La narrativa de esta magnífica novela de Manuel Elizondo tiene las características formales que ya le conocemos, es ligera, fluida, sin rémoras estilísticas, con la habilidad necesaria para crear el suspense, en un contexto donde no existe la justicia porque los criminales terminan sin pagar sus atrocidades, tal como ocurre en la sociedad de hoy.
La crítica inherente desorden social brota del contenido del relato (…) mostrando las sombras de ese mundo, la turbulencia underground que lo sacude en una incertidumbre perpetua. Se relatan las condiciones de una existencia en donde no es concebible el final feliz definitivo (la felicidad es ya una quimera melodramática), puesto que las alegrías y los momentos serenos, son momentáneos, esto es, son espejismos.
Dr. Salvador Mancillas Rentería