Enciclopedia de la Literatura en México

Antonio Estrada M.

Ensayista y narrador. Se formó como escritor en el taller literario “Renovación”, del cual fue presidente. Colaboró en La Prensa. Colaboró en Gente, Mundo Mejor, La Prensa, Señal, Siempre! y El Universal. Parte de su obra fue incluída de manera póstuma en la Antología de la narrativa mexicana del siglo XX, Fondo de Cultura Económica, 1989, preparada por Christopher Domínguez Michael y en La literatura mexicana del siglo XX, de José Luis Martínez y Christopher Domínguez Michael, conaculta, 1995.


José Luis Martínez 1995 / 31 jul 2017 17:32

Un prestigio que va de boca en boca destaca Rescoldo. Los últimos cristeros (1961), primera novela de ANTONIO ESTRADA M. (1927-1968), como la obra más notable del ciclo cristero.
Ya que Rescoldo se refiere a acontecimientos que ocurrieron entre 1934 y 1939, se hacen necesarias algunas explicaciones. Los “arreglos” de junio de 1929 permitieron la reanudación de los cultos católicos, impusieron un fin a la lucha armada y establecieron la amnistía para los cristeros. Sin embargo, amnistiados o no, muchos de los rebeldes fueron asesinados. Varios grupos de los supervivientes rechazaron los “arreglos” porque habían sido hechos a espaldas de la Guardia Nacional —el ejército cristero— y porque dejaban a la Iglesia en la misma situación que tenía al iniciarse el conflicto. Decían también que ellos estaban obligados a mantener el antiguo juramento de defender a la Iglesia hasta su liberación. “Si la primera etapa (1926-1929) de la Cristiada —dice Jean Meyer— era ya una guerra de pobres, la segunda fue una guerra de miserables, sin medios, sin ayudas, contra una Iglesia inquebrantable, contra un ejército mucho más eficaz...” [La Cristiada, t. I, p. 367].
Uno de estos movimientos desesperados fue el encabezado en la sierra de Durango por Florencio Estrada, un ranchero alegre y valeroso que, junto con su mujer, sus hijos y sus seguidores, se va a la sierra a tratar de avivar el rescoldo de la antigua lucha. Los tepehuanes de esa región son sus aliados, y sus costumbres, rituales, lenguaje y recursos medicinales —que todos comparten— quedan muy bien descritos, no como curiosidades folklóricas sino como de personas con sus propios usos. Al coronel Lencho le gustaba cantar y tocaba el acordeón y las letras de canciones y corridos van acompañando el relato. Con el grupo de rebeldes y la familia del jefe van animales: dos perros, un tejón y unos venaditos, que son compañía y ayuda. Las acciones militares son escasas y no hay ángeles ni diablos, y, salvo los finales, no hay actos de crueldad y barbarie. Algunos de los jefes de los soldados gobiernistas han sido amigos de Lencho y tratan de ayudarlo o de persuadirlo que cese en su empeño. Tan admirable como la calidad narrativa, la eficacia de las descripciones de la naturaleza y la riqueza del lenguaje popular de la región duranguense, es el hecho de que el autor, Antonio Estrada, que está contando hambres y miserias, la muerte dramática de su padre y la austera valentía de su madre, lo haga con esta sobria maestría. En lugar de llanto y odio, hay hechos, hombres y escenarios cuya contención y cuya verdad literaria es su fuerza y su interés novelesco. La fama de Florencio Estrada quedó guardada en un corrido. Jean Meyer, que lo recogió, informa además que Juan Rulfo citaba con encomio la novela de Estrada y el mismo Meyer llama a Rescoldo “novela extraordinaria” y la considera “el único libro, obra novelesca u obra histórica, escrito sobre los cristeros” (La Cristiada, t. I, p. 367, n. 41 y 404). El corrido dice así: 

 
 
Señores, vengo yo de Durango,
vengo a traerles una canción,
es el corrido de los cristeros
que allá hicieron la rebelión.
 
Trinidad Mora por Bayacora
Federico Vázquez por el Mezquital 
Florencio Estrada por Huayamota
y rancherías del Río San Juan.
 
En 27 unieron sus fuerzas
con Castañón y Quintanar;
en 34 pelearon solos
por no dejarse nomás matar.
 
Vuela paloma de los arroyos
vete ligera sin descansar
dile al gobierno que va a costarle
un poco caro poder ganar.
La Cristiada, t. I, pp. 374-375
 
 
LA SED JUNTO AL RÍO
La segunda novela de Antonio Estrada, La sed junto al río (1967), sólo tiene en común con Rescoldo el ambiente duranguense. En tiempos de paz, trata de la vida de un poblado, Tepetates, junto a un río de avenida. Son las historias de los muchachos y muchachas del pueblo, de sus viejas rencillas de Montescos y Capuletos rústicos que se concentran en el rapto de Cecilia, lazada por un violento Efrén que al fin es domado por el temple de la muchacha. Pobrezas y alegrías campiranas, canciones, mezcal, coleadero y pasiones contadas con la misma sobriedad y destreza narrativa que son notorias en la primera novela.
Estrada escribió, además, La grieta en el yugo (1963) reportaje político sobre el cacicazgo potosino de Gonzalo N. Santos. Dos cuentos suyos, “El pasmao” y “Udocio míster”, se reprodujeron en un buen artículo informativo de Antonio Avitia Hernández, “Antonio Estrada, una literatura del ostracismo”, donde se dan noticias de otros escritos de Estrada (Sábado, suplemento de Unomásuno, México, 14 de enero de 1989, núm. 589).