![]() Foto: María García | CNL-INBA |
Nació en Santiago Papasquiaro, Durango, el 20 de noviembre de 1914; muere en la Ciudad de México, el 14 de abril de 1976. Narrador, ensayista y dramaturgo. Periodista, guionista y adaptador. Como activista político, fue secretario juvenil de la Confederación Sindical Unitaria de México; militante del Socorro Rojo Internacional y del Partido Comunista Mexicano; reportero de los diarios El Día y El Popular; miembro del Grupo Marxista El Insurgente y del Partido Obrero Campesino Mexicano; fundador de la Liga Leninista Espartaco; cofundador del Grupo Comunista Internacionalista, miembro de la LEAR (Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios) y de la Asociación de Escritores de México; secretario general de la Sección de Autores y Adaptadores del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica y profesor del CUEC. Como adaptador y guionista colaboró con el director Roberto Gavaldón; y con Mauricio Magdaleno y Luis Spota, entre otros en El mexicano (1944), Cantaclaro (1945), Amor de una vida(1945), La otra (1946), A la sombra del puente (1946), La diosa arrodillada (1947), Que dios me perdone (1947), Media noche (1948), La casa chica (1949), Perdida (1949), Rosauro Castro (1950), En la palma de tu mano (1950), La noche avanza (1951), Deseada (1950), El rebozo de Soledad (1952), entre otras. En los años treinta escribió textos como: El Colegio alemán (relato) s/f, y las novelas Esto también era el mundo, s/f y El quebranto (fragmento), 1938. En los años cuarenta publicó textos humorístico poco conocidos en El popular: Pérez con alas, Ricardo corazón de León o Necesitado de vejigas para hacer metáforas. Sus obras completas están compiladas y publicadas por ERA (2014). Colaboró en Espartaco, La Internacional, Noviembre, Revolución y La Voz de México. Varios textos suyos han sido publicados de manera póstuma en Así, Época, Estampa, Futuro, Hoy, Nosotros, Revista de Literatura Mexicana, Ruta, Taller y Tiras de Colores. En 1943 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por El luto humano, traducido al inglés, italiano y húngaro. Premio de la Editorial Farner and Rinehart 1968, Nueva York. Premio Xavier Villaurrutia 1967 por su obra en general. Desde 1975 El Premio Bellas Artes de Ensayo Literario lleva su nombre. Ficha de diccionario de Catálogo biobibliográfico de la literatura en México
Perteneciente a un grupo de hermanos que sobresalieron en las artes: Fermín en la pintura, Silvestre en la música y Rosaura en el teatro y el cine, José Revueltas (1914-1976) fue un escritor que hizo de las luchas sociales su tema principal. Como manifestación de sus ideas escribió una vasta obra (reunida en 26 volúmenes en Obras completas, al cuidado de Andrea Revueltas y Philippe Cheron, con estudios de José Emilio Pacheco, Carlos Eduardo Turón e Ignacio Hernández, México, era, 1978-1987, más dos colecciones de cartas privadas): novelas, cuentos, relatos, poemas, memorias, teatro, y numerosos ensayos y artículos filosóficos y políticos. Comunista desde los dieciséis años, sus actividades políticas lo hicieron sufrir múltiples prisiones: el Reformatorio y las antiguas cárceles de Belén y de Santiago, en breves periodos; el Penal de las Islas Marías en dos ocasiones, 1932 y 1934-1935, donde cumplió los veinte años; y la antigua Penitenciaría de Lecumberri de 1968 a 1971, por su participación en el movimiento estudiantil, que le dio gran prestigio entre los jóvenes. En 1943 fue expulsado del Partido Comunista Mexicano, al que reingresó en 1956 para ser expulsado de nuevo en 1960. Durante largas épocas fue periodista. Trabajó además en adaptaciones cinematográficas. Viajó en dos ocasiones a la Unión Soviética y a los países socialistas; visitó Cuba en largos periodos, y dio cursos en universidades estadunidenses (Stanford y Berkeley). Estos hechos de su vida y la violenta impugnación partidista de dos de sus obras –que se referirá adelante– fueron la materia de su obra literaria. Una religiosidad oscura y rencorosa; una militancia aceptada como un sacrificio inútil; una búsqueda apasionada de la honestidad política; una lucha que concibe “no para hacer felices a los hombres, sino para hacerlos libremente desdichados, para arrebatarles toda esperanza, para hacerlos hombres”; en suma, una vida que sólo le ofrece “el lado moridor” y la “certeza del desconsuelo”, son algunas de las claves de su pensamiento. Las diez novelas, relatos y colecciones de cuentos, que constituyen la obra literaria más considerable de Revueltas, se separan en dos grupos. El primero, muy breve, con sus obras de juventud: Los muros de agua, El luto humano y Dios en la tierra. El segundo, más extenso, comprende sus obras de madurez: Los días terrenales, En algún valle de lágrimas, Los motivos de Caín, Dormir en tierra, Los errores, El apando y Material de los sueños. Después de Los muros de agua (1941) que es un dramático relato de sus experiencias en las Islas Marías, y que su autor considera “como una intención, como una tentativa” en su búsqueda de un “realismo materialista y dialéctico”, Revueltas escribe su primera obra importante, El luto humano (1943). El asunto de primer plano de la novela es muy escueto. Un grupo de hombres primitivos, que velan el cadáver de una niña, se encuentran en una azotea cercados por una inundación y, entre borracheras, erotismo, y rezos, esperan la muerte. Hacia la mitad del libro, un mundo de rememoraciones concentra la atención en los hechos pasados, sombríos, criminales, ansiosos de vida y de justicia, de cada uno de los protagonistas. En un aire enrarecido de sueño y con un lirismo espeso y poco eficaz, se van explorando los fondos y trasfondos emocionales y sensoriales de los personajes. Hay, pues, por primera vez en la novela mexicana, una profundización de los caracteres, mientras que se prescinde de descripciones de ambientes y escenarios. El modelo general de El luto humano parece ser Mientras yo agonizo (1930), de William Faulkner, con la que coincide en el tratamiento de los temas y en su apasionado y torrencial aliento. En Dios en la tierra (1944), el terrible epígrafe de Dostoievski “...y sin embargo, estoy seguro de que el hombre nunca renunciará al verdadero sufrimiento, es decir, a la destrucción y al caos”, anuncia el tono sombrío de estos cuentos: historias inhumanas de cristeros, incidentes feroces de la lucha social, pleitos de indios (“Barra de Navidad” es uno de los mejores logrados). Toda la tristeza irremediable del mundo parece concentrarse en estos quince cuentos. En Los días terrenales (1949), que abre el segundo periodo de las obras de Revueltas, se abandonan los personajes primitivos para concentrarse en el mundo ideológico de los militantes. No existe una trama sino cierta contigüidad entre los personajes que representan tipos de comunistas: el humano, el dogmático, la víctima sufrida, el artista consciente, los ingenuos. En uno de los escasos sucedidos, vuelve a la historia de la niña muerta sin enterrar, como en El luto humano, a la que su padre el dogmático no concede una lágrima pues debe ocuparse del periódico del partido. El militante humano y reflexivo, que realiza un trabajo fraternal y positivo al principio de la novela, es aniquilado. Y el peso mayor recae en las caricaturas de los dogmáticos y autoritarios, de los “abominables santos” del partido. El capítulo viii, con la exposición de la libertad para la desdicha –idea que Revueltas reconoce como de José Alvarado (se encuentra en su ensayo “Antonio Machado”, Taller, núm. 3, mayo de 1939, p. 23)– y el episodio final de la curación en el dispensario, es notable. Los días terrenales es una novela importante por la severidad y la valentía de su crítica política, pero carece de equilibrio en su composición, lo que la hace espesa y confusa. Está escrita sin cuidado en el estilo, con reiteraciones de adjetivos y adornos poéticos innecesarios, sobre todo en el primer capítulo. La publicación de Los días terrenales y el éxito que obtuvo la representación de El cuadrante de la soledad (estrenada el 12 de mayo de 1950) –“una visión calidoscópica mediante el uso de escenarios simultáneos, del barrio bajo de la ciudad de México”: Celestino Gorostiza, 1956–, desencadenó una violenta crítica de la izquierda contra Revueltas. Pablo Neruda dijo que en la novela : “se estanca el veneno de una época pasada con un misticismo destructor que conduce a la nada y a la muerte”. Antonio Rodríguez lo acusó de coincidencia con las obras de Sartre, pues “ambas persiguen la finalidad de demostrar que el partido del proletariado rebaja y aniquila la dignidad humana”. La crítica más dura la escribió Enrique Ramírez y Ramírez (El popular, 26 de abril de 1950 y Revista Mexicana de Cultura, de El Nacional, 11, 18 y 25 de junio de 1950). Se titula “Sobre una literatura de extravío. (Los días terrenales de José Revueltas.)” Su autor insiste en la coincidencia de las ideas literarias de Revueltas con las del existencialismo sartreano, “filosofía de la decadencia”; censura su “teología de burdo cuño”; lo acusa de calificar a las masas que vivirán bajo el comunismo de “idiotamente felices”; considera “turbia la visión que ha deseado presentar sobre la vida de una porción del pueblo mexicano”, y se pregunta: “¿Por qué sólo tiene ojos para un aspecto, el más desolador de la realidad mexicana?”, y critica, en fin, las fallas de composición y estilo de la novela. La crítica de Ramírez y Ramírez es contundente, aunque esconde una trampa maliciosa: la crítica de Revueltas es contra los “clérigos rojos”, contra los “abominables santos” del partido; y en el texto de Ramírez y Ramírez se la transforma en crítica de las masas, en denigración del intocable pueblo mexicano. (Un resumen de esta cuestión se encuentra en Cuestionamientos e intenciones, 1978, t. xviii de las Obras completas.) Revueltas tuvo, además, un enfrentamiento verbal “en un ambiente de clara objetividad”, con Vicente Lombardo Toledano y Enrique Ramírez y Ramírez y, como consecuencia de este examen, aceptó la razón de sus críticos y decidió “retirar de la circulación comercial” los ejemplares de Los días terrenales y suspender las representaciones de El cuadrante de la soledad, que habían alcanzado ya la centena (15 de junio de 1950, Cuestionamientos e intenciones, pp. 29-32). Siete años más tarde, Revueltas reanuda su vocación narrativa. En sus tres libros siguientes, no toca temas políticos locales pero continúa explorando los rostros de la miseria humana. En algún valle de lágrimas (1956), principio de una novela nunca concluida, cuenta la sórdida historia de un viejo rentista, en el ambiente pobre de Peralvillo. La complacencia excrementicia, la sexualidad como pestilencia y la degradación en la pobreza y el alcoholismo, son las tónicas de esta narración. Los motivos de Caín (1957) es un relato terrible, escrito con seguro dominio. Cuenta la historia de un desertor de origen mexicano, que se encontraba en la guerra de Corea, y se ve forzado a participar en la tortura de un coreano, que resiste hasta su muerte. Por estos años, y dentro de esta búsqueda de lo terrible, Revueltas escribe algunas de sus mejores páginas en el relato que hace, en una carta a su mujer, de sus impresiones de la visita al Leprosario de Guadalajara , en 1955. Revueltas recogió estas páginas en el prólogo que escribió en 1961, “A propósito de Los muros de agua” (Obras completas, t. i). Su intención es ilustrar “la frontera que existe entre la realidad y la literatura” y esforzarse por encontrar el “movimiento interno propio de la realidad”, su “lado moridor”. Los ocho cuentos de Dormir en tierra (1960) son más sombríos aunque menos eficaces que los de la primera colección juvenil de Dios en la tierra. De ellos prefiero la historia del violinista frustrado, “Lo que sólo uno escucha...” –que pudo llevar como epígrafe aquellos versos de Gutiérrez Nájera que dicen: “Era triste, vulgar lo que cantaba.../¡mas qué canción tan bella la que oía!”– y “Dormir en tierra”, la historia del contramaestre Galindo, la única de Revueltas que, a pesar de su tragedia, tiene un final positivo. Los errores (1964) es la más importante, extensa y compleja de las novelas de José Revueltas. Bien estructurada y con eficaz juego de registros y motivos. Éstos se alternan en torno a dos historias que acaban por coincidir en su desenlace: la siniestra historia del “padrote” y del enano (El-ena) que planean y ejecutan el asesinato de un prestamista de La Merced, y la de los comunistas que planean una huelga general, que se inicia con el asalto al local de los anticomunistas. La trama verdadera es la discusión y la crítica del dogmatismo del pcm, que había sustituido “el antiguo sistema racional de las ‘armas de la crítica’ por la crítica de los fusilamientos” (capítulo xxiii) y practicaba el aniquilamiento físico y moral de quienes se atrevían a discrepar o que resultaban incómodos para la estrategia del partido. Revueltas recuerda lo ocurrido en los Procesos de Moscú y especialmente lo que ocurrió en México con los camaradas que llama Eladio Pintos y Olegario Chávez. Ya no existe en Los errores esa visión épica de las víctimas que luchan por una idea, sino el relato escueto de hechos que van entrelazándose para desembocar en un desenlace atroz. Hay algunas páginas de horror inolvidable: la lucha de Gregorio contra las ratas al huir de la prisión por los tubos del drenaje (capítulo xiii); y el capítulo xxii que parece inicialmente un ejercicio de frivolidad y acaba por ser un relato del caso de Evelio Vadillo (Emilio Padilla en la novela), el amigo y compañero de Revueltas en las Islas Marías, que fue a Moscú y pasó veinte años en Siberia por haber escrito un “Arriba Trotski” en un mingitorio. (Sobre la espeluznante historia de Evelio Vadillo, véase: Cándida Pérez Cortés, “Historia de un prisionero”, en Cuatro historias clínicas, México, 1969, pp. 89-102, y Héctor Aguilar Camín, “El camarada Vadillo”, en Nexos, núm. 147, marzo de 1990, pp. 37-47, que es, además, un espléndido retrato del último Revueltas.) El apando (1969), relato escrito durante la última prisión de Revueltas, es una suma del horror y la degradación a que puede sujetarse al hombre. La crueldad extrema contra los tres prisioneros puestos en la celda o jaula de castigo y la violencia de ellos mismos están narrados por Revueltas con lo que él llamaba “realismo materialista dialéctico” y que es un estilo que llega a identificarse con su contenido expresivo. El último de sus libros fue Material de los sueños (1974), relatos desiguales en algunos de los cuales parece buscar nuevos caminos. “Cama 11. Relato autobiográfico” narra sus experiencias en el hospital y las sensaciones de un examen de hemodinámica. “Sinfonía pastoral” es un buen cuento de suspenso, acaso excesivamente estirado. Los cuatro textos breves de “Material de los sueños”, que dan nombre a la colección, parecen ejercicios de estilo, a veces surrealistas, que muestran sensibilidad e imaginación. En Las cenizas (Obras completas, t. ii, 1981), se reunieron fragmentos narrativos inéditos o no coleccionados, y poemas de Revueltas. Aunque domina en los primeros el tono de violencia y desolación característicos, hay también rasgos de un humor más bien desaforado, como en “Ricardo Corazón de León”. Sus poemas son como explosiones de su sensibilidad dolida. En algunos, imita los nocturnos de Villaurrutia (“Nocturno de la noche”), y en otros, muestra algo como el reverso de la fortaleza que requiere el luchador: su desamparo, su nostalgia de una pequeña felicidad o de una muerte salvadora:
Acerca de la obra de José Revueltas existen numerosos estudios sobre aspectos aislados. Pueden mencionarse como tratamientos más amplios los estudios de Jorge Ruffinelli, José Revueltas, Universidad Veracruzana, 1977, y de Evodio Escalante, José Revueltas. Una literatura del “lado moridor”, México, era (Claves), 1979, insuficientes y parciales. Hay una edición crítica de Los días terrenales, que coordinó Evodio Escalante, con estudios y variantes, Madrid, Archivos, 1991. Octavio Paz escribió sobre Revueltas una importante reseña de El luto humano, en 1943, y unas reflexiones acerca de sus propios juicios y de la significación de Revueltas: “Cristianismo y revolución”, ambos recogidos en Primeras letras, México, Vuelta, 1988. De origen humilde, su familia se formó en los minerales de San Andrés de la Sierra donde Romana Sánchez soñaba con visiones poéticas que después transmitía a sus hijos Silvestre, compositor; Fermín, pintor; Rosaura, actriz, y José, escritor. En la capital de la República terminó José sus estudios primarios. Las doctrinas de izquierda influyeron en él y se incorporó al Partido Comunista Mexicano (pcm). No cumplía aún los quince años cuando se le procesó por primera vez, acusado de rebelión, sedición y motín, por lo que fue internado en un reformatorio; fruto de esas experiencias fue su cuento “El quebranto”, aparecido en su primer libro de cuentos, Dios en la tierra (1944). Durante las pausas de su actividad revolucionaria escribió sus pequeñas prosas, duras y realistas. A los veinte años fue enviado al penal de las Islas Marías, acusado de conducta subversiva, esta deportación dio tema a su primera novela, Los muros de agua (1941). Publicó El luto humano en 1943; en 1949 apareció su tercera novela Los días terrenales, obra que suscitó apasionadas polémicas. A principios de 1961 abandonó su partido político y fundó, con otros marxistas, la Liga Leninista Espartaco, de la que salió pocos años después. En 1968 defendió el movimiento estudiantil y fue nuevamente encarcelado. Sufrió prisión hasta 1971. De esta experiencia surgió El apando (1969), verdadera metáfora de la opresión. Colaboró en numerosas revistas y diarios del país. La Editorial Era reunió, en veintiséis volúmenes, sus Obras Completas. José Revueltas Sánchez, hombre de izquierda, narrador, dramaturgo y ensayista, inauguró su renombre literario con la publicación de El luto humano, por esa sorda fuerza interior que anima a sus personajes, así como por su aliento de sincero y apasionado mensaje. En torno del tema de la muerte surgen detalles de la vida de estos hombres y las ideas que impulsaron su realización; es un viaje por su agonía y el tiempo que les lleva hacer una recapitulación de sus existencias antes de morir. Dios en la tierra, su primera colección de cuentos, contiene “algunas de las narraciones cortas mejor escritas en nuestra lengua en los tiempos que corren”. Con este libro surge uno de los mejores cuentistas del siglo xx mexicano, que con Arreola y Rulfo marcan un hito en la cuentística mexicana. Dormir en tierra (1960), su segundo libro de cuentos, confirma esa maestría; son ocho relatos que, a través de su lenguaje, logran una consciente penetración de los misteriosos estratos del alma humana. En su novela Los errores, vuelve el autor a darnos una obra compacta y dolorosa que hiere y provoca, acaso porque sea eso precisamente lo que buscaba Revueltas, sacar al lector de su molicie aburguesada y enseñarle que a su alrededor hay miseria, injusticia y crueldad del hombre hacia su hermano. Esta novela es la suma de todos los aciertos de sus obras anteriores; alegato de errores de los partidos de izquierda, vigorosa denuncia del México que hoy todavía padecemos. Sus ensayos y sus acciones en favor de lo que él creía justo son resultado de un compromiso ético que desde muy joven lo hizo involucrarse en las causas de los oprimidos y dio un sentido profundo a su vida y a su trabajo de escritor. Sus cuatro obras de teatro siguen las mismas directrices de su narrativa y sus ensayos y un profundo sentido ético las anima: Israel denuncia el racismo, la dominación imperialista y la segregación de mexicanos y negros en los Estados Unidos; El Cuadrante de la Soledad entreteje un cosmos psicológico de los marginados de nuestra ciudad; Pito Pérez en la hoguera abunda en la psicopatología que engendra la miseria; Nos esperan en abril desenmascara las contradicciones del Partido Comunista Mexicano (pcm) que no renunció nunca a los intereses creados y contubernios con el poder. Ficha de diccionario de Diccionario de escritores mexicanos. Siglo XX.
De origen humilde, su familia se formó en los minerales de San Andrés de la Sierra donde Romana Sánchez soñaba con visiones poéticas que después transmitía a sus hijos Silvestre, compositor; Fermín, pintor; Rosaura, actriz, y José, escritor. En la capital de la República terminó José sus estudios primarios. Las doctrinas de izquierda influyeron en él y se incorporó al Partido Comunista Mexicano (PCM). No cumplía aún los quince años cuando se le procesó por primera vez, acusado de rebelión, sedición y motín, por lo que fue internado en un reformatorio; fruto de esas experiencias fue su cuento “El quebranto”, aparecido en su primer libro de cuentos, Dios en la tierra (1944). Durante las pausas de su actividad revolucionaria escribió sus pequeñas prosas, duras y realistas. A los veinte años fue enviado al penal de las Islas Marías, acusado de conducta subversiva, esta deportación dio tema a su primera novela, Los muros de agua (1941). Publicó El luto humano en 1943; en 1949 apareció su tercera novela Los días terrenales, obra que suscitó apasionadas polémicas. A principios de 1961 abandonó su partido político y fundó, con otros marxistas, la Liga Leninista Espartaco, de la que salió pocos años después. En 1968 defendió el movimiento estudiantil y fue nuevamente encarcelado. Sufrió prisión hasta 1971. De esta experiencia surgió El apando (1969), verdadera metáfora de la opresión. Colaboró en numerosas revistas y diarios del país. La Editorial Era reunió, en veintiséis volúmenes, sus Obras Completas. José Revueltas Sánchez, hombre de izquierda, narrador, dramaturgo y ensayista, inauguró su renombre literario con la publicación de El luto humano, por esa sorda fuerza interior que anima a sus personajes, así como por su aliento de sincero y apasionado mensaje. En torno del tema de la muerte surgen detalles de la vida de estos hombres y las ideas que impulsaron su realización; es un viaje por su agonía y el tiempo que les lleva hacer una recapitulación de sus existencias antes de morir. Dios en la tierra, su primera colección de cuentos, contiene “algunas de las narraciones cortas mejor escritas en nuestra lengua en los tiempos que corren”. Con este libro surge uno de los mejores cuentistas del siglo XX mexicano, que con Arreola y Rulfo marcan un hito en la cuentística mexicana. Dormir en tierra (1960), su segundo libro de cuentos, confirma esa maestría; son ocho relatos que, a través de su lenguaje, logran una consciente penetración de los misteriosos estratos del alma humana. En su novela Los errores, vuelve el autor a darnos una obra compacta y dolorosa que hiere y provoca, acaso porque sea eso precisamente lo que buscaba Revueltas, sacar al lector de su molicie aburguesada y enseñarle que a su alrededor hay miseria, injusticia y crueldad del hombre hacia su hermano. Esta novela es la suma de todos los aciertos de sus obras anteriores; alegato de errores de los partidos de izquierda, vigorosa denuncia del México que hoy todavía padecemos. Sus ensayos y sus acciones en favor de lo que él creía justo son resultado de un compromiso ético que desde muy joven lo hizo involucrarse en las causas de los oprimidos y dio un sentido profundo a su vida y a su trabajo de escritor. Sus cuatro obras de teatro siguen las mismas directrices de su narrativa y sus ensayos y un profundo sentido ético las anima: Israel denuncia el racismo, la dominación imperialista y la segregación de mexicanos y negros en los Estados Unidos; El Cuadrante de la Soledad entreteje un cosmos psicológico de los marginados de nuestra ciudad; Pito Pérez en la hoguera abunda en la psicopatología que engendra la miseria; Nos esperan en abril desenmascara las contradicciones del Partido Comunista Mexicano (PCM) que no renunció nunca a los intereses creados y contubernios con el poder. Ficha de diccionario de Diccionario de escritores mexicanos. Siglo XX.
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