María de los Ángeles Cabrero González, en su poemarío, Las salamandras también suspiran, ha tejido conjuras poéticas en cada uno de los poemas que lo conforman. Cada verso nos lleva allí donde la imaginación araña los deseos que emergen de entre el raigambre de palabras en busca de libertad, de amor.
En medio de la opresión y el abandono, los poemas gritan su verdad en el corazón que se abre como crepúsculo a la noche eterna de la vida. Y todo conduce a su interior.
En estos poemas de lucha entre lo corpóreo y lo racional, la libertad, socavada por los prejuicios, obliga a mentir, a no ser siendo.
Cuarenta y seis son los poemas de una mujer que desea y ama y embebe el cuerpo del amado mientras su mente se solaza en lo ilusorio porque las ausencias pesan.
Entretanto, el mundo es visto desde la soledad agazapada, el tiempo que el magma amoroso y carnal se derrama en un tú indiferente, frío, sombrío.
Magda Madero