Enciclopedia de la Literatura en México

La lengua maya

Munro Edmonson
1996 / 11 sep 2017 11:19

mostrar [Introducción]

La reconstrucción de la historia de la lengua maya es posible gracias a la combinación de cinco disciplinas recientemente separadas: la lingüística histórica, la glotocronología, la epigrafía, la etnohistoria y la arqueoastronomía, todas sostenidas por el edificio arqueológico. La mayor parte de los conocimientos son recientes, y en algunas áreas los avances son tan rápidos que un ensayo de síntesis como el presente está condenado a ser tan sólo una síntesis efímera.

Más allá de 1000 a.C. la historia de la lengua maya está llena de incógnitas. En esa época la lengua maya original (protomaya) ya se había dividido en cinco idiomas distintos: huastecano, yucatecano, choltzeltalano, kanjobalano y el maya oriental de los altos de Guatemala. El orden y las fechas de estas subdivisiones no están claros, pero es razonable suponer que constituían una sola lengua entre 1500 y 2000 antes de nuestra era.

En un nivel más remoto, el parentesco del maya con otros idiomas ha sido propuesto con varios grados de credibilidad: muy probable en el caso del zoqueano y del totonaco; menos probable en el caso del huave o del xinca-lenca (?-jica-que); dudoso pero posible con el yutoaztecano, y poco probable en el caso del uruchipaya de Bolivia, o del penutiano de California. Me parece improbable la sugerencia de un “antiguo americano” que incorpore a todos los idiomas de América, aunque su existencia se vuelva más creíble cuando exceptuamos al nadené (atabasco) y al esquimal (-aleut) (Greenberg et al., 1986). Pero del parentesco de la familia mayense misma no cabe duda.

Con base en el ensayo temprano de Halpern (1942) y de los trabajos de Kaufman (1964, 1972, 1974) y Campbell (1977, 1978, 1983), se ha producido recientemente una síntesis brillante de la antigua historia maya incorporando la reconstrucción propiamente lingüística y la evidencia proporcionada por inscripciones epigráficas fechadas (Justeson et al., 1985). Los datos esenciales están representados en el cuadro 1. Son de dos clases: 1] cambios fonéticos fechables (números 5-13), y 2] préstamos léxicos cuyas fechas pueden establecerse con relación a estos cambios (letrados a-j).

Para comprender el cuadro 1, es necesario primero realizar la identificación de los cambios fonéticos. Éstos están registrados en el cuadro 2, al cual he añadido otros ejemplos (números 1-4) probablemente más antiguos, pero cuyas fechas no se han establecido con el mismo rigor. El conjunto representa, claro, sólo una parte de los numerosos cambios fonéticos que dieron lugar a la diversidad de la familia durante su larga historia.

Adicionalmente, el cuadro 1 ofrece un sumario de varias clases de palabras prestadas, derivadas de varias lenguas dentro y fuera de la familia mayense:

Zapoteco (a: perro; d: caña, etc.)
Zoqueano (c: conejo; e: lluvia, etc.; f: cacao, etc.; j: pisote, etc.)
Cholano (b: cerdo montés; h: mostrar, etc.; k: pop, etc.)
Yucateco (q: tierra, etc.)
Totonaco: (i: anato, etc.)
Xinca (l: Alzatate, etc.)
Mam (m: temblor)
Náhuatl (n: hoja; o: hoja; p: loro, etc.; q: barrio, etc.; s: Guatemala, etc.)
Poconchí (r: venado, etc.)
Latín (t: de, etc.)
Español (u: castellano, etc.; v: cabildo, etc.; w: acostumbrada, etc.; x: armas, etc.; z: amigo, etc.)
Inglés (y: Cohunlich, etc.)

 

 

Omito las posibles relaciones del habla maya con el chiapaneco, el chibchano y el huave por no haberse documentado. El trabajo de Justeson (1985) es la fuente principal para los ejemplos letrados a-j. Para complementar las referencias históricas, he añadido otros ejemplos relevantes de las lenguas “orientales”, generalmente soslayados en esa obra por no ser documentables en forma jeroglífica. Estos ejemplos, como también los que ilustran el impacto del español, latín e inglés, se derivan de fuentes etnohistóricas y etnográficas citadas a continuación.

También indico con un asterisco en el cuadro 1 las fechas de inicio de los varios calendarios mesoamericanos que han tenido alguna influencia en la historia maya. Las cronologías están documentadas con detalle en Edmonson (s.f.). Sin embargo, hay que notar que la historia calendárica no corresponde directamente a la historia lingüística. La comunidad calendárica es una comunidad de religión, de creencias; mientras que la comunidad reflejada en la genealogía del habla tiende a corresponder a los regímenes matrimoniales, a la estructura étnica.

A pesar de que muchos aspectos de los idiomas parecen transmitirse de padres a hijos, hay varias otras redes de comunicación que tienen una marcada influencia en su historia. Tanto en relación con el método glotocronológico, como en el estudio dialectológico de lenguas criollas o de áreas lingüísticas, la lingüística moderna ha comenzado a tratar directamente estas relaciones que no pueden explicarse por sencillos árboles puramente genéticos. El mismo estudio de Justeson (1985) reconoce por ejemplo una esfera geográfica de “maya bajo mayor” (Greater Lowland Maya) que comparte un vocabulario considerable difundido después de la separación del yucateco, del cholano y del tzeltalano. He incluido la red calendárica porque representa un nexo comunicativo que podemos trazar

con excepcional claridad y con fechas independientes. La genealogía de los calendarios mayas se representa en el cuadro 3. Hacemos hincapié en que difiere de la genealogía lingüística tradicional porque está creada por las instituciones sociales del parentesco mientras que el calendario se regía por las de la religión

 

 

En el cuadro 1 se indica la periodización de la historia y arqueología del territorio maya. Los períodos no tienen, claro, implicaciones lingüísticas directas. La arqueología está arraigada al suelo, mientras que las lenguas transitan sobre la superficie llevadas por hombres nómadas. Resulta muy difícil relacionar las tradiciones reconstruidas arqueológicamente para determinadas regiones con las reconstruidas lingüísticamente, a menudo sin domicilio conocido. El nexo entre las dos está constituido por la migración y el comercio. Ambos procesos subrayan la importancia de realizar consideraciones geográficas y económicas.

Se ha propuesto que la cuna original de los mayas fue la región de los cuchumatanes de Guatemala. Sin embargo, ya antes de 1000 a.C., su expansión y diversificación vino a cubrir toda el área tradicionalmente maya (cuadro 4). Ya había transcurrido la migración principal: la salida de los huastecos para la región que lleva su nombre, a unos 1000 kilómetros de su origen. El regreso de los chicomuceltecos (náhuatl, 7 tigres) hacia el sur es muy discutido, y queda sin explicación definitiva.

La geografía cultural del área maya se puede entender principalmente en términos de una carretera interamericana precolombina que pasaba desde México a Veracruz, cruzando el istmo de Tehuantepec y siguiendo la costa del Pacífico para llegar al noroeste de Costa Rica. El entronque maya es la región de la Chontalpa (Tabasco), desde el cual hay tres ejes principales: 1, la espina de la sierra desde el territorio tzotzil hasta los kekchíes (ruta Cobán); 2, el valle de los ríos Usumacinta, Pasión y Polochic que conduce a “las Hibueras”, el norte de Honduras (ruta Copán), y 3, el llano de la península de Yucatán (ruta Cobá). El tercero es el territorio del yucateco; el segundo es territorio cholano; y el primero estaba ocupado por el resto de las lenguas mayas. (Véase cuadro 4.)

Gran parte del trabajo arqueológico reciente se ha concentrado en la identificación de la base ecológica y las redes de comercio de las regiones mayas. En relación con la problemática lingüística, la cuestión de vínculos comerciales interregionales tiene interés especial, porque añade otra dimensión económica a las consideraciones mencionadas antes. Es muy probable que las arterias comerciales constituyeran otro árbol de historia distinto de las genealogías religiosas y familiares. Otro tipo de influencia en el habla es la política. Relaciones internas, de jerarquía (marcado rasgo de la sociedad maya), y externas, de guerra y conquista, influyen en forma decisiva en la historia maya, y periodizan también el desarrollo de los idiomas. El estado maya raramente corresponde a la totalidad del grupo lingüístico o étnico. Sin embargo, las clases sociales intervinieron de manera significativa en la conservación o cambio del discurso.

Es importante concentrarse en la historia semántica, para examinar sobre todo los cambios léxicos como indicaciones del contenido del habla maya en varias épocas y regiones, al considerarlos como manifestaciones de la experiencia vivida. Esto lo haremos en forma sumaria con los criterios ya expuestos, y en orden cronológico. El texto explica los préstamos léxicos del cuadro 1.

 

 

 

mostrar Preclásico tardío

Con el paso del tiempo la subdivisión de la lengua maya ha sido relativamente lenta y ocasional, en comparación con otras regiones del mundo. Si el régimen matrimonial se restringiera podríamos anticipar que cada pueblo maya hablaría ya su propio idioma. En realidad, sólo seis de las 32 lenguas se identifican con un municipio aislado (acateco, aguacateco, chicomucelteco, sipacapa, sacapulteco y uspanteco). El sistema matrimonial más característico habrá sido entonces de “intercambio generalizado”, que excepcionalmente incluía la endogamia local preferencial. La circulación matrimonial ha garantizado cierta homogeneidad lingüística de grandes poblaciones sobre territorios extendidos, quizá más de un millón de hablantes actuales compartidos entre el yucateco y el quiché, por ejemplo. La entidad lingüística maya ha sido mayormente regional y excepcionalmente comunitaria.

A partir del siglo octavo a.C. notamos que el desarrollo del sistema calendárico mesoamericano fue el enfoque de contactos interlingüísticos de importancia, particularmente en la esfera de la religión. Casi todos los préstamos léxicos del preclásico parecen depender de estos contactos. Muchos tienen que ver con la veintena sagrada del calendario de 260 días, el tonolpohualli náhuatl o tzol kin maya.

Préstamos

a] Zapotecano, 550 a.C. El préstamo pèk’ (perro) compartido entre el yucateco y el huasteco puede haber coincidido con la introducción del calendario olmeca entre ambos grupos. El mecanismo del contacto es inexplicable, pero se puede concebir que el motivo fue de origen religioso y no etnozoológico. Sin embargo, es improbable que haya sido nombre del día 10 de la veintena, puesto que éste se representa en zapoteco con el glifo de “pie”.

b] Chol-tzeltalano, 550 a.C. El préstamo kyitam (cerdo montés) en kanjobalano y mameano antecedió al cambio fonético 2. Habrá sido resultado del contacto directo, pero el motivo no está claro. El animal no tiene asociaciones directas con el calendario.

c] Zoqueano, 350 a.C. El huasteco tomó koya (conejo) directamente del zoqueano, como nombre del día 8 de la veintena.

d] Zapotecano, 350 a.C. Con la adopción del calendario de Kaminaljuyú, el chol-tzeltalano y el yucateco tomaron quizás del zapotecano ben (caña), lamat (día 8) y manik (venado) para nombrar los días 13, 8 y 7 de la veintena. La fecha coincide con la inauguración del calendario zapoteco, pero los zapotecos pueden haber empleado los mismos nombres con el calendario olmeca anteriormente. El préstamo tiene que anteceder al cambio 3 en chol-tzeltalano.

e] Zoqueano, 250 a.C. Otras formas de fuerte influencia calendárica pasaron del zoqueano al quicheano, al chol-tzeltalano y al yucateco, comenzando con los días 9, 10, 11 y 14 de la veintena: toh (lluvia), ok (pie), chuen (mono), ix (jaguar), poh (luna), pom (incienso), y may (ciclo). Estas expresiones reflejan la probable adopción del calendario de Kaminaljuyú en estas lenguas.

f] Zoqueano, 50 a.C. La palabra kakaw (cacao) fue tomado del zoqueano por todas las lenguas mayas menos el huasteco. Es el primer ejemplo que parece tener una importancia principalmente económica.

Los préstamos de ‘atz (hermano mayor), xa’an (yerno), yum (padre) y une (niño) parecen indicar relaciones bastante cercanas, particularmente entre los chol-tzeltalanos y los zoqueanos.

Justeson (1985) cita catorce préstamos más del zoqueano en yucateco, cholano y tzeltalano sin precisar las fechas; ‘asun (nube), ‘ako (panal de abeja), tunuk’ (pavo), saak (examinar), sum (cuerda), tutz (corozo), make c (escarabajo), mok (gata de mar), pac (iguana), kuket (tronco del cuerpo), kom (corto), ‘uma’ (mudo), pata (guayaba), y weet (zorro). Si algunas de estas palabras sugieren posible relevancia comercial, no trazan rutas específicas.

 

mostrar Clásico

Aunque no se manifiesta inmediatamente en la arqueología, me parece que el período clásico debe establecerse a partir del calendario de Tikal (con su incorporación de la cuenta larga olmeca) en 84 d.C. Hay indicaciones de mayor preocupación por asuntos de índole económica, pero son escasos y ocasionales en comparación con la continua concentración de la cultura clásica maya en el destino y el tiempo.

g] Yucateco, 150 d.C. Los únicos préstamos del yucateco en cholano que se documentan claramente son kab (tierra) y kan (aprender). Tienen que fecharse después de la separación del cholano y del tzeltalano. Es posible que tuvieran relevancia religiosa, puesto que ya se había inaugurado el calendario de Tikal.

h] Cholano, 450 d.C. Los préstamos cholanos en yucateco son bastante más frecuentes que al revés: kut (mostrar), xak’ (masticar), peeq (8000), taman (algodón), tees (berro), k’axb (ayunar), kahoq (rayo, trueno), tuun (piedra). Éstos tienen que ser subsecuentes al cambio fonético 6. Parecen ilustrar la continuación de contactos mayormente religiosos con algún intercambio económico.

i] Totonaco, 700 d.C. Los préstamos de kiwi’ (anato), kohk (sordo), kuk (coleta), pak (sembrar), pohli (podar), puksik’al (corazón) y sakat (pulga) del totonaco al yucateco y al choltzeltalano son explicados por Justeson (1985:59) como influencia teotihuacana. En términos calendáricos tal contacto sería mucho más certero a la altura del primer siglo d.C. cuando el calendario teotihuacano fue casi ciertamente un impulso importante en la formación del de Tikal. Dado que la única sobrevivencia del calendario teotihuacano es otomangueana (tlapaneca) es más probable que los teotihuacanos hayan hablado un idioma de esta familia otomangueana. Justeson (1985:28) señala en nota: “[...] the fact that the words for ‘moldy’ and ‘purslane’ [also ‘small avocado’, ‘turkey greens’ and ‘brocket deer’] are part of the common vocabulary of the Greater Lowland Mayan language area suggests an early date for interaction with Mixtec if the latter is the source of the loan...

Apunta también (46-7) la semejanza del nombre del día 19 de la veintena (Cauac) al mixteco ko. Los préstamos del totonaco guardan su importancia, pero creo que la presencia del habla de Teotihuacan se plantea como una cuestión abierta.

j] Zoqueano, 800 d.C. La naturaleza de los contactos implicados por algunos préstamos tardíos del zoqueano es oscura: ciik (pisote), mac (agarrar) en yucateco; sahp (medida de brazo) en yucateco y chol-chontal; pok' (calabaza), koya (tomate), me' (venado) y tzuk (ratoncito) en chol-chontal; tsiwa (calabaza) en chortí.

k] Chol, 800 d.C. Hay una lista extensa de préstamos choles a los kekchíes, quizá relacionados con la adopción por éstos del calendario de Tikal. Incluye los nombres de los meses Pop, lcat, Chacc’at, Cazeu, Chichin, Mol, Yax, Zac, Chac, Chantemac, Uniu, Muan, Canazi y Ohl (Edmonson s.f.), así que otras palabras de posible referencia religiosa: aakan (gruñir), aak’ab (oscuridad), ax (despertar), b’ook (olor), b’uutz (humareda), cool (corazón), ik’ bolay (víbora), k’ab’a (nombre) y mo (guacamayo).

Algunas palabras pueden tener significación económica: b’uul (frijol), kolol te' (jaula), kookom (bejuco), poy te (balsa), sak lun (arcilla), taab (mecate), y quizá ak te’ (palo espinoso), cat mut (perdiz), lukum (gusano), cak ti (mojarra), may te’ (otro arbolillo), sukub (cuerno) y yuk (cabra de monte).

La conexión chol fue bastante íntima para prestarse ko’ (hija de mujer), e incluye otras palabras generales como nac (cerca).

l] Xinca, ca. 850 d.C. Algo excepcional es la adopción por los chortíes y los poconchíes de los toponímicos xinca cuando se expandieron para ocupar territorios anteriormente xincas: Alzatate, Ayampuc, Ayarza, Ipala, Sansare, y Sansur en territorio poconchí, y Anchagua, Chanmagua, Comasahua, Cocuyagua, Conchagua, Eraxagua, Jagua, Manzaragua, Pasasagua, Sasagua y Xagua en la región chortí (Campbell 1978:37).

 

mostrar Posclásico

La invasión nahua es la más dramática influencia posclásica en las lenguas mayas. Fue una conquista tanto parcial como diferencial. Todas las lenguas mayas manifiestan contacto con el náhuatl; fue particularmente intenso en la Chontalpa y la zona de los altos (la ruta de Cobán), aunque el kekchí de Cobán mismo parece haber escapado al impacto máximo. La ruta de Copán y la de Cobán fueron penetradas pero sólo en grado limitado, como se verá a continuación. Todos los mayas se familiarizaron con aspectos de la religión y organización política de los nahuas: sólo los más expuestos aprendieron también sus armas y su conducta de guerra. Se difundieron también nombres de plantas y de animales, y términos de parentesco. Las manifestaciones lingüísticas son complicadas y sólo parcialmente estudiadas. Incluyo algunos ejemplos de influencias posclásicas intermayas, y subrayo el contacto entre idiomas vecinos que apenas comenzamos a documentar.

m] Mam, ca. 900 d.C. El nombre del más famoso de los reyes quichés, Quicab, representa la familiaridad de los quichés con el calendario mam: kixk’ap’ (temblor) es el día 17 de la veintena en mam. Los dos grupos compartían un mismo calendario aunque los nombres de los días diferían. Puede ser que haya sido al mismo tiempo que el mam influyó en la formación de los pronombres de cortesía como también en la labialización (*k>*ky) de los dialectos occidentales en el quiché.

n] Náhuatl, 1050 d.C. El mopán adoptó sit (hoja) del náhuatl xihuitl después de haberse separado del yucateco.

o] Náhuatl, 1050 d.C. De la misma palabra náhuatl, el yucateco derivó la forma siw independientemente.

p] Náhuatl, ca. 1100 d.C. Varios préstamos en yucateco y quiché reflejan una influencia religiosa náhuatl. Seguramente incluían los numerales, nombres de los días y varios dioses. Ejemplos del Popol Vuh y los libros de Chilam Balam de Tizimín y Chumayel (Edmonson 1971, 1982, 1986) son:

náhuatl quiché

yucateco

alo (loro)

cibacyalo       

ce quecholli (1 ara: un mes)

zekechul  

chicnahui (nueve)

 

chacnauiton

chicuei (ocho)

chicueuzumat  

 

chimalamatl (escudo papel)   

chimalmat  

cinteotl (dios)

zinteut  

cipactli (lagarto)

cipacna  
  cibacyalo  

coatl (serpiente)

cuat

cuat

itzcuintli (perro)

ixkin  

macuilli (cinco)

 

macuilxuchit

mictlan (infierno)

mixtan metnal

nahualli (brujo)

naval naual

nahui icxitl (4 pie)

nacxit nacxit

nanahuac (buboso)

nanauhcan  

ocelotl (tigre)

uzelut  

ozomatli (mono)

uzumat  

pachtli (un mes)

pach  

pohualli (ciclo)

poval  

quetzalcoatl

(serpiente emplumada)

quetzalcuat quitzalcuat

quauhtli (águila)

kot kot

tlacaxipehualiztli (un mes)

tacaxepual  

tollan (Tula)

tulan tulan

tolli (bejuco)

  tutul

toltecatl (artesano)

toltecat  

tonalli (día)

cipacna ah tunal

xihuitl (año)

xivit xiuit

xochitl (flor)

  macuilxuchit

yexomoccane (bisabuela)

xmucane  

yexpaococcan (bisabuelo)

xpiacoc  

zoyoa (hacer de palma)

zuyva zuyua

 

Otros préstamos se refieren a la indumentaria: vestido común en yucateco e insignia real en quiché:

 

 

aztapololli (pluma de garza)
champuchtli (zarcillo de oreja)
huipilli (vestido de mujer)
macuextlaztli (brazalete)
xicolli (chaqueta)
aztapulul
cham cham
vipil
macutax
xikul


’ipil

 

 

 

Hay notables términos de parentesco:

 

 

conetl (niño)
nantli (madre)
pilli (hijo)
tatli (padre)
tecolli (abuelo)

nan
pipil
tat
tecum
con con
nan
pilcon
tat
tecum

 

 

Ciertas palabras se refieren a plantas y animales:

 

 

solin (codorniz)
toxic (pava)
yiauhtli (perecón)
ah sul
x tux
iya

 

 

q] Náhuatl, ca. 1300 d.C. Parece que fue más tarde cuando el impacto político de la invasión tolteca se manifestó. En su forma más general se representa en yucateco, quiché, kekchí (Sedat, 1955) y tzotzil (Laughlin, 1975) por:

 

calpulli (barrio), chinamitl (linaje) y tenam (pared).

Además se documentan en yucateco y quiché:

chimalli (escudo), macehualli (campesino), tepalli (ayudante), tepehua (regir), tlatohuani (portavoz) y topilli (alguacil).

Algunos nahuatlismos se encuentran sólo en yucateco:

mecatl>mektan (regidor), pantli (bandera).

Algunos también sólo en quiché:

ollomani (pelotero), tecpan (palacio), tepeuh (monarca), tonatiuh (sol), yaqui (viajero).

Todas estas referencias enfatizan relaciones de poder, de guerra y de administración política.

Al mismo tiempo se percibe una marcada influencia onomástica que podemos documentar, aunque parcialmente, en yucateco, chol, chontal y quiché. En el cuadro 4 se nota que la conquista onomástica de los nahuas parece extenderse más allá de la comparable influencia toponímica. Ejemplos son:

En yucateco: acatl, cacalli, callan, cintli, coatl, huehuetl, itztli, mutecpul, nahuatl, onetzihuitl, pantemitl, pantli, tecome, temitl, teotl, tepalli, tepanquiz, tlaxtli, tzontli, xochitl, xopan (Edmonson, 1982, 1986).

En quiché: acolli, acoltec, acxiguat, acxopil, ahot, ahuitzol, azacot, chicomenguat, itzayule, itztapalotl, iztayolli, tamazuz, tapaltecat, tecuciztecatl, tepepul, tonaltut, tunativ, xitapul, xitayul, xitumil, xuchipillan, xuxinkitzal, yolcoatl (Edmonson, 1965, 1971).

En chol: chimalli, coatl, itzcuintli, nahuatl, quecholli, quetzalli, xochitl (Justeson et al., 1985:26).

En chontal: acatl, calli, chimalli, cipactli, coatl, ehecatl, itzcuintli, ix natzin, macoa, macuil, mototli, nahua, nahuatl, ocelotl, quiahuitl, toxon, tutzin, xochitl, zapa (Scholes y Roys, 1968:476 ff).

Pocas palabras pueden tener referencia económica o cuando menos ecológica: amatl (papel), camotl (camote), xicama (jícama), huehuetl (tambor), tamalli (tamale), yucatl (plantación) en yucateco; y chapollin (cereza), coatl (gemelo), patet (huso), tamasollin (sapo), teponaztli (tambor grande), temazcalli (baño de vapor), tequitl (trabajo), y xonacatl (cebolla) en quiché.

r] Poconchí, ca. 1300 d.C. Los días 7 y 12 de la veintena poconchí se conocieron en cakchiquel: kih (venado) e iy (diente). El primero se encuentra también en el quiché como apellido (Recinos, 1950; Edmonson, 1965).

s] Náhuatl, ca. 1550 d.C. Guatemala y Chiapas sufrieron una inundación adicional de influencia náhuatl después de la conquista española, la cual dejó un abundante depósito de topónimos, que incluyen los nombres de las dos regiones: Cuauhtli-mallan (muchos árboles) y Chia-pa(n) (lugar de chía). No es posible en todos los casos diferenciar los nombres que se prestaron antes y después, pero dejaron la huella nahua en gran parte de la zona “fronteriza” y también en la Chontalpa (tierra extranjera). Repasamos aquí la distribución de toponimias nahuas.

En chicomucelteco: Chicomucelo.

En yucateco: Ixueuet, Mayapán, Tzimentán, Yucatán, Zaciapan.

En chontal: Acalán, Amatán, Astapa, Comalcalco, Chiltepec, Jalapa, Pichucalco, Teapa, Tepotitán, Xicalanco.

En chortí: Camotán, Chiquimula, Jocotán, Zacapa.

En tzeltal: Amatenango, Comitán, Ocelotepec, Ocot, Ocotenango, Ocotzingo, Pantal, Pinola, Suchitepec, Teguantepec, Teopantenango, Teopisca, Tépetzin Atahuistan, Xitultepec (Calnek, 1962:115-6).

 

cuadro 4

las lenguas mayas y sus vecinos

 

En tzotzil: Analco, Azatepec, Chalchihuitán, Ecatepec, Guaquitepec, Hueitiupan, Huistán, Istacostoc, Iztapa, Momostenango, Quetzaltenango, Tealzacalan, Totolapa, Tzinacantan, Yoltepec (Calnek, 1962:118-9).

En chuj: Ixtatán, Ixtenam, Yoltenam.

En motozintleco: Motozintla.

En acateco: Acatán.

En jacalteco: Jacaltenango.

En aguacateco: Aguacatán.

En mam: Atitán, Chimaltenango, Colotenango, Cuchumatán, Cuilco, Huehuete- nango, Huista, Ixtahuacán, Malacatán, Ostuncalco, Sacatepéquez, Tajumulco, Tejutla, Tutuapa.

En teco: Tectitán.

En kekchí: Chamelco.

En uspanteco: Uspantán.

En pokonchí: Izotes, Jocotales, Montepeque, Ocotes, Suyate.

En pokomam: Aguamecate, Amates, Cacahuatepeque, Güiziltepeque, Jilotepeque, Sacatepéquez.

En cakchiquel: Acatenango, Atitlán, Chimaltenango, Chinautla, Itzapa, Jilotpeque, Sacatepéquez, Suchitepéquez, Tecpán.

En tzutujil: Atitlán.

En quiché: Chichicastenango, Coatepeque, Cuyotenango, Ilotenango, Ixtahuacán, Jocotenango, Mazatenango, Momostenango, Nahualá, Olintepeque, Quezaltenango, Totonicapán, Tzapotitlán, Utatlán, Zacualpa.

En sacapulteco: Sacapulas.

En sipacapa: Sipacapa.

Se notará en el cuadro 4 que se puede trazar una isoglosa bien clara marcando la “conquista toponímica” de la Chontalpa, Chiapas y Guatemala. Casi totalmente fuera del imperio toponímico náhuatl están el yucateco, el chol, el tojolabal, el kanjobal, el ixil, el kekchí y el chortí.

Hay algunos nahuatlismos más que sugieren un aspecto económico de la invasión nahua.

En tzotzil: acapulco (machete de doble filo), amolli (>‘amolio, maravilla: flor), cacaxtli (palma), cuauhmochitl (<vomuc, acacia), macuilizcoatl (<makuliskuat, fruta silvestre), metl (maguey), mozotl (mosote), nahui yacatl (<navuyaka, cuatro narices: víbora) nantzi (nance), quiahuitl (>cavit, milpa regada), tentli pixtli (>tempis, un árbol), tentzon (cabra), tzontli (barba), ulli (hule) (Laughlin, 1975).

En quiché: tocaitl (tocayo).

 

mostrar Colonial

La conquista española inició una transformación de las lenguas mayas, comenzando con el préstamo de centenares de palabras; pero con el paso del tiempo llegó a producir formas híbridas y hasta cambios sintácticos. Sólo en yucateco tenemos cuerpos de textos fechables en cantidad adecuada para producir una muestra del proceso de aculturación siglo por siglo. Se puede documentar también parcialmente en quiché. Incluyo como adoptados en lenguas mayas sólo los hispanismos que se encuentran en textos compuestos en maya por mayas. Se trata principalmente (pero no de manera exclusiva) de formas españolas aisladas. Ocasionalmente adscribo compuestos o también modismos. Se han excluido enunciados completamente españoles.

t] Latín (siglo xvi). Un caso bastante especial es la incorporación de un cuerpo de latinismos en yucateco, casi un reflejo de la instrucción franciscana del siglo xvi, aunque la documentación no aparece hasta el xviii (Edmonson, 1986:228 ff.). Las formas citadas son reconstrucciones y aparecen bastante deformadas en el texto:

ab (de), absolutum (absoluto), corporis (del cuerpo), corus (viento del noroeste), date (dé), defensis (defendidos), dei (de dios), deo (a dios), domino (al señor), dominus (señor), eden (Edén), est (es), estum (sea yo), esculepium (a Esculepio), et (y), expleo (completo), exspiras (exhalas), iam (ya), laus (encomio), magister (maestro), opera (obras), orale (capa), pater (padre), pro (por), sancto (al santo), sepultatis (enterrados), supliciis (con tormentas), timeo (temo), tuorum (tuyos), te (te), unitata (unificada), ut (para que), verbum (palabra), virtutis (de la virtud), vis (fuerza), y vobiscum (con vosotros).

El experimento de instruir a los demás pueblos mayas en latín parece haberse ensayado sólo en quiché, pero no dejó huella en los textos que nos quedan.

u] Español (siglo xvi). Durante el siglo xvi los españoles lograron duplicar la conquista nahua del posclásico con una precisión telúrica. Gran parte de la población maya recibió alguna instrucción de los misioneros. Los lugares y las personas se bautizaron con nombres de santos o apellidos españoles en todo el territorio abarcado por las conquistas toponímicas y onomásticas nahuas. Más allá de las líneas establecidas por los toltecas y aztecas, los españoles tenían un éxito muy limitado entre los chichén-itzáes del oriente de Yucatán. Con los petén-itzáes sufrieron un fracaso famoso. Puede ser que los tojolabales, kanjobales, ixiles y kekchíes de la “tierra de guerra” colonial compartieran con los choltíes, chortíes, lacandones, mopanes y los dos grupos itzáes la distinción de no haber sido catequizados durante el siglo xvi.

El calendario eclesiástico con los números, meses y fechas de la era cristiana se añadió a la cuenta del tiempo, pero generalmente sin sustituir al calendario indígena. Los dominios semántico, toponímico, onomástico y calendárico manifiestan una conquista religiosa española casi instantánea pero en cierta medida superficial. Son muy limitados los ejemplos de otros términos religiosos. El quiché y el yucateco adoptaron las palabras: castellano (> quiché kaxlan y yucateco x cax pollo), cristiano, dios, santo y señor. En quiché encontramos también:+ Siglo siguiente en el otro idioma. cruz+, ermita y procesión; y en yucateco hay: amén+, casado+, espíritu, evangelista, fray, hereje, hospital, iglesia+, limosna+, mandamiento+, obispo, olio, padre+, planeta, profecía, sacerdote+, sacramento+ y templo+.

Por otra parte, un vocabulario político considerable puede documentarse. Compartidas por el yucateco y el quiché tenemos las palabras: adelantado, alcalde, cuenta, don, escribano, español, firma, fiscal, gobernador, mayor, oidor y rey. Sólo en quiché encontramos: audiencia, caballero, coronado+, ejecutorio, emperador, fiel, información, juez+, montón, poder, presidente, probanza, proceso, soldado y título+. Y sólo en yucateco hay: capítulo, carta, doctor, gran, historia, interpretación, inventario, juicio, juramento, justicia+, notificación, ordinario, petición, provincia, regidor+, reportorio, teniente y testamento+.

Es de interés que aunque ambos idiomas empleaban el hispanismo de, ni el quiché ni el yucateco usaban los artículos el, la, un, etc., en el siglo xvi, aunque sí en el xvii.

Las fuentes de los datos quichés son el Popol Vuh (Edmonson, 1971) y los títulos (Recinos, 1957). Las fuentes yucatecas son concordancias del Chumayel y el Ritual de los Bacabes (Owen, 1970a, 1970b), y del Tabi, Tekanto y Tizimin (Bricker, s.f.). Claro que las diferencias de muestreo en los dos casos introducen un elemento accidental y artificial.

v] Español (siglo xvii). Los nuevos hispanismos compartidos por el quiché y el yucateco en el siglo xvii reflejan una cristianización progresiva, así como una regularización administrativa de los pueblos, y la adopción de una economía monetaria: cabildo, católica, cofrade, concierto, doctrina, elección, gloria, libra, libro, mayordomo, misa, persona, puerta, rezado, solar, testigo, tomín y tostón.

Esta conclusión está sustentada y amplificada por otros préstamos que aparecen solamente en uno de los dos idiomas. Términos religiosos nuevos en quiché son: altar, ángel+, ánima, apóstol, arcángel+, bandera, cera, ceremonia, cuaresma, custodio, diezmos, disciplina, escuela, fraternidad, frontal, hermano, indulgencias, maestro, obligación, oración, ordenanza, ornamento, pasión, pontífices, primicias, purgatorio, retablo, rosario, salve, sermón, vicario y vísperas. En yucateco los nuevos términos religiosos son: bendición, candela, cantor, guardián, inquisición, monasterio y penitencia. También aparecen en yucateco los nombres de los planetas y las palabras eclipse, hora, semana y sol, y en quiché mes.

Términos políticos nuevos en el quiché del siglo xvii son: asienta, cédula, consta, licencia, oficial, oficio, pasado, principal y término+. Las innovaciones comparables en yucateco son: capitán, comunidad, conocimiento, conquistador, derecho, forma, hidalgo, lanza, ley, mariscal, nombrar, probanza, procurador y soldado.

Otros préstamos reflejan innovaciones económicas, que incluyen nuevos animales y plantas domésticas, utensilios y vestidos. En quiché aparecen: buey, caballo, cama, clavos, cobrar, fragua, ganado, gastos, hechura, lámpara, macho, martillo, morcillo, mula, novillo, obra, pago, potro, tenazas, tornillo, trigo, trillar, vaca, vinos, yegua y yunta. Novedades en yucateco son: almud, camisa, carga, cuentas, estancia, freno, melón, mesón, oro, peso, plato, pollo, real y silla.

Algo aparte son las expresiones relacionadas con la música: basón, chirimía, misa cantada y sacabuche en quiché; y cantor y cascabel en yucateco. Las fuentes principales para el siglo xvii son el Tizimín, Tabi y Tekanto en yucateco, y un largo testamento (Hill, s.f.) en quiché.

w] Español (siglo xviii). Este período es documentable sólo en yucateco, del Tizimín y de los documentos de Tabi y Tekanto. Hay innovaciones religiosas adicionales: acostumbrada, auto, fe, feliz, Papa, prioste, procesión (siglo xvi en quiché), unidad y verdadero.

Más numerosos son los términos políticos: alguacil, alférez, audiencia (siglo xvi en quiché), certificación, declaración, diputado, donación, gobernación, horca, maestre, posición, privilegio, público, reformado, romance, sargento, servirlo [!] y sitio.

Innovaciones de índole económica son: campo, rancho y venta, y hay otros términos misceláneos: antes, noche, poción, revertados, rúbrica y viento.

x] Español (siglo xix). El yucateco está documentado en el siglo xix por los documentos de Chumayel, Tizimín y Tekanto y por el texto de Juan de la Cruz publicado por Bricker (1981:187-218). Reflejan con claridad la militarización de la política yucateca en el tiempo de la Guerra de Castas: armas, ayudante, cadena, castigar+, comandante, comisionado, coronel, desarmar, diligencia, enemigo, espada, francés, ganar, general, grillos, ligero, pistola, preso, secretario, señal y tropa.

Cierta continuación de la preocupación religiosa se manifiesta con: alma, altar (siglo xvii en quiché), coro, extrema unción, fiesta+, rosario (siglo xvii en quiché) y serafín.

Nuevos términos económicos pueden relacionarse con la urbanización y el florecimiento de la hacienda henequenera: cuadra (de calle), medio, esperma (de ballena), oficio (siglo xvii en quiché) y patrón+.

Otros términos misceláneos son: desde y familia+.

y] Inglés (siglo xx). Hay indicaciones de una modesta influencia del inglés en yucateco. Tenemos el ejemplo toponímico de Cohun Ridge (loma de palma cohuna > Cohunlich) de la zona británica de Belice, y el término comercial yanqui Fab (pab jabón).

z] Español (siglo xx). La lista de los hispanismos compartidos entre textos yucatecos y quichés del siglo xx indica que muy poco queda de las preocupaciones de los siglos previos. Unos cuantos verbos y sustantivos tienen las mismas tendencias religiosas y políticas que antes, aunque con acento generalmente disminuido: amigo, cárcel, confesión, costumbre, creer, deber, fuego, pena, sufrir, tormenta y triste.

Por otra parte hay toda una serie de préstamos genéricos que representan un nuevo sincretismo en la interacción de los idiomas:* Todas estas formas aparecen por ejemplo en un texto breve en tojolabal (Furbee-Losee, 1976:296-313), el cual también añade nunca. como*, cosa, después, entonces*, jamás, lugar, mismo, parte, pero*, por, porque*, pues*, que, tanto e y. Parece ser que el crecimiento del bilingüismo ha devenido en un remplazo general de las expresiones adverbiales y relacionales que solían introducir la frase maya. Ejemplos adicionales documentados en quiché son: a ver (ahora ya), bien, con (eso / eso cuando), cuando*, de balde, demás, entonces (cuando / por eso / sí / ya / ya sí), hoy, mero, modo, para (que), pero (ahora / como / cuando), por (ejemplo / eso), porque (cuando / sólo), que (es), sí, siempre, sólo, únicamente, verdad, y (allí cuando / así / así es que / en seguida), y ya. Expresiones paralelas en yucateco son: a base de, aparte, ay, bueno, cada (quién), *caramba, claro, como (que), completamente, de (que / repente), en vez que, es (decir / que / ya es que > esyaske), este*, exactamente, frente, hasta, hombre (vocativo), hola, igual, mas, mientras, pero (así / como), por (medio de), pues (como que / mientras / sí), puro, quién sabe (> kensah), quiero decir, sin (que), tal día, tanto (que) y todavía). La adaptación parece ser bastante general entre los idiomas mayas.

Este cambio va más allá de una sustitución puramente léxica. En quiché clásico, por ejemplo, las partículas que indican aspectos verbales (ch[i], k[a] y x) podían ser compuestas (xchi). Tengo la impresión de que en el quiché moderno se han identificado más y más con los tiempos del verbo español, y las formas compuestas desaparecen. Me parece probable que la diferencia aparente entre el quiché y el yucateco, en énfasis religioso o político es un accidente de muestreo en los textos examinados: la autobiografía de un catequista quiché (Edmonson, s.f.), una historia de la Guerra de Castas (Bricker, 1981:219-53) y dos cuentos folklóricos (McQuown, 1979; Edmonson, s.f.) en yucateco. Estos materiales introducen una distorsión que sin duda sería corregida si tuviéramos textos sobre el protestantismo en Yucatán y la moderna guerra civil en Guatemala.

Los préstamos religiosos documentados en el quiché del siglo xx son: acostumbrar, adorar, alegría, alma, antiguo, asistir, bautismo, camposanto, candela (siglo xvii en yucateco), celebrar, cielo, cometer, compadre, comunión, confesionaria, confirmar, consolar, contento, demonio, descansa, despreciar, disfrutar, engaño, escuchar, eterno, falta, formar, ídolo, ignorancia, insultar, matrimonio, mentira, molestar, ofrecer, orar, pensar, perder, perdonar, peregrino, protestante, remedio, respetar, romería, salvación, santificar, zarabanda, señal de la cruz, tentación, vecino, vida, vivir y voluntad.

Los préstamos religiosos en yucateco son muy limitados: ánima (siglo xvii en quiché), atender, baile, confesar, corazón, Dios mío, entierro, inocente, padrino y tranquilo.

En la esfera política los hispanismos en quiché son muy escasos: bola, consejo, cuartillo, cumplir, enemigo y rebelar.

Los hispanismos políticos en yucateco son abundantes: acuerdo, aislado, arriesgar, bala, banda, barco, cabecilla, campamento, cañón, cápsula, casta, chimenea, ciudad, combate, compañía, comunicar, concentrar, contrato, cruzar, cuartel, descarrilar, desconfianza, desocupar, dificultad, documento, empatar, encontrar, enfilar, esclavitud, estación, estado, estados unidos, exigir, explotar, facilidad, favor, federación, federal,fila, gente, gobierno, grupo, guardia, guerra ( > qyéerah), herido, huella, informar, inglés, jefe, juntar, kilómetro, lancha, legua, libertad, línea, listo, manejar, marchar, máuser, mayero, metro, montaña, munición, navaja, noche (las dos de la...), novedad, obedecer, ocupar, ordenar, parque, paz, pelotón, perseguir, plan, plomo, política, pólvora, pontear, preservar, prisionero, punto, raza, reforzar, relevar, república, retrato, revuelto, río, secretamente, seguir, sitiar, suplicar, suspender, tarde, tirado, traicionero, tramo, trampa, tratar, vengar, vía, vigilar y voltear.

Hay ciertos préstamos que se refieren mayormente a la economía. En quiché son: arroz, barro, campesino, conseguir, corral, cosecha, costeña, fiador, hacer, leche, machete, necesidad, peso (siglo xvii en yucateco), picada, pobre, recibir, sembrar y sementera.

Y en yucateco son: aguada, anís, arrendar, arriero, arroba, azúcar, barbero, caja, caldera, camión, caoba, carretera, carro, cartera, centavo, ciclón, cobrar, corva, cuchillo, cuenta, estribo, ferrocarril, fomentar, hacienda, kilo, manglar, manta, matador, mercancía, mesa, mula (siglo xvii en quiché), pereza, recoger, riel, salitre, tablón, teléfono, tesoro, tienda, tierra, tinta, trabajar, tren y vaca (siglo xvii en quiché). Hay referencias específicas a la alimentación: aguardiente, alimentar, bebida, cantina, comida, desayuno, fruta, gozar, hambriento, invitar, ofrecer, trago, veneno y visitar.

Formas paralelas en yucateco son: botella, ganas, gusto y pan de manteca. También hay términos adicionales de parentesco en yucateco: abuelo, amar, hija, hijo (natural), hombre, novia, papá, papacho, personal, tatito y tío. Y en quiché: madre.

Finalmente existen algunos términos misceláneos. En quiché: burlar, caprichudo, conocido, cuerpo, luz, mar, marimba, pasar, preparado, semana (siglo xvii en yucateco), significar, tambor y único.

Y en yucateco tenemos: apostar, cine, constante, contento, copia, cortar, cuento, dar, desaparecer, desear, desquitar, diana, época, escuela, esqueleto, esquina, existir, fecha, fulano, gigante, guitarra, guitarrón, hola, huasteco (sombrero), idea, importa, limpio, oso, pantalón, piso, puta, saludar, silencio, tarde, terco y tiempo.

Con el tiempo ha surgido cierto sincretismo lingüístico en los casos de contactos más o menos bilingües. Se nota por ejemplo con el uso de los sufijos nahuas -tlan y -apan en yucateco, cuando éstos se combinan con raíces mayas: tzimen-tan, may-apan, zaci-apan. (Un ejemplo encantador en territorio olmeca es el toponímico hidalgo-ti-tlan, en los alrededores de Coatzacoalcos.)

Ya en el siglo xvi notamos el uso de raíces españolas con inflexiones mayas, como cristiano-il (cristiandad) o castigar-tik (imponerle castigo) en yucateco, santo-ilah (santísimo) y toro-x-ilah (muy cabezudo: entoreadísimo) en quiché o h-koral-tik (corral) en tzotzil (Gossen, 1974:147). En la presente centuria el yucateco llegó al punto de crear may-ero (intérprete maya) y tat-ito (padrecito); esta última, una deliciosa sincretización maya del náhuatl y español. Es de interés lo que parece ser la raíz del punto de vista maya. El infinitivo verbal (castigar) y el singular del sustantivo (toro) son los predilectos, pero hay también españolesob (plural doble, español y maya).

Los préstamos tempranos del español en maya tenían cierto sabor tentativo. Las inflexiones españolas, tanto de género de sustantivos (-o y -a) como de conjugación de verbos eran muy poco respetadas. Con más familiaridad, tanto el yucateco como el quiché lograron crear esquemas paradigmáticos para incorporar a casi todos los verbos infinitivos castellanos sin perturbación sintáctica: t u bin mandar (va mandando) en yucateco, o x in ban suprir (me hizo sufrir) en quiché. Sólo después aparece la sutileza de incorporar al verbo español con la inflexión correspondiente: yucateco sen k y ama (mucho le ama). El caso de los sustantivos es semejante. El yucateco, por ejemplo, ha logrado arraigar el modismo español de “tener ganas de” con y an u ganas.

De las 32 lenguas y dialectos mayas conocidos, sólo dos han dejado definitivamente de existir (chicomucelteco y choltí). Los demás representan no sólo un vínculo viviente con el pasado de la máxima civilización de la América precolombina, sino también una realidad contemporánea. Hay una creciente conciencia histórica entre los pueblos mayas modernos, y un orgullo muy natural en lo que han sido, lo que son, y lo que serán. No obstante las amenazas de muerte lingüística, de asimilación cultural y hasta de genocidio que aparecen en las páginas de la historia de nuestra época, la tradición maya sobrevive y sigue expresándose en la diversidad del habla con vitalidad, con sutileza y hasta con humor. Nos habremos empobrecido si no llegamos a entenderla mejor. Sin escuchar no se aprende; sin aprender seremos nosotros los que suframos una muerte cultural, equivalente al sacrificio maya.

 

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