Enciclopedia de la Literatura en México

¿Quién te crees que eres?

Al medio día del 19 Mauricio pasó por mí, los ojos desorbitados, tiritando por un mal presagio. Saltamos de hospital en clínica, de clínica a sanatorio, y no hubo nosocomio del sur, incluyendo casas de salud o dispensarios, a donde no fuésemos a preguntar por Moisés. Al amanecer del 20, sentados en una banqueta de Río Churubusco, Mauricio se mesó el copete mojado por un rocío macilento, mientras yo junto a él fumaba, harto de sueño y de impotencia. Aunque durante un año llamó a Locatel y pegó la foto de Moisés en el pizarrón gigante de Tasqueña, con las generales al calce; y rondó la casa de Dimma cada atardecer, Mauricio no supo más de su hermano. También y sin explicación, lo despidieron del trabajo. Tuvo, entonces, que dejar su departamento. Yo le di chanza de quedarse en casa, en lo que se nivelaba, pero él sólo iba a asearse, justo en mis horas de oficina. Me dejaba el baño hecho un asco y también breves notas de agradecimiento en post it.

Una mañana de sábado me despertó una comezón en el vientre. Me metí a la regadera donde me talle con fuerza bajo un chorro de agua tan caliente como era posible soportar. Después me tumbé a ver la tele, y esperar a Mauricio para preguntarle si él había metido pulgas al departamento. De pronto tuve la impresión que Memo Ochoa, desde la tele, describía a Mauricio, como una victima más del temblor.

* Esta contraportada corresponde a la edición de 2007. La Enciclopedia de la literatura en México no se hace responsable de los contenidos y puntos de vista vertidos en ella.