Enciclopedia de la Literatura en México

Espiral

Texto de: Alberto Bejarano 

“Hay que evitar caer en una nueva secta de iniciados, secta cerrada de intelectuales, que obrarían más de espaldas a la realidad de la calle, que cualquier otra diferencia de clases, precisamente en el tiempo en que las diferencias de clase se están haciendo insostenibles”. (Airó, Clemente, Espiral, No 10, 1945, p 5).

 

La revista colombiana de artes y letras Espiral (1944-1975)[1] fue dirigida en un primer momento por el poeta Luis Vidales. Sin embargo, el exiliado español Clemente Airó fue el alma de la revista, de principio a fin, siendo el principal colaborador. Si nos detenemos en los catorce miembros que componen el equipo original de la revista, podemos constatar su espíritu interdisciplinario a diferencia de otras revistas anteriores o de la misma época (como revista Voces, Revista De las Indias, América); esto hace de Espiral la primera revista en su género en Colombia (una década antes de Mito y dos antes de Eco, consideradas hasta hoy las revistas pioneras en este campo).

 

Primer Consejo de redacción de la Revista ESPIRAL (1944)

Luis Vidales; Eduardo Zalamea Borda; Hernando Téllez; J. A Osorio Lizarazo

Marco Ospina; Arturo Camacho Ramírez; Ignacio Gómez Jaramillo; Luis B Ramos ; Álvaro Pachón de la Torre; Octavio Amortegui; Luis Alberto Acuña

Álvaro Sanclemente ; Roldán Castello; Clemente Airó

En el estudio de la revista constatamos que el papel de Airó va mucho más allá de tomar partido permanentemente por un autor, tema o situación: Airó propiciaba los debates, las controversias, que pueden verse por ejemplo en las encuestas a las que respondían los autores, así como en las disidencias entre los mismos. Ejemplo de ello es la encuesta sobre Crítica promovida por Espiral en febrero y abril de 1957. Podríamos decir, evocando a Rancière, que uno de los aspectos más democráticos, plurales y diversos de Airó y de Espiral consistió justamente en propiciar el disenso.

Una revista se aprecia según los desafíos de su tiempo e incluso más allá de su coyuntura, su legado consiste en sugerir otras formas de lectura, con frecuencia a contra pelo de su época, como lo afirmara Walter Benjamin. Allí radica el carácter más o menos vanguardista de una publicación. No se trata simplemente de registrar una serie de (in)sucesos culturales ni de 'epater le bourgeois' sino de trazar otros territorios críticos para los lectores. En el caso de Espiral, sepultada desde su último número en la memoria, su razón de ser fue la consolidación de un espíritu creador libre y de una conciencia crítica, entre autores y lectores. Cuando comenzó labores, eran tiempos convulsos: de lucha contra el fascismo en el mundo, del inicio de la violencia en Colombia y de la peste de las dictaduras en America Latina. Para sobrevivir tuvo que transformarse: sus primeros números nacieron bajo el fantasma de la guerra civil española (cuyos ecos republicanos no dejarán de aparecer, sobre todo en poesía, hasta su último número) y la ilusión pasajera de un mundo plural que luchaba contra el fascismo. Luego, ante el cambio de régimen político en Colombia en 1946 y el posterior asesinato de Gaitán con la violencia que se arraigo en el país, Espiral tuvo que sobrevivir viendo varios de sus miembros perseguidos y luego en el exilio (Luis Vidales, Osorio Lizarazo), tuvo que sortear las censuras de las dictaduras civiles y militares (1946-1958) de Ospina Pérez, Laureano Gómez, Rojas Pinilla y la Junta militar. Quizá por ello en la revista no hay comentarios explícitos a la violencia en Colombia hasta los años sesenta. Sin embargo, la editorial Espiral se convirtió justamente en el gran foco de edición de la novela sobre la violencia en esos mismos años. Al mismo tiempo Espiral fue tribuna de refugio y expresión de múltiples exiliados latinoamericanos en todo tipo de costas ajenas.

Una iniciativa editorial como la revista Espiral, vigente durante treinta y un años, fue ante todo un espacio vivo de polémicas, contradicciones y diatribas que estimuló la pacata Bogotá de los años cuarenta, a la que llegara Gabo en esos mismos años y de la que hablara en sus Memorias: “Bogotá era entonces una ciudad remota y lúgubre donde estaba cayendo una llovizna insomne desde principios del siglo XVI...” (García Márquez, 2002, p 221). En Zipaquira el joven Gabo fue estudiante del poeta Carlos Martín, -uno de las voces más activas en Espiral-, años después el premio Nobel lo recordó así: “Carlos Martín era el más joven de los buenos poetas del grupo Piedra y Cielo, que César del Valle me había ayudado a descubrir en Barranquilla” (García Márquez, 2002, p 243).

 

El primer editorial de la revista da buena cuenta de ello:

“Espiral, Revista Mensual de Artes y Letras, se debe al entusiasmo y a la fe consecuente a un propósito un grupo de escritores, poetas y pintores, deseando editar una muestra impresa de las inquietudes, pensamientos y deseos propios en pro de una cultura y el arte de nuestra hermosa tierra que es Colombia, no reparó en las dificultades consecuentes y puso manos a la obra. La aventura fue fraguando en realidad cuando se descubrió, en las personas necesarias e imprescindibles, cierto entusiasmo y romanticismo cariñosos hacia la empresa abrazada.” (Espiral, no 1, abril de 1944).

En la revista conviven nombres que supuestamente pertenecen a grupos diferentes. Así como encontramos los primeros textos de la nueva generación (Álvaro Mutis, Meira del Mar, Enrique Buenaventura, Zapata Olivella, Gaitán Durán, Rogelio Echavarría, Fanny Osorio, Danilo Cruz Vélez, Andrés Holguín, Fanny Buitrago, Luis Duque Gómez), al mismo tiempo podemos evidenciar la presencia de nuevos clásicos europeos, norteamericanos, latinoamericanos y colombianos, como Rimbaud, Flaubert, Joyce, Mallarmé, T.S Elliot, Paul Eluard, Aldous Huxley, Antonio Machado, Merleau Ponty, María Zambrano, Gilberto Owen, César Vallejo, Gabriela Mistral, José Gabriel Orozco, Guimaraes Rosa[2], entre muchos otros.

El carácter vanguardista de Espiral reside en varios elementos que merecen ser ampliados. Uno de ellos es su vocación de introducir en el público colombiano, autores y obras que representan nuevas miradas críticas al siglo XX, siglo convulsionado, siglo corto de peligros y furias. Una de las obras singulares es el Ulises de Joyce, en el que Jaime Tello, activo traductor para Espiral, comparte una traducción inédita para Colombia en esos años[3].

Al acercarse en un primer momento a la revista Espiral podría pensarse que el canon literario correspondería exclusivamente a la visión del grupo de poesía Piedra y cielo, comandado en los años cuarenta por los poetas Eduardo Carranza y Jorge Rojas. Fue un movimiento, sin duda,  que trajo una importante renovación para la poesía colombiana. Si bien tuvo una resonante influencia de la lírica española (en una primera oleada), no puede reducirse a ello, como lo afirma (y coincidimos con él), Carlos Martín: “Piedra y cielo es un movimiento auténticamente americano, interpretativo del momento universal, poseyendo todos los defectos y buenas cualidades de éste” (Martín,1988, p 112)

El estudio detallado de la revista nos sugiere que la revista trascendió las márgenes cuadernicolas, ya que por sus consejos de redacción pasaron poetas de otro talante como Aurelio Arturo, Álvaro Mutis o Jorge Gaitán Durán. Si bien hay una presencia importante de poetas ligados a Piedra y cielo, como Carlos Martín o Fernando Charry Lara, la verdad es que las voces son diversas y trascienden las fronteras de dicho grupo. Una sola evidencia de dicha grieta la encontramos en Álvaro Mutis, en su obra y figura emergente de esos años (opuesta completamente a Piedra y Cielo), como lo vemos en una entrevista que le hace Gabo en El Espectador en 1954, a propósito de la presentación de su libro, Los elementos del desastre, publicado originalmente en la revista Espiral y ganador de un concurso promovido por Espiral con el seudónimo Maqroll el gaviero...En 1954, Mutis le responde a Septimus (seudónimo del joven Gabo) en El Espectador: “Valencia tiene valores poéticos muy limitados... Valencia como punto de referencia es falso. Lo grave para nuestra generación es la tremenda perversión de valores que ha originado el endiosamiento de Valencia” (García Márquez, 1983, p 111).

Airó tuvo una disposición única en su época para acoger voces negras, del Caribe y del Pacífico. Una de ellas fue la de Natanael Díaz con su poesía y Helcías Martán Góngora, de la costa caucana. Convivieron cuentistas muy diversos, de Octavio Amórtegui a Pedro Gómez Valderrama, pasando por voces divergentes como Carlos Arturo Truque o Fanny Buitrago. Otra expresión fundamental de aquellos años en Colombia tenía que ver con los exiliados europeos, como Salomón Brainsky o Walter Engel. En el campo de las artes plásticas son numerosos los ejemplos de la revista. En arte también habría una división entre el grupo “Bachue” y los “modernos”, etiqueta que impuso en los años posteriores Marta Traba. En Espiral tienen una activa presencia tanto los consagrados pintores (a la vez compartiendo sus letras críticas) como Luis Alberto Acuña o Ignacio Gómez Jaramillo, así como los miembros de las rupturas más contemporáneas, ligadas al arte abstracto como Guillermo Wiedemann o Marco Ospina

 

 

Bibliografía

Revista Espiral (1944-1975) 131 números.

 

OTRAS FUENTES

Airó, Clemente, análisis del arte contemporáneo y sus influencias, Espiral, no 77, junio de 1960

Airó, Clemente, Exilio, Revista América, Bogotá, 1948

Airó, Clemente. “Galerías de arte”. Revista Espiral 19 (1948):  45-56

Airó, Clemente. “Los años de la innovación pictórica”. Revista Espiral 111-112 (1969): 20-30

Airó, Clemente. “Plástico trópico negro, el pintor Wiedemann” Revista Espiral 42 (1952): 10-21

Airó, Pablo. Biografía de Clemente Airó: Archivo Pablo Airó, Canadá, 2018 (sin publicar)

Bejarano, Alberto. “La utopía en la revista Espiral de Clemente Airó”, Revista Nómada 47 (2017): 45-67. http://nomadas.ucentral.edu.co/index.php/inicio/2368-utopias-entre-lo-posible-y-lo-probable-nomadas-47/2-heroes-y-villanos/933-la-utopia-en-la-revista-bogotana-espiral-1944-1975-de-clemente-Airó

Castles, John(curador). Marco Ospina. Pintura y Realidad.  Alcaldía mayor de Bogotá, 2011.

Cobo Borda, Juan Gustavo, “Pioneros de la edición en Colombia“, Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango, publicado originalmente en Revista Credencial Historia, abril de 1990.

Engel, Walter. “Wiedemann”. Revista Espiral 22 (1949): 9-15

García Márquez, Gabriel. Vivir para contarla, Norma, Bogotá, 2002.

García Márquez, Gabriel. Entre cachacos 1, Oveja Negra, Bogotá, 1982

Gilberto Owen en El Tiempo de Bogotá, prosas recuperadas (1933-1935). Selección, prólogo y notas: García Ávila, Celene (2009)  Universidad Autónoma de México

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Gutiérrez Girardot, Rafael, “La literatura colombiana del siglo XX”, en Manual de Historia de Colombia, tomo III, 1980, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá

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Jaramillo, Jorge. Inmigrantes. Artistas, arquitectos, fotógrafos, críticos y galeristas en el arte colombiano: 1930-1970: Bogotá: Edición: Alcaldía de Bogotá: 2013

Jiménez, David, Historia de la crítica literaria en Colombia, 1992, Universidad Nacional, Bogotá

Kooneman, Thomas E. “Las novelas de Clemente Airó. Evolución hacia una realidad completa”, Thesaurus, vol. XXX, núm. 1 (1975), pp. 153-163.

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Osorio Lizarazo, José Antonio. “¿Existe una cultura nacional?”. Revista Espiral 1: (1944): 2-4

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Prat, José, “Clemente Airó”, El Tiempo, 26 de junio de 1975.

Téllez, Hernando, Nadar contra la corriente, 1995, Ariel, Bogotá

Traba, Marta. “Trayectoria del arte colombiano”. Revista Semana 689 (1960): 56-78

Vidales, Luis. “Advertencias a un joven poeta”. Revista Espiral 17 (1948): 4-9

Obra de consulta:

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