El libro que el lector tiene en sus manos es una invitación a celebrar la escritura como un método más eficaz para evadir y despistar al duro tedio de las horas y los días. En este ejercicio de fuga donde la poesía arremete contra quien la escribe, el humor es el mejor aliado para combatir toda forma de solemnidad. Orlando González Esteva reúne aquí a los más diversos personajes, pantagruélicos muchos de ellos, ángeles caídos en pleno Miami Beach que encarnan sin vacilar las más caras aficiones y obsesiones del autor. Dedicado a aquellos que han dejado de creer en las virtudes de la métrica, Escrito para borrar festeja también los juegos infantiles: un puño de canicas de distintos colores dispuestas como estrofas en espera de la mano que sepa conjugarlas. Así define el poeta la forma tradicional que rescata y vivifica para nosotros: “Hipertélica, la redondilla parece haber logrado algo más difícil que la cuadratura del círculo: una esfera compuesta por cuatro líneas desiguales. No ya la cuadratura de aquel, sino su rectangularidad”