Enciclopedia de la Literatura en México

Rafael F. Muñoz

José Luis Martínez
1995 / 19 sep 2018 15:20

Cuando apenas era un adolescente, a Rafael F. Muñoz (1899-1972) le fue dado presenciar la Revolución. Originario de Chihuahua, al norte de la República, desde donde vinieron las avanzadas rebeldes más violentas, estuvo cerca de uno de los hombres más temidos en el entonces revuelto país, de quien gozaba fama de cruel y sanguinario sobre todos, de Pancho Villa. En los hechos del guerrillero, en sus inverosímiles hazañas y en la desesperación de su mexicanismo, Muñoz encontró la materia para sus escritos. De ahí proviene lo sustancial de su pluma, y de su tierra misma el ágil, directo estilo con que escribe sus novelas y sus cuentos. Estos no son de un crítico pesimista y desencantado de la Revolución sino relatos y estampas objetivos con el “aliento poético que se encuentra en los romances y en los corridos”, el “aliento monumental y bárbaro de la primigenia literatura guerrera” y las “atroces hazañas, irrepetibles torturas y realizaciones inimaginables que, situadas en el límite de lo humano, suelen alimentar la materia de lo legendario” –observa Felipe Garrido en la presentación de Relatos de la Revolución. Cuentos completos, de Rafael F. Muñoz (México, Utopía, 1976).

La obra central de su producción literaria es ¡Vámonos con Pancho Villa! (Madrid, 1931), reflejo de numerosas acciones y escenas de la vida revolucionaria en el norte del país, narradas por seis entusiastas villistas. Fue tema, con el mismo título, de una de las películas clásicas sobre la Revolución, dirigida en 1935 por Fernando de Fuentes con fotografía de Jack Draper y Gabriel Figueroa, música de Silvestre Revueltas y con Domingo Soler como Pancho Villa. Los cuentos de Muñoz: El feroz cabecilla y otros cuentos de la Revolución (1928), El hombre malo (1930), Si me han de matar mañana... (1933), reunidos en el volumen de 1976 que acaba de citarse, los cuentos –repito– constituyen parte importante de su obra y se distinguen por su firme estructura y la viveza de sus descripciones. La agilidad empleada en su relato más famoso es notoria también en el resto de su obra, y aun se afina en sus narraciones posteriores, como Se llevaron el cañón para Bachimba (1941). Rafel F. Muñoz es autor también de una espléndida biografía de Santa Anna (1938), la tragicómica figura de la historia de México.

Uno de sus últimos libros fue Obras incompletas, dispersas o rechazadas (1967), que recogen páginas de humor negro: “Del fusilamiento, como una de las bellas artes”, que supera en ferocidad el famoso texto de Torri; y otras interesantes: “Gerardo Montaño, un filósofo”, “Cátedra sobre violines”, y “Nadie se escapa”, que es una conferencia sobre la novela de la Revolución. Además de estas Obras, se ha publicado Traición en Querétaro. Un libreto para el cine (1969), que se refiere a la atribuida a Miguel López. Otro texto interesante de Muñoz es el discurso que preparó para su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, y que no llegó a pronunciar por su muerte (recogido como apéndice en Relatos de la Revolución, México, sep (SepSetentas, 151), 1974). Su tema principal es la libertad de información; pero como Muñoz iba a sustituir a Julio Torri, dedica a su antecesor comparaciones con él mismo –Muñoz– agudas y divertidas:

Torri era tímido, encogido, meticuloso, de prosa pulcra y limpia. El otro, reportero de periódico, obligado por su profesión a ser atrevido y sin que se le exigiera, despreocupado, displicente, un poco atolondrado y sin la cultura literaria de Torri. La diferencia es honda. Torri escribió sobre lo que había leído. El otro, sobre lo que había visto. Uno, literatura del mundo; otro vida de México. Uno, pensamiento; otro, acción. Uno, bellas letras; otro, la revolución.

Hijo de un prominente abogado chihuahuense, que fuera presidente del Tribunal estatal, pasó su infancia en la hacienda El Pabellón, cercana a los Estados Unidos, donde contó con una amplia biblioteca. Realizó sus estudios en el Instituto Científico y Literario de su estado. En la Ciudad de México estudió en la Escuela Nacional Preparatoria; a raíz de la usurpación huertista regresó a Chihuahua, en donde se inició como periodista en febrero de 1914 con una crónica sobre la Decena Trágica, publicada en el diario Vida Nueva, del que también fue redactor y traductor. Su labor como reportero lo llevo a conocer a Francisco Villa, cuya personalidad lo impresionó de tal manera que se convirtió en figura central de sus obras posteriores. Su manifiesta simpatía por Obregón lo obligó a exiliarse en California, en los Estados Unidos, durante el gobierno de Carranza. En 1920 regresó a la Ciudad de México para colaborar en los diarios El Heraldo y El Universal. Fundó El Universal Gráfico, del que fue jefe de redacción de 1927 a 1930. Dirigió El Nacional durante el gobierno de Portes Gil. En 1929 participó en la creación del Partido Nacional Revolucionario (pnr) en el que militó, excepto en 1958, cuando fue jefe de campaña de la Federación de Partidos del Pueblo. Colaboró con Jaime Torres Bodet como jefe de prensa en la Secretaría de Educación Pública (sep) (1943-1946) y en la de Relaciones Exteriores (sre) (1946-1951). Asistió a numerosas conferencias internacionales, como la Asamblea Constitutiva de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Durante el gobierno de Ávila Camacho se dio de alta en el Servicio Militar Obligatorio (recién creado), en el que obtuvo el grado de Teniente Coronel y la Condecoración al Mérito Militar de Tercera Clase. Retirado ya de toda actividad pública regresó, en 1958, a colaborar con Torres Bodet en la Dirección General de Divulgación Cultural y Prensa, de la sep. Su postura antinazi y antifascista, le valió algunos reconocimientos de los gobiernos de Francia, Holanda, Bélgica y los Estados Unidos. Elegido como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, en octubre de 1970, la muerte le impidió leer su discurso de ingreso sobre el derecho a la información y la responsabilidad de la prensa ante sus lectores.

Rafael Felipe Muñoz Barrios, periodista de profesión. Encontró que el cuento corto, para él cercano al reportaje, el mejor medio para abordar el tema revolucionario. Sus relatos presentan una escena en la que los personajes se encuentran en una situación límite. La falta de penetración psicológica en los personajes, la descripción de un paisaje ajeno a las experiencias humanas y un narrador distanciado de los acontecimientos acentúan el dramatismo de los hechos; sin embargo, no están exentos de un humor en ocasiones amargo. La diversidad de situaciones que presenta Muñoz en sus relatos forma un mosaico del movimiento revolucionario desde el punto de vista de los rebeldes y de los federales. Esta objetividad y el entramado de historia y ficción son especialmente patentes en “Oro, caballo y hombre”, que da cuenta de la verdadera muerte de Rodolfo Fierro; narración considerada una obra maestra no sólo en la producción del autor, sino del género mismo. La novela ¡Vámonos con Pacho Villa!, inicialmente aparecida por entregas, es una serie de relatos independientes sobre seis personajes unidos por la fidelidad hacia la avasalladora personalidad de Francisco Villa. Se llevaron el cañón para Bachimba narra la frustrada rebelión orozquista contra el gobierno de Madero. El texto lleva discretos rasgos autobiográficos. El personaje Álvaro Abasolo encarna –según el autor– al revolucionario que le hubiera gustado ser. A partir de las notas tomadas por Ramón Puente y de recuerdos personales, redactó una biografía sobre Villa, que ha sido considerada, con las Memorias de Pancho Villa de Martín Luis Guzmán, uno de los retratos más auténticos del caudillo del norte. Santa Anna, el que todo lo ganó y todo lo perdió, cuya edición definitiva lleva por título Santa Anna, el dictador resplandeciente, es una amena, sintética y objetiva obra de divulgación que presenta la compleja personalidad política del personaje. También dedicado al cine, realizó los argumentos para algunas comedias rancheras y un guion, que no se llegó a filmar, sobre los últimos días del Imperio de Maximiliano. Sus Obras incompletas, dispersas o rechazadas recogen una serie de cuentos, ensayos, fragmentos de novela y guiones de cine que, por diversas razones, no terminó o no tuvieron cabida en libros independientes.

Instituciones, distinciones o publicaciones


El Nacional
Director

Secretaría de Educación Pública (SEP)
Fecha de ingreso: 1943
Fecha de egreso: 1946
Jefe de prensa

Secretaría de Educación Pública (SEP)
Fecha de ingreso: 1958
Fecha de egreso: 1946
Colaborador en la Dirección General de Divulgación Cultural y Prensa

Academia Mexicana de la Lengua
Fecha de ingreso: 1970
Miembro electo