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Nació en San Juan de los Lagos, Jalisco, en 1880 y murió en la Ciudad de México en 1950. Se incorporó a la Revolución en 1914. Fue diputado y senador. Su producción literaria giró en torno a la llamada "novela de la guerra cristera". Notas: Mariano Azuela y Ermilio Abreu consideraron algunas de sus obras entre las más importantes de su época.
En Los cristeros. La guerra santa en Los Altos (1937; 2a. ed. con prólogo de Octavio G. Barreda, 1941), JOSÉ GUADALUPE DE ANDA (1880-1950) ofrece una visión más verosímil y humana de la Cristiada. De Anda conocía bien a sus paisanos, a los móviles que los determinaban y a la desolación que sufrían sus pueblos con aquella lucha:
Los ranchos se despueblan a gran prisa, agitada la gente por la intensa propaganda de beatos y liguistas, curas y sacristanes, que no se dan reposo ya avivando el fanatismo ancestral de aquellos hombres, ya reviviendo su fama de valientes y matones, ya emulando la fanfarronería de su limpia sangre criolla, o estimulando su ingenua credulidad con promesas ultraterrenas. [“La brigada de Santa Juana de Arco”, en Los cristeros.] Y, al mismo tiempo, ve con objetividad la brutalidad de la persecución:
Así no se sofoca la rebelión, Ranilla. Lo que están haciendo algunos malos elementos militares y muchas autoridades venales, es fomentar más la revuelta con sus atropellos y desmanes. Porque por cada campesino pacífico que cuelgan, muchos que permanecían tranquilos labrando sus tierras, se levantan ante el temor de que les pueda pasar a ellos lo mismo. [“La matanza de Palo Blanco”, en Los cristeros.] Las crueldades de uno y otro bando se alternan en la novela de De Anda para lamentar aquella barbarie desatada. Cuando el gobierno callista se da cuenta de la imposibilidad de combatir la revuelta en Los Altos, con una población en su mayoría dispersa en rancherías, se ordena la reconcentración de todos los pobladores de éstas en los pueblos. Largas caravanas de rancheros hambrientos se amontonan en las calles de los pueblos que los reciben con desconfianza y explotan su miseria. Y dos capítulos antes, en “El asalto al tren en Ojo Largo”, describe De Anda el sonado asalto al tren de Guadalajara a México, capitaneado por “los tres curas rebeldes: Angulo, Vega y Palacios [¿Pedroza?]” (p.223) —y por Victoriano Ramírez, el Catorce—, asalto en el que 1500 hombres se apoderan de una remesa de 200 000 pesos, acuchillan a toda la escolta y prenden fuego a los coches con gran mortandad de pasajeros. Este mismo asalto, ocurrido la noche del 19 de abril de 1927, en el kilómetro 162 al norte de La Barca, es descrito en Héctor, de Jorge Gram, como una acción heróica cuyo objetivo principal fue el de apoderarse de un considerable envío de parque. “Uno de los pasajeros perdió la razón al ver morir a sus cinco hijos y a su suegro, y al contemplar a su madre atravesada por las balas” (A. Taracena, La verdadera Revolución Mexicana. Décima segunda etapa (1926-1927), México, Jus, 1963, p.187).
LOS BRAGADOS José Guadalupe de Anda escribió poco después de Los cristeros, Los bragados (1942), en la que reaparecen personajes de su primera novela para narrar: “las fechorías, robos, asesinatos, mutilaciones y estupros a que se entrega una pandilla de fanáticos cristeros —los bragados— después de que la alta jerarquía católica aceptó la paz” (Manuel Pedro González, Trayectoria de la novela en México, México, Botas, 1951, p. 305). Y en 1943 publicó Juan del riel, novela que narra con simpatía la vida de los ferrocarrileros, en la época de las compañías extranjeras, durante la Revolución y en la nacionalización y conquista de los derechos obreros, recientes en los años en que De Anda escribe ésta, su última novela. Ficha de diccionario de Enciclopedia de la literatura en México
José Guadalupe de Anda cursó sus estudios en Guadalajara. Trabajó como jefe de Estación de los Ferrocarriles Nacionales hasta 1914, año en que se incorporó a la Revolución. Fue jefe de trenes de los Ferrocarriles Nacionales, de 1934 a 1935, experiencia que le dio el tema de una de sus últimas novelas, Juan del riel (1942). En 1918 fue electo diputado por el distrito de Los Altos de su estado natal; en 1930 fue senador por el Estado de Jalisco y oficial mayor de la Contaduría de Hacienda de la Cámara de Diputados (1936-1940). Las novelas de José Guadalupe de Anda de Alba lo inscriben dentro del grupo de novelistas de la Revolución. El hondo sentido de justicia que defienden las aparta de casi todas las obras de tema cristero, de carácter partidista y panfletario. Sus vivencias en el Jalisco hundido en la vorágine de la revuelta cristera le abrieron horizontes para, más tarde, recrearlas en la literatura. Los cristeros (1937) muestra que el movimiento de la Revolución se realizó parcialmente. Su mundo, profundo y hermético, atrae desde las primeras páginas; sus personajes trazados en rápidos diseños nos presentan a los hombres del campo jalisciense. La tierra roja de Los Altos, los cerros pelados, las almas duras están muy bien captados. Desde sus novelas el autor critica los crímenes tanto del gobierno como de los rebeldes. Los bragados (1942) mantiene algunos de los personajes de la novela anterior y se ofrece también un complemento al tema revolucionario. Con el mismo vigor narrativo de la primera se cuentan las fechorías de cristeros fanáticos en contra de los maestros rurales después de haberse aceptado la paz. Es el epílogo de la rebelión (derrotada en 1929), en que ésta vuelve a alentar, fugaz y violenta, en contra de la política social del gobierno. Juan del riel, su última novela, relata la tenaz lucha de los ferrocarrileros, primero explotados por las compañías norteamericanas antes de la Revolución, durante ésta por el dramático papel que jugaron en ella y, después, por la lucha de sus derechos obreros. José Guadalupe de Anda no fue novelista de gabinete. La realidad estética de sus textos no le vino de los libros sino de la vida misma que lo solicitó, lo atrajo y lo ganó para la causa del hombre. Ficha de diccionario de Diccionario de escritores mexicanos. Siglo XX.
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