Enciclopedia de la Literatura en México

La calavera

De muy diversas maneras, consciente o inconscientemente, son muchos quienes en México sienten viva atracción por la muerte, que se manifiesta lo mismo en las calaveras de dulce y en las calaveras vaciladoras de los vendedores callejeros que en el amor loco expresado por la belleza de la Calavera catrina de Posada, recreada por Diego Rivera en su Sueño de una tarde en la Alameda.

Paul Westheim (1885-1963), historiador de arte alemán que vivió muchos años en México, considera en La calavera que las raíces de esta inquietante actitud pueden hallarse en una concepción trágica de la existencia. No hay terror a la muerte sino angustia ante la vida, que resulta de la conciencia de estar expuesto, y con medios insuficientes de defensa, a una vida llena de peligros, plena de esencia demoniaca. “Un viento como de obsidiana sopla y se desliza sobre nosotros. No hay lugar de bienestar en la tierra, no hay felicidad”, se lee en el Códice florentino. El México antiguo no temblaba ante Mictlantecuhtli, el dios de la muerte: lo hacía ante esa incertidumbre que es la vida del hombre.

Para quien se crió en el Viejo Continente, resulta incomprensible la familiaridad con la muerte; que no se sienta como negación de la vida sino como parte de ella, como la sombra lo es de la luz. La “danza macabra” de los siglos XV y XVI europeos era una advertencia terrible al hombre para que se corrigiera. Mas la calavera mexicana no es la diabólica enemiga del hombre, sino más bien su rival en un juego en el que ambos juegan limpio, como compadres bromistas. Westheim ve así cómo la figura de la siniestra segadora se opone a la de la alegre calaca que pide “un kilómetro para bailar”.

* Esta contraportada corresponde a la edición de 1985. La Enciclopedia de la literatura en México no se hace responsable de los contenidos y puntos de vista vertidos en ella.


Desde hace milenios, el mexicano se ha deleitado representando a la muerte a través de la calavera. La imagen del esqueleto con la guadaña es el símbolo de lo perecedero, pero en el caso mexicano es también el símbolo de un mundo libre de la angustia que surge al pensar en la caducidad de la vida. En esta obra, que constituye un recorrido por ese mundo, Paul Westheim comienza explorando la figura de Tezcatlipoca, el dios de la fatalidad, y la idea de la inmortalidad en el México antiguo, para después analizar la danza macabra y su posterior secularización. Así, el texto constituye un encuentro con el motivo plástico de la calavera y con el pueblo que, ante el asombro —y a veces ante el espanto— de otros pueblos, no tiembla ante la muerte, sino ante esa incertidumbre que es la vida del hombre.

Paul Westheim (Berlín, Alemania, 1886-1963) fue historiador de arte, nacionalizado mexicano en 1954. Como crítico de arte europeo, destacó su defensa del expresionismo alemán. El surgimiento de loz nazis lo obligó a exiliarse a Francia, España, Portugal y, finalmente, en México, donde realizó estudios sistemáticos sobre el arte mexicano antiguo. De su autoría, el FCE también ha publicado, entre otros títulos, El grabado en madera (1967) y Arte, religión y sociedad (2006).

* Esta contraportada corresponde a la edición de 2014. La Enciclopedia de la literatura en México no se hace responsable de los contenidos y puntos de vista vertidos en ella.