dos de los tres volúmenes de Poesía española (del siglo xiii al xx) prologados por Enrique González Martínez y publicados por la editorial Signo en 1945. Finalmente, junto con su amigo Francisco Giner de los Ríos, creó la colección de poesía Nueva Floresta, compuesta por diez volúmenes, seis de autores mexicanos ⎯Enrique González Martínez, Alfonso Reyes, Luis G. Urbina, Alí Chumacero, Xavier Villaurrutia y Guadalupe Amor⎯ y cuatro de españoles ⎯Juan Ramón Jiménez (con dos obras), Pedro Salinas y Juan José Domenchina. La colección fue publicada entre 1945 y 1949 por la editorial Stylo (de Antonio Caso, hijo). Por su nombre, Nueva Floresta surgió como una continuación de Floresta de Prosa y Verso; por su contenido, en cambio, fue precursora de Las Dos Orillas: “Era la intención. Juntar lo mejor del exilio español con lo mejor de la poesía mexicana. Fue también lo que, años después, intenté hacer con la colección Las Dos Orillas de la editorial Joaquín Mortiz, de la que esta colección Nueva Floresta resultaba una especie de antecedente”.[15]

A pesar de estas importantes experiencias previas, el propio Díez-Canedo consideró como su trabajo más relevante de aquella época el primer libro que editó con el pie de imprenta “Joaquín Mortiz, Editor”, en 1945, 17 años antes de que fundara su editorial usando el mismo nombre. Epigramas americanos fue un homenaje póstumo a su padre, fallecido en la ciudad de México un año antes, el 6 de junio de 1944.[16] La de su hijo es una edición corregida y aumentada de los Epigramas americanos de Enrique Díez-Canedo publicados originalmente por Espasa-Calpe en Madrid en 1928. A estos poemas escritos en 1927 a partir de sus impresiones del primer viaje que realizó a Centro y Sudamérica para dar una serie de conferencias, se sumaron otros hasta entonces no coleccionados, escritos en su gran mayoría entre 1939 y 1944.

Llama la atención el diseño de Epigramas americanos por su composición limpia y generosa, con algunas palabras de títulos y subtítulos en rojo, además de las capitulares. Ilustrado con viñetas y dibujos de Ricardo Martínez en portada e interiores, sobre este libro el propio Joaquín Díez-Canedo, quien ya se iba convirtiendo en una apasionado tipógrafo además de editor, llegó a afirmar: “creo que es evidente mi gusto por los espacios blancos de los grandes márgenes, la composición centrada, el manejo de tipos e interlineados, y mucho más que no dejan de ser ideas más o menos conservadoras”.[17]

Joaquín Mortiz fue, por su naturaleza innovadora, por sus más de 500 títulos publicados en su época independiente (1962-1983) y por su enorme repercusión en el desarrollo de la literatura nacional, el proyecto editorial más importante de Joaquín Díez-Canedo. La creó desde 1961 como una sociedad anónima de capital variable, con el apoyo de varios socios: la mayor parte del capital fue de su suegro, Alfredo Flores Hesse; también participaron como accionistas el impresor Vicente Polo, los encuadernadores Francisco Suari Martí y Jorge Flores del Prado, y los editores catalanes Víctor Seix y Carlos Barral.[18] Otra ayuda igualmente relevante vino de parte de su sobrino Bernardo Giner de los Ríos, quien desde un principio entró a trabajar a la editorial como segundo de a bordo y fungió como tal hasta mediados de los años ochenta.

La gran mayoría de las publicaciones de Mortiz ⎯en ediciones muy bien cuidadas, con diseños atractivos y modernos⎯[19] fueron obras literarias o sobre literatura. De sus 16 colecciones destacan la Serie del Volador (con 155 títulos de narrativa, poesía, teatro y ensayo); Novelistas Contemporáneos (41 títulos, de los cuales cerca de una tercera parte son traducciones); Nueva Narrativa Hispánica (colección bilateral, publicada paralelamente con la editorial Seix Barral, con 92 títulos publicados en México y más de 90 en Barcelona); la colección de poesía Las Dos Orillas (54 títulos) y las de ensayo de varias disciplinas: Confrontaciones (21 títulos); Cuadernos de Joaquín Mortiz (44 títulos) y Contrapuntos (10 títulos). Asimismo, el catálogo incluyó varias colecciones dedicadas a un solo autor, como Obras de Enrique Díez-CanedoObras de Juan José ArreolaObras Incompletas de Max Aub.

La no pocas veces audaz selección de las obras, bajo criterios estrictos y bien definidos, pero al mismo tiempo amplios e inclusivos, dio pie para que el catálogo se enriqueciera con un gran número de nuevos talentos, quienes convivieron junto a aquellos nombres que ya representaban un gran capital simbólico, aprovechados estratégicamente para acrecentar el prestigio de la editorial.[20] Si bien predominaron los escritores mexicanos, Díez-Canedo fortaleció su relación con los españoles mediante las publicaciones de su editorial, especialmente con los republicanos. Al mismo tiempo, publicó a un número considerable de autores contemporáneos de Hispanoamérica y, gracias a las traducciones, a otros de distintas latitudes.

Otra estrategia que contribuyó al prestigio de su editorial fue la de su relación con los premios literarios. Publicó, por ejemplo, todas las obras ganadoras tanto del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes desde 1968 a 1981, como del Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí desde 1974 a 1980. Además, 16 de sus títulos merecieron el Premio Xavier Villaurrutia.

Aunque su prioridad siempre fue la promoción de la literatura y se caracterizó por ser un editor arriesgado, Díez-Canedo también procuró por distintos medios generar recursos para financiar su empresa. En Mortiz, por ejemplo, creó colecciones no literarias pero de mayores ventas, como Obras de Oscar Lewis, Psicología y Psicoanálisis, y Culturas Básicas del Mundo. Simultáneamente a la creación de Mortiz fundó, junto con Jorge Flores del Prado, la distribuidora Avándaro, encargada hasta principios de los setenta de distribuir en México, Centro y Sudamérica los libros de Joaquín Mortiz, Seix-Barral, la Universidad Veracruzana y otras editoriales españolas.

Además, poco después de fundar Joaquín Mortiz, fundó otra empresa satélite, una editorial paralela llamada Tláloc, la cual dejó de existir a mediados de la siguiente década. En Tláloc publicó, entre otras obras, El Museo Nacional de Antropología: arte, arquitectura, arqueología, etnografía (1968) con textos de Pedro Ramírez Vázquez y otros autores; tres tomos de El mundo de la mujer dirigidos por Noel Schumann (1968); dos tomos de la Historia general del arte: panorama visual de las artes plásticas en la evolución de las civilizaciones, dirigidos por V. Denis y TJ. E. de Vries (1970);[21] y uno de los primeros y todavía pocos libros sobre el arquitecto mexicano Francisco Artigas: Francisco Artigas, de Esther McCoy (1972). Paralelamente, Díez-Canedo y su amigo y socio Abel Quezada aprovecharon Tláloc para otro tipo de negocios, como por ejemplo, la producción de grandes tirajes de mapas para las escuelas, impresos en serigrafía.

En la década de los setenta incursionó en el negocio de las librerías. Adquirió una parte de las Librerías de Cristal, cuando éstas se pusieron en venta en 1976 a raíz de la muerte de Martín Luis Guzmán, uno de sus dueños. En ese momento, Rafael Giménez Siles (socio de Guzmán) decidió vender la Librería de Cristal con todas sus sucursales. Le encargó a Jorge Flores del Prado ⎯quien había sido director de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana y conocía a mucha gente del gremio editorial⎯ que juntara a diez compradores. Entre ellos estuvieron el mismo Flores del Prado y también Joaquín Díez-Canedo.

A pesar de todos estos esfuerzos y del éxito alcanzado por Joaquín Mortiz, a principios de los años ochenta Díez-Canedo se enfrentó a una difícil situación financiera, agravada por una crisis económica internacional y la nacionalización de la banca, dos factores que afectaron directamente el campo de los editores en México. Debido a ello, decidió junto con sus socios vender el 70 por ciento de su empresa a Grupo Planeta en 1983. Aunque siguió siendo su director hasta 1992, en muchos sentidos la producción del sello dejó de ser lo que fue a lo largo de su etapa independiente.

La editorial Joaquín Mortiz fue homenajeada en 1982 y 1992, al cumplir veinte y treinta años de haberse fundado. A estos reconocimientos le siguió el homenaje organizado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en diciembre de 1994, a partir del cual se publicó un libro conmemorativo titulado Rte: Joaquín Mortiz. El 18 de agosto de 1999, pocos meses después de haber fallecido Díez-Canedo, se le rindió otro homenaje en el Ateneo Español de México, institución de la que fue vicepresidente.

Además, fueron varios los reconocimientos institucionales que recibió en vida por su destacada trayectoria como editor y promotor de la cultura mexicana. En 1983 fue merecedor del Premio Nacional Juan Pablos al Mérito Editorial, otorgado por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana; en 1989 fue nombrado por el gobierno español Comendador de la Orden de Isabel la Católica; y en 1993 obtuvo el Premio Internacional Alfonso Reyes.

Imagen 4. Joaquín Díez-Canedo en la oficina del grupo Planeta, frente al Parque Hundido, 1992. Foto de Rogelio Cuéllar. Imagen tomada de Rte.: Joaquín Mortiz, diseño y cuidado editorial de Joaquín Díez-Canedo Flores, Guadalajara, México, Universidad de Guadalajara, 1994, p. 108.

Joaquín Díez-Canedo fue un editor excepcional, además de un talentoso diseñador y tipógrafo, “un artista de la página”,[22] quien no sólo se ocupaba de la presentación correcta y el diseño moderno, innovador y atractivo de sus publicaciones, sino que incluso participaba en la concepción misma de los libros y en el delicado trabajo de su composición tipográfica. Su editorial fue la primera en México que, como muchos anhelaban, le dio un lugar central a la literatura, en especial a la contemporánea. Por medio de sus distintas colecciones, multiplicó generosamente las posibilidades de publicación para los nuevos escritores, no pocos de los cuales se convirtieron en autores fundamentales de la literatura mexicana. En suma, Díez-Canedo fue, en el sentido más amplio, un verdadero editor independiente, cuya labor fue determinante para enriquecer el panorama de la literatura y la industria editorial de México.

 

Bibliografía

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Díaz Arciniega, Víctor, “Don Joaquín en primera persona”, en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, núm. 270, junio de 1993.

Díez-Canedo Flores, Aurora, “Joaquín Díez-Canedo, la formación de un editor”, en Siempre!, 16 de julio de 2011.

----, “Joaquín Mortiz. Un canon para la literatura mexicana del siglo xx”, en Diálogos Transatlánticos. Memoria del ii Congreso Internacional de Literatura y Cultura Españolas Contemporáneas, La Plata, Argentina, 3 al 5 de octubre de 2011 (consultado el 8 de noviembre del 2018).

----, “Más allá del nacionalismo. Españoles y mexicanos en Joaquín Mortiz”, en Más allá de las palabras. Difusión  recepción y didáctica de la literatura hispánica, Josefa Badía, Rosa Durá, David Guinart, José Martínez Rubio (coords.), Valencia, Universitat de València, 2014.

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La poesía española contemporánea, selecc. de Max Aub, México, Imprenta Universitaria, 1954.

Llanos Delgado, Claudia Silvia, Joaquín Díez-Canedo. Trayectoria de un editor, México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla/ Ediciones de Educación y Cultura (en prensa).

Pacheco, Cristina, El primer medio siglo del Fondo de Cultura Económica. Testimonios y conversaciones. Entrevistas de Cristina Pacheco, México, Fondo de Cultura Económica, 1984.

Pacheco, José Emilio, “Inventario: Joaquín Díez-Canedo (1917-1999)”, en Proceso, núm. 1183, 4 de julio de 1999.

Revista de Prosa y Verso (Madrid, 1936), Ángel Luis Sobrino (ed. y pról), Sevilla, Ediciones Ulises (Colección Facsímiles), 2017.

Ulacia, Paloma y James Valender, “Rte.: Joaquín Mortiz (entrevista con Joaquín Díez Canedo)”, en Rte.: Joaquín Mortiz, diseño y cuidado editorial de Joaquín Díez-Canedo Flores, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1994.

Zaid, Gabriel, “Díez-Canedo el artista”, en Vuelta, núm. 206, enero de 1994.

Instituciones, distinciones o publicaciones


Premio Internacional Alfonso Reyes
Jurado

Premio Internacional Alfonso Reyes
Fecha de ingreso: 1993
Fecha de egreso: 1993
Ganador

México en el Arte
Fecha de ingreso: 1950
Fecha de egreso: 1950
Dirección tipográfica

Premio Nacional Juan Pablos al Mérito Editorial (CANIEM)
Fecha de ingreso: 1983
Fecha de egreso: 1983
Ganador

Fondo de Cultura Económica FCE
Fue jefe de producción y gerente general