Anónimas octavas a la Inmaculada



1 Triunfo parténico, ed. J. Rojas Garcidueñas, México, Eds. Xóchitl, 1945, pp. 190-191.

2 Idea que recuerda mucho un villancico de sor Juana (también a la Inmaculada Concepción): “Madre de Dios, y pecado / es cosa tan repugnante, / que aun para el más ignorante / queda el Misterio aclarado. / Pues si miro lo implicado, / ¿por qué otra cosa diré? / ¿Si la evidencia no es Fe?”: María es madre de Dios; Dios y pecado es un binomio impensable; conclusión: como Dios, la madre también es inmaculada. (Obras completas, ed. de Alfonso Méndez Plancarte, México, Fondo de Cultura Económica, 1952. t. 2, p. 99).

3 Triunfo..., ed. cit., p.190.

4 José Pascual Buxó, “Bernardo de Balbuena o el manierismo plácido”, La dispersión del manierismo, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1980, p. 128.



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Esta composición forma parte del “Certamen tercero” del Triunfo parténico. Recibió el primer lugar en su categoría.Triunfo parténico, ed. cit., pp. 190-191 Son octavas de excelente factura; destaca su suntuosa arquitectura, la elegancia de sus versos, el adorno del remate bimembre en cada octava. Y no sólo es notable el logro poético: la argumentación, la glosa, de la analogía Delos/María es impecable. Oriente es la aurora por excelencia porque ahí nace el sol; pues esa otra Delos, la original, es decir, María, es envidia de ese sol: es más que luz, más que aurora. “Inmutable a los riesgos” predomina su luz sobre el divino Apolo y “goza primicias de luz divina” pues desde siempre fue Delos/María la elegida; y al estar destinada a ser habitación de mejor Apolo (Cristo), impensable sería en ella “ningún borrón”. Con este final, el autor parece responder a los anticoncepcionistas: es tan lógico que la morada del hijo de Dios sería inmaculada, que parece impensable que haya quienes la cuestionen.Idea que recuerda mucho un villancico de sor Juana (también a la Inmaculada Concepción): “Madre de Dios, y pecado / es cosa tan repugnante, / que aun para el más ignorante / queda el Misterio aclarado. / Pues si miro lo implicado, / ¿por qué otra cosa diré? / ¿Si la evidencia no es Fe?”: María es madre de Dios; Dios y pecado es un binomio impensable; conclusión: como Dios, la madre también es inmaculada. (Obras completas, ed. cit., t. 2, p. 99).

Sigüenza presenta así al escondido autor de la composición: “Consiguió en las octavas el primer lugar un elegante ingenio cuyo nombre, aunque aquí se calla, bien podía manifestarlo su grande espíritu”.Triunfo..., ed. cit., p.190. Dado el carácter hiperbólico de estas presentaciones, no hay muchas pistas para desentrañar al autor. El anuncio del premio tampoco aporta muchas noticias: “Premióse con una docena de cucharas de plata quintadas, y aunque hizo mal en no permitir se publicase su nombre (con que en otras ocasiones ha ilustrado los poéticos certámenes) se condescendió con su petición...” (loc. cit.). Podría ser el mismo Sigüenza: nótese (a pesar de las restricciones alegóricas y temáticas propias de los certámenes) el parecido entre las octavas y el soneto anterior, en el desarrollo del tema, en la presentación de las imágenes, en los recursos lingüísticos y en el tejido alegórico. Las octavas realmente tienen aliento; no son obra de un poeta armado sólo de oficio y disciplina, lo que podría hacernos pensar en sor Juana; con todo, es poco probable, porque la monja no escribió nada en octavas.

Sea quien sea el autor, esta composición es una prueba de que no siempre funciona la casi condena (también casi unánime) a la “producción” de los certámenes barrocos: “...cuando la experimentación culterana cristaliza en clichés el empleo obligatorio [caso de toda poesía de certamen] y éstos se convierten en vehículo de rígidos esquemas ideológicos es porque ya ha triunfado el barroco, totalitario igualador del mundo y los lenguajes”.José Pascual Buxó, “Bernardo de Balbuena o el manierismo plácido”, La dispersión del manierismo, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1980, p. 128. En mi opinión, aquí el triunfo del culteranismo se lleva a cabo de dos maneras: en el plano conceptual, el juego metafórico que entretiene el intelecto; en el plano formal, el trabajo lingüístico, que no sólo entretiene el intelecto sino que halaga la imaginación sensorial, especialmente la auditiva.



1 Triunfo parténico, ed. J. Rojas Garcidueñas, México, Eds. Xóchitl, 1945, pp. 190-191.

2 Idea que recuerda mucho un villancico de sor Juana (también a la Inmaculada Concepción): “Madre de Dios, y pecado / es cosa tan repugnante, / que aun para el más ignorante / queda el Misterio aclarado. / Pues si miro lo implicado, / ¿por qué otra cosa diré? / ¿Si la evidencia no es Fe?”: María es madre de Dios; Dios y pecado es un binomio impensable; conclusión: como Dios, la madre también es inmaculada. (Obras completas, ed. de Alfonso Méndez Plancarte, México, Fondo de Cultura Económica, 1952. t. 2, p. 99).

3 Triunfo..., ed. cit., p.190.

4 José Pascual Buxó, “Bernardo de Balbuena o el manierismo plácido”, La dispersión del manierismo, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1980, p. 128.





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Lugar de edición: Nueva España
Editorial:
Año de edición: s. a.
Categoría(s):
Poesía - Libros individuales

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