Enciclopedia de la Literatura en México

Salvador Toscano

José Luis Martínez
1995 / 15 oct 2018 10:28

El ensayo y la crítica fueron cultivados por casi todos los escritores de Taller. Algunos de ellos abandonaron el ejercicio literario para dedicarse a otras disciplinas, como Salvador Toscano (1912-1949), Arnulfo Martínez Lavalle, por la jurisprudencia, Enrique Ramírez y Ramírez por la política y el periodismo, y Rafael López Malo, autor de hermosos poemas, que escribió algunos ensayos políticos.

Toscano fue inicialmente un Barandal –como se llamó, por la primera revista que publicaron, a los entonces muchachos del grupo de Octavio Paz, Rafael Solana y Efraín Huerta– que escribía literatura. Su primer escrito interesante fue sobre “Las ideas políticas de Ramón López Velarde” (Taller, número 3, marzo de 1939), aunque su tesis para graduarse como abogado expuso El derecho y la organización social de los aztecas (1937). Continuará sobre esta última línea y el estudio de nuestro mundo antiguo será su vocación y su pasión. A los treinta y dos años, Salvador Toscano publicó una obra excepcional, Arte precolombino de México y de la América Central (1944), de hecho su único libro. Cinco años después perecería en un accidente aéreo.

El Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, creado y dirigido por Manuel Toussaint, concibió la idea de publicar una historia del arte en México, de la que carecíamos. El primer volumen, en gran formato y bien ilustrado, fue el libro de Toscano que acaba de mencionarse. El segundo, El arte colonial de México (1948), de Toussaint, y el tercero, una nueva versión del estudio de Justino Fernández sobre El arte moderno y contemporáneo de México (1952). Pero, en tanto que Manuel Toussaint y Justino Fernández habían trabajado muchos años en sus campos, Toscano era casi un recién llegado. Apenas había publicado un par de artículos, anticipos de su libro (“La pintura mural precolombina de México”, en Boletín Bibliográfico de Antropología Americana, tomo i, número. 4, 1940; y “Los códices tlapanecas de Azoyú”, en Cuadernos Americanos, número 4, 1943). A pesar de ello, y de que su obra era el primer tratamiento de conjunto sobre el arte indígena mesoamericano, Toscano salió airoso de la prueba. La novedad de su estudio es su firme conocimiento histórico y arqueológico como apoyo para su perspectiva predominantemente estética. Para su tiempo fueron una novedad las ideas de Worringer acerca de la “voluntad artística”, o de forma, propias de cada cultura, que guiaron la concepción de Toscano sobre lo terrible y lo sublime, en lugar de sólo lo bello, como normas para considerar nuestras artes antiguas. Además, siempre será estimulante leer a un crítico como Salvador Toscano que se emociona ante los viejos monumentos:

las sabias distribuciones geométricas –escribe– y, sobre todo la austera solemnidad de los “vacíos”, no sólo para sobrecoger y anonadar, sino para exaltar y enaltecer al espectador. Una visita a Teotihuacán, Tikal o Monte Albán es impresionante y melancólica, como si un sentimiento de eternidad trascendiera a nuestro espíritu.

“La estética indígena”.

Lo mismo que ante las pequeñas joyas:

Nuestro pequeño broche de Yanhuitlán, del Museo Nacional de México, está vaciado simulando un escudo cruzado por cuatro flechas y de él cuelgan numerosos y largos cascabeles de metal; pero lo que le viene a dar una singular belleza cromática es el campo de la rodela, el cual decora un austero meandro de oro con la clásica greca mexicana, sobre un fondo formado por preciosas y purísimas láminas de turquesa pálida.

“Orfebrería”.

En otros campos fue también una novedad, y sigue siendo instructiva, la descripción histórica y estética que hace Toscano de los códices, dentro de la sección de “Pintura”.

Alfonso Caso, en el generoso y entusiasta comentario que dedicó al Arte precolombino de Toscano (en la solapa a la primera edición), dice, con razón, que:

Habríamos preferido que el autor no distribuyera su materia por capítulos que se refieren a las artes, arquitectura, escultura, pintura, etcétera; sino que más bien tratara el complejo artístico de cada cultura y en la sucesión de estas culturas.

Toscano aceptó la sugerencia, y en la exposición que escribió en 1946 “El arte antiguo”, para la obra colectiva México y la cultura, consideró por separado el arte de cada una de las culturas.

El Instituto de Investigaciones Estéticas hizo una tercera edición (1970) del libro de Salvador Toscano, con prólogo de Miguel León-Portilla y notas de Beatriz de la Fuente, que ponen al día sus informaciones, con mejores ilustraciones, y la adición del apunte sobre “Bonampak” (1949), uno de sus últimos trabajos.

Fuentes para la Historia de México se llamó la colección que comenzó a dirigir Toscano, para la Antigua Librería Robredo de José Porrúa, de la cual llegaron a publicarse dos volúmenes que dieron a conocer obras entonces inaccesibles: Historia Tolteca-Chichimeca, versión de Heinrich Berlin y Silvia Rendón con prólogo de Paul Kirchhoff (1947), y Anales de Tlatelolco. Unos anales históricos de la nación mexicana y Códice de Tlatelolco, versión de Heinrich Berlin, y una interpretación del códice por Robert H. Barlow (1948).

En fin, Salvador Toscano dejó inconclusa una documentada biografía de Cuauhtémoc, que, completada (capítulos xxv y xxvi) por Rafael Heliodoro Valle, quien escribió además un emocionante prólogo, y bien ilustrada, publicó el Fondo de Cultura Económica en 1953.

Instituciones, distinciones o publicaciones


Barandal
Fecha de ingreso: 01 de agosto de 1931
Fecha de egreso: 01 de marzo de 1932
Editor