Enciclopedia de la Literatura en México

Juan de la Cueva

Juan de la Cueva nació en 1543Tomo los datos biobibliográficos de la introducción de José Cebrián a su edición Fábulas mitológicas y Épica burlesca de Juan de la Cueva, Madrid, Editora nacional, 1984, pp. 2-32. en el barrio hispalense de Santa Catalina. Era hijo del doctor Martín López de la Cueva y de Juana de las Cuevas. Muy poco se sabe de sus primeros años de juventud. Parece que comenzó sus estudios de Humanidades bajo la tutela del maestro Juan de Mal-Lara (1524-1571). En esos años, Cueva se dedicó al estudio de la poesía latina, interpretó a los clásicos y adquirió una sólida formación petrarquista. Los primeros frutos de su vocación literaria fueron ejercicios de traducción y poemas de corte amatorio.

A mediados de 1574, Juan y su hermano Claudio salieron hacia Nueva España. Claudio partía con el beneficio de su media ración y con la ilusión de hacer carrera eclesiástica en la administración colonial. Juan, con la esperanza de hacer fortuna en las Indias:

Nuestro vate contaba entonces con treinta años. Andaba entristecido por una pena amorosa y con deseos de olvidarla en la lejanía. Ya no tenía remedio, ni otro oficio que el de poeta. Sin pensárselo dos veces y sin pretensión previa alguna, decidió secundar a su hermano en tan azarosa aventura.José Cebrián, Juan de la Cueva y la Nueva España, Kassel, Reichenberger, 2001, p. 24.

Según se desprende del informe enviado por el arzobispo de México don Pedro Moya de Contreras a Felipe II –fechado el 24 de marzo de 1575– Juan de la Cueva y su hermano Claudio llegaron a Nueva España en septiembre de 1574. Juan continuó su quehacer literario durante sus aproximadamente tres años de estancia en México: en el cancionero anónimo Flores de baria poesía (recopilado en Nueva España hacia 1577) aparecieron algunas de sus primeras composiciones líricas.El cancionero contiene 242 poemas de 31 autores (Gutierre de Cetina, Jerónimo de Urrea, Fernando de Herrera, Baltasar de Alcázar, Hernando de Acuña, Francisco de Terrazas, Fernán González de Eslava, Diego Hurtado de Mendoza, etc.) y 117 piezas anónimas. De hecho, después de Gutierre de Cetina, el poeta representado con más composiciones es Juan de la Cueva, con un total de 32 (25 sonetos, tres madrigales, dos odas, una elegía y una sextina). Cf. Margarita Peña, Flores de baria poesía, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1980. Menéndez Pelayo lo califica de “poeta fácil y despilfarrado”,Historia de la poesía hispanoamericana, ed. cit., t.I, p. 33. a veces tan alejado de un lenguaje poético artificioso que cae en una “desmadejada trivialidad”, aunque alaba “la gracia desenfadada y amenos colores” con que plasma sus recuerdos y vivencias de las Indias. En particular sobre las epístolas a Sánchez de Obregón y al maestro Girón, bien dice Alfredo A. Roggiano:

De acuerdo. Vaguedades, prosaísmos, caídas no faltan, desde aquellas tan mentadas líneas de las seis cosas escritas con C, «síntesis acabada del mal gusto» en opinión de A. Reyes. Hasta parecen deliberadamente primitivos e inexpertos (como de cosa que empieza a ser pero que todavía no es) en sus tercetos de rústica armonía y toscos ritmos, su fidelidad a las cosas y hechos con esa rudeza retratista que admiramos en las reproducciones de paisajes y las escenas familiares de algunos pintores flamencos.En este aire de América, México, Cultura, 1966, p. 41.

Como se verá, en algunos de los poemas escritos durante su periodo americano, De la Cueva alaba la tranquilidad y las virtudes de la vida mexicana (por ejemplo, en su epístola de 1574 a Laurencio Sánchez de Obregón, primer corregidor de México; o en la que dirigió poco después al maestro Girón, exhortándolo a emprender el viaje a las Indias). Esta idílica visión de Nueva España tiene su contraparte negativa; véanse por ejemplo los sonetos satíricos incluidos por Méndez Plancarte (Poetas novohispanos. Primer siglo, ed. cit., pp. 136-137): Nueva España de fines del siglo XVI, en la que las mujeres “se venden por dineros”, los criados no obedecen a sus señores y todo acaba en un caos de “tianguez, almoneda, behetría” (del soneto “Minas sin plata, sin verdad mineros”, loc. cit.); una sociedad en la que “el favor manda y el privado crece” y “se oye, se mira, se contempla y calla” (del soneto “Niños soldados, moços, capitanes”, en Dorantes de Carranza, Sumaria relación de las cosas de la Nueva España, ed. cit., pp. 115-116). En 1577 Juan de la Cueva regresó a España, donde continuó con su labor literaria hasta su muerte ocurrida el 4 de octubre de 1612. Para más datos sobre la vida y obra de Juan de la Cueva, remito al estudio de José Cebrián (ed. cit.). Aquí sólo destaco lo directamente relacionado con su permanencia en la Nueva España.


1 Tomo los datos biobibliográficos de la introducción de José Cebrián a su edición Fábulas mitológicas y Épica burlesca de Juan de la Cueva, Madrid, Editora nacional, 1984, pp. 2-32.

2 José Cebrián, Juan de la Cueva y la Nueva España, Kassel, Reichenberger, 2001, p. 24.

3 El cancionero contiene 242 poemas de 31 autores (Gutierre de Cetina, Jerónimo de Urrea, Fernando de Herrera, Baltasar de Alcázar, Hernando de Acuña, Francisco de Terrazas, Fernán González de Eslava, Diego Hurtado de Mendoza, etc.) y 117 piezas anónimas. De hecho, después de Gutierre de Cetina, el poeta representado con más composiciones es Juan de la Cueva, con un total de 32 (25 sonetos, tres madrigales, dos odas, una elegía y una sextina). Cf. Margarita Peña, Flores de baria poesía, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1980.

4 Marcelino Menéndez Pelayo. Historia de la poesía hispanoamericana, Madrid, Librería general de Victoriano Suárez, t.I, p. 33.

5 En este aire de América, México, Cultura, 1966, p. 41.

6 Esta idílica visión de Nueva España tiene su contraparte negativa; véanse por ejemplo los sonetos satíricos incluidos por Méndez Plancarte (Poetas novohispanos. Primer siglo, (1942), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1964, pp. 136-137): Nueva España de fines del siglo XVI, en la que las mujeres “se venden por dineros”, los criados no obedecen a sus señores y todo acaba en un caos de “tianguez, almoneda, behetría” (del soneto “Minas sin plata, sin verdad mineros”, loc. cit.); una sociedad en la que “el favor manda y el privado crece” y “se oye, se mira, se contempla y calla” (del soneto “Niños soldados, moços, capitanes”, en Dorantes de Carranza, Sumaria relación de las cosas de la Nueva España, (1604), México, Imprenta del Museo Nacional, 1902, pp. 115-116).

7 Para más datos sobre la vida y obra de Juan de la Cueva, remito al estudio de José Cebrián (ed. cit.). Aquí sólo destaco lo directamente relacionado con su permanencia en la Nueva España.

 



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