Enciclopedia de la Literatura en México

Libro de Ruth

mostrar Introducción

El Libro de Ruth, de Gilberto Owen fue publicado por primera vez en 1946 bajo el sello de la casa editorial Firmamento; el cuidado de esta edición estuvo a cargo de Ángel Chapero. En cuanto a su extensión, se trataba de una plaquette de 16 páginas, compuesta por un solo poema de largo aliento, dividido en cinco partes: 1. “Booz se impacienta”, 2. “Booz encuentra a Ruth”, 3. “Booz canta su amor”, 4. “Booz ve dormir a Ruth” y 5. “Celos y muerte de Booz”.

La relativa brevedad de este poema propició que algunas revistas literarias solicitaran publicarlo de manera íntegra dentro de sus páginas, así, la Revista de las Indias lo incluyó en uno de sus números de 1947 y la revista América hizo lo propio en 1950. Entre estas dos reapariciones, y por razones más bien de composición temática, Gilberto Owen decidió que su Ruth –con algunas minuciosas modificaciones– tenía que ser parte de Perseo vencido, poemario publicado en 1948, en el que también incluía los poemas de “Madrigal por Medusa”, “Sinbad el varado” y “Tres versiones superfluas”.

En cuanto a su composición temática, ya desde el título y los subtítulos de sus divisiones, se puede apreciar que el punto de partida de este poema es el relato bíblico de ‘Ruth’ (uno de los libros históricos del Antiguo Testamento); pero, más allá de eso, el poeta sinaloense reescribe y desmitifica aquí dicho relato, al cantar, desde la voz poética de Booz, el deseo, la unión carnal y el posterior fracaso de su relación con Ruth, la moabita. Así, el poema se ancla tanto en los terrenos del amor sensual, como en los de la renuncia resignada y el fracaso de un amor infructífero.

Dentro de la obra poética de Gilberto Owen, puede considerarse éste como uno de sus poemas más importantes, pues imprime en él una fuerte carga de tensión erótica y a la vez de sequía, de negación al amor, sin perder en su desarrollo y finiquito el fondo ideológico y estético que caracteriza al conjunto de la obra oweniana: la ruptura de mitos a través de una versión antitética de los mismos, la inserción autobiográfica, la superposición de espacios, historias, personajes y contextos, y la exaltación de la derrota. De gran densidad temática y complejidad técnica, cosmopolita y en un claro diálogo con las vanguardias literarias, el Libro de Ruth se inserta como uno de los mejores exponentes de la poesía mexicana del siglo xx.

mostrar El hijo pródigo regresa a México y escribe Libro de Ruth

Empleado en la cancillería, Gilberto Owen Estrada salió de México en 1928 y, después de un largo peregrinaje que incluyó diversas ciudades de países como Estados Unidos, Ecuador, Perú y Colombia, regresó al Distrito Federal en 1942. A decir de Vicente Quirarte –a partir de las entrevistas que hizo a Blanca Margarita Guerra Estrada, sobrina de Owen– es en esta nueva estancia en el Distrito Federal que el poeta sinaloense escribiría Libro de Ruth,[1] su segundo libro de poesía y el único publicado en México en vida del autor (Línea, su primer poemario, se publicó en Argentina; mientras que Perseo vencido, en Perú). El mismo Quirarte sugiere que el poeta pudo encontrar su fuente de inspiración en Margarita, que entonces contaba con 18 años de edad. A esto, agrega:

…es inevitable pensar en un amor que iba más allá de lo latente. El incesto como figura literaria había sido, antes del Libro de Ruth, uno de los telones de fondo de la escritura del poeta. En su juventud, había representado a un Desavesnes de 50 años, enamorado instantánea –y acaso absoluta y eternamente– de su sobrina Dionisia, a quien conoce por primera vez, y en la cual se conoce y reconoce para siempre. En La llama fría, el personaje narrador –que no es otro sino Owen– hace el elogio de la mujer prohibida, debido a motivos de edad y de vínculos familiares, como la Fuensanta de Ramón López Velarde.[2]

Ningún otro autor suscribe una interpretación semejante a la del investigador citado; sin embargo, la lectura de algunos estudiosos de la obra oweniana,[3] así como una carta que el mismo Owen envió a Salvador Novo el 12 de agosto de 1949, sugieren que en el plano autobiográfico del poema, éste pudo estar configurando el deseo prohibido de un hombre mayor, por una mujer de mucho menor edad. Las palabras del poeta, en la carta referida, mencionan la playa Allenhurst, a la que el sinaloense iba todos los fines de semana: “Es una playa para menores de edad, en la que suelo repasar, de memoria, el Libro de Ruth”.[4]

Elucubraciones aparte, lo cierto es que hay altas probabilidades de que, en efecto, el libro se escribiera en México en 1942, gracias a la estancia del poeta en estas tierras en dicho periodo. Una nueva visita al país permite que el Libro de Ruth no se publique en alguna otra nación latinoamericana (como sucede con Línea y con Perseo vencido) sino aquí.

mostrar El sincretismo cultural mexicano y la aparición de Ruth

A principios de la segunda década del siglo pasado, y como una de las consecuencias inmediatas de la revolución, comenzó a fraguarse en el país una fuerte polémica sobre la manera en que debía construirse la nueva identidad mexicana a partir de las artes. Uno de los grupos de críticos y escritores afirmaba que el México posrevolucionario necesitaba una literatura viril y nacionalista; otros grupos, entre los que se contaban los Contemporáneos, se inclinaban más bien por una literatura que hablase de lo íntimo y de lo universal, sin necesidad de hacer referencias a la revuelta armada ni a cuestiones privativas de la nación mexicana.[5]

Cuando Owen abandona el país en 1928, la polémica, que había explotado tres años antes, seguía vigente; además, la confluencia e intercambio de posturas trascendía el ámbito del artículo de opinión y el ensayo crítico, para presentar armas también en los polos de la poesía y la narrativa: el grupo de los Estridentistas, que había alcanzado su apogeo apenas cuatro o cinco años antes, estaba cerca de desaparecer como movimiento; por su parte, la novela de la revolución, puesta en el foco gracias a la reedición de Los de abajo en 1925, estaba viviendo sus mejores momentos (baste recordar que Martín Luis Guzmán publica El águila y la serpiente en 1928 y La sombra del caudillo en 1929). Al mismo tiempo, Contemporáneos tenía una producción artística notable y una participación muy fuerte en diversas revistas literarias. Además, y como apunta Guillermo Sheridan, los integrantes del grupo “asumen en México la conciencia creativa que, dictada por la atmósfera mundial del vanguardismo literario, arraigada en el internacionalismo y el plurilingüismo, se muestra adversa a cualquier arraigo localista”.[6]

Catorce años después de aquello, Owen regresa a un país que hasta cierta medida le es ajeno y en el que, sin embargo, aún tiene cabida la narrativa nacionalista como la de Valle Arizpe, la narrativa posrevolucionaria (Martín Luis Guzmán publica las Memorias de Pancho Villa en 1940, y faltaban pocos años para que aparecieran los cuentos y la novela paradigmática de Juan Rulfo) y la poesía moderna y de vanguardia, como la propuesta por algunos contemporáneos (José Gorostiza publica Muerte sin fin en 1939 y Xavier Villaurrutia Décima muerte en 1941). Asimismo, sucesos como la Segunda Guerra Mundial, el franquismo y el empoderamiento del socialismo alcanzan a la literatura mexicana, como puede apreciarse en las primeras publicaciones de José Revueltas (Los muros de agua, en 1941; El luto humano, en 1943), pero también en poemas como ¡No pasarán! (1939), de Octavio Paz, y los Poemas de guerra y esperanza (1943) de Efraín Huerta.

En el plano de las artes gráficas también se vive un sincretismo de propuestas, en el que artistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco, Jorge González Camarena, David Alfaro Siqueiros y Juan O’Gorman, entre otros, lo mismo producían murales nacionalistas acordes a la propuesta identitaria del Estado, que frescos socialistas y cuadros en donde experimentaban con temáticas y técnicas propias de las vanguardias.

Dentro de esta multiplicidad de propuestas, la de Owen en Libro de Ruth, y posteriormente en Perseo vencido –donde también se integra el primer libro– encuentra su nicho al lado de los grandes poemarios de sus compañeros de grupo (con los que incluso comparte, en mayor o menor medida, el tema del viaje). Sin embargo, al haberse asumido como la conciencia teológica de Contemporáneos, el sinaloense presenta notables diferencias con respecto a los trabajos de sus compañeros; diferencias visibles, precisamente, en la integración de la mitología judeo-cristiana a las notas autobiográficas y a los diálogos con otras tradiciones mitológicas y literarias.

mostrar Apropiaciones literarias de Owen

Son diversas las apropiaciones que pueden encontrarse tanto en Libro de Ruth como en otros poemas representativos de Owen. Por ejemplo, en casi toda su obra se encuentra el sedimento de la ideología de André Gide, “desde la defensa del desarraigo como virtud moderna (pues todo mejoramiento espiritual lo supone y necesita), o la conciencia de la necesidad del injerto y el transplante culturales como procedimientos propios de cualquier fortalecimiento del carácter nacional, hasta la idea de la involuntariedad de lo nacional en la legítima expresión individual”.[7] Del mismo Gide, pero también de T.S Eliot, puede adivinarse el interés de Owen por la integración de mitologías diversas –incluyendo la cristiana– a su obra. De Eliot no sólo toma este juego de contrastes entre lo profano, la cristiandad y lo sagrado, sino que también la yuxtaposición de tiempos, espacios y voces,[8] así como la idea de “el viaje” como tema[9] y el uso de los tonos litúrgico y conversacional.[10] Este último tono también es característica de la idea de “la palabra hablada” de Juan Ramón Jiménez, a quien Owen leía.[11]

Además de lo anterior, es posible encontrar en el juego de máscaras, en el Je est un autre (yo es otro), tan representativo de Owen y que tantos frutos rinde en la multiplicidad de niveles de interpretación en Ruth, la apropiación de usos poéticos distintivos de escritores como Rimbaud, Baudelaire y Yeats.[12] Finalmente, es clara la huella que la poesía de Ramón López Velarde (sobre todo la desarrollada en Zozobra) deja en el poeta sinaloense; esto es visible –en el caso específico de Ruth– en sus inquietudes a la vez teológicas y eróticas.[13]

Es posible afirmar que una de las grandes virtudes del Libro de Ruth, como posteriormente de Perseo vencido, es haber logrado la integración limpia de todas estas apropiaciones técnicas e ideas sobre la poesía.

mostrar Desarrollo de recursos técnicos y temáticos

Libro de Ruth es un poema lírico de largo aliento, expresado en forma de monólogo dramático[14] y con un tono conversacional, cuya estructura obedece a dos intenciones: una de carácter temático y otra de carácter rítmico. En cuanto a la primera, el poema está dividido en cinco partes subtituladas, que dan luces sobre la situación desde la que habla Booz –el yo poético–: la espera de Ruth, el encuentro, la declaración de amor, la observación de la mujer dormida y la separación. En lo referente a las cuestiones rítmicas, cada uno de los cinco apartados responde a una estructura de versificación distinta.

La primera parte, “Booz se impacienta”, muestra una combinación de versos alejandrinos (“Más allá de las doce–no se puede ser nada”), un heptasílabo (“Ya no vienes. No llegas”), endecasílabos (“Pasan sin nadie todos los tranvías”) y octodecasílabos cuyos hemistiquios son de siete y once sílabas (“Su huracán de esperanzas–no para en las esquinas de mi cuerpo”). Cabe hacer un par de aclaraciones para este apartado, a saber: aunque parezca que hay una saturación de formas métricas, lo cierto es que la base de ellas se reduce a sólo dos medidas: siete y once sílabas. Las variantes provienen de la combinación de estas dos formas (7 + 7; 7 + 11); por otro lado, la primera estrofa puede hacer creer al lector que el poema está escrito en verso libre, porque en apariencia se compone de un verso de 13 sílabas, otro de dos y otro de once; pero si se pone atención, el primer verso es un alejandrino cuyo primer hemistiquio termina en palabra aguda, por lo que se le suma la sílaba faltante para contar 14 en total (“entonces doblarán–las once de la noche”), y el segundo verso, aparentemente de dos sílabas (“y el Caos”), en realidad es parte de un alejandrino que termina en el siguiente verso (“y el Caos / acogerá–sonriente al hijo pródigo”). La cesura abrupta obedece a una cuestión de intencionalidad pragmática; es decir, funciona para aislar y cargar de mayor fuerza expresiva al término ‘Caos’.

La segunda parte del poema, “Booz encuentra a Ruth”, no está construida en verso, sino en versículos (casi prosa poética), por lo que su ritmo y musicalidad son atribuibles, en mayor medida, a recursos léxicos y morfosintácticos. Un ejemplo de ello es el uso anafórico de la frase “traes un viento”, que da inicio a cada uno de los tres primeros versículos.

La tercera parte, “Booz canta su amor”, se compone de 42 versos endecasílabos divididos en cuatro estrofas (12, 14, 14 y 2). De los cinco apartados del poema, éste es el único con dicha estructura, pues la cuarta parte, “Booz ve dormir a Ruth”, repite el esquema estructural de la primera, mientras que el quinto y último apartado, “Celos y muerte de Booz”, regresa al sistema de versículos utilizados en la segunda parte. De esta forma, se puede apreciar cómo “Booz canta su amor” no sólo funciona como el clímax temático del poema (pues aquí se sugiere la unión de Booz y Ruth), sino también como un gozne en los patrones rítmicos seleccionados por el poeta. Así, desde el nivel en que se le analice, este es el centro de Ruth.

mostrar Temática

Según han identificado diversos autores,[15] en Libro de Ruth confluye una serie de temáticas yuxtapuestas. La más evidente es la reescritura del relato bíblico, pero insertos en ella se han encontrado datos autobiográficos[16] así como el acercamiento a diversos motivos que, de hecho, atraviesan gran parte de la obra global del autor; algunos de estos son el erotismo, el fracaso amoroso, el viaje (o su contrario: el permanecer estático), y la inversión de diversos relatos pertenecientes a la tradición y la mitología de distintas culturas y religiones antiguas.

En cuanto a la historia que sostiene al poema y que permite hablar de una reescritura del relato bíblico, podemos observar como punto de partida los paratextos: título, epígrafe y subtítulos obligan a recobrar el libro de Ruth que aparece en el Antiguo Testamento. Esto permite (y exige) una comparación entre las versiones del poema y las del texto bíblico; en este último encontramos a una Ruth que logra meterse bajo el manto de Booz –su bienhechor– mientras él duerme, y consigue así que se comprometa y se case con ella. De la unión de la moabita con el judío surge la ascendencia de Jesucristo (y este dato da cuenta de la importancia y trascendencia del fruto del amor entre los protagonistas del relato). El poema de Owen presenta cambios evidentes: el punto de partida es la espera de Booz, previa al momento en que la moabita se tiende a sus pies (momento que, por cierto, rescata el epígrafe). El hecho de la espera es ya una distorsión sensible al programa del relato, porque el Booz original no espera ni, por lo tanto, presenta el rasgo de deseo erótico que sí muestra el Booz oweniano desde su impaciencia:

Deja la luz sin sexo en que te ahogas,
ángel mientras mi lecho no te erija mujer;
sal de la voz marina que te sueña,
sirena sin canción mientras yo no la oiga;
deja la arcilla informe que habitas y que eres
en tanto que mis dedos no modelen tu estatua;
sal del bosque de horas inmóviles en que te pierdes,
corza sin pulso mientras mi miedo no te anime;
deja el no ser de tu Moab incierta;
sal ya de ti. Mis pies están helándose.[17]

El hermetismo del poema (propio de la poética oweniana) permite afirmar, como una de las interpretaciones posibles, que en las siguientes partes se gesta y culmina un encuentro carnal entre Booz y Ruth (“Pero cómo negarte mis espigas / si las alzabas con tan puro gesto;”.[18] “Vámonos por las rutas de tus venas / y de mis venas. Vámonos fingiendo / que es la primera vez que estoy viviéndote. Por la carne también se llega al cielo.”[19]); encuentro que –lo afirma Booz desde antes que suceda– no tendrá como resultado la unión espiritual ni la trascendencia de la pareja:

De mí saldrás exangüe y destinada a sueño como las mariposas
que capturan los dedos crueles de los niños;
de mí saldrás seca y estéril como las maldiciones escondidas en los
versos de amor que nadie escucha.
Huye de mí, que soy elvientoeldiablo que te arrastra.[20]

El rompimiento con el mito judeocristiano tiene su culminación en el final del poema, donde se cumplen las profecías del mismo Booz oweniano:

Ya me hundo a buscarme en un te amé que quiso ser te amo,
donde se desenrolla un caracol atónito al descubrir el fondo
salobre de sus ecos,
Y los confesionarios desenredan mis arrepentimientos mentirosos.
Ya me voy con mi muerte de música a otra parte.
Ya no me vivo en ti. Mi noche es alta y mía.[21]

Después de la comparación entre el mito y el antimito, y una vez identificado el Booz antitético que habita el poema de Owen, es posible extraer el tema del fracaso amoroso y ligarlo a la biografía del propio poeta. En apartados anteriores se mencionó el apunte de Vicente Quirarte, respecto a la posibilidad de que Owen hubiera encontrado su inspiración en Margarita, su sobrina, y también, siguiendo aún a Quirarte, se hizo notar cómo el tema del amor imposible entre un hombre maduro y una jovencita ronda en la obra y en la vida del poeta sinaloense.

A partir de estos datos, se puede inferir que el Booz que ha perdido su carácter mítico con respecto al Booz judío, es al mismo tiempo una versión mitificada del autor del poema (tesis sostenida por la mayoría de los estudios citados); es decir: este Booz es, hasta cierto punto, una representación de Gilberto Owen. Además de las razones esbozadas arriba, hay guiños específicos que confirman la intención de la mitologización biográfica; quizás el más evidente, además de la mención del trópico y de “esta isla”, sea la mención de Zirahuén, Michoacán: “una noche la luna llenaba todo el lago; / Zirahuén era así dulce como su nombre: / era la anunciación de tus caderas”.[22]

Con respecto al tema del viaje, bien podría decirse que es uno de los motivos recurrentes en Owen que no aparece en Libro de Ruth; sin embargo, en el fondo del poema permanece este esquema metafórico, en el que el viaje es el amor mismo (la relación amorosa) y el naufragio es el fracaso de la unión. “Celos y muerte de Booz” muestra, en este sentido, la renuncia, resignada y definitiva, al viaje: el varamiento absoluto.

mostrar Intertextualidad

En relación íntima con las temáticas del poema, se encuentran sus relaciones intertextuales. Como ya se ha hecho notar, existe un claro diálogo con el relato bíblico de Ruth; pero también se establece una relación con su propia obra, con su biografía y con una serie de obras literarias que, tejidas aquí, dan profundidad y complejizan la concepción del amor en Booz. La mención de Fausto en el poema, por ejemplo, da otra dimensión a la relación entre Booz y la moabita, de tal suerte que se justifican lecturas como la que afirma ver a un ‘yo poético’ viejo que busca su rejuvenecimiento en el amor de una mujer de mucho menor edad,[23] e incluso las que ven aquí la reescritura misma del Fausto –así como otros ven la reescritura del libro bíblico– con las notas de perversión que ello implica.[24]

Otro intertexto importante en el poema, que ensancha el diálogo con el mito judeocristiano, es el poema de Víctor Hugo “Booz endormi”, al que se hace referencia en “Celos y muerte de Booz”: “Y sólo sé que no soy yo, / el durmiente que sueña un cedro Huguiano, lo que sueñas”.[25] En el poema del escritor francés, Booz sueña que de su vientre crece un árbol que sube hasta el cielo, lo que constituye una clara referencia al árbol genealógico de Cristo. En la última parte del poema de Owen, Booz entiende que no es él ese cedro, que Ruth no lo ve así, y que no habrá fruto ni trascendencia de su efímero encuentro con la moabita.

Finalmente, hay una mención explícita a los protagonistas de la obra Dafnis y Cloe, escrita por el griego Longo en el siglo ii de nuestra era. Cabe mencionar que esta obra ha sido base o fuente de inspiración de diversos libros, obras escultóricas e incluso montajes dancísticos. En el caso particular del canto de Booz, la referencia ayuda al poema a construir una idealización del encuentro con Ruth.

Esta serie de referencias, así como la mención de lugares y elementos completamente anacrónicos, o fuera del contexto de la narración original (por ejemplo se menciona París, las tehuanas, la primera comunión y los tranvías, entre otras cosas), no sólo permiten el diálogo intertextual del que hemos hablado, cuyo fin es el ensanchamiento temático del poema, sino también un diálogo con la tradición literaria y con las técnicas y corrientes estéticas –entre ellas las vanguardias– que interesaban al autor.

mostrar Recepción de la obra

Es probable que la recepción crítica de la primera edición de Libro de Ruth haya sido nula debido al largo exilio de Owen y a las circunstancias de publicación de esta obra (fue, en realidad, el primer poemario que editó en México y, como ya se ha dicho, se trataba apenas de una plaquette con un tiraje muy bajo). Como se apuntó en apartados anteriores, el trabajo del poeta sinaloense era seguido por revistas y medios de otros países, en donde había tenido un mayor involucramiento cultural (por eso la publicación del Libro de Ruth en Revista de las Indias en 1947), pero en México no era precisamente uno de los autores que estuviera en el ojo o en la pluma de la crítica especializada.

La posterior inclusión de Ruth en el libro Perseo vencido pudo ayudar al crecimiento del interés por la obra del autor y, particularmente, por este poema que tan poco se había comentado; aún así, no puede hablarse de una recepción crítica, profunda, de la obra oweniana y sobre todo de Libro de Ruth, sino hasta algunos años después. Alí Chumacero, Eugene L. Moretta, Tomás Segovia, Vicente Quirarte, Jaime García Terrés y Guillermo Sheridan son algunos de los autores que, tangencial o directamente, han hablado de las características de Ruth. Poco a poco, además, crece el hasta ahora escaso número de tesis de posgrado que toman al autor o a la obra específica que aquí hemos tratado, como su centro temático; en este rubro, destacan trabajos como los de José Sergio Cuervo, Ramsés Sandoval y Alfredo Rosas Martínez.

La complejidad y profundidad de Libro de Ruth ha permitido que la recepción crítica sea bastante diversa; es decir, aunque es probable que todos sus estudiosos suscriban la afirmación de Vicente Quirarte, en cuanto a que es “una de sus obras donde al mismo tiempo encontramos al poeta en la plenitud de sus poderes y a la persona en la cima de sus pasiones”,[26] las interpretaciones sobre la temática y el sentido del poema exponen notables diferencias. Así, lo mismo podrá encontrarse al autor que hable sobre un texto lleno de perversión y herejía, en el sentido más crudo de la palabra,[27] que a otro hablando de un camino de comprensión e iluminación interior.[28] Entre estos dos puntos, hay diversas opiniones que encuentran más zonas de contacto que divergencias: así, se ha estudiado la carga erótica del poema, su trasfondo autobiográfico, el tema del viaje, la construcción del antimito y el diálogo con el “rostro” o el “misterio” de la poesía. Gracias a las virtudes técnicas y temáticas de Libro de Ruth, aún queda mucho por explorar sobre el sentido de éste, uno de los más grandes poemas de Gilberto Owen y de la literatura mexicana del siglo xx.

mostrar Bibliografía

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Rosas Martínez, Alfredo, El sensual mordisco del demonio: la presencia del bien y del mal en la obra de Gilberto Owen, México, D. F., Universidad Autónoma del Estado de México, 2005.

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Sheridan, GuillermoLos Contemporáneos ayer, México, D. F., Fondo de Cultura Económica, 1993.

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mostrar Enlaces externos

Audio de conjunto de poemas de Gilberto Owen, Voz de Gabriel Pingarrón, (consultado en diciembre de 2014).

Gilberto Owen: Perseo Vencido, Voz de Isabel Monrroy Castillo, (consultado en diciembre de 2014).

Owen, Gilberto, Booz canta su amor y Booz ve dormir a Ruth, Audio, (consultado en diciembre de 2014).

----, Día tres / Sinbad el varado, Audio, Voz de Gabriel Pingarrón, (consultado en diciembre de 2014).