Enciclopedia de la Literatura en México

Miguel Ángel Asturias

mostrar Introducción

El escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias concilia en su trayectoria y obra literaria la valoración de la propia raíz, nutrida en la cultura maya quiché, y la conciencia del entorno social y político que determina tanto a su país natal, como a la región, en el contexto mundial. En tal sentido se trata de un escritor volcado hacia la riqueza patrimonial de un pueblo ancestral y simultáneamente inmerso en el devenir y la actualidad política y cultural de su tiempo. Tanto en ensayos, como en novelas, cuentos, dramaturgia, en la poesía o el periodismo, Asturias dio testimonio de lo que para él significó apreciar el propio origen e incluso más, delinearlo con orgullo y maestría indudables para su valoración universal.

Entre lo más representativo de su vasta obra generalmente se señala su novela El señor Presidente, publicada en 1946, como la punta de lanza para la escritura de novela de la dictadura a la que se sumarían, potenciándola, como culmen no sólo de denuncia sino de auténtica creación, autores hispanoamericanos posteriores.

mostrar De la ciudad a la estancia; origen, ida y vuelta del barrio al mundo

Miguel Ángel Asturias nació el 19 de octubre de 1899 en la ciudad de Guatemala, de donde sus padres, Ernesto Asturias Girón, abogado y juez, y María Rosales, maestra de escuela, decidieron mudar a la familia al pueblo de Salamá, Baja Verapaz, Guatemala, en el que el niño convivió por primera vez con la población indígena guatemalteca, en la estancia de su abuelo, y tuvo como niñera a una joven indígena que le contaba historias, mitos y leyendas mayas.

A partir de sus nueve años de edad la familia se estableció de nuevo en la capital, donde él cursaría la enseñanza elemental en colegios católicos y el bachillerato en el Instituto Nacional Central para Varones. Más tarde, en la Universidad de San Carlos (usac) ingresó a la Facultad de Medicina y luego a la de Ciencias Jurídicas y Sociales, en 1918, justamente cerca de completarse dos décadas de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, circunstancia política y social que sin lugar a dudas marcó al joven estudiante de leyes, de modo tal que participó activamente en movilizaciones, en la formación de asociaciones estudiantiles y ya en 1922 en la fundación de la Universidad Popular[1] de Guatemala.

Asturias se graduó en Derecho, con una tesis sobre “El problema social del indio”, que ganó el premio Gálvez y fue publicada en 1924, año en que viajó a Londres y posteriormente a París:

Los Asturias envían a su hijo con él (José Antonio Encinas, educador peruano) para que estudie economía política en Oxford. Miguel Ángel visita el Museo Británico, donde puede observar los testimonios mayas que ahí se encuentran. A los pocos meses viaja a París donde se reúne con Juan Olivero para festejar el 15 de septiembre. Decide establecerse allí. Su estancia en esa ciudad (1924-1933) fue decisiva en todos los aspectos. Primero participa en la fundación de la Asociación Latinoamericana de Estudiantes y se inscribe a un curso sobre mitos y religiones mayas, impartido por el erudito Georges Raynaud. […] En París, el joven guatemalteco no sólo descubre su propio país, sino que también se reúne con un grupo de amigos (César Vallejo, Arturo Uslar Pietri y otros) para contarse cuentos y anécdotas sobre las dictaduras que habían conocido: Sin duda –comenta Asturias a Luis Harss– yo había guardado en alguna parte todo lo que había oído bajo Estrada Cabrera, y comencé a recordar cosas. Las contaba en voz alta.[2]

En el París de los años veinte, un hombre descubre a su patria. En 1930, emerge su voz poética con Leyendas de Guatemala. La tribu no está sola, y aunque su vocero prefirió ser enterrado en París, la misión sagrada del Gran Lengua continúa. Un lugar común en la crítica sobre la obra de Asturias es considerar que ésta se mueve entre el mito y la realidad. El error es que muchos críticos separan las dos vertientes: aquellos textos donde se le da más énfasis al mito, y aquéllos donde lo relevante es el “compromiso” social y político. Pienso que esta esquematización es simplista y que en ambas vertientes las dos preocupaciones se relacionan dialécticamente.[3]

mostrar Buscar las palabras-cosas, las palabras-seres; mostrar las probabilidades de un mundo, de un continente que habla

A partir de la publicación de Leyendas de Guatemala se va gestando el reconocimiento por parte de lectores, estudiosos y críticos que de manera unánime encuentran en sus trabajos sucesivos, esa amalgama entre la exaltación de las raíces y la consistente voluntad de generar una voz original –que trasciende lo latinoamericano– para dar a conocer una riqueza patrimonial y una convulsa realidad socioeconómica, mediante un discurso literario pleno de opciones, renovado.

El primer libro publicado de Asturias fue Leyendas de Guatemala (1930), una colección de nueve historias que exploran los mitos mayas de la época precolonial, así como temas que se refieren al desarrollo de una identidad nacional guatemalteca. Su fascinación por textos precolombinos como Popol Vuh y Anales de los Xajil, así como sus creencias en mitos y leyendas populares, tuvieron una gran influencia en la obra.

La académica Jean Franco describe el libro como “recreaciones líricas del folklore guatemalteco, inspirándose en fuentes coloniales y precolombinas”. Para el crítico de la literatura latinoamericana Gerald Martin, Leyendas de Guatemala es “la primera gran contribución antropológica a la literatura española de América”. Según el académico Francisco Solares-Larrave, las historias son un precursor del movimiento del realismo mágico. Asturias utilizó escritura convencional y prosa lírica para contar una historia acerca de aves y otros animales que conversan con seres humanos arquetípicos. El estilo de escritura de Asturias en Leyendas de Guatemala ha sido descrito por algunos como “historia-sueño-poemas”.[4] […] Leyendas de Guatemala trajo elogios de la crítica en Francia, así como en Guatemala.[5]

Luego de la gran recepción merecida por esta obra, Asturias continúa escribiendo y publicando entre géneros: ensayo, poesía, teatro, textos periodísticos; aborda la novela y en 1946 publica la que será considerada su obra maestra, El señor Presidente, una de muchas novelas que exploran la vida bajo un dictador de América Latina y, según algunos, la primera que profundiza en el tema de la dictadura.[6]

En el afán de apreciar en su amplia dimensión tanto la trayectoria vital como la creación literaria de este autor es necesario no perder de vista que, si bien fue un hombre de letras, fue paralelamente un individuo con un interés permanente en mantenerse atento al devenir político y cultural, tanto de su nación como de otras naciones; de ahí que al revisar el itinerario en que se desarrolla su obra se advierte claramente lo determinantes que fueron sus viajes a México,[7] Chile, Argentina, Brasil, Italia, Grecia, España, Francia, Palestina, Egipto, India, China, Rusia y por supuesto sus temporadas residiendo, generalmente con cargos diplomáticos, en ciudades como Buenos Aires o París.

La interlocución de Asturias con sus contemporáneos da lugar al hecho de que algunas de sus obras cuenten con el aval de figuras de la talla de Paul Valéry –que escribe una carta[8] a manera de presentación a Leyendas de Guatemala–, o Alfonso Reyes –quien escribe una carta prefacio[9] al poemario Sien de la alondra.

Asturias fue distinguido con numerosos premios de prestigiadas instituciones, y es con el Nobel como se integra esa reducida nómina de autores hispanoamericanos cuya obra es señalada con tal reconocimiento. Él se asume, más que personalidad individual, deudor de una colectividad en la que se sustenta su trabajo, así lo manifiesta al recibir el premio:

No sé si es atrevido el parangón. Pero se impone. El uso de las fuerzas destructoras, secreto que Alfredo Nobel arrancó a la naturaleza, permitió en nuestra América, las empresas más colosales. El canal de Panamá, entre estas. Magia de la catástrofe que cabría parangonarla con el impulso de nuestras novelas, llamadas a derrumbar estructuras injustas para dar camino a la vida nueva.

Las secretas minas de lo popular sepultadas bajo toneladas de incomprensión, prejuicios, tabúes, afloran en nuestra narrativa a golpes de protesta, testimonio y denuncia, entre fábulas y mitos, diques de letras que como arenas atajan la realidad para dejar correr el sueño, o por el contrario, atajan el sueño para que la realidad escape.

Cataclismos que engendraron una geografía de locura, traumas tan espantosos, como el de la Conquista, no son antecedentes para una literatura de componenda y por eso nuestras novelas aparecen a los ojos de los europeos como ilógicas o desorbitadas. No es el tremendismo por el tremendismo. Es que fue tremendo lo que nos pasó. Continentes hundidos en el mar, razas castradas al surgir a la vida independiente y la fragmentación del Nuevo Mundo. Como antecedentes de una literatura, ya son trágicos.

Y es de allí que hemos tenido que sacar no al hombre derrotado, sino al hombre esperanzado, ese ser ciego que ambula por nuestros cantos. Somos gentes de mundos que nada tienen que ver con el ordenado desenvolverse de las contiendas europeas a dimensión humana, las nuestras fueron en los siglos pasados a dimensión de catástrofes.

Andamiajes. Escalas. Nuevos vocabularios. La primitiva recitación de los textos. Los rapsodas. Y luego, de nuevo, la trayectoria quebrada. La nueva lengua. Largas cadenas de palabras. El pensamiento encadenado. Hasta salir de nuevo, después de las batallas lexicales, más encarnizadas, a las expresiones propias. No hay reglas. Se inventan. Y tras mucho inventar, vienen los gramáticos con sus tijeras de podar idiomas. Muy bien el español americano, pero sin lo hirsuto. La gramática se hace obsesión. Correr el riesgo de la antigramática.

Y en eso estamos ahora. La búsqueda de las palabras actuantes. Otra magia. El poeta y el escritor de verbo activo. La vida. Sus variaciones. Nada prefabricado. Todo en ebullición. No hacer literatura. No sustituir las cosas por palabras. Buscar las palabras-cosas, las palabras-seres. Y los problemas del hombre, por añadidura. La evasión es imposible. El hombre. Sus problemas. Un continente que habla. Y que fue escuchado en esta Academia. No nos pidáis genealogías, escuelas, tratados. Os traemos las probabilidades de un mundo. Verificadlas. Son singulares. Es singular su movimiento, el diálogo, la intriga novelesca. Y lo más singular, que a través de las edades no se ha interrumpido su creación constante.

mostrar Ensayos

La obra de Asturias se desplegó en diversos géneros y cada publicación aportó algo de esa voz original a partir de una primera etapa en el ensayo, con La arquitectura de la vida nueva, publicada por la editorial Goubaud, en Guatemala, en 1928. En la presentación de la Agencia Literaria Carmen Balcells se consigna que “fue su primera gran colección de artículos, una recopilación de sus colaboraciones juveniles en distintos medios de prensa”.[10]

Otros ensayos fueron: Carta aérea a mis amigos de América, “texto escrito desde Bolivia, donde el autor narra en primera persona sus vivencias y las impresiones que le sugiere el país. Las vivencias y el contraste le permiten aventurar hipótesis para todo el continente”.[11]

También en este ámbito de la no ficción destaca un libro de viaje: Rumania, su nueva imagen, publicado en 1964 por la Universidad Veracruzana, en el que “el autor visita la Rumanía de Ceaucescu y queda impresionado por la industrialización acelerada. Su visión es un tanto sesgada, ya que en el destino ve muchas cosas que él anhelaría para su propio país, como la modernización productiva”.[12]

Destaca también Latinoamérica y otros ensayos, publicado en 1968, año clave en cuanto al cuestionamiento y redefinición de esquemas sociales y culturales a nivel mundial, en que “el intelectual reflexiona sobre uno de sus temas preferidos: la realidad de América Latina y sus perspectivas de futuro. En ese período de su vida, sus conclusiones son poco halagadoras para los poderes establecidos”.[13]

mostrar Poesía

En cuanto a la poesía, en alguna ocasión, el propio Asturias manifestó su opinión sobre el sitio que ocupa respecto de la narrativa en el contexto regional y sociocultural en que se desplegó su obra:

Muchas veces se habla de la poesía un poco peyorativamente, y los poetas se indignan con muchísima razón, ya que el lugar preponderante de la poesía no se puede discutir, la prosa está siempre por debajo. Sin embargo, en Latinoamérica se pone la novela un poco más alto que la poesía porque hemos sido pueblos de poetas y pueblos de cuentistas, es decir, pueblos de personas que sólo un instante pueden mantener su atención creativa. La novela exige algo más que lo que se necesita para el poema o para el cuento: exige una permanente vigilancia, una labor constante, un trabajar todos los días. Uno termina como siendo empleado de su novela, uno tiene que estar a las horas. Creo que debemos pensar que las primeras palabras nos las dan –y en esto cito un poco a Valéry– los dioses, pero después de estas palabras dadas por los dioses, tenemos que poner la parte humana, que es la parte de nuestro trabajo y de nuestra labor.[14]

Si bien la recepción crítica de la obra total de Asturias hace un énfasis en su narrativa, habrá que tener presente, si se quiere obtener una lectura cabal del autor y la obra, la alta consideración que ha merecido su creación poética:

Escritor extraordinario, comparable a los más grandes autores de la narrativa europea que se afirmaron entre el siglo xix y el xx, Miguel Ángel Asturias es también un poeta y un dramaturgo. Su poesía capta la esencia de las pequeñas cosas, las sensaciones delicadas, los rasgos más íntimamente espirituales de su mundo y, al mismo tiempo, proclama una doctrina de la “indianidad”, basada en la conciencia de un glorioso pasado civil, en el rechazo de la condición presente y también en la inquebrantable fe en el futuro. Una raíz profunda conecta esta poesía con la espiritualidad maya, con las expresiones artísticas de la literatura indígena, mediante un “indianismo que, según Asturias, redime la imagen de su gente de la barbarie contingente, impuesta por aquellos que perdieron el contacto vivificante con el pueblo.

Los primeros cuadernos poéticos de Miguel Ángel Asturias son de 1918; en 1944, Sien de alondra recoge la producción siguiente, que aún se amplía en 1955 en las Obras escogidas y donde también se incluye un libro fundamental de 1951, Ejercicios poéticos en forma de soneto sobre temas de Horacio. Pero la obra poética más importante es posterior, en parte es contemporánea a los Sonetos de Italia (1965) –colección ampliada después en los Sonetos venecianos (1973)– y a Clarivigilia primaveral (1965), donde el autor alcanza un nivel elevadísimo, mediante la absoluta novedad de acentos, cantando los orígenes de las artes y de los artistas. Con una distancia de siglos, la literatura indígena mesoamericana encuentra en estos poemas una inesperada y singular continuidad en el idioma español.[15]

mostrar Periodismo

El periodismo es otra de las vertientes del quehacer literario de Asturias, que ejerció en el diario El Imparcial, “el más importante órgano de prensa del país”[16] como corresponsal en París, de 1924 a 1933, y participó en nueve congresos de Prensa Latina en distintos países.[17]

Ejercer el periodismo paralelamente a la creación literaria significó para Asturias una oportunidad para confraternizar con otros intelectuales[18] y artistas hispanoamericanos e impulsar su sentido de pertenencia a una cultura común.[19] En 1931 El Imparcial consignó que el Ateneo Cervantes y la Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos de París lo convocaron a dar una conferencia en La Sorbona ante 400 personas, a quienes les compartió algo de sus Leyendas de Guatemala, en una velada en que el compositor mexicano Ignacio Fernández Esperón “Tata Nacho” participó interpretando sus composiciones.[20] Este mismo año es el del inicio de publicación del único número de la revista Imán,[21] dirigida por la argentina Elvira de Alvear y que, teniendo como secretario de redacción a Alejo Carpentier, consignó una muestra de la actividad cultural y literaria en París en esa época, de la que Asturias participó.

Una formación literaria fuertemente determinada por el vanguardismo de la década de los 1920 y fundaron sendas revistas de esa tendencia. Asturias fue a París en 1923, participó directamente en el movimiento surrealista, presenció el éxito del cubismo de Picasso y trató a casi todos los autores más importantes de la época: Paul Valéry, Tomás Mann, Benedetto Croce, Pirandello, James Joyce, Gertrude Stein, Unamuno, Pio Baroja, Ortega y Gasset y Valle-Inclán. En 1932, fundó, junto con otros hispanoamericanos en París, la revista vanguardista Ensayo.[22]          

Por otra parte, cabe destacar que durante siete años, desde 1937 hasta 1943, Asturias produjo, junto con los periodistas Óscar Rodríguez Rosal y Francisco Soler y Pérez una emisión radiofónica: “Diario del aire”.[23]

De manera que estamos ante un autor que sabe integrar ámbitos distintos y lo hace en función del impulso a la creación literaria de Latinoamérica y de su amplia difusión, así como de la proyección de la cultura hispanoamericana en el mundo. Es a este esfuerzo al que orienta precisamente su labor diplomática en diferentes etapas.

En 1944, tras la caída del régimen dictatorial de Jorge Ubico,[24] fue electo como presidente Juan José Arévalo y Asturias colabora en su gobierno como embajador en Argentina, de 1945 a 1951. Durante la presidencia de Jacobo Arbenz,[25] fue embajador en Francia de 1952 a 1954, y una década después, lo volvió a ser de 1967 a 1970, con el presidente Julio César Méndez Montenegro.

mostrar La tierra, la raíz y la narrativa renovadas

Cuando Asturias publica su primera novela –El Señor Presidente– ya ha acumulado la experiencia, la comprensión de la circunstancia social y política de su tiempo, el oficio permanente de escribir en el periodismo, en el ensayo, en la poesía, incluso en la dramaturgia, y es el momento justo en que puede dar a conocer una obra que se ha fraguado largamente, que fue escribiendo desde sus años de juventud en Europa, y que no había podido publicar debido a la censura en su país natal. Se trata entonces de un momento cumbre, de un punto de no retorno en su trayectoria vital y literaria; de ahí que inmediatamente lectores, estudiosos y críticos apreciaron la riqueza de recursos y el vigor en la voz del escritor:

Prosa “vivenciada” se nos ocurriría por lo pronto llamarla, si no fuera porque todavía es poco decir: más abarcadoramente, prosa barroca, o mejor, neobarroca. Y esto en varios niveles. En primer lugar, debido al 'artificio', a la exhibición retórica con que el mundo de la novela se nos entrega a través del lenguaje, en cierta medida a partir de él. A la vez, por el desequilibrio con que ya unos, ya otros planos de ese lenguaje superponen su propio mensaje a despecho de los otros (juegos sonoros a expensas del contenido, imposición de la imagen esperpéntica más acá de la referencia). Y por la acumulación de efectos además. Lo que para algunos constituye la vocación barroca de lo hispanoamericano, sin duda es ya un fenómeno registrable en lo moderno, a partir de cierta etapa del modernismo y el posmodernismo –para no salirnos de la narrativa, piénsese tan sólo en La guerra gaucha de Lugones–, y desbroza el cauce para los aspectos más espectaculares de lo que fue luego el boom de los años sesenta. No siempre los novelistas del boom y sus círculos concéntricos quisieron reconocerlo así. Pero ya Guillermo Cabrera Infante confiesa haberse iniciado en la prosa de experimentación lingüística, imitando a manera de gimnasia literaria precisamente esta obra de Asturias: los resultados saltan a la vista en la primera novela de ese escritor cubano (más Joyce, más Lewis Carroll, más Faulkner claro está; Faulkner, por otra parte, consta que ha interesado también a Asturias). Si damos un paso más acá de la generación de nuestro autor, ingresamos al extraño fenómeno –en Hispanoamérica– donde el lenguaje como tal tiende a protagonizar el texto narrativo, se convierte en su razón de existir y se espeja sobre sí mismo.[1]

De manera que tanto en fondo como en forma la obra significa una propuesta absolutamente innovadora, en el panorama de las letras hispanoamericanas, para el momento en que se publica. Está además ese otro nivel de su innegable valor por su indagación, su carga testimonial y de denuncia de la forma de ejercer el poder en una tiranía; un esquema que dolorosamente funciona en detrimento de la libertad individual de los gobernados, y del progreso de las naciones en que surge.

Esta novela representa por todo ello un hito en la literatura latinoamericana y es a partir de lo que transgrede, a partir de lo que plantea y de la forma en que apuesta por una escritura y una lectura en permanente movimiento:

Corroboramos en esta novela, así como en todo el vanguardismo poético de los años veinte, el descreimiento programático ante la vigencia de un supuesto universo armónico, trabado y estable que justifique una literatura también armónica, sosegada e incluso hedonística. La literatura había empezado a chirriar como estaba chirriando en todo Occidente, y cultivaba a conciencia el feísmo y los tonos hegemónicos más tratándose, como aquí, de un tema que lo 'exigía'. El señor Presidente formó parte de la gran erupción volcánica cultural (política, estética, de valores en general) de la que todavía estamos lejos de haber salido. Un mundo descolocado y, homologándose a él, una literatura cuyos parámetros mudan constantemente, aun dentro del mismo texto, imponiendo con su estructura de inestabilidades el zarandeo y el continuo reacomodamiento del lector: una lectura que renueva sus “crisis” a cada instante.[2]

Sin embargo, no sólo esta obra genera tal entusiasmo sino también la publicada al año siguiente, Hombres de maíz (1949), que constituye

una incisiva denuncia de los devastadores efectos que el capitalismo y las grandes empresas internacionales tuvieron en las costumbres, las creencias ancestrales, la despersonalización y la inseguridad de los campesinos guatemaltecos. El realismo mágico antecedente inmediato del que prodigaran en sus relatos Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y otros autores hispanoamericanos y la audacia de la construcción novelesca son solo algunos de los elementos que confieren a esta obra de Miguel Ángel Asturias una singularidad inconfundible.[3]

Así pues, es considerada una obra maestra, y en torno a sus valores han hecho señalamientos diversos críticos y estudiosos, entre ellos Giuseppe Bellini, quien afirma que con ella:

Miguel Ángel Asturias inaugura definitivamente la “nueva novela” hispanoamericana, ahora con el predominio del hombre sobre las sugestiones del ambiente y del folklore, como el principal protagonista de su propio mundo, aunque sin rechazar la magia del mito y de la naturaleza. Hasta el momento del Premio Nobel el libro fue poco valorado, incluso se mantuvo algunas reservas en cuanto a su estructura, a la acción de los personajes y a la concepción de la obra, que parecía traicionar las formas tradicionales de la novela. Pero era precisamente en Hombres de maíz donde Asturias revolucionaba la tradición novelesca.[4]

Cabe observar también que en el conjunto de la narrativa de Asturias se ha señalado claramente una trilogía que se ocupa del tema de la explotación que la United Fruit Company[5] hace de los recursos de la región desde inicios del siglo xx, y en este caso específico, del alcance de su presencia y afectación en Guatemala. Se trata de una serie de novelas en cuyo entramado se denuncia tal circunstancia económica y social, y se plantea, en la medida en que una obra de ficción lo permite, la postura del autor ante tal circunstancia extraliteraria.

En efecto, en la historia reciente latinoamericana desempeñó un papel determinante la operación de esa empresa estadunidense, acorde plenamente con los intereses económicos de la política de esa nación ante Centro y Sudamérica. Particularmente, en lo que respecta a Guatemala, resulta clave el nexo que se establece durante la dictadura de Manuel Estrada Cabrera. Al respecto uno de los más reconocidos estudiosos de la obra de Asturias ubica una dinámica en el planteamiento de esta serie de novelas, de forma tal que –con dominio magistral de la estructura de la novela, del perfil y las interacciones de los personajes– brindan al lector una amplia panorámica del hecho político, social y económico:

La trilogía de novelas relativas a la explotación bananera constituye un sistema de oposiciones que es otra forma de esa dialéctica de la libertad:

a) Viento fuerte. Tesis de capitalismo social, humanitario, altruista. Formación de cooperativas mixtas, primer paso para la reconquista económica hispanoamericana. Liberación económica con ayuda del empresario extranjero, creación de empresas nacionales e industrialización.

b) El papa verde. Antítesis: aquella solución resulta impotente y se resuelve en idealismo utópico, vencido por diversos factores: 1) el poder de los inversores deshumanizados; 2) desaparecido el idealista activo –Lester Mead–, sus herederos no continúan su línea y la desvirtúan: unos se asimilan a la mentalidad y conducta del empresario extranjero; se deshumanizan, envilecidos por el dinero –Cojubul, Macario, etc.–; se descastan en cuanto guatemaltecos (Keijebul) y se cierran en su egoísmo. Otros se entregan por incapacidad (o seducidos por la riqueza) a los manejos del hombre de empresa –Geo Maker–, como los Lucero. Al punto de que ellos se convierten en guardianes del futuro papa verde –Boby. Componen una plutocracia nacional aliada a la extranjera en contra de la colectividad nacional.

La situación que plantea esta novela transfigura totalmente la imagen de Lester Mead de Viento fuerte. Aquel redentor aparente es, a la luz de los hechos, un personaje enemigo, diabólico, tanto como los papas verdes. No por mala fe, sino por contradicción intrínseca, autoengaño, por romántico y desubicado respecto a la condición del hombre y de las posibilidades humanitarias de la empresa explotadora. Los hechos comprueban la ineficacia del idealismo soñador ante los apetitos de la condición humana. La solución de Lester es contraproducente, porque hace concebir esperanzas que justifican al empresario ante la posibilidad de que su actividad sea benéfica (el progreso, la civilización, la riqueza que ha de crear). O sea que Lester resulta instrumento, a pesar suyo, de los intereses y designios de la empresa, sirviéndole de pionero, desubicado respecto de la realidad de las cosas.

c) Los ojos de los enterrados. Síntesis: comprobada la omnipotencia de la plutocracia que maneja la economía, la política, el gobierno, y la vida; comprobada la incapacidad del idealismo utópico, el pueblo despierta a la realidad profunda. La economía, y con ella la soberanía política debe conquistarlas el pueblo por acción revolucionaria. La revolución proporciona justamente la liberación con respecto al déspota nativo –y del sistema que lo sustenta– y con respecto a la plutocracia extranjera y nacional que lo instrumentan. El pueblo arrebata el poder a la plutocracia y conquista su liberación económica, que es la base de toda su liberación.

De esta manera, Los ojos de los enterrados constituye su acción y su conflicto como resultantes de la circunstancia significada por la estructura de El señor Presidente: la carencia del héroe individual y el requerimiento de la heroicización de todos.[6]

En la novela El alhajadito, publicada en1961, Asturias traza

un universo donde la naturaleza está habitada por dioses y demonios, donde la superstición y el catolicismo confunden sus creencias y sus ritos, donde los sueños son las puertas por las que se recupera el pasado y se atisba el futuro, un niño emprende una aventura fabulosa a través de la violenta naturaleza tropical, de los símbolos, los presagios y los encantamientos.[7]

En 1963 se publica la novela Mulata de tal que mereció el Premio Silla Monsegur para la mejor novela hispanoamericana publicada en Francia. Gerald Martin en la Hispanic Review comentó:

es bastante obvio que todo el arte de esta novela se basa en su lenguaje. En general, Asturias coincide con la libertad visual de los dibujos animados, por utilizar todos los recursos que la lengua española le ofrece. Su uso del color es sorprendente y muchísimo más liberal que en las primeras novelas.[8]

En la novela Maladrón, publicada en 1969 está presente una vez más el interés por los orígenes, la intención de rescatar y compartir una lectura crítica de la historia de la propia tierra, específicamente, una mirada en retrospectiva hasta la Conquista española, de manera que:

la acción se sitúa en torno al año 1600, terminada ya la conquista española de Guatemala. Liberados del ejército, cinco españoles emprenden una aventura personal: la búsqueda del lugar donde los dos océanos se unen subterráneamente bajo los Andes Verdes. Con una prosa exuberante, Asturias crea un mundo violento, desmesurado y lleno de enormes contrastes, en el que termina produciéndose la extraordinaria simbiosis del mestizaje.[9]

Finalmente, con Viernes de Dolores, publicada en 1972, Asturias culmina su creación novelesca:

Llegado a la edad en que los escritores suelen dejar por escrito sus recuerdos, Miguel Ángel Asturias prefirió novelar los episodios de una época de su vida que ocupaban en su memoria un lugar privilegiado: los de sus años estudiantiles en Guatemala. Así nació la idea de Viernes de Dolores, el libro más autobiográfico del autor de El señor Presidente. En cierto sentido, las dos obras, que abren y cierran el ciclo novelesco de Asturias, se complementan. En efecto, El señor Presidente, aunque voluntariamente desprovista de fechas y lugares geográficos determinados, se sitúa en Guatemala durante la dictadura de Manuel Estrada Cabrera (1898-1920). Viernes de Dolores, por los hechos relatados, abarca el periodo correspondiente al de la vida universitaria que observó y compartió el estudiante de Derecho y Sociología Miguel Ángel Asturias entre 1920 y 1924.[10]

En cuanto al relato Weekend en Guatemala, conjunto de textos publicado en 1956, ha sido considerado una “obra de realismo social y de denuncia, es una crónica ficticia de la terrible guerra relámpago que abatió al gobierno de Arbenz e impuso la dictadura de Castillo Armas, con la intervención de los trusts norteamericanos de explotación frutera”.[11]

Once años después, y justamente en el año en que recibe el Nobel, Asturias publica otro volumen de relatos-leyendas El espejo de Lida Sal, en el que logra un dominio de su estilo al conciliar tradiciones ancestrales y voluntad de renovación de la propia narrativa, pues ese conjunto de leyendas creadas por Asturias

parecen representar la vuelta definitiva del artista al mundo mítico y mágico mesoamericano, en una fusión armoniosa de niveles temporales, donde el pasado se actualiza y el presente difumina sus confines repitiendo el clima de los orígenes del mundo.

Ya el “Pórtico” de El espejo de Lida Sal, introduce programáticamente en una dimensión íntima y fabulosa del mundo guatemalteco, realidad-sueño, especie de paraíso anclado para siempre en regiones válidas del sentimiento por encima del tiempo. Los planos de la realidad y el sueño se funden, como ya en las Leyendas de Guatemala, con una fuerza creativa que atesora los resultados alcanzados en Mulata de tal, afirmando la madurez de Asturias a través del largo arco de su creación.[12]

Hay una obra de Asturias que, si bien no puede ser definida dentro de los límites de género alguno, ha sido elogiada precisamente por ello y porque reúne y sintetiza la personal visión de la creación literaria del autor; se trata de Tres de cuatro soles, publicada en 1971, y de la que se ha señalado:

La singular aventura narrativa constituida por este texto inclasificable que Miguel Ángel Asturias titulara Tres de cuatro soles fue calificada por Marcel Bataillon como “testamento literario del escritor, historia personal e historia del mundo, ars poética y cosmogonía”. En efecto, su carácter alcanza los valores de un legado, y sin embargo, la atención prestada por la crítica al enigma que cifran sus páginas ha sido escasa, tal vez por su azarosa trayectoria textual –fue publicada primero en francés en 1971–, o tal vez por el carácter póstumo de la primera edición en español, de 1977. La naturaleza surrealizante y la honda vocación poética del texto celan su arcano y hacen difícil su abordaje desde los parámetros del orden racional.[13]

mostrar Traducciones y dramaturgia

En otra de las diversas vertientes de su trabajo, destacadamente la de la traducción, Asturias también en 1967 publicó Antología de la prosa rumana, un conjunto de fragmentos que él mismo seleccionó para traducir. Asimismo, como es de sobra mencionado, durante su estancia en Francia elaboró, junto con J.M. González de Mendoza, la versión española del Popol-Vuh, a partir de la versión francesa del profesor Georges Raynaud. Asimismo, y de igual manera con J.M. González de Mendoza, tradujo Anales de los Xahil a partir de la versión francesa inédita de Raynaud.

En 1982 Alianza (Madrid) publicó, de manera póstuma, su traducción de Nekrassov, de Jean-Paul Sartre, y cuatro años después, Plaza & Janés publicó la traducción de El que cabalga un tigre, de Bhabani Bhattacharya.[39]

En la vasta obra del autor, tuvo también un sitio la dramaturgia. A ese respecto destaca la observación de que

la obra más importante que Miguel Ángel Asturias ha escrito para el teatro es Soluna. En ella encontramos, concentrados, los valores más permanentes de toda su creación literaria, aun cuando la forma y las rupturas abruptas del ritmo dramático puedan suscitar algunos desconciertos.[40]

Además de tal obra, publicada en1955, escribió La audiencia de los confines, publicada en 1957; Chantaje y Dique seco, publicadas en 1964 ambas, y El rey de la altanería, en 1952. Sus libretos operísticos fueron Emulo Lipolidón, en 1935, e Imágenes de nacimiento[41] escritos para el compositor guatemalteco José Castañeda.

mostrar Los oyentes, lectores, del “Gran lengua”

Una de las voces críticas que mejor nos entrega su visión del autor, dado que fue su contemporáneo, es la de su compatriota Luis Cardoza y Aragón que hacia el final de su propia obra le dedica un ensayo homenaje entrañable –Miguel Ángel Asturias. Casi Novela– donde da testimonio de su personal lectura y su valoración de lo logrado por Asturias, en tal sentido adquiere un enorme peso, como producto de ese ojo de agudo observador que tuvo Cardoza, en el contexto mismo de lo que durante décadas consignó la crítica respecto del Nobel.[42]

La importancia de este último libro de Cardoza radica, en primer lugar, en que no solamente se acerca al novelista guatemalteco más legitimado de su historia literaria, sino que plantea una preceptiva de crítica literaria con base en su concepción de la estética, construyendo a lo largo del texto un marco teórico que sigue letra a letra. En segundo lugar, a partir de estas concepciones comenta la producción de Asturias y establece su valoración de la producción textual del Premio Nobel.[43]

La lectura que hace de él Cardoza y Aragón es de una originalidad y un carácter testimonial del colega y compatriota que sabe la dimensión del hombre de letras, pero también sabe de aquello que lo motivó y conmovió de manera indudable:

Su vida es su mejor novela. Miguel Ángel Asturias es el personaje más importante en ella. No sobrepuja el más polifacético personaje suyo al personaje que encarnó toda su vida. ¿Por qué quieren que se olvide al personaje? ¿No son amigos de Asturias?[44]

A veces me digo, ganó el premio Nobel y él quería ante todo que lo leyesen en su barrio de la Parroquia. Encontró, como diría Unamuno, por lo local lo universal.[45]

Mi Asturias es un personaje más real que el mismo Asturias. Y aún más real que el mismo Asturias mío.[46]

Esta obra crítica cobra una amplia significación en tanto que se trata de un hombre de letras leyendo y dando cuenta de lo que para él es valioso y lo que no en el conjunto de los trabajos del otro; de manera que:

En cuanto a la obra su compatriota recalca desde el principio su preferencia por Hombres de maíz (1949) novela de la que se sirve para reafirmar los valores lingüísticos y culturales en la literatura de Asturias. En este trabajo Cardoza encuentra una revaloración de la cultura indígena y “un compendio de la opresión mítica y de la opresión real”; asimismo, coloca a esta narración como un monumento de la lengua española o, mejor, como un monumento del lenguaje guatemalteco, para el autor de Nuevo mundo, su compañero de juventud en París es “un héroe de la imaginación”. Mas Cardoza no es pura adulación: en ciertos párrafos hace ver el sinsabor que le producen tanto la poesía de Asturias como los cuentos de Week-end en Guatemala.[47]

Ahora bien, en lo tocante al entorno, a las inquietudes –frente al hecho social y cultural que se vive, y ante el desafío de explorar en la forma, las estructuras, las técnicas discursivas– o las determinantes de una época, cabe señalar lo observado por Emir Rodríguez Monegal en cuanto a que sólo en la década de los años cincuenta Asturias produce un conjunto de obra memorable con el que se inscribe en un panorama literario específico:

En esa década, Asturias impresiona como un narrador a la vez exquisito y popular, un escritor que sabe mezclar el impulso poético con la denuncia política y social. Sus libros aparecen superpuestos simultáneamente a las dos corrientes que entonces se disputan el campo narrativo latinoamericano. Si por sus temas y por su actitud comprometida, Asturias está del lado de los novelistas de la tierra y la protesta, por su preocupación lingüística y por su temperamento poético, Asturias no está lejos de sus coetáneos más importantes: de Borges, de Leopoldo Marechal, de Alejo Carpentier, de Agustín Yáñez.[48]

El peso y la trascendencia de la obra de Asturias, si bien han sido señaladas por diversos estudiosos y por la crítica, es desde una perspectiva de la literatura comparada que se muestran sus características y virtudes. Ejemplo de ello es lo afirmado por Menton:

La gran ventaja que lleva Asturias sobre Yáñez y Carpentier es extraliteraria. Su renombre internacional remonta hasta 1931, cuando Paul Valéry le prologó la edición francesa de Leyendas de Guatemala. El señor Presidente, además de su gran valor literario, se lee y se estima por toda la América Latina a causa del tema que desgraciadamente sigue muy vigente en muchos países. La fama de la trilogía bananera y de Week-end en Guatemala dependen mucho más de la política de los Estados Unidos que de su valor intrínseco. Durante sus años de destierro, Asturias pudo participar en la vida literaria de Buenos Aires, lo cual también contribuyó a extender su fama. A pesar de que no se pueda comprobar que Asturias sea literariamente superior a Carpentier o a Yáñez, no cabe duda de que sí es el mejor representante del gran número de novelistas que en realidad comparten el merecimiento del Premio Nobel con él. Su arte original, su visión política y social y su poder de captar el mundo mágico de Guatemala, donde coexisten la realidad y la fantasía, lo convierten en la figura máxima del realismo mágico, tendencia literaria dentro de la cual caben holgadamente no sólo Asturias, Carpentier y Yáñez, sino también los otros que han producido desde 1960 el grupo más rico de novelas de todo el mundo: Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez.[49]

mostrar Premios y reconocimientos

Asturias recibió, entre otros, los siguientes reconocimientos: el Premio Lenin de La Paz, en 1965, otorgado anualmente, a partir de 1949, por el gobierno soviético a individuos que hubieran contribuido a la causa de la paz entre los pueblos;[50] el Premio Nobel de Literatura, en 1967;[51] la Medalla Yucatán, en 1972, otorgada por el gobierno de esa entidad para premiar al mérito en actividades culturales y científicas, a yucatecos y a extranjeros, y la Orden Augusto César Sandino, otorgada de manera póstuma, en 2008, la máxima condecoración otorgada por el gobierno de Nicaragua, para nacionales y extranjeros, en reconocimiento a servicios excepcionales, creada en 1981.[52]

mostrar Obra de Miguel Ángel Asturias y estudios de su escritura

Una bibliografía útil para la consulta, ya que consigna primeras ediciones, además de Otros géneros y recursos, es la que ofrece el portal de la Agencia Literaria Carmen Balcells.

Por otra parte, también como eficaz acervo de consulta; la bibliografía de referencias a la obra de Asturias consignada en el portal Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Asimismo, resulta de utilidad consultar la bibliografía consignada en el portal escritores.org.

 

Obra enlistada por género y orden cronológico

Novela

El señor Presidente, 1946

Hombres de maíz,1949

Viento fuerte,1950

El papa verde, 1954

Los ojos de los enterrados, 1960

El alhajadito, 1961

Mulata de tal,1963

Maladrón, 1969

Viernes de Dolores,1972

 

Cuento

Leyendas de Guatemala, 1930

Week-end en Guatemala, 1956

El espejo de Lida Sal, 1967

Tres de cuatro soles, 1971

 

Teatro

El rey de la altanería, 1952

Soluna, 1955

La audiencia de los confines, 1957

 

Libreto de ópera

Emulo Lipolidon, 1935

Imágenes de nacimiento, s/f

 

Poesía

Rayito de estrella, 1929

Sonetos, 1936

Alclasán, 1940

Con el rehén en los dientes, 1942

Anoche 10 de marzo, 1943

Sien de Alondra, 1949

Ejercicios poéticos, en forma de soneto, sobre temas de Horacio, 1951

Alto es el sur. Canto a la Argentina, 1952

Bolívar. Canto al libertador, 1955

Nombre custodio e imagen pasajera, 1959

Clarivigilia primaveral,1965

Sonetos de Italia, 1965

 

Ensayo

El problema social del indio (tesis), 1923

La arquitectura de la vida nueva, 1928

Carta aérea a mis amigos de América, 1952

Rumania; su nueva imagen, 1964

Latinoamérica y otros ensayos, 1968

Comiendo en Hungría (relato de viaje, coescrito con Pablo Neruda), 1969

América, fábula de fábulas y otros ensayos, 1972

 

Artículos acerca de la obra de Asturias

Emir Rodríguez Monegal, “Los dos Asturias”.

Paul Verdevoye, “Miguel Ángel Asturias y la 'Nueva novela'”.

Seymour Menton, “Asturias, Carpentier y Yáñez: paralelismos y divergencias”.

Enrique Anderson Imbert, “Análisis de El señor Presidente”.

Carlos Navarro, “La desintegración social en El señor Presidente”.

Adalbert Dessau, “Mito y realidad en Los ojos de los enterrados, de Miguel Ángel Asturias”. 

Raúl Leiva, “La poesía de Miguel Ángel Asturias”.

Carlos Solórzano, “Miguel Ángel Asturias y el teatro”.

Giuseppe Belini, “Miguel Ángel Asturias en Italia”.

Jean-Lois Dumas, “Asturias en Francia”.

Emil Volek, “Homenaje checoslovaco a Miguel Ángel Asturias”.

Pedro F. de Andrea, “Miguel Ángel Asturias. Anticipo Bibliográfico”.

 

Otros

Toda la UNAM en Línea, portal de recursos en línea con vínculos a repositorios y acervos bibliográficos de la UNAM, ofrece referencias a la obra de Asturias:

Miguel Ángel Asturias declama sus poemas, [poemas recitados por el autor] editado por Disco Iximché, Guatemala, 1967, En línea (consultado el 20-04-2020). 

Miguel Ángel Asturias dice: El señor Presidente y poemas, [poemas recitados por el autor] editado por Discos Quetzal, Guatemala, 1967. En línea (consultado el 20-04-2020). 

Miguel Ángel Asturias: El señor Presidente / Todo el Orbe cante, [novela leída por el autor] editado por Voz Viva de América Latina, México, UNAM, 1967. En línea (consultado el 20-04-2020). 

Miguel Ángel Asturias con la magia de los tiempos (Poemas declamados por Miguel Ángel Asturias - 1999) (libro electrónico), s.e., 2015. En línea (consultado el 20-04-2020). 

Miguel Ángel Asturias recita sus poemas, Salamanca, Archivo sonoro de la Universidad de Salamanca/ Fundación Miguel Ángel Asturias, 1992.

mostrar Bibliografía

Asturias, Miguel Ángel, Obras completas (edición crítica de las obras completas), est. y notas de de  A. Uslar-Pietri (et. al.), México, Fondo de Cultura Económica/ Ediciones Klincksieck, 1978.

---, Latinoamérica y otros ensayos, 2ª ed., Madrid, Guadiana, 1970.

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Cardoza y Aragón, Luis, Miguel Ángel Asturias, casi novela, México, Ediciones Era, 1991.

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Enlaces externos

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Bellini, Giuseppe, Miguel Ángel Asturias, el hombre y la obra, trad. de Márgara Russoto, Universidad de Venecia, s.f. En línea (consultado el 23-04-2020).  

Rosado, Juan Antonio, “Miguel Ángel Asturias: vocero de su tribu”, Universidad de México, s.f., En línea (consultado el 23-04-2020).    

Wikipedia, Giuseppe Bellini, s.f. En línea (consultado el 23-04-2020).   

 

Poeta, narrador, dramaturgo, periodista y diplomático guatemalteco. Precursor de la renovación de las técnicas narrativas y del realismo mágico que cristalizaría en el posterior Boom de la literatura hispanoamericana de los años 60. En 1966, recibió el Premio Lenin de la Paz y, en 1967, el Premio Nobel de Literatura.

A lo largo de su vida, visitó México repetidas ocasiones, siendo la primera en 1921 como delegado de los estudiantes de Guatemala, al Primer Congreso Internacional de Estudiantes; aquí conoce a José Vasconcelos, Ramón María del Valle-Inclán (invitado), así como a los entonces jóvenes Lombardo Toledado, Carlos Pellicer, Daniel Cossío-Villegas, Jaime Torres Bodet, Javier Villaurrutia, Antonio Caso, al Maestro Ponce, a Tata Nacho, etc. En 1946, publica la primera edición de El Señor Presidente en México, escrita desde hacía mas de 15 años, y cuyo manuscrito, uno en París, en poder de Georges Pillement, y otro, se envió a México, el cual se utilizó para la primera edición de la novela, en la Editorial Costa-Amic. En 1966, se hospedó en casa de Alaíde Foppa y Alfonso Solórzano en razón de una labor diplomática en el país.

Murió en Madrid, pero sus restos reposan en el cementerio de Pere Lachaise, en París.