Ignacio Cumplido


18 dic 2013 / 15:03

Un centenario romántico


Al lado de los centenarios de importancia universal, como el de Cervantes, o nacional, como el de la invasión norteamericana, el año 1947 nos recuerda también que hace cien años, en aquellos ominosos días en que la Ciudad de México se defendía atropelladamente de las tropas al mando de Winfield Scott, nacía una mujer, Rosario de la Peña, el ideal femenino más exaltado por los poetas de su tiempo; se fundaba el Hospital de San Pablo, actualmente llamado Hospital Juárez, por iniciativa del licenciado don José Urbano y Fonseca, y salía a la luz un libro, Presente Amistoso Dedicado a las Señoritas Mexicanas, de la Imprenta Litográfica y Tipográfica que tenía don Ignacio Cumplido en la calle de los Rebeldes número 2.

Ya hemos recordado, para bien y para mal, lo que ocurrió con nuestra nación en 1847; muchos se aprestan a conmemorar el cuarto centenario del nacimiento del autor de El Quijote; los médicos, a su vez, celebrarán los cien años del Hospital Juárez, y Alí Chumacero ha escrito sobre la inspiradora del Nocturno de Manuel Acuña; por ello, quiero dedicar unas líneas de simpatía para ese libro intachable y delicado que contra todas las adversidades pudo aparecer en aquel año.

Don Ignacio Cumplido, su editor, había nacido hacia 1811 en Guadalajara. Sus primeros trabajos tipográficos en la Ciudad de México datan de 1836 en que inicia la publicación de El Mosaico Mexicano, revista de amenidades y literatura. Desde entonces hasta 1887 en que muere, edita el notable periódico El Siglo XIX, revistas literarias como El Museo Mexicano, La Ilustración Mexicana, El Álbum Mexicano y los Presentes Amistosos, y numerosos libros entre los que sobresale su admirable edición de El Quijote, obras que por su elegancia, su corrección tipográfica y su romántica delicadeza, convierten a Cumplido en el impresor que —junto a otros tan desta­cados como Galván, Lara, García Torres y Díaz de León— puede considerarse el más notable de nuestro siglo XIX.

Don Ignacio Cumplido pudo lograr esta excelencia, gracias a su fino sentido artístico y a su constante inquietud por aprovechar los adelantos que en el extranjero conquistaban la tipografía y la lito­grafía. Cuando en 1836, al principio de su carrera, publica su famoso catálogo de tipos y adornos con que cuenta su taller, anuncia ya las nuevas adquisiciones que ha recibido del extranjero; y en 1847, en la introducción de su pluma que lleva el Presente Amistoso, in­forma a sus lectores que se ha decidido a hacer un viaje a Europa "con el objeto de conocer los medios por los que la imprenta ha llegado en aquella parte del mundo a tan asombrosa perfección, y de introducir en México cuanto sea posible aprovechar". Su pudor le impidió mencionar allí otras razones que le movían a ausentarse de México: el país sufría la invasión norteamericana y no quería que se le obligase "a manchar sus prensas con artículos denigrantes para México". Pero antes de despedirse, este hombre que hacía honor a su nombre, manifestaba: "He querido dejar a mis compatriotas una muestra del estado actual del arte tipográfico, en este pequeño volumen, el cual, con excepción de los grabados en acero, se ha trabajado todo en mi establecimiento".

La prenda que dejaba Cumplido, y que no lograría superar del todo en los dos volúmenes que publicaría posteriormente —en 1851 y 1852—, fue el Presente Amistoso. Como para probar a cuantos achacan a las inclemencias de la época o de la fortuna las debilida­des de sus obras, este gran impresor mexicano había realizado sus mejores trabajos en medio de los azares de la guerra civil, y coronaba su obra heroica en uno de los años más aciagos que ha padecido nuestra patria. No se ha aclarado del todo cuál fue, además de ardientemente nacionalista, la posición política de Cumplido. Cierto que su perió­dico El Siglo XIX fue una excelente tribuna liberal en que colaboraron personalidades como Manuel Payno, Juan Bautista Morales, Guillermo Prieto y Francisco Zarco; por contrariar a algunos de los gobernantes que padeció la República, en defensa de la justicia, Cumplido conoció las cárceles. Pero también, en "un alarde de independencia" como lo llama Enrique Fernández Ledesma, publicó las Cartas sobre la monarquía de Gutiérrez Estrada. En 1847, con un esfuerzo tan generoso como inútil, se habían alistado en el cuerpo de Guardia Nacional Hidalgo, para defender la ciudad de México, hombres eminentes como Francisco Ortega y los doctores Miguel Jiménez, Leopoldo Río de la Loza y Francisco Vértiz. En otros cuerpos servían a la patria Manuel Eduardo de Gorostiza, el dramaturgo, Agustín Tornel, Juan José Baz y Vicente García Torres, este último el notable impresor. De Ignacio Cumplido, en cambio, no tenemos más noticias de sus actividades en 1847 que la publicación del Presente Amistoso y su viaje a Europa que acaso efectuó antes de consumarse la invasión.

Cómo pudo Cumplido realizar ese trabajo paciente y concentrado que es el Presente en época tan turbulenta, es algo que no consegui­remos explicarnos satisfactoriamente. Durante la primera mitad del año 1847 la ciudad de México no llegó a sufrir los rigores de la invasión que ya había asolado otros lugares de la República y que sólo tocaría a la capital a partir del mes de agosto. Quizá nuestro impresor había iniciado su trabajo a fines del año anterior y vino a concluirlo cuando amenazaban a la ciudad los peores augurios. Sea como fuere, su obra más parece gracioso y sereno fruto de los tiempos de paz que labor consumada en una época de sangre y oprobio.

Como los Calendarios y Años Nuevos que con tanta profusión se publicaron en México a partir de 1827 en que Galván inició su Calen­dario, el Presente Amistoso desempeñaba, a la manera del siglo, la función que hoy cumplen las revistas de variedades. Aunque las hubo destinadas a otros sectores de la sociedad, casi todas estas publica­ciones estaban dedicadas a las señoritas mexicanas, a las bellas mexi­canas o al bello sexo, como se complacían en escribir los corteses editores de la época. Procuraban escoger las páginas más adecuadas para alimentar delicadamente los ensueños de sus lectoras, instruirlas sin lágrimas en las novedades de la civilización y mantener, al mismo tiempo, vivo el fuego de su devoción religiosa. Con el Presente Amis­toso acaso introdujo Cumplido la innovación de prescindir de los santorales, anuncios climatológicos, efemérides y todo el aparato cronométrico que llenaba los Calendarios, para dedicar la obra ex­clusivamente al recreo del espíritu y de los ojos.

Hoy nos parece que las leyendas históricas, los artículos y narraciones misceláneos y los poemas que forman el material de este primer Presente son marchitas flores de nuestro romanticismo, suscritas por nombres de escritores menores o francamente olvidados. Pero si el contenido ha perdido aquella eficacia que sin duda tenía para las señoritas mexicanas de antaño, su presentación tipográfica nos cautiva siempre recordándonos qué grado de belleza puede alcanzar un libro. Todo en el Presente Amistoso de Cumplido lo sentimos hoy conmovedor y quizá inalcanzable aun con los modernos recursos de la imprenta. Aparte de la intachable impresión de los textos y grabados y del excelente papel, las hermosas y ricas orlas que en gran variedad y con distintos colores rodean cada una de sus páginas son el aspecto de la obra que con más elocuencia muestra el fino sentido artístico de su autor. Sus tintas, después de cien años, han conservado su firmeza y matices; su disposición y ajuste, cuando se trata de orlas formadas por pequeñas piezas ornamentales, no tienen tacha aun para el ojo más experto. En fin, para decirlo con palabras de quien supo volver los ojos con simpatía y conocimiento a la vida de México en el siglo XIX, Enrique Fernández Ledesma, "las publicaciones de Cumplido son modelo de pulcritud, de elegancia y de decoro. En cada página, en cada arreglo, en la más fútil minucia, se advierte la pericia del gran tipógrafo, su buen gusto, muy avanzado para las márgenes de la época, y su delectación por el noble oficio".

Para recordar dignamente este centenario de una de las más altas realizaciones de nuestras artes gráficas y para mostrar que si hemos ganado en recursos mecánicos no hemos retrocedido en calidad artística, propuse hace poco a uno de los dirigentes de los Talleres Gráficos de la Nación que se proyectara una publicación semejante cuya factura podría encomendarse a nuestros más distinguidos arte­sanos del libro —Francisco Díaz de León y Gabriel Fernández Le­desma, por ejemplo— y la selección de los textos a alguno de los escritores mexicanos. Después de examinar detenidamente los tra­bajos de Cumplido, mi amigo me manifestó que consideraba casi imposible repetir o superar aquellas hazañas tipográficas. Lo que antes fue un arte que se realizaba personalmente o auxiliado por pocos oficiales a los que se iban transmitiendo lentamente los secretos de la tipografía, ahora se ha mecanizado y se ha vuelto, como toda nuestra vida, apresurado. Consumar un trabajo tan laborioso y delicado como el de Cumplido implicaría en nuestros días un costo excesivo, por el tiempo que sería necesario dedicarle y por el alto precio que suponen materiales de primera calidad. Y, si se lograra hacerlo, serían muy pocas las señoritas mexicanas que pudieran ad­quirirlo y menos aún las que supieran gustarlo. No era pues mi proyecto realizable porque contrariaba el ritmo y la esencia de nuestra época. Pero me contenta suponer que si don Ignacio Cumplido hu­biese nacido en el siglo XX estaría satisfecho con los linotipos y las grandes rotativas. El Presente Amistoso que comenzó a publicar en 1847 era un fruto, acaso el más hermoso dentro del campo de la tipografía, del siglo del romanticismo y del temperamento artístico de su autor. Y la historia no puede volver sobre sus pasos.





 
 


Ignacio Cumplido

1811
Guadalajara
1887
Ciudad de México

Obra en dominio público
Puede incluir obras con registro de perpetuidad

Derecho de autormostrar

Decreto sobre propiedad literaria del 3 de diciembre de 1846

Código Civil de 1884


OBRA PUBLICADA


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