Las Memorias de la Academia


Entre las publicaciones con que la Academia Mexicana celebra su centenario, al mismo tiempo que se reproducen los ocho primeros tomos de las Memorias —que se han vuelto muy raros— se tomó el acuerdo de publicar también, reunidos, los índices de la totalidad de los veintiún volúmenes aparecidos hasta la fecha, entre 1876 y 1975. El propósito de esta publicación es el de facilitar el manejo de las Memorias, que ahora será posible consultar completas.

A pesar de la irregularidad de la publicación de las Memorias, sus índices son una historia condensada de la vida de la Academia a lo largo de su primer siglo. Y como suele ocurrir en la mayoría de los cuerpos colegiados, esa vida acaba por ser la que logran darles los grupos más bien reducidos de sus miembros que, en cada época, participan activamente en los trabajos de la corporación. Durante los primeros quince años, de 1876 a 1891 (tomos I a III), los más fieles mantenedores de la Academia son Joaquín García Icazbalceta, secretario y luego director, y Rafael Ángel de la Peña, secretario, quienes se encargan de la impresión de las Memorias, de la redacción de las reseñas históricas y crónicas y quienes publican, además, numerosos trabajos sobre temas filológicos e históricos. Con ellos colaboran Bernardo Couto, José María Roa Bárcena, José María Vigil, Joaquín Arcadio Pagaza y Casimiro del Collado. Algunos de sus escritos en estos tomos aparecen en los índices algunas veces sin firmar, por lo que se han añadido, entre corchetes, las iniciales de sus autores. Don Joaquín muere en 1894 y en el tomo IV, que aparece en 1895, se consignan las solemnes honras fúnebres con que se recuerda su memoria. Lo sucede como director José María Vigil y nuevos nombres aparecen: Francisco de P. Labastida, Luis Gutiérrez Otero, Francisco Sosa, Ignacio Montes de Oca y Obregón e Ignacio Mariscal. El tomo V, de 1905, caso único en la historia de estas Memorias, está formado exclusivamente por dos libros completos: el Lope de Vega de José María Vigil y las traducciones de Joaquín D. Casasús de las Elegías de Tibulo, con sus textos latinos. Mientras la obra de Casasús aparecerá el mismo año impreso con elegancia como libro separado, el estudio de Vigil sólo se reimprimirá en 1935 por la Secretaría de Relaciones Exteriores para conmemorar el tercer centenario de la muerte de Lope. El tomo VI (1910) es el final de la que puede considerarse primera época de la Academia. Para entonces han muerto Rafael Ángel de la Peña, en 1906, y José María Vigil, en 1909 y en honor de ambos se publican discursos y poemas, entre estos últimos la espléndida “Elegía en memoria de D. Rafael Ángel de la Peña” de Manuel José Othón. Nuevas personalidades aparecen: José López Portillo y Rojas, Manuel G. Revilla, Manuel Sánchez Mármol, Enrique Fernández Granados, Federico Gamboa y Enrique González Martínez, que van a proseguir actividades interrumpidas y a distinguirse en las actividades académicas ulteriores.

Durante los años de la Revolución las Memorias de la Academia se interrumpen y su silencio continuará hasta 1945, bajo las direcciones de Justo Sierra (1910-1912), Joaquín D. Casasús (1912-1916), José López Portillo y Rojas (1916-1923) y Federico Gamboa (1923-1939) quienes mantienen a pesar de todo la vida de la corporación.

Después de treinta y cinco años de interrupción, bajo la dirección de Alejandro Quijano (1939-1957), y gracias a la ayuda de Jaime Torres Bodet, entonces Secretario de Educación Pública, las Memorias reaparecen como expresión de nuevas generaciones. Los dos primeros nuevos volúmenes (VII y VIII, de 1945 y 1946) contienen una laboriosa Historia de la Academia y biografías y bibliografías de cuantos han sido o son hasta ese momento sus miembros, que redacta Alberto María Carreño, quien será el colaborador más asiduo de las Memorias y de toda actividad académica, hasta su muerte en 1962. En los tres tomos siguientes: IX,-1954; X, 1954 y XI, 1955 se publican los discursos que fue posible rescatar del periodo en que no aparecieron las Memorias: de Federico Gamboa, Joaquín D. Casasús, Luis G. Urbina, Federico Escobedo, José López Portillo y Rojas, Antonio Caso, Victoriano Salado Álvarez, entre otros; y al mismo tiempo comienzan a publicarse regularmente los discursos formales de ingreso y sus respuestas, que no se acostumbraban antes de 1910Hay en estos tomos dos curiosidades que merecen ser notadas. La traducción de Ignacio Mariscal del poema «Thanathopsis», de Bryant, se publicó en el tomo III (1886) y se repitió en el tomo VI (1910), año de la muerte de Mariscal. Otro tanto ocurrió con el discurso de Alfonso Junco, «Lope ecuménico», que se pronunció en dos ocasiones (27 de agosto de 1935 y 27 de mayo de 1941) y se publicó consiguientemente dos veces, en los tomos XI y XIII, ambos de 1955..

El tomo XIII, de 1955, es muy interesante pues está dedicado íntegramente a recoger veintitrés trabajos acerca de Miguel de Cervantes, en ocasión del IV centenario de su nacimiento. La Academia organizó, entre septiembre y octubre de 1947, una serie de conferencias y un concurso, que culminaron el 9 de octubre del mismo año con una ceremonia en el Teatro de Bellas Artes, presidido por el entonces Presidente de la República Miguel Alemán, y por una función de teatro cervantino, el día 11.

Una vez regularizado el atraso, los tomos siguientes, del XIII al XXI, publicados bajo las direcciones de Alejandro Quijano (1939-1957), de Alfonso Reyes (1957-1959), de Francisco Monterde (1960-1973) y de Agustín Yáñez (1973-1980), recogen las actividades inmediatas de la Academia: discursos de recepción de los nuevos miembros y sus respuestas, conmemoraciones, homenajes y oraciones fúnebres en memoria de los desaparecidos, participación de la Academia en los III, IV y V Congresos de Academias de la Lengua Española y, en suma, la vida actual de la Academia Mexicana hasta la celebración de su centenario.

En su conjunto, los textos históricos, ensayísticos, críticos, humanísticos, filológicos y filosóficos que integran los veintiún tomos hasta ahora publicados de las Memorias de la Academia Mexicana forman un acopio importante de la cultura mexicana en los cien años transcurridos desde la fundación de la Academia.

 



1. Hay en estos tomos dos curiosidades que merecen ser notadas. La traducción de Ignacio Mariscal del poema "Thanathopsis", de Bryant, se publicó en el tomo III (1886) y se repitió en el tomo VI (1910), año de la muerte de Mariscal. Otro tanto ocurrió con el discurso de Alfonso Junco, "Lope ecuménico", que se pronunció en dos ocasiones (27 de agosto de 1935 y 27 de mayo de 1941) y se publicó consiguientemente dos veces, en los tomos XI y XIII, ambos de 1955.