Academias literarias del virreinato



Durante los últimos años de la vida virreinal se inicia una decadencia en todos los aspectos culturales. México, al igual que otros países hispanoamericanos, se lanza a la conquista de su independencia política cuando la falta de organización y cohesión del gobierno colonial produjo un desconcierto general. Mas a pesar de tal pobreza literaria, debe reconocerse la importancia que tuvieron algunos de los escritos de esa época.

Las circunstancias antes dichas determinaron que no existieran asociaciones oficiales pero sí algunas de carácter particular. Todo lo que sabemos de ellas es lo siguiente: el padre José Manuel Sartorio, entre los numerosos cargos que desempeñó, merced a su prestigio como escritor, tuvo el de presidente de la Academia de Ciencias Morales denominada San Joaquín, así como de la Academia de Humanidades y Bellas Letras de San Ildefonso. Además, el gobierno le comisionó para que ejerciera la censura de obras teatrales, y la mitra la de libros y periódicos.

José Luis Velasco Arellano fue presidente de la academia de poesía llamada de la Encarnación y San José.

El jesuita poblano Manuel Mariano Iturriaga compuso en castellano, antes de la expulsión de 1767, según Beristáin, poesías que no se publicaron y que se incluyeron en una colección manuscrita que se hizo en Puebla por los concurrentes a la tertulia literaria de doña Lorenza Martín Romero. Posiblemente a esta agrupación se refiere Francisco Pimentel cuando dice que el padre Iturriaga contribuyó con unas décimas para una Academia de Literatos que se reunía en Puebla.

Además de las academias antes citadas existió la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, casa de ejercicios espirituales a las que asistieron los más célebres poetas, escritores y oradores sacros de la época. Entre los más destacados debe mencionarse a Manuel Iturriaga y Alzaga, Rafael Abogado, Francisco del Busto, Juan Bautista Díaz Calvillo, Manuel Gómez Marín y Antonio Rubín de Celis. Estos tres últimos fueron directores de la Congregación.

Y por último debe citarse la academia fundada por Antonio Segura y Troncoso, de la cual se desconocen sus actividadesFrancisco Pimentel, Historia crítica de la poesía en México, México, Tip. de la Secretaría de Fomento, 1892, pp. 346, 448, 454, 461. Enrique de Olavarría y Ferrari, Reseña histórica del teatro en México, III, p. 25. Pedro Henríquez Ureña, Apéndice, en Antología del centenario, México, Imp. de Manuel León Sánchez, 1910, t. II, pp. 661 y ss..



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